Nacionalismos y ultranacionalismos, el migrante como chivo expiatorio

febrero 1 2019

En la última década del siglo XX, el aparente triunfo del liberalismo –anunciado por Francis Fukuyama tras la caída del bloque socialista1 sobre otras ideologías facilitó el camino para continuar con el impulso y expansión de un modelo único basado en la democracia, el libre mercado y la homogenización cultural –promovida a través de nuevos medios de información, entre ellos Internet, y medios de transporte más eficientes–; sin embargo, ni la aplicación del decálogo neoliberal, ni la llamada globalización pusieron fin a las guerras, a la pobreza, a la desigualdad y tampoco diluyeron la figura del Estado-nación como para quitarle su rol protagónico en las relaciones internacionales. Por el contrario, generaron una serie de resultados inesperados como el resurgimiento de movimientos nacionalistas y ultranacionalistas desencantados o enojados ante su exclusión de los “beneficios globalizadores”, incrementaron los desplazamientos humanos internacionales “no deseados”,2 especialmente integrados por personas poco calificadas o que huyen de sus países de origen ante condiciones adversas y de violencia, y los migrantes se han convertido en chivos expiatorios en diversas partes del mundo ante los fracasos económicos y políticos de  autoridades locales e instituciones internacionales al implementar políticas públicas de diferente índole en las últimas tres décadas.

Por lo anterior, en el presente escrito se analizan elementos constitutivos de la globalización, sus contradicciones, la relación que tiene con el aumento de las migraciones internacionales y el resurgimiento de grupos nacionalistas y ultranacionalistas resentidos con dicho proceso, y que toman como primera bandera la lucha contra las supuestas invasiones que sufren sus países por parte de contingentes migratorios, y cuyas protestas son aprovechadas por políticos que han alcanzado el poder impulsando agendas contrarias a los derechos de las minorías.

En primer término, es necesario destacar que la globalización no es un proceso lineal y de permanente progreso para los actores inmersos en ella, debido a las contradicciones que genera. Para autores como Caroline Thomas, el término se refiere al proceso mediante el cual “el poder se ubica en formaciones sociales globales y se expresa a través de redes globales más que a través del sistema territorial de Estados”,3 con lo que confiere gran relevancia a la disminución del papel de los Estados-nación en las relaciones internacionales contemporáneas frente a actores emergentes e interconectados en diferentes áreas como la política, la economía y la cultura.

Octavio Urbina Álvarez

Reflejos II, óleo sobre tela, 70 x 100 cm.

Por su parte, Samir Amin señala que la globalización o mundialización es un proceso histórico basado en el sistema de producción capitalista, cuya fase actual se caracteriza por la transnacionalización de la economía mundial a partir de una serie de cambios económicos y políticos que iniciaron después de la Segunda Guerra Mundial, y que han provocado una erosión en la eficacia del Estado-nación. También sostiene que la globalización es un término que sirve como discurso hegemónico para legitimar y designar a los fenómenos de interdependencia a escala mundial de las sociedades contemporáneas, y añade que, para llegar a su actual estadio, fue necesario el desmantelamiento del Estado de bienestar desde la década de los ochenta del siglo pasado, con la implementación de políticas neoliberales, y el derrumbe de los sistemas soviéticos en Europa, lo que permitió la “reconquista de estas sociedades por parte de un capitalismo salvaje que navega viento en popa”.4

Otros autores ven en la globalización un proceso de homogenización cultural que es impulsado principalmente desde Estados desarrollados y empresas transnacionales con el propósito de moldear y unificar los hábitos de consumo en el mundo por medio de los medios de comunicación e información que promueven “un estilo de vida occidental”, 5 en demérito de las costumbres y hábitos locales. La globalización, entonces, puede ser entendida como un proceso que contempla la extensión a escala mundial del sistema capitalista, la erosión parcial de la función de los Estados en las relaciones internacionales ante la aparición de nuevos actores y productos de las concesiones hechas a un decálogo neoliberal,6 y la promoción de una cultura unificadora que relega parcialmente a otros tipos de expresiones alejadas del modelo occidental, pero que tiene consecuencias diferenciadas en los Estados, mercados y poblaciones.

