Neoliberalismo, globalismo y nacionalismo conceptos polémicos

febrero 24 2019

El concepto “neoliberalismo” se empezó a utilizar en México desde que se firmaron las cartas de intención con el Fondo Monetario Internacional en el sexenio de Miguel de la Madrid en 1982, año en el que tuvieron que aceptarse los severos programa de ajuste económico altamente lesivos para la población y que tuvieron por objeto avalar una deuda externa de 80 mil millones de dólares, contratados por López Portillo y que no tenía con qué pagar.

A este programa de ajuste de tipo stand by, comúnmente aplicado por el FMI en países como Brasil, Argentina y Chile, se le bautizó coloquialmente como nuevo liberalismo económico, que sustituía al de intervención del Estado, especialmente con fines de desarrollo económico y social. Este concepto que, como dijo Chomsky “ni es nuevo ni es liberal”, pues se integró a la teoría de Milton Friedman quien consideró –repitiendo a su vez a los economistas clásicos de los siglos XVIII y XIX– que la libertad era lo más importante en la vida del hombre, para que el guiado por un supuesto buen juicio, eligiera lo mejor. El combate a la inflación fue el objetivo central de la política económica, aparte de privatizar los bienes de la nación e instrumentar una apertura comercial externa a capitales y mercancías del exterior.

Esto desde luego tomó como base que la humanidad era por naturaleza buena y que los agentes económicos buscarían su interés personal y que éste sería la suma del bienestar de la humanidad en su conjunto. Estos conceptos pronto chocaron con una realidad que los rebasó, pues lejos de haber esa idílica libertad, lo que se ha dado en la historia es el dominio del más fuerte sobre el más débil. De este modo, después de las dos guerras mundiales del siglo XX, en el que prevalecieron las ideas de la intervención del Estado, surge la gran discusión entre liberalismo económico e intervencionismo de Estado.

Octavio Urbina

Caminito en Chapultepec, óleo sobre macopan, 40 x 30 cm.

El liberalismo supone que el Estado no debe intervenir en la vida económica por ser mal administrador, y se debe dejar que el sector privado se dedique a hacer sus negocios con el mínimo de regulaciones o ninguna. Esto claro que gustó a la clase patronal, a especuladores, banqueros, en una palabra, a los dueños del capital.

Pero lo más relevante es la contradicción entre el ideario de libertad de elegir y una etapa económica dominada por monopolios y oligopolios, que por su omnímodo poder neutralizan toda libertad del individuo e incluso o lo inducen a comportarse en contra de sus propios intereses. Visto así, no puede hablarse de libertad en la era de los monopolios. Se convierte en la libertad de los más fuertes sobre los débiles, siendo estos últimos quienes lo que menos tienen es libertad.

Estos intereses se internacionalizan y unas cuantas cadenas oligopólicas dominan un mercado mundial que no es libre; es un mercado dominado. A esto le llamaron a fines del siglo XX globalismo o neoliberalismo. Esta ideología justificadora del gobierno de los monopolios, ha sido promovida por grupos de economistas, sociólogos y otros pensadores que se han empeñado en demostrar las bondades del modelo globalizador. Esto ha sido financiado muy jugosamente por universidades norteamericanas y profesores de corte empresarial que siguen cazados con que lo que importa son las ganancias del empresario.

Los hechos han demostrado que este modelo ha sido profundamente injusto y rapaz. Esto a pesar de la defensa de un pequeño grupo de ideólogos gratuitos y a sueldo que se vieron enormemente beneficiados con los negocios corruptos y mal habidos con los que se acuñaron enormes fortunas. Los aprovechados de la corrupción inherente a la privatización que es, el mecanismo por el cual se lleva a cabo el despojo de los bienes de los países en beneficio de negociantes y especuladores locales y extranjeros con gobiernos cómplices, implicados en el delito de la corrupción.

Ellos fabricaron leyes a modo para que el robo a la nación fuera legal, o legaloide, o para que los fraudes bancarios y financieros sólo fueran un delito “no grave”. Esto significó legalizar la impunidad.

