El odio como ideología de Gobierno

Categoría: El punto es, EPSI29
abril 1 2017

No hay peor sentimiento que el odio hacia otras personas por motivos de raza, etnia, cultura o pensamiento.

Cuando quien es presa del odio o animadversión a otras personas o grupos, por determinadas condiciones, ocupa un encargo de poder, la repulsa se convierte en un motivo político para el fundamentalismo de sus acciones, las cuales pueden comenzar siendo discriminatorias y, en muy poco tiempo, transformarse en destructivas o letales.

La historia de la humanidad ha evidenciado lo terrible que puede ser alguien que detente el poder y crea en la superioridad de su raza o sienta animadversión hacia lo diferente, y con base en el poder que ejerce, ordene acciones que excluyan o aniquilen sin ningún recato moral o ético.

No se pueden desestimar ciertas condiciones de incertidumbre o situaciones económicas y sociales depresivas de una sociedad o país, las cuales abonan al encumbramiento de líderes movidos por los odios hacia otros.

Contar la historia para no olvidarla y para no repetirla, nos obliga a ser precisos en no confundirnos con la buena fe y confianza de que los otros no son tan malos como aparentan.

Y no me estoy refiriendo a esta historia reciente que se ha escrito en las últimas semanas y horas en América del Norte, entre Estados Unidos y México, me estoy refiriendo a la asunción como canciller de Alemania, de Adolfo Hitler el 30 de enero de 1933.

Alemania fue llevada por el camino del racismo y el autoritarismo bajo la mano de un carismático demagogo que pregonó un discurso de cambio hasta su encumbramiento como Presidente.

El nazismo dirigió discursos contundentes hacia los desempleados y personas de clase media baja; y Hitler, obsesionado por alcanzar la pureza racial y la supremacía aria, aunado a una desmedida ambición de poder, persiguió y abolió las libertades individuales.

El terror provocó también que muchos se quedaran en silencio, y en silencio observaron cómo el odio se convertía en la ideología del gobierno.

Es en este contexto que los judíos también se sumaron a los discapacitados, homosexuales, gitanos, comunistas y socialistas, y fueron el blanco artero del régimen de estado de Hitler tanto en Alemania como en los países ocupados por los nazis.

Millones de personas, infantes, niñas, niños, jóvenes, ancianos, mujeres embarazadas, enfermos y personas adultas fueron gaseados en camiones, fusilados o enviados hacia los campos de exterminio.

Frente a estos acontecimientos, siempre surge la inexorable pregunta que encuentra un muro infranqueable de explicaciones que resultan al paso del tiempo irresolutas: ¿por qué el resto del mundo permitió estos crímenes?

En una clara autocrítica y en una preocupación legitima por garantizar la prevención de tan lamentables crímenes, quienes diseñaron el preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos enfatizaron que “el menosprecio de los derechos humanos ha originado actos de barbarie ultrajante para la conciencia de la humanidad”.

Rosa Galindo

Sueños dorados, mixta/pápel, 30 x 23.5 cm, 2016.

Es en estos tiempos aciagos cuando debemos refrendar la importancia, para todas las personas en el mundo, del avance hacia la aceptación de las y los diferentes y diversos; ya que la movilidad humana es intrínseca al desarrollo de la humanidad y marca el sello multicultural de sí misma.

Y justo en esta conmemoración de las víctimas de estas tragedias como la que hoy nos reúne aquí en el Senado de la Republica, es cuando más enfáticamente debemos unirnos en un solo clamor para evitar lo que es nuestra obligación: evitar que se repita la fechoría perpetrada por los nazis.

Naciones Unidas ha definido este año como la “Recordación del Holocausto: Educar para un mundo mejor”. Con este tema se pondrá énfasis en la importancia de la educación sobre el holocausto, la cual fomentará la sinergia y resiliencia para el respeto de los derechos humanos, contribuyendo así a aumentar la tolerancia y a defender nuestra humanidad común.

Cada vivencia personal, de cada familia, de cada sobreviviente, está plasmada en la historia como una afrenta hacia un pueblo al que se pretendió exterminar: el pueblo judío. Por ello, no debemos olvidar que recordar es una obligación, como también lo es analizar por qué tuvo tanta influencia la propaganda que permitió que los nazis difundieran su ideología racista.

Debemos insistir y reiterar la alerta sobre el peligro que representan para la paz entre los pueblos las ideas extremosas y fundamentalistas. Porque, como lo señaló recién el Secretario General de NU, y cito textual: por desgracia, y en contra de nuestro propósito, el antisemitismo sigue proliferando.

También estamos viviendo un aumento muy preocupante del extremismo, la xenofobia, el racismo y el odio dirigido contra los musulmanes. La irracionalidad y la intolerancia están de regreso.

Pero no nos quedaremos callados, como no nos quedamos callados aquí en México frente a las agresiones contra nuestro pueblo por parte de quien hoy ocupa la Casa Blanca. Perseguir a las personas por su color de piel, idioma o cultura es inadmisible y no debe tener cabida en ninguna sociedad que busca la Libertad, la Justicia y la Paz en el mundo.

La mejor manera de honrar a las víctimas inocentes del Holocausto es esforzarnos más en la construcción del respeto de la dignidad humana, remover las diversas discriminaciones que impiden su pleno reconocimiento mediante la enseñanza y la educación, el respeto a los derechos y libertades, de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad, en los que se fundan los derechos humanos de todas las personas sin excepción.

La persecución y la intolerancia se deben y pueden prevenir. Por ello, hoy más que nunca, debemos refrendar esos principios y valores que nos convocan cada año en esta conmemoración compartida en la que, la sociedad mexicana y la comunidad judía, recordamos a las víctimas del holocausto y a Don Gilberto Bosques Saldívar.

 

 

 

Angélica de la Peña Gómez

Angélica de la Peña Gómez

Senadora de la República por el Partido de la Revolución Democrática. LXII Legislatura.
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