Relación entre el ocio y la salud mental

Categoría: EPSI27, Otros puntos
diciembre 1 2016

El hombre ocioso solo se ocupa en matar el tiempo, sin ver que el tiempo es quien lo mata. Voltaire

 Resumen:

Se describen la función polisémica del ocio y algunas definiciones conceptuales. Así como sus diferentes posibilidades (algunas de ellas similares, pero ambivalentes) de practicar conductas de ocio para mejorar nuestro estado de salud y otras que, aunque de manera inmediata producen placer y calma, a la larga mermarán la salud. Se señalan también mecanismos del beneficio del ocio en la salud, influidos por la convivencia grupal o la práctica individual.

Antecedentes

 El análisis del ocio tiene una doble complejidad: por un lado, la forma como cada quién lo practica, y por otro, el concepto que se tiene del mismo.

Con respecto a la práctica del ocio, lo que para algunas personas es una conducta ociosa (pasar el tiempo jugando), para otros es una profesión (ser jugador profesional de…).

Por otro lado, el concepto de ocio tiene una función polisémica (poli, muchos; semia, significado). Para unos es trabajo y para otros es diversión (ocio lúdico), de la misma forma alguien ocioso consume drogas o come en exceso (ocio negativo), o incluso su tiempo de ocio lo dedica a estar con los amigos (ocio social) o para pintar un cuadro o tomar fotos (ocio creativo). Una más es la paradoja de sentir placer practicando conductas de ocio que tienen una gratificación inmediata cuyo resultado es una mejora en la salud y otras que gradualmente la deterioran, a pesar de sentir placer y una calma relativa.

Una comida abundante y rica en grasas puede relajar y facilitar el sueño, pero, obviamente, tiene consecuencias nocivas si la convertimos en la manera habitual de tranquilizarnos. El alcohol también nos calma y adormece, y mucha gente lo toma como una manera de desahogarse después de un día estresante (Uvnäs, 2009).

Una mirada rápida a la definición del ocio

Comúnmente se llama ocio al tiempo libre que se dedica a actividades que no son ni trabajo ni tareas domésticas esenciales, y pueden ser recreativas (Wikipedia, 2016).

Ocio: Cesación del trabajo, inacción o total omisión de la actividad. Tiempo libre de una persona. Diversión u ocupación reposada, especialmente en obras de ingenio, porque estas se toman regularmente por descanso de otras tareas. Obras de ingenio que alguien forma en los ratos que le dejan libres sus principales ocupaciones (Real Academia Española, 2016).

El ocio es el conjunto de operaciones a las que el individuo puede dedicarse voluntariamente, ya sea para descansar o para divertirse, o para desarrollar su información o formación desinteresada, su voluntaria participación social o su libre capacidad creadora, cuando se ha liberado de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales (Dumazedier, 1968).

De esta manera el ocio se relaciona con una multiplicidad de tareas: inactividad, diversión, relajación, descanso, administración del tiempo libre, participación social, dejar las ocupaciones habituales y más.

También, existen dos grandes clasificaciones para entenderlo:

– Ocio Negativo: consumo de drogas (alcohol, marihuana, tabaco, etc.), consumo de comida en exceso, apuestas o cualquier acción que daña la salud o no aporta desarrollo o crecimiento personal (ver la televisión de forma pasiva, perder el tiempo en las redes sociales).

– Ocio Positivo: convivir con la familia o amigos, realizar alguna actividad que beneficie la salud (vacacionar, hacer ejercicio, bailar), llevar a cabo acciones que ayuden a la economía personal o del grupo social, crear un ambiente personal y social para desarrollar nuevas habilidades o reforzar las que ya se tienen (pintar, hacer jardinería, poesía, escultura, danza, escuchar o hacer música, tomar el sol, fotos, un thé o café con los seres queridos, visitar museos o librerías, etc.) incluso hacer amigos, contactos y negocios en las redes sociales.

Y, también se distinguen diversos tipos de ocio: nocturno, activo, pasivo, nocivo, útil, lúdico, festivo, creativo solidario (Wikipedia, 2016).

Ocio y entretenimiento

Por otro lado, el uso de las redes sociales e internet, tiene una visión ambivalente del ocio. Llama la atención en esta amplia visión del ocio, su uso también como sinónimo de entretenimiento. “El concepto de entretenimiento es aquel que se utiliza para designar a todas aquellas actividades relacionadas con el ocio y el divertimiento de una persona o de un conjunto de personas. Independientemente de cómo se lleve a cabo el entretenimiento, siempre estamos haciendo referencia al acto de mantener la atención de alguien fijada a algo a través de juegos, de llamados de atención, de participación, de la diversión, de placer, etc. Por otro lado, los espacios públicos tradicionales de entretenimiento han perdido valor frente a nuevos espacios públicos relacionados con cuestiones como las nuevas tecnologías (DefinicionABC, 2016).

