MUJERES, VULNERABILIDAD Y CÁNCER DE MAMA

Categoría: EPSI17, Otros puntos
marzo 2 2015

Es incuestionable que la situación de las mujeres es, en este momento de la historia, mejor de lo que había sido durante siglos. Los espacios de intervención y las oportunidades en la vida pública evidencian la participación y el avance social y cultural de las mujeres en el trabajo productivo, la política, la educación, entre otros ámbitos. De modo que, en menos de cien años, hemos transitado de un mundo público predomi­nantemente masculino, a otro en el que las mujeres tienen una presencia cada vez más contundente. A pesar de esto, existen aún áreas relevantes en las que todavía se observa inequidad en relación con los varones en la misma posición, o bien un rezago que afecta el desarrollo y el bienestar de la población femenina en varios puntos del planeta.

Uno de estos terrenos es el de la salud, particularmente el de la salud sexual y reproductiva, en donde las creencias y los mitos en torno al cuerpo femenino, así como los roles de género, dificultan en la mayoría de las ocasiones la pre­vención de enfermedades y malestares, o bien su atención oportuna. Debemos reconocer entonces que la situación de la salud de las mujeres está asociada con factores tales como el grupo social al que pertenecen, el momento histó­rico que les toca vivir, y el contexto sociocultural en el que se encuentran, mismos que, según Ayala-Real y Sánchez Díaz (2004) se expresan en el cuerpo y vida de mujeres específicas y en su forma de enfermar y morir.

El cáncer de mama no escapa a esta circunstancia, pues al alojarse en los senos, uno de los símbolos eróticos más importantes de las mujeres, su prevención y tratamiento se ven influidos por tabúes y creencias erróneas en torno al cuerpo femenino y a las causas del cáncer, así como a su tratamiento. Esto a menudo dificulta la intervención oportuna tanto para la sensibilización dirigida a destacar la relevancia de la detección temprana de los tumores can­cerosos, como sobre la atención desde las fases iniciales, con consecuencias catastróficas en muchos de los casos.

Aún no hemos mencionado que el cáncer es una prolife­ración acelerada, desordenada y no controlada de células con genes mutados que se disemina por diferentes seg­mentos del cuerpo, eliminando a las células sanas y que en algunos casos produce un tumor (López-Carrillo et al., 1996). Rodríguez Cuevas (2005) considera que el creciente aumento de esta enfermedad se relaciona en forma estre­cha con dos aspectos: el envejecimiento de la población, y una mayor prevalencia de los factores de riesgo de la población femenina. Habría que decir que los factores de riesgo se dividen en dos clases: ambientales y conductua­les; hablaremos de éstos más adelante.

Como ya es de sobra conocido, el cáncer de mama es actualmente el cáncer más común y la principal causa de muerte -prematura en una cantidad importante de las ocasiones- en mujeres de todo el mundo, tanto en países desarrollados, como en aquellos en vías de desarrollo; con 5 millones de casos, la tasa de supervivencia varía entre un 12 por ciento en África, hasta un 90 por ciento en Estados Unidos (Youlden et al., 2012 en Smith, 2014), y muestra un crecimiento sostenido de 2 por ciento que durará, al menos, los siguientes 30 años. La edad promedio en la que muere una mujer es de 58 años, pero el momento de la detección presenta variaciones en las distintas regiones del mundo: en las mujeres blancas norteamericanas esto ocurre alrededor de los 63 años, en las europeas entre los 60 y los 64 años, y en las mexicanas, a los 51 años (Rodríguez Cuevas, 2005). Esto quiere decir que también hay diferencias por zonas del mundo en lo que respecta a la vulnerabilidad de las mujeres ante el cáncer de mama.