En cuanto a la relación entre globalización y migración internacional se puede observar que desde la adopción y expansión del decálogo neoliberal en la década de los ochenta, la estructura económica mundial consolidó los flujos migratorios provenientes de países no desarrollados hacia Estados industrializados o posindustriales, producto de la necesidad de mano de obra en los segundos y también debido a una serie de políticas neoliberales mal aplicadas en los primeros, que generaron desempleo, despidos, inflación y bajos salarios.

Saskia Sassen7 destaca que con la aplicación de políticas de corte neoliberal, emanadas de instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), “las economías ricas se hicieron más ricas” y con ello se volvieron “destinos más deseables” para inmigrantes en búsqueda de mejores oportunidades, mientras que los países en vías de desarrollo que aplicaron medidas de liberación económica se debilitaron o destruyeron sectores productivos.

Aunado a las condiciones innatas de atracción observadas en los países industrializados y a los resultados magros de la aplicación del neoliberalismo que “han remarcado las carencias y pobreza de vastos sectores de la sociedad de esos países” en vías de desarrollo, se debe considerar que la mejora en las comunicaciones y el abaratamiento del transporte8 son elementos que han facilitado en las últimas décadas la migración internacional, que no sólo va de Sur a Norte, pues también se ha intensificado entre países considerados subdesarrollados.

La globalización, entonces, se ha convertido en un catalizador que ha facilitado la movilidad humana en el mundo, tanto de la calificada como de la no calificada. Tras la caída del Muro de Berlín (1989), el número de personas viviendo en países diferentes a los que habían nacido se ubicó en 152.6 millones9 y tres décadas después, en las que se ha dado el auge del neoliberalismo y del impulso globalizador, la cifra alcanza casi los 260 millones de migrantes.

Una de las paradojas observadas con el aumento de la migración internacional registrada entre finales del siglo XX e inicios del XXI es que, a pesar de que se han adoptado los principios del neoliberalismo en cuanto a la promoción y liberalización de tres de los cuatro factores de producción, que son los capitales, bienes y servicios, en el caso de la libre movilidad, los Estados más desarrollados, en su mayoría, se han opuesto a ésta y en sus políticas migratorias destacan las barreras legales y físicas para evitar el ingreso de migrantes indocumentados, con resultados magros y en la mayoría de las ocasiones en demérito del respeto a los derechos humanos.

Otra contradicción de la globalización en materia migratoria es que a pesar del aumento de las interacciones económicas entre los Estados y poblaciones por medio del comercio, de los medios de comunicación e información y del abaratamiento y aumento de la eficiencia en la transportación, el enfoque para atender los procesos migratorios sigue una lógica estatista e individualizada que ha generado más problemas que soluciones y un aumento franco de la movilidad humana. Lo anterior ha conducido a que la inmigración altamente calificada sea estimulada y contemplada en las políticas de países desarrollados, mientras que la inmigración poco calificada e irregular ha sido repudiada, marginada y criminalizada, a pesar de que es requerida.

Al respecto, Sassen destaca que la globalización ha tenido un impacto en la disminución de la capacidad de gestión de los Estados-nación en el plano internacional, lo que los ha obligado a “aprender a ser más multilaterales” en temas económicos,10 como la gestión conjunta ante crisis financieras; sin embargo, en materia migratoria, se sigue operando en su mayoría sin innovaciones,11 de forma aislada y sin comprender que los retos generados deberían ser atendidos de forma colegiada, ya que las causas de la migración forman parte de una estructura compartida.

Incluso la aprobación del Pacto Mundial sobre Migración en diciembre de 2018, en un esfuerzo intergubernamental de 164 países para gestionar de mejor forma la movilidad con respeto a los derechos humanos, enfrenta los embates de Estados contrarios al multilateralismo en el tema. Celosos de su seguridad nacional y gobernados, en su mayoría, por políticos que enarbolan el estandarte del nacionalismo o del ultranacionalismo y adjetivan al migrante como “enemigo” o “amenaza”.