Para esto tuvo que existir toda una teoría económica que justificara esta enajenación de bienes de las naciones, lo cual se instrumentó con el apoyo de una versión modernizada de la teoría neoclásica de la economía, a través de múltiples ejercicios matemáticos, econométricos, que lo único que hacían era distraer para que nadie se fijara en las pésimas condiciones en que quedaba la economía.

Surgieron muchos teóricos de la eficiencia, de la competitividad, de la creatividad, la innovación, en sus esquemas todo estaba destinado a demostrar que las empresas deberían competir entre sí para no salir de un libre mercado que sólo existía en sus falsos supuestos engañosos. Resultaba ingenuo pesar en la libertad económica en un mundo dominado por monopolios y oligopolios, que eran quienes llegaba a acuerdos entre sus competidores para dominar a nivel mundial un comercio internacional en el que sólo ellos dictaban las reglas del juego. En síntesis, un libre mercado que no se movía según las leyes naturales de la oferta y la demanda, por lo cual era falso.

Un mercado mundial nada globalizado sino profundamente nacionalista, terriblemente corrupto y extremadamente explotador de la mano de obra barata, o, como dicen ellos, salarios competitivos. Así, en el llamado modelo globalizador, las ganancias del gran empresario fueron la razón de ser de la economía, sin ver a la sociedad más que como mano de obra abundante y barata. El objetivo fue bajar costos a toda costa y al precio que fuera.1

El nacionalismo es inherente al hombre y a la sociedad. Por este fenómeno se han dado todas las guerras en la historia de la humanidad. El globalismo es una utopía.

No obstante, el nuevo globalismo o neoliberalismo, vino a ser desde el siglo XX un paradigma para justificar el nuevo despojo del hombre por el hombre mismo. Por algún tiempo se dieron alianzas por conveniencia, en algunas regiones del mundo, pero éstas fueron pronto sustituidas por el nacionalismo (Caso del Brexit).

A partir de 2008, y como resultado de las quiebras bancarias y las carteras vencidas al igual que los rescates bancarios e inmobiliarios, por operaciones con derivados fraudulentos, se volvió a posesionar el nacionalismo y el proteccionismo.

En efecto, a partir de esos años, Obama se volvió proteccionista especialmente con China; Europa en 2011 votó por el Brexit y el resultado fue Trump y su nacionalismo desbordado, aislacionista y anti cooperativista. En una palabra, pese a todas las teorías globalizantes anteriores se volvió al nacionalismo. Es decir, se desenmascaró con Trump el liderazgo estadounidense en su nacionalismo ramplón, en su verdadero racismo, y en las ideas de supremacía blanca. La globalización como discurso quedó atrás con el fracaso de la crisis financiera del 2008 por lo que los ideólogos y justificadores, aún luchan con resentimiento por hacer valer sus dogmas y sus ya muy cuestionadas ideas. La realidad se impuso a sus modelos cargados de matemáticas y fórmulas que no contemplaron la variable económica “voracidad” de los dueños del capital.

El nacionalismo mexicano

El nacionalismo y el regionalismo en México data desde la formación de los pueblos indígenas que marcaron desde su fundación sus territorios y sus costumbres. Se fueron creando muchos nacionalismos como sectas y razas indígenas, con religiones similares pero muy particulares de cada pueblo. Las guerras se dieron por los nacionalismos y por el predominio de los más fuertes sobre los más débiles.

El nacionalismo de los pueblos indígenas de Mesoamérica se destruyó con la invasión, y estos pueblos fueron confinados a la esclavitud. Sin embargo su lucha fue por defender sus hogares, sus tierras, sus costumbres, su religión y su vida.

Visto así, el nacionalismo es una defensa de un pueblo frente a otro, que a la fuerza trata de despojarlo de lo que le pertenece. En los siglos del Virreinato se fue integrando lentamente un sentimiento nacionalista criollo, que se violentó hasta principios del siglo XIX. México como nación se definió a partir de 1857 con Benito Juárez. El porfiriato tuvo gran similitud con el liberalismo, pues se privilegió lo extranjero y a los grupos poderosos internos para explotar en su beneficio los recursos naturales y humanos de la nación, relegando el desarrollo social.