Es muy difícil decir que se conocen las causas de tales diferencias, pero como ya hemos dicho, las condiciones de vida de las mujeres varían en función de las culturas, las tradiciones, y otros factores sociales y culturales. De hecho, a pesar de los avances científicos en la medicina y la epidemiología, existe una cantidad importante de dudas acerca de las causas que dan origen a la aparición de un tumor maligno, y eventualmente al desarrollo de un cán­cer. Lo que si se ha identificado ya de manera cada vez más clara son los principales factores de riesgo, que se pueden agrupar en cinco grandes categorías, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS):

  1. Estilos de vida. Consumo de tabaco y alcohol, dietas poco saludables, poca actividad física, etcétera.
  2. Exposición a carcinógenos en el medio ambiente y/o el entorno laboral. Por ejemplo, cuando se trabaja en locales cerrados y el aire está contaminado, entre otras situaciones.
  3. Exposición a formas variadas de radiación, por ejemplo la ultravioleta o ionizante.
  4. Exposición a formas variadas de productos químicos empleados en las industrias.
  5. Haber padecido algunas infecciones. Por ejemplo hepa­titis B o virus del papiloma humano.
  6. Haber padecido algunas infecciones. Por ejemplo hepa­titis B o virus del papiloma humano.

Como puede apreciarse, el estilo de vida es uno de los factores que destacan en esta lista, y según los estudios realizados en todo el mundo, parece estar sistemática­mente asociado con el aumento de los casos del cáncer de mama; a este fenómeno, que ya ha alcanzado a los países de América Latina y Asia, se le ha llamado “occidentaliza­ción” o adopción de las formas de vida y las costumbres de sociedades con un mayor nivel de industrialización, como pueden ser las dietas con un alto contenido de carnes rojas y poca fibra, y también a las alteraciones del medio ambiente, mismo que cada vez está más contaminado por distintas formas de sustancias tóxicas; una prueba de esto último es el incremento de 60 por ciento de los casos de cáncer mamario en poblaciones asiáticas emigrantes a los Estados Unidos cuando se estudia a las mujeres nacidas en el nuevo país, ya no en las comunidades de origen, que son con frecuencia, rurales (Rodríguez Cuevas, 2005).

Además de los factores mencionados, se conocen algunas causas que producen cáncer de mama, relativas, sobre todo, a la vida reproductiva de las mujeres (Instituto Nacional de Cancerología –Incan-, 2009; Padilla y Vallejo, 1999):

  1. La menarca temprana. Ocurrida antes de los 12 años.
  2. La menopausia tardía. Aparecida después de los 50 años.
  3. No haberse embarazado nunca o haberlo hecho hasta después de los 30 años.
  4. No haber lactado nunca.
  5. La obesidad y dietas con un alto contenido de grasas.
  6. La ingestión de bebidas alcohólicas.
  7. El uso prolongado de anticonceptivos hormonales orales.
  8. Los antecedentes de familiares directos que lo hayan padecido, especialmente la madre y las hermanas.

Ahora bien, aunque estos son los factores identificados, se sabe que la mayoría de las mujeres que llegan a desarrollar cáncer en alguno de los senos, no tenían factores de riesgo (especialmente un familiar consanguínea cercana que lo hubiera padecido), y si a eso agregamos que todavía no existe una práctica generalizada de la autoexploración desde la juventud, y menos aún de la realización de la mastografía (especie de radiografía de los senos que per­mite detectar tumores del tamaño de un grano de arena) a partir de los 40 años, es comprensible entonces que una gran cantidad de cánceres se diagnostiquen en etapas avanzadas (Rodríguez Cuevas, 2005).

JOSE LUIS BUSTAMANTE

» Rostros, óleo s/ tela 30 x 40 cm. 2008.

Independientemente de estas causas, algunas autoras y autores consideran que el primer factor de riesgo real que existe para desarrollar cáncer de mama lo constituye el mero hecho de ser mujeres (Brandan y Villaseñor Navarro, 2006). Esto no quiere decir, desde luego, que no haya cáncer de mama en los varones, pero cuando este padecimiento llega a ocurrir en ese grupo de población, constituye sólo el 1% de los casos, y la etiología parece ser distinta, pues en una proporción importante, los casos se asocian con consumo de hormonas para desarrollar los músculos, como cuando practican el fisicoculturismo.

