Palabra e individuo el pendejo desde su origen

Categoría: EPSI32, Punto Literario
octubre 1 2017

La palabra pendejo proviene del latín pectinicŭlus, que significa «vello púbico» o «pelo anal», pero también está formada por “iculus” que nos remite a “pequeñez”. En México la palabra denota estupidez, idiotez y otras acepciones que son ofensivas y denigran el núcleo interno de la personalidad de quien se le señala con esta palabra. Investigando más a fondo también tiene que ver con la fase anal de la que habla Freud (Expulsión/retención) donde se presenta esa conducta obediencia/desafío. Podemos tener diferentes percepciones con relación a esta palabra en el plano psicológico pero lo más cercano a la palabra pendejo es la culpa no razonada. La culpa por existir.

Foto de Alexis Tostado

Si ahondamos un poco más nos daremos cuenta que la palabra también denota estar abajo y ser pequeño. Los pendejos son los vellos púbicos más pequeños y que están en lo más bajo del pubis. También es un pelo anal, por lo tanto está muy cerca de ser cubierto por el excremento, esta acepción nos habla de que el pendejo se siente en lo más bajo por lo mismo el más pequeño y con posibilidades de ser defecado y a la vez que está en una parte muy encubierta y difícil de mostrar. Entonces el pendejo no desea ser descubierto como tal e intenta ocultarse entre otros vellos, más aún consciente de que todos sabemos dónde está. Este vello también habita el mismo espacio que los órganos sexuales sólo que la acepción de pendejos a la que nos referiremos está más ligada al órgano sexual masculino —porque también existió su mención en el género femenino como lo escribe en su estudio sobre El Arte de insultar el periodista Héctor Anaya el cual menciona que por razones extrañas, allá por el Siglo de oro español, se hablaba de “la pendejo” –en femenino– para referirse a la prostituta, por lo que en algún tiempo pendejo también se refirió al órgano sexual femenino—. El mexicano posee una cultura falocentrista y esto podemos percibirlo a través de su lenguaje donde este órgano mantiene una importancia simbólica dentro su estructura social. El mexicano para designar al pene utiliza la palabra “verga”, que en realidad es un palo grueso y largo que atraviesa el mástil de un barco, no puede ser una astilla ni una lanza o un bastón, tiene que ser algo enorme, colosal comparado con las grandes pirámides prehispánicas, algo que contenga fuerza y memoria. Esta palabra contiene no sólo una carga erótica y de fertilidad sino es más fuerte su carga significativa, también manifiesta sumisión, sometimiento, rendición, humillación y poder. Esta palabra tal vez fue introducida por los españoles quienes llegaron en barcos a América. Juan Rulfo en la novela Pedro Páramo nos metaforiza de cierta forma este vacío que mantiene al macho mexicano en una creencia fantasmal pero que a través del mismo hábito se convierte en una realidad social, en una parte del libro uno de los personajes expresa: “Todos somos hijos de Pedro Páramo”, manifestándonos que él es padre de todos como lo cree el pendejo. El pendejo al habitar el mismo espacio que el falo también se encubre en él y a veces hasta se apropia de la identidad de este, por lo mismo se cree padre de más de cinco, quien lo provee todo, por lo mismo también cree que puede tener las mujeres que quiera porque las puede mantener a ellas y a sus hijos, cree ser el mejor dentro de su ramo profesional, cree ser necesario e indispensable y es el mejor en todo, en pocas palabras, se cree la verga aunque todos sabemos que tan sólo es un pobre pendejo.

Foto de Raphael Schaller

La palabra existe en otras partes del continente pero con otro significado, como en Argentina que se usa para designar a alguien joven que quiere tomar las actitudes de los mayores o como principiante en equis tarea por asentar un ejemplo. Que también en nuestro país esta acepción se manifiesta en relación a lo pequeño, el pendejo en México al igual que en Argentina habla de alguien quien no crece pero que incluye en lo profundo una semántica despectiva y negativa, es alguien que no madura, que en lugar de resolver problemas los crea. El pendejo en México también es un ser que crea el conflicto. Contrario a la designación que se le proporciona en Argentina donde pendejo es un joven o adolescente que desea tomar las actitudes negativas de los adultos en México se le designa así al adulto que toma actitudes de adolescente o pueriles. Realizando una analogía con un menor de seis o siete años si un adulto le dice que no toque cierto objeto o que no realice cierta acción porque tendrá consecuencias negativas el niño lo primero que hará es romper la regla hasta que con base en un proceso lo comprende y sabe que existen reglas que debe respetar, en el caso del pendejo esta conciencia no existe, él a pesar de tener treinta o cuarenta años seguirá rompiendo las reglas porque jamás aprendió, nunca creció emocionalmente. En el Perú se usa para designar a alguien que es un pícaro, que es inteligente para abusar de otros. En varias partes de Sudamérica es sinónimo de vivillo, malandrín o pícaro. Que la palabra “malandrín” ya nos connota un mal hombre pero empequeñecido. La palabra “malandro” proviene de mal y andro que es hombre, malandro quiere decir “Mal hombre”, malandrín es un hombrecillo y la terminación en “illo” nos connota lo despectivo. El malandrín es un hombrecillo que hace males pequeños. En México esta acepción es más intensa y tiene que ver también con la entonación e intención en la forma de pronunciarla, el sentido tiene que ver con un lenguaje un poco más en conjunto porque para que tenga poder tiene que conjuntarse con el lenguaje primero hablado, después corporal y gesticular para que logre mover algo en el interior del individuo.