Después de grandes problemas de la Revolución Mexicana, surgió la política Cardenista de 1938; con grandes dificultades, significó la toma de los destinos del país por un gobierno nacionalista y antiimperialista, que se consolidó lentamente, incluso con grandes contradicciones en los años cuarenta, cincuenta y setenta. Pese a lo que se niegue, y aceptando los errores, se logró el llamado Milagro Mexicano, basado en un nacionalismo revolucionario sustitutivo de importaciones, intervención del Estado del bienestar, altas tasas de crecimiento del PIB (6% promedio), desarrollo industrial sin deuda externa y una agricultura que, con limitantes, era suficiente para no depender tanto del exterior. Esto generó gran desarrollo económico y social, con deficiencias, pero con innegable progreso.

Este proceso terminó a partir de 1970, con el presidente Echeverría, y hasta 1988 con López Portillo, quienes se dedicaron a derrochar irresponsablemente hasta llegar a una deuda impagable de 80 mil millones de dólares. La deuda propició que el presidente Salinas tomara el poder en 1988, y decretara e instrumentara una política social y económica completamente opuesta al nacionalismo revolucionario, en el que la apertura económica y los nuevos programas de pago de la deuda basados en la aprobación de un Tratado de Libre Comercio, firmado en 1994. Entonces el nacionalismo fue satanizado y el lema era subirse exitosamente al “carro de la globalización”; todo esto bajo la dirección del FMI, el Banco Mundial y el gobierno de EU (Consenso de Washington). Es decir, una globalización dependiente.

OCTAVIO URBINA ÁLVAREZ

Atardecer en el desierto de Baja California, acrílico sobre cartón, 28 x 35 cm.

Nacionalismo y populismo

El populismo es un término interpretado según la ideología de cada grupo de personas o partidos políticos o gobiernos. Difícilmente puede ser de extrema derecha, pues esta situación se identifica más con el fascismo o con dictaduras militares disfrazadas de populares, o con dictaduras teocráticas, vinculadas a una religión y a un patriarca por derecho divino.

Podría hablarse de un populismo de izquierda; cuyo objetivo central sería lograr un crecimiento económico con distribución relativa del ingreso. También podría ser autoritario o democrático; pero en esencia significa que un gobierno tenga como propósito beneficiar al pueblo trabajador. Que anteponga los intereses de las minorías opulentas y de los dueños del poderoso capital nacional y extranjero y vea por las necesidades más urgentes de los asalariados, de los empleados medios, de los pequeños comerciantes, industriales. Ver por la salud, la educación, el empleo y el salario.

Para la escuela liberal, estas políticas sólo significan tirar dinero a la basura, ya que los recursos económicos no rinden ganancias de corto o mediano plazo. Según su criterio, si alguien desea tener acceso a estos bienes debe pagar servicios privados caros. Dicho de otro modo, la prioridad son los negocios individuales y de sus núcleos familiares y de socios, no la justicia social.

En conclusión, lo que se deduce de lo anterior, es que hoy día, se manejan irreflexivamente muchos conceptos que tienen diversas interpretaciones, según la ideología de cada grupo social. El nacionalismo ha existido siempre, desde los principios de la humanidad. El globalismo obedece también a ciertas circunstancias históricas que se dieron en alguna época de la historia sin renunciar a los nacionalismos. Por lo tanto, lo que puede decirse es que ambos conceptos se aplican en la práctica según las circunstancias de cada país y de cada momento histórico. El populismo en la interpretación correcta implica preocuparse por las necesidades de la población, pero eso no excluye que pueda ser mal aplicado, depende quienes lo implemente y como lo implementen.

 

1 La crisis de los años 2008-2009, fue la demostración del agotamiento de un sistema bancario y de bienes raíces basados en la corrupción y la especulación. La quiebra de Lehman Brothers, y el resto de los bancos que fraudulentamente quebraron en 2008, pusieron de manifiesto que el modelo estaba agotado y sólo podría subsistir con un grado inadmisible de corrupción.

Arturo Ortiz Wadgymarv

Arturo Ortiz Wadgymarv

Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.
Arturo Ortiz Wadgymarv
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México: Militarismo y Guardia Nacional


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