En relación a la tecnología, “el consumidor mexicano de redes sociales se interesa más por los sitios que comparten videos y cuyo contenido, preferentemente, es el entretenimiento, más que la información noticiosa tradicional” (Villamil, 2016).

En este mismo sentido, existe una relación muy interesante entre las actividades que practicamos de ocio y la edad.

La expresión “millennials” se usa para describir a la generación de los jóvenes nacidos entre 1982 y 2003 cuya característica principal es la apropiación y dominio de las tecnologías digitales y las redes sociales (Vivas, 2016). Se dice que pasan la mayor parte del día enganchados a su teléfono, incluso si están haciendo otras actividades (ver la televisión), y siempre al pendiente de sus redes sociales (consultando videos musicales, películas, tutoriales y series de televisión), realizando ambas de manera paralela.

En su interacción social, se les ha mal llamado “autistas sociales”, debido a que interactúan más con sus redes que de forma presencial con su familia. Luz María  Garay señala en cuanto a las características de los millennials: las redes forman parte de su existencia. Su forma de socializar es diferente, pueden estar con amigos o familiares y ver juntos un video, jugar en línea o comunicarse con otros que no están físicamente. Hay que ver con más detalle, más a profundidad, y no quedarnos en la superficie para juzgarlos desde la mirada adulta: pierden el tiempo, no hacen nada, el mayor uso que los millennials dan a las redes sociales “definitivamente está vinculado al ocio y al entretenimiento” (Vivas, 2016).

Las culturas colectivistas e individualistas y el ocio

La percepción del ocio tiene que ver con nuestra personalidad, el ambiente, la cultura, la ideología, los valores y creencias y la interacción social de nuestro grupo de pertenencia.

De este último se desprenden básicamente dos formas de interacción en grupo: el individualismo y el colectivismo.

En el individualismo como filosofía de vida enfatiza la prioridad de las necesidades individuales sobre las necesidades del grupo. La identidad se basa en lo individual y se logra por el esfuerzo propio de uno. Las personas son socializadas para ser independientes en lo emocional de las organizaciones e instituciones. Las metas personales y de grupo con frecuencia son inconsistentes y, cuando son inconsistentes, las metas personales tienen prioridad.

En el colectivismo como filosofía de vida, enfatiza la prioridad de las necesidades del grupo sobre las necesidades individuales. Las personas son socializadas para ser dependientes en lo emocional de organizaciones e instituciones. Las metas personales y de grupo por lo general son consistentes y, cuando son inconsistentes, las metas del grupo tienen prioridad (Franzoi, 2007).

El entendimiento de la interacción social individualista o colectivista, aclara el porqué se puede disfrutar el ocio haciendo actividades puramente individuales o de grupo. Mientras unas personas en sus tiempos de ocio hacen actividades fuera del grupo y lo disfrutan (individualistas), otras disfrutan más haciendo cosas en grupo y eso les llena de gozo.

El ocio y las neurociencias

Si experimentamos un estado de ocio positivo o negativo al cerebro no le importa, tener una situación de bienestar y desafortunadamente le da lo mismo si el placer está relacionado con el sexo, la cocaína o la convivencia familiar. Sin embargo, cada una de ellas traerá consecuencias positivas o negativas, no solo a nuestra salud, sino también afectará a las personas a nuestro alrededor.

Las llamadas vías de recompensa del cerebro son áreas relacionadas con la experiencia del placer. Los pensamientos pueden activarlas o algunos estímulos como saber  que experimentaremos alguna actividad interpretada como placentera (expectativa de la felicidad), formándose un circulo adictivo. Nos gusta hacer o experimentar algunas actividades y justo como experimentamos placer, nos gusta realizar esas actividades.