A pesar de las virtudes manifestadas por sus impulsores, la “globalización del neoliberalismo” no sólo ha generado ganadores, sino también perdedores, y entre estos últimos se encuentran grupos que se sienten marginados de los beneficios, económicos, políticos y sociales, desatendidos por los políticos e instituciones tradicionales y que han visto su modo de vida afectado o han perdido empleos ante el desplazamiento de plantas a países subdesarrollados para abaratar costos de producción.

Octavio Urbina

Desnudame suavemente. Minimalista, óleo sobre tela, 49.5 x 59.5 cm.

Ese enojo ha impulsado el resurgimiento de nacionalismos y ultranacionalismos que a su vez promueven intereses conservadores y la xenofobia. Sobre el primer concepto, es preciso recordar que los nacionalismos dan identidad y sentido de pertenencia a los pueblos, y durante la Edad Media “el cemento social” de las naciones en la mayor parte de Europa fue la religión católica, las instituciones religiosas y el latín. “El territorio ajeno era básicamente el de los pueblos que tenían otras religiones”,12 otras costumbres, lenguajes e identidades, lo que los convertía, a su vez, en otras naciones. Siglos después, para ser precisos en el XVII con la firma de los Tratados de Paz de Westfalia, los nacionalismos tuvieron un reconocimiento al interior de los Estados modernos, constituidos por territorio, población y gobierno y basados en el principio de soberanía.

Tras la consumación de la Independencia de Estados Unidos en 1776 y la conclusión de la Revolución Francesa en 1799, el nacionalismo se consolidó como un ideal de organización política, que, al estar vinculado estrechamente  con la concepción territorial, ha propiciado la construcción de Estados; pero también ha sido y es fuente de conflictos y ha estado ligado tanto a formas democráticas como a formas totalitarias de gobierno. Por ejemplo, en su vertiente radical, la constante apelación a cualidades identitarias y territoriales, aunado al fracaso de gobiernos previos y a la creciente molestia de amplios sectores poblaciones, fueron los elementos principales que dieron pie al surgimiento de nacionalismos totalitarios13 durante la primera mitad del siglo XX, que influyeron de forma determinante en la Primera y Segunda Guerras Mundiales, y en el encumbramiento de líderes como Adolfo Hitler y Benito Mussolini.

En cuanto a los ultranacionalismos, destaca el hecho de que movimientos conservadores han articulado demandas en contra de influencias externas y de inmigrantes con el propósito de traer de regreso un supuesto pasado glorioso caracterizado por la uniformidad de pensamiento, credo y origen étnico.

Estos elementos fueron capitalizados en países de Europa y de forma más reciente en el continente americano por grupos radicales, ligados regularmente a la derecha, que emprendieron la recuperación de sentimientos nacionalistas, llevados al extremo, para influir en políticas internas y externas de sus Estados, a través de movimientos con tintes neofascistas o neonazis. A finales del siglo XX permanecían ocultos y conforme avanzó el actual milenio empezaron a protestar en las calles; en la actualidad forman parte de gobiernos y de congresos.

Los ultranacionalismos en Europa, o el renacer de los nacionalismos, empezaron a gestarse con mayor fuerza desde la década de 1990 en el este de aquel continente, tras la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y se fueron extendiendo a otros países europeos a través de grupos marginales y organizaciones clandestinas; su influencia ya alcanzó a partidos políticos de extrema derecha que han tenido gran acogida en el electorado gracias a propuestas populistas en las que se promete el regreso de nacionalismos triunfadores, mediante narrativas racistas, excluyentes y xenófobas.

En América, los casos más notorios de estos ultranacionalismos son los movimientos que han llevado al poder a Donald Trump, en Estados Unidos, y a Jair Bolsonaro, en Brasil. Ambos políticos se presentaron como actores “fuera del sistema político tradicional” y con posturas similares en cuanto al desprecio hacia los derechos de las mujeres, de los pueblos originarios, de las comunidades homosexuales y de los migrantes.

