No hay transformación, hay restauración del viejo régimen

diciembre 10 2018

Cuando salga a la luz este número de El punto sobre la i, Andrés Manuel López Obrador habrá tomado posesión del cargo de presidente de la República. Las expectativas que esto genera entre amplios sectores de la población son francamente desmesuradas. La mayoría de las y los mexicanos esperan, ansiosamente, que el nuevo presidente resuelva de inmediato todos, o gran parte de los problemas que desde hace mucho tiempo padecen nuestro país y su gente. De la creación de tales expectativas se ha encargado, principalmente, el propio López Obrador a través de presentarse, durante la campaña electoral, casi como un mago, de cuya voluntad y de cuyos poderes extraordinarios dependería la terminación de los males del país y las aflicciones de la gente. Lamentablemente estas expectativas no se cumplirán.

Esto se conoce, no porque lo haya develado algún clarividente o porque alguien que posee una bola de cristal, hubiese visto en su interior lo que irremediablemente acontecerá en el futuro inmediato y mediato de México. (No, con esas “técnicas” no se descubre más que la ignorancia de quienes practican esas nigromancias.) Más para saber, con cierta precisión, que no se cubrirán las expectativas generadas por el cambio de gobierno basta con hacer análisis políticos rigurosos que utilizan la razón, el buen juicio, y elementalmente, la observación sobre lo que acontece en nuestro País.

En los análisis hay que incluir algunos elementos que sabemos que son variables, pero que son imprescindibles para tener seriedad en el diagnóstico. Por ejemplo, debemos tomar en cuenta el rumbo más probable que seguirá la economía nacional, como igual tendremos que sumar la complejidad del contexto internacional, pero más importante aún, será considerar el comportamiento que ha venido adoptando –especialmente durante los últimos meses– el presidente electo.

El desenvolvimiento que tendrá la economía no es halagüeño. Las previsiones sobre el porcentaje de crecimiento no son buenas, la inversión pública será limitada por razones presupuestales y la privada –nacional o extranjera– se está obstaculizando, precisamente, por las obtusas decisiones del presidente. La suspensión del aeropuerto, la decisión de obras sin apego a la ley, las ocurrencias sobre grandes obras, no dan pronósticos alentadores.

Pero lo que más indica que las expectativas no se cumplirán es el hecho de que en lugar de una transformación integral que implique un cambio de régimen político y de modelo económico, lo que tenemos evidenciado en las primeras medidas gubernamentales y las que ha adoptado Morena en el Congreso significan la restauración del viejo sistema priista.

El centralismo extremo, la concentración de las decisiones del gobierno y del Estado en el presidente, la obcecación que deriva en necedad, el desprecio a los otros poderes y niveles de gobierno, la protección a los corruptos y el perdón a los criminales son todas características del priismo en su etapa degenerativa.

Y mientras no se modifique sustancialmente el contenido y las formas del ejercicio del poder, entonces los problemas continuarán e incluso se agravarán. El régimen político es la llave para la transformación, y si éste se preserva y además se exacerba en sus características más nocivas, entonces no habrá cambio alguno y en sentido contrario se empeorará, en el corto plazo, la situación de la gente.

López Obrador mantiene una ilusión: supone que si profundiza los programas asistenciales y en ellos incluye a muchas más personas, entonces de esa manera la gente estará bajo su control político y por lo tanto contendrá y someterá cualquier manifestación de descontento ante sus políticas conservadoras y restauradoras. Pero se equivoca. El régimen en sus estructuras se está derrumbando y el asistencialismo no tendrá el peso suficiente para detener su estrepitosa caída.

No hay transformación; hay, sí, una restauración del régimen priista.

 

Jesús Ortega Martínez
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Jesús Ortega Martínez

Fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue Presidente Nacional del Partido de la Revolución Democrática. Ha sido Diputado Federal y Senador de la República. Director General de la Revista El Punto Sobre la i
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