Si no cesamos de comer, beber y practicar el sexo, es porque estas actividades activan determinadas vías del cerebro relacionadas con el placer, las llamadas “vías de recompensa”, pero no solo así se estimulan estas vías, muchas sustancias externas también pueden interferir en ellas y desencadenar satisfacción psíquica y fisiológica en el individuo lo que las convierte en adictivas. Uno de los más potentes, “la cocaína”, provoca una intensa estimulación que causa excitación, alerta, profunda sensación de poder, euforia y desinhibición extrema. Su principal acción en las vías de recompensa es la de bloquear la recaptación de dopamina, neurotransmisor clave de los centros cerebrales del placer. Esto llevaría a un incremento de los niveles de dopamina entre neuronas, lo que produciría la sensación de euforia. Algo parecido ocurre con la nicotina, esta se une a los receptores de la dopamina, y estimula así las vías de recompensa mediadas por este neurotransmisor, de ahí la sensación de placer que inunda al fumador tras unas caladas. Cuanto más potente y más efectiva sea la acción de la sustancia en el organismo, cuanto más eficaz sea, por ejemplo, en la liberación de dopamina, más placer generará. El placer producido crea en el futuro unas expectativas muy sugerentes que el cerebro busca repetir. Además, el organismo se adapta fisiológicamente a la sustancia externa y la ausencia de administración, provoca graves efectos fisiológicos a veces difíciles de soportar. De ahí la dificultad de abandonar un consumo que afecta circuitos neuronales y la fisiología básica del cuerpo, jugando con los centros neurales del placer y del dolor (Circuito de Recompensa Cerebral, 2000).

Las cosas que nos gustan y disfrutamos generan placer, la expectativa del placer genera placer y cuando consumimos alguna sustancia para sentirnos bien, el cerebro está a la espera de la misma, si no la tenemos nos produce displacer y el llamado síndrome de abstinencia, en el que nos sentimos terriblemente mal. Si no obtenemos lo que nos gusta, por conseguir ese estímulo externo las personas son capaces de hacer cosas extremas, como robar o matar en el caso de cuando una conducta de ocio se convierte en una relación adictiva.

Los centros de recompensa son los mismos en el cerebro para experimentar conductas de ocio positivas o negativas (adicciones o el amor). Aunque la química del amor es compleja, se prenden las mismas áreas cerebrales cuando amamos y cuando odiamos, ambas son interpretadas como emociones por el cerebro.

Semir Zeki y John Romaya, investigadores del Wellcome Laboratory of Neurobiology de la University College London, descubrieron que las regiones conocidas como putamen y la ínsula, en el amor y en el odio son las mismas. Los autores señalan que no es sorprendente, ya que ambas pasiones pueden conllevar actos irracionales y agresivos (Bienestar180, 2014).

Cuando una persona está enamorada se activa también el área ventral tegmental y lo que hace esa fábrica es producir dopamina, un estimulante natural que proporciona sensaciones de plenitud, de euforia, de cambios de humor. Aumentan los niveles de dos estimulantes muy potentes, la dopamina y la norepinefrina, y disminuyen los de otra molécula, la serotonina. La dopamina y la norepinefrina ayudan a focalizar nuestra atención. Miramos al amado como algo único y nuevo porque la dopamina favorece el aprendizaje de estímulos novedosos y recordamos detalles minúsculos de esta persona y del tiempo que hemos pasado juntos, gracias a que la norepinefrina aumenta la capacidad de recordar estímulos nuevos. No podemos dejar de pensar en él o ella, es inevitable y se debe a que los niveles de serotonina disminuyen y provocan un pensamiento obsesivo. La dopamina también se asocia con la motivación y con las conductas para alcanzar un objetivo concreto. Estas tres sustancias están presentes más en unas regiones cerebrales que en otras, y podemos detectarlas con técnicas de neuroimagen. Escaneando cerebros enamorados se ha visto actividad en varias zonas, entre ellas la corteza, pero dos módulos destacan sobre el resto: el área ventral tegmental, la mayor fábrica de dopamina del cerebro, y el núcleo caudado, una región muy primitiva de donde emana la pasión, se considera el motor de la mente y su combustible, no podría ser otro, es la dopamina. Ambas regiones forman parte del sistema de recompensa del cerebro, una red mental primordial que nos ayuda a detectar recompensas y actuar para conseguirlas. El amor romántico es adictivo. Como con cualquier droga, al principio nos basta con poco, pero a medida que la adicción aumenta necesitamos más dosis y cada vez es más fuerte. No podemos controlarlo, es balsámico cuando lo disfrutamos, pero la euforia conduce al ansia cada vez más rápido, produce obsesión compulsión, distorsión de la realidad, dependencia emocional, dependencia física y cambio de personalidad; y al final acaba uno diciendo: “no puedo vivir sin ti”. Todas las adicciones están asociadas con niveles altos de dopamina. Las regiones que se activan al consumir cocaína y opiáceos son las mismas que se activan en el cerebro enamorado (Redes, 2013).