Foto de Joe Hernandez

La carga potencial en el resultado de la designación “Pendejo” tiene que provenir de alguien que tenga autoridad sobre la persona a la cual se está designando con esta palabra para que este se paralice y se sumerja en una depresión, que es paradójico porque también puede ser que sea el detonante para que esta persona reaccione y proporcione un giro a su vida y obtenga logros tanto en el área profesional y humana, pero también puede causar la ira y el sentido de destrucción. En algunas personas sólo sirve para que sigan con su camino de vacío y destrucción y se llenen todavía más de odio y resentimiento. Esta palabra contiene mucha energía tanto que quien la transmite se puede llenar de vigor si surtió efecto como se puede vaciar más si confirma que no surtió el resultado que esperaba. Este concepto más que ser sinónimo de tonto o soso se perfila a una concepción más profunda y destructiva dependiendo de quien venga y con qué intención, se percibe como la destrucción del núcleo de identidad personal en individuos con baja estima o maniaco depresivos y lo paradójico es que quien se deja destruir tiene un autoconcepto tan exiguo de él mismo como la misma persona que intenta destruirlo expresando esta palabra con toda una argumentación de respaldo sea falsa o verdadera. El complejo de pendejismo podríamos pensar que se lleva desde la niñez a través de algunas experiencias culturales que se sucedieron en casa o en el entorno social. Este concepto también denota errores, fallas o hasta eventos circunstanciales donde realmente quien las experimentó está fuera del contexto pero que para los demás fue pendejo porque no las previó. El dramaturgo Hugo Argüelles en cierta clase alguna vez comentó que los pendejos son imprescindibles en la historia de la humanidad y por tanto en la dramaturgia porque ellos de alguna manera detonan el conflicto, como el emisario de Fray Lorenzo quien al llevar el mensaje a Romeo se introduce en un pueblo infectado y tiene que quedarse en cuarentena y no puede darle el mensaje donde Fray Lorenzo le explica sobre la bebida que le producirá la catalepsia. Aquí las circunstancias que no dependen de él lo hacen ver como pendejo aunque todos sabemos que el emisario no es responsable de lo que le sucedió. Viéndolo de esta forma, todos tenemos un poco o hemos caído en ello por fallas conscientes, inconscientes o circunstancias eventuales, lo cual nos exime un poco de tal acepción porque no es parte del actuar cotidiano, en pocas palabras se es pendejo de en vez en cuando, pero en algunas personas este complejo se convierte en parte de su personalidad. Existen distintos tipos o variantes del pendejo, hay pendejos chicos, grandes, medianos, blancos, negros, altos, flacos, gordos, de todos colores. Pero existen algunos que se convierten en verdaderos estilos de vida. Conforme a la acepción y contexto semántico de esta palabra todos hemos cometido algún yerro para que se nos designe como pendejo por haber cometido un error y todos estamos expuesto a ser señalados por cierta circunstancia de tal forma.

Foto de Csabi Elter

El hilo entre una pendejada de comedia hacia una trágica es muy delgado, podemos verlo cuando una persona al resbalarse con una cáscara de plátano si se levanta quejándose y sobándose la cabeza nos causa risa pero si ya no se levanta entonces nos ocasiona el silencio. Lo hemos escuchado alguna vez por medio de una leyenda que no sabemos si sea cierta o ficticia donde un torero al enfrentarse disimiles veces al toro sale ileso pero al llegar a su casa y meterse al baño para enjuagarse resbala con el jabón y muere. Hemos escuchado de algunos que al escuchar esta historia se atreven a decir: “Tanto que estuvo frente a la muerte y la libró y mira, qué muerte tan pendeja vino a tener”. Aquí la pendejada es la misma muerte, el mismo acto que ocasiona la pérdida de la vida, no el torero, porque en este país se respeta más a los muertos que a los vivos. Sin embargo, existen seres que por su estilo y manera de actuar van estructurando un estereotipo que los va marcando y va creándoles una imagen que adquiere una singularidad que los describe e identifica.

 

 

 

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