Ciertamente, el panorama no parece muy alentador, pero es muy importante dejar claro que el cáncer de mama es un mal curable, siempre que su detección y diagnóstico sean oportunos (Martínez Tlahuel, 2007). En los últimos años existe un protocolo que se recomien­da a los médicos seguir para tratar este padecimiento y orientar en forma adecuada a sus pacientes en relación con la oportunidad con la que deben realizarse la auto­exploración, el momento en que deben solicitarles que se realicen una mastografía, así como sobre la informa­ción que deben ofrecerles, y la vigilancia de los casos críticos. De modo que, idealmente, todas las mujeres, ya sea que cuenten con antecedentes familiares de cáncer de mama o no, deberían practicarse la autoexploración visual y manual en forma mensual desde la aparición de la menarca, durante la adolescencia; asimismo, es de­seable que se efectúen una mastografía, y en ocasiones también un ultrasonido cada año a partir de los cuarenta años, o antes si pertenecen al grupo considerado como de alto riesgo (con antecedentes familiares).

Infortunadamente, alrededor del 60 por ciento de los casos en México se detectan tardíamente, y esto generalmente lleva a las mujeres a someterse a tra­tamientos caros, y a no contar con una garantía de recuperación (Fundación Cimab, 2013). Para ilustrar lo anterior, mencionaremos por ejemplo lo ocurrido en el año 2002, en que sólo entre el 5 y el 10 por ciento de los diagnósticos de cáncer de mama se realizaron en etapas iniciales; de éstos, sólo el 6.5 por ciento tenía una esperanza de recuperación completa. Una de las razones por las que las mujeres llegan con cáncer avanzado a las clínicas u hospitales es que no existe todavía en nuestro país una práctica generalizada y sistemática de la autoexploración que, sin ser el mejor método de detección, si es el más frecuente pues se estima que alrededor del 90 por ciento de los casos de cáncer de mama son descubiertos por las propias mujeres (Brandan y Villaseñor Navarro, 2006), ya sea porque presentan alguna molestia, o porque se revisan las glándulas mamarias.

Esta es una de las razones por las que en los últimos años, las instituciones de salud pública en México han lanzado campañas en los medios masivos de comunicación para sensibilizar a las mujeres en edad reproductiva para que se informen y se realicen una autoexploración mensual de senos para detectar tumores cancerosos en etapas tempra­nas. Ante la innegable realidad del importante problema en el que se ha convertido este padecimiento, diversos sectores de la sociedad se han involucrado en campañas de advertencia sobre sus efectos, y las devastadoras con­secuencias del cáncer de mama; así, en los últimos años hemos sido testigos de campañas que incluyen a figuras como futbolistas, luchadores, modelos y actrices, a las cuales se han sumado políticas y escritoras, entre otras, quienes se han constituido en personajes sobresalientes de tales esfuerzos. La idea es aprovechar que la población les reconoce para lograr llamar su atención y hacer que el mensaje penetre. Lamentablemente, estas campañas han sido intermitentes, y aún desconocemos su impacto, pues no hay estudios que evalúen y presenten la evidencia de la eficacia que han tenido.

Ya se verá en el futuro el impacto de ese tipo de esfuerzos, pero por lo pronto, algunas investigaciones realizadas en México calculan que la proporción de mujeres mayores de 20 años que a principios de la década del año 2000 se autoexploraban regularmente eran apenas de alrededor del 30 por ciento, y no todas lo hacían de forma correcta (Ortega-Altamirano, López-Carrillo y López-Cervantes, 2000; Saldívar Garduño, 2009). En otros países, se han reportado estudios que ofrecen evidencia de la eficacia de intervenciones educativas sobre el tema, las cuales pueden alcanzar hasta un 50 por ciento cuando se les proporcio­na información sobre la autoexploración (Ávila Rosas y Ávalos Martínez, 2005; Rocha-Guerrero et al., 2007).

Lo que sabemos hoy es que “empoderar” a las mujeres para que adopten estilos de vida saludable y para el cui­dado de su propia salud funciona. Esto implica ofrecerles herramientas que aumenten su control sobre la toma de decisiones en salud (en psicología social llamamos autoeficacia a esta habilidad), la generación de normas sociales positivas sobre el cuidado de la salud (considerar que es “bueno” estar pendientes y atender cualquier síntoma por mínimo que parezca), y la ubicación de grupos de apoyo social (identificar a las personas que nos pueden auxiliar cuando necesitamos orientación para la atención de temas relacionados con la salud). Estos elementos pueden mejorar la percepción de autonomía de las mujeres, con lo que disminuiría la dependencia de éstas respecto de un sistema de salud que ya se encuentra rebasado y limitado de recursos, y eventualmente con­tribuirían a la disminución de las muertes por cáncer de mama al realizar la detección temprana y la búsqueda de atención en las instancias correspondientes.