En la jerga para identificar los movimientos de extrema derecha también se incluyen terminologías como fascismo nostálgico, nuevo populismo de derecha, ala radical de derecha populista, nueva derecha, nueva derecha radical, entre otros,14 pero sin importar la forma en que se le designe, la ultraderecha tiene como características principales el uso de discursos excluyentes, la intolerancia a la diversidad étnica y la promoción de los nacionalismos homogéneos y de regímenes totalitarios sin cabida para las disidencias, lo que supone un caldo de cultivo para la xenofobia.

Los ultranacionalismos, en el caso de Europa, se han incrementado desde la década de 1990,15 tanto en países del este como del centro de Europa, y la presencia de partidos políticos vinculados con ese tipo de ideologías y sus líderes han alcanzado puestos de importancia en varios Estados gracias a discursos antiglobalización y antiinmigrantes.

Algunos de los casos más paradigmáticos del ascenso de políticos ultraconservadores que han impulsado narrativas, acciones o políticas migratorias restrictivas se han dado en Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Hungría, y Polonia: los primeros tres países mencionados, con larga data en la Unión Europea (UE), el cuarto está en proceso de salir del bloque –en parte debido al tema migratorio– y los dos últimos Estados ingresaron recientemente al club europeo y en años recientes se han opuesto de manera sistemática a colaborar en las políticas migratorias comunes del bloque europeo.

En Francia, Jean-Marie Le Pen y Marine Le Pen (padre e hija) han usado como elemento unificador de los ultranacionalistas el combate a lo que denominan “invasión africana y musulmana”, a la que culpan de la falta de empleos y de los aumentos en los índices de inseguridad. Desde inicios del siglo XXI, el Frente Nacional –que pertenece a la familia Le Pen– ha logrado catapultarse en elecciones y tiene presencia en parlamentos locales y el federal, así como en el Parlamento Europeo, desde el que promueven una agenda en contra de la inmigración, del Islam, del multiculturalismo y hasta de la Unión Europea en su proceso de integración.

Alemania, a pesar de los esfuerzos por ilegalizar las expresiones y manifestaciones nazis, actualmente afronta el resurgimiento de grupos de odio, y gracias a partidos como el Nacional Democrático (NPD) se impulsa una agenda contraria a los inmigrantes. Su líder, el ultranacionalista y exmilitar Udo Voigt, ocupa una curul en la Eurocámara y ha manifestado que “Europa es el continente de la gente blanca”, y que se deberían de tomar medidas para que continúe así.

De igual forma, los movimientos conservadores y radicales han puesto en jaque en varias ocasiones el liderazgo de Ángela Merkel, canciller de Alemania, luego de que la funcionaria impulsara en años recientes planes y programas a nivel nacional y en el marco de la Unión Europea para atender a refugiados provenientes de países en conflicto como Siria y Afganistán. En más de una ocasión Merkel ha tenido que ceder en el tema para poder generar consensos y conformar el gobierno federal, especialmente ante la presión ejercida por sus aliados, pero también ante el crecimiento que han tenido otras agrupaciones como el movimiento islamófobo Pegida y el ultraderechista partido Alternativa para Alemania (AfD), que capturan cada vez más electores y partidarios.

En el Estado italiano, movimientos de ultraderecha rompieron con la jefatura de los partidos tradicionales para hacerse del poder e impulsar medidas contrarias a la inmigración africana y a la integración europea. La Liga Norte y el Movimiento Cinco Estrellas, que alcanzaron una alianza para formar gobierno desde 2018, han puesto en marcha una política migratoria restrictiva y persecutoria en especial hacia los extranjeros indocumentados y que provienen del continente africano. Además, se han asociado con otros gobiernos xenófobos, como el de Hungría,16 y han limitado la cooperación con la Unión Europea en políticas de inmigración extracomunitaria.

Por su parte, el Reino Unido también ha sido epicentro de movimientos de ultraderecha y de conservadores que impulsaron la salida de la UE en el referéndum celebrado en 2016 y cuya conclusión aún está en proceso. Parte importante de la campaña hecha en favor de abandonar el bloque comunitario se centró en vincular la inmigración con riesgos para la economía y la identidad nacional.