Una explicación biológica y evolutiva

El psicólogo evolucionista, Dr. Doug Lisle, explica a través de lo que llama triada motivacional como nos atrapa el consumo de comida, y curiosamente es el mismo mecanismo de cómo las conductas adictivas pueden atraparnos, así como las de ocio en lo positivo y en lo negativo. Lisle señala: “tenemos mecanismos biológicos dados por nuestra naturaleza para poder sobrevivir y pasar los genes de una generación a otra: en primer lugar, buscamos como motivación el placer”, y describe: “hay dos cosas que generan eso: la comida y el sexo, los otros dos pilares, uno es evitar el dolor y el otro hacer todo con el mínimo esfuerzo” (Forks over knive, 2013).

¿El ocio entonces es bueno o malo para la salud?

En el ocio nos gustan todas aquellas cosas que nos generan placer (sea bueno o malo), evitamos el dolor (al menos de forma temporal); y, dado que nos gusta el ocio (bueno o malo), lo hacemos invirtiendo el mínimo esfuerzo, justo porque nos gusta. Sin embargo, el costo a corto o largo plazo en nuestras conductas de ocio tiene un precio.

A corto plazo se disfrutan todas aquellas cosas que nos generan placer, pues encienden los circuitos cerebrales especializados en ello, y los mensajeros químicos como la dopamina, hormona del placer y la oxitocina, hormona de la paz, la relación y el descanso.

Sin embargo, cuando se mueve un mensajero químico, también se activan o se desactivan otros. Si el ocio es convivir con la pareja, amigos o las personas que amamos en la socialización colectivista, tenderemos a repetir estas conductas.

La oxitocina neutraliza a la hormona del estrés (cortisol), creando un circulo de salud y bienestar, se le conoce como el sistema de calma y relación.

Dicho sistema funciona de forma más eficiente cuando está el cuerpo en reposo y ayuda al cuerpo a crecer y a sanar. La habilidad para aprender y resolver problemas aumenta cuando no estamos bajo la presión del estrés. Aunque los niveles de oxitocina dependen, naturalmente, de una pluralidad de factores en cada individuo, como por ejemplo la herencia y la calidad de vida, los resultados revelan que a mayor nivel de oxitocina en la sangre, más intensa es la sensación de calma y hay más ausencia de estrés (Uvnäs, 2009)

Realizar actividades tales como: la meditación, la yoga, el tai chi, hacer ejercicio, un masaje, orar, la creación y el mantenimiento de vínculos entre las personas, el contacto afectuoso, el sexo, la lactancia, la alimentación, tomar el sol, tener pensamientos positivos y muchos más, son generadores de oxitocina en el ocio positivo. Incluso podemos tener cierta calma en forma temporal cuando consumimos drogas; la gran diferencia es saber que en el ocio positivo dicha hormona es producida de forma interna y en el ocio negativo proviene de un químico que cuando entra al cuerpo nos da un cierto placer, una cierta euforia y una cierta paz, que solo se tiene con el consumo de la sustancia que en general es tóxica, adictiva y enferma tarde o temprano al organismo.

A manera de reflexión final

Necesitamos calma y contacto, no sólo para evitar la enfermedad, sino también para disfrutar la vida y prácticamente todas las actividades del ocio positivo nos ayudan a lograr este cometido.

Bibliografía

Bienestar180 (2014) ¿Cómo se ve tu cerebro si sientes odio? Consultado el 4 de septiembre del 2016, en red: http://tinyurl.com/z6rs4y7

Circuito de Recompensa Cerebral (2000). Consultado el 29 de Agosto del 2016, en red: http://tinyurl.com/hro6jdh

DefinicionABC (2016) Tu Diccionario hecho fácil, Definición de Entretenimiento, consultado el 5 de Septiembre del 2016, en red: http://tinyurl.com/jk88nmn

Dumazedier, J. (1968). Hacia una civilización del ocio. Barcelona: Estela.

Franzoi S. (2007) Psicología Social, Editorial McGraw Hill, México.

Forks over knives (2013) Entrevista con el psicólogo evolucionista Dr Doug Lisle, consultado el 21 de septiembre del 2016, en red: https://vimeo.com/74059503

Real Academia Española (2016) Definición de Ocio, consultado el 24 de Agosto del 2016, en red: http://tinyurl.com/h7vm365

Redes (2013) La química del amor, consultado el 4 de septiembre del 2016, en red: http://tinyurl.com/z9fgj86

Uvnäs K. (2009) Oxitocina la hormona de la calma, el amor y la sanación, Ediciones Obelisco, Barcelona.

Villamil J. (2016) La expansión de un desafío, Revista Proceso, Edición Especial No. 53 (Las redes sociales: Vértigo y Pasión), México.

 

Juan Antonio Barrera Méndez
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Juan Antonio Barrera Méndez

Director en Atención y Tratamiento Psicológico, Profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa
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