Dicho de otro modo, de lo que se trata es de salvar la vida de más mujeres. Es una tarea que vale la pena.

BIBLIOGRAFIA

Ávila Rosas, T. L. y Ávalos Martínez, J. G. (2005). Factores de riesgo y conocimientos acerca del cáncer de mama. Libro de resúmenes del XI Congreso de Investigación en Salud Pública. México: Instituto Nacional de Salud Pública. P. 28.

Ayala-Real, L. G. y Sánchez Díaz, G. (2004). Identidades masculi­nas y la salud de las mujeres. Perinatología y Reproducción Humana, 18, 53-61.

Brandan, M. E. y Villaseñor Navarro, Y. (2006). Detección del cán­cer de mama: Estado de la mamografía en México. Cancerología, 1, 147-162.

Instituto Nacional de Cancerología (Incan). (2009). Infocancer: Síntomas del cáncer de mama. En el sitio de internet: http://www.infocancer.org.mx/factores-de-riesgo-cancer-de-mama, consultado el día 6 de enero de 2009.

López-Carrillo, L., Vandale-Toney, S., Alonso, P., Fernández, C. y Parra, M. S. (1996). Cáncer cérvicouterino y mamario en la mujer mexicana. En: Langer, A. y Tolbert, K. (Eds.). Mujer: sexualidad y salud reproductiva en México. México: The Population Council – Edamex. Pp. 317-341.

Martínez Tlahuel, J. L. (2007). Boletín de Práctica Médica Efectiva: Cáncer de mama. México: Instituto Nacional de Salud Pública.

Organización Mundial de la Salud (OMS). (2009). ¿Aumenta o disminuye el número de casos de cáncer en el mundo? En el sitio de internet: http://www.who.int/features/qa/15/es/index.html, consultado el día 2 de enero de 2009.

Ortega-Altamirano, D., López-Carrillo, L. y López-Cervantes, M. (2000). Tres estrategias para la enseñanza del autoexamen del seno en mujeres en edad reproductiva. Salud Pública de México, 42, 1, 17-25.

Padilla, G. y Vallejo, M. (1999). Cáncer de mama. Práctica Médica Efectiva. Vol. 1, No. 1. México: Subsecretaría de prevención y con­trol de enfermedades. Instituto Nacional de Salud Pública.

Rocha-Guerrero, L. M., Rodríguez-López, M. G., Ramírez-López, L. E., Fabela-Rodríguez, J. H. y Martínez-Tamez, G. I. (2007). Impacto de una intervención para cáncer cérvicouterino y mamario en área metropolitana de Monterrey, N. L. Libro de resúmenes del XII Congreso de Investigación en Salud Pública. México: Instituto Nacional de Salud Pública. P. 99.

Rodríguez Cuevas, S. A. (2005). Cáncer de mama. Cirugía y ciru­janos, 73, 006, 423-424.

Saldívar Garduño, A. (2009). Factores que favorecen la preven­ción de enfermedades y el cuidado de la salud de las mujeres. Tesis doctoral. México: División de Estudios de Posgrado, Universidad Nacional Autónoma de México.

Smith, R. A. (2014). Prólogo. En: Lazcano Ponce, E., Escudero de los Ríos, P. y Uscanga Sánchez, S. R. (Eds.). Cáncer de mama. Diagnóstico, tratamiento, prevención y control. Cuernavaca, México: Instituto Nacional de Salud Pública.

Alicia Saldivar Garduño

Alicia Saldivar Garduño

Doctora en Psicología egresada de la Universidad Autónoma de México. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma de Metropolitana – Iztapalapa
Alicia Saldivar Garduño
Compartir por Whatsapp:

Dirección: Av. Baja California No. 317, 2do. piso, Col. Hipódromo Condesa, Del. Cuauhtémoc, Ciudad de México, C.P. 06100 | Tel. 7159-4369

El Punto Sobre la i Facebook
El Punto Sobre la i Facebook
El Punto Sobre la i Facebook