La campaña xenofóbica tuvo impacto, a pesar de que estudios previos demostraban que los inmigrantes comunitarios o extracomunitarios aportaban más a las arcas estatales de lo que se invertía en ellos en servicios de salud, vivienda o educación17 y que la inmigración no había provocado alzas en las tasas de criminalidad.18

El fantasma de los ultranacionalismos también recorre otras latitudes, incluidos países como Austria, España y Estados del este de Europa. En los casos de los gobiernos de Hungría y Polonia han optado por tolerar los ataques en contra de refugiados e inmigrantes y por políticas y normativas que promueven la xenofobia y la violación a los derechos humanos de los migrantes y refugiados –como meter en jaulas al aire libre a extranjeros indocumentados en territorio húngaro–, que en su mayoría sólo están de paso en dichas naciones en un intento por llegar a economías desarrolladas del centro del continente.

Consideraciones finales

La globalización es un proceso que, aunado a los postulados del neoliberalismo, ha facilitado el comercio, las transacciones financieras y modelos culturales homogéneos, empero, no se convirtió en la panacea que haría del mundo un lugar más justo, equitativo y sin conflictos bélicos. La liberalización de tres de los cuatro factores de producción –bienes, servicios y capitales– en las últimas tres décadas generó tanto ganadores como perdedores en los países desarrollados y en las economías emergentes, y aunque se excluyó de facto la libre movilidad de personas,19  la globalización ha servido como impulsor de los desplazamientos humanos internacionales, tanto de capital humano calificado como de personas con escasa preparación académica.

Esas contradicciones, a su vez aunadas a los malos resultados de políticos y agrupaciones tradicionales en diferentes Estados y regiones del mundo, han facilitado la formación de grupos ultranacionalistas, mismos que han aprovechado el malestar de ciudadanos resentidos, excluidos y afectados por la globalización que buscan ser escuchados y son seducidos ante promesas de un retorno a supuestos pasados gloriosos.

La multiplicación de los grupos ultranacionalistas no es exclusiva del continente europeo y se ha extendido a América, donde se observa en los últimos años un desencanto con los políticos e instituciones tradicionales, ya sean de izquierda, centro o neoliberales, lo que a su vez ha facilitado la irrupción de personajes atípicos que se pertrechan y atacan con discursos y acciones de intolerancia, xenofobia y odio hacia las otredades y minorías, incluidos los migrantes.

Nos encontramos en una época complicada en la que las noticias falsas se esparcen como pólvora incendiaria gracias al uso irresponsable de redes sociales electrónicas y al dolo de personajes que explotan la difusión de información falsa, pero también es necesario destacar la renuencia por parte de la población para aceptar los hechos y confiar en las instituciones. Es por ello que resulta necesario replantear de nueva cuenta las estructuras económicas, políticas y sociales que nos rigen, para evitar el éxito de las agrupaciones ultranacionalistas y ultraconservadoras que ven en los migrantes y en otros grupos vulnerables al enemigo o al chivo expiatorio en el que pueden verter su odio y sus ataques para seguir creciendo y acumular poder y representación en los cargos de representación popular.

Octavio Urbina

Abstracto. Fecundidad orgasmica I, acrílico sobre tela, 100 x 100 cm.

1 Fukuyama publicó en 1989 un ensayo que tres años más tarde se convertiría en el libro titulado El fin de la Historia y el último hombre, en el que retoma la idea –con diferentes matices– de trabajos desarrollados décadas y siglos atrás por autores como Friedrich Hegel y Karl Marx.

2 Recordar que el sistema capitalista, del que forman parte las corrientes neoliberal y la globalización, requiere constantemente de mano de obra poco calificada, fácil de contratar en tiempos de pujanza económica y fácil de despedir en tiempos de crisis, por lo que incentiva la emigración de países subdesarrollados a sociedades económicamente avanzadas para cumplir con determinados roles laborales.

3 Caroline Thomas, “Globalization and the South”, en Caroline Thomas y Peter Wilkin (eds.), Globalization and the South, Palgrave Macmillan, Reino Unido, 1997, p. 6.

4 Samir Amin, “Capitalismo, imperialismo, mundialización”, en José Seoane y Emilio Taddei (comp.), Resistencias Mundiales (De Seattle a Porto Alegre), CLACSO, Buenos Aires, 2001, pp. 15, 21 y 22.

5 Manuel Baeza, “Globalización y homogenización cultural” en Sociedad Hoy, núm. 10, Universidad de Concepción, Chile, primer semestre 2006, p. 19.

6 Recordar que el neoliberalismo promueve la democracia como ideal de organización política, así como la liberalización de los mercados, el adelgazamiento del Estado y la participación de la iniciativa privada en los servicios sociales, educativos y médicos proporcionados a la población.

7 Saskia Sassen, “Is this the way to go? Handling immigration in a global era” en Stanford Agora: An Online Journal of Legal Perspectives, vol. 4, Universidad de Stanford, Estados Unidos, 2002, p. 3.

8 Alma Muñoz, “Efectos de la globalización en las migraciones internacionales” en Papeles de Población, vol. 8, núm. 33, Universidad Autónoma del Estado de México, México, 2002, p. 10.

9 Fundación BBVA Bancomer y Conapo, Anuario de migración y remesas México 2017, Conapo, México, 2017, p. 20.

10 Saskia Sassen, “Regulating immigration in a global age: A new policy landscape” en Parallax, vol. 11, núm. 1, Routledge, Reino Unido, 2005, p. 35.

11 Existen algunos casos de innovación y cooperación multilateral para gestionar las migraciones, por ejemplo la promoción de la libre movilidad y residencia en el Mercado Común del Sur (Mercosur) y el Espacio Schengen en Europa, aunque en el último caso se está imponiendo la lógica de la seguridad para contener a migrantes externos luego de una serie de atentados en ciudades europeas.

12 Tomasini Bassols, Alejandro, “El nacionalismo y sus dilemas”, en Revista Crónica Legislativa, vol. 4, núm. 2, 1995, p. 2.

13 Para ahondar en los totalitarismos de la primera mitad del siglo XX se puede consultar a Arendt, Hannah, Los orígenes del totalitarismo, Madrid, Taurus, 1998, 425 pp.

14 Anastasakis, Othon, Extreme Right in Europe: a comparative study of recent trends, Londres, London School of Economics, 2000, p. 4.

15 Se puede consultar una lista de los partidos neonazis con presencia en Europa en el trabajo de García Olascoaga, Omar, Los partidos neonazis en Europa: ¿Un legado olvidado?, en Revista de Relaciones Internacionales de la UNAM, núm. 128, 2017, pp. 89-90.

16 El ministro del Interior de Italia, Matteo Salvani, y el primer ministro húngaro Viktor Orbán presentaron el 29 de agosto de 2018 en Milán un manifiesto en el que se comprometen a cambiar la “abierta” política migratoria en la Unión Europea por una de “bloqueo y rechazo”.

17 Dustmann Christian y Frattini, Tomaso, The fiscal effects of immigration to the UK, en Economic Journal, vol. 124, núm. 580, 2014, pp. 593-643.

18 Las conductas criminales de inmigrantes y asilados, de acuerdo con un estudio de Bell, Brian; Fasani, Francesco; y Machin, Stephen. Crime and immigration: evidence from large immigrants waves, en The Review of Economics and Statistics, vól, 95, núm. 4, 2013, pp. 1278-1290, están vinculadas regularmente con el acceso o falta de oportunidades laborales, es decir, entre mejores políticas de integración, menor es el índice de crímenes cometidos por los extranjeros en Reino Unido.

19 Recordar que de forma regional se han dado ejemplos de gestión de la movilidad humana, por ejemplo el Espacio Schengen o el Acuerdo sobre Libre Residencia Mercosur. La contradicción de dichos esquemas es que son incluyentes con los ciudadanos de los países miembros pero excluyentes al mismo tiempo de personas provenientes de terceros Estados o regiones.

Tomás Milton Muñoz Bravo

Tomás Milton Muñoz Bravo

Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Profesor e investigador de tiempo completo adscrito al Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM.
Tomás Milton Muñoz Bravo
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