Modelo AMLO cuarta transformación como primera restauración

diciembre 12 2018

En 2018, para su tercera candidatura presidencial,  Andrés Manuel López Obrador encontró un lema que podría haber sido una definición de propuesta no sólo de gobierno, sino de proyecto nacional: la Cuarta Transformación, la cual a veces es entendida como una nueva república, en ocasiones como nueva revolución y a veces sólo como eficacia de lo que existe.

En los meses del interregno de las elecciones a la toma de posesión, el presidente electo y sus operadores en el Congreso han referido algunas decisiones en el escenario de la Cuarta Transformación: las leyes salariales, las decisiones de achicamiento del Estado, el control presidencialista de las decisiones y hasta la consulta sobre el aeropuerto en Texcoco.

A pesar de asumirse como la definición del proyecto de gobierno de López Obrador y su coalición política, no existe una formalización de su contenido programático. Una cosa es que algunas decisiones se presenten en el contexto retórico de la Cuarta Transformación y otra muy diferente que una propuesta de redefinición del proyecto nacional de república necesite de un mapa de reorganización del Estado y su ideología y no sólo un mero marco conceptual elemental, sin filosofía política ni reestructuración de las instituciones involucradas en los presuntos cambios.

El proyecto nacional de México ha tenido un proceso histórico progresivo con rupturas coyunturales:

1.- Las formas de gobierno indígenas, con la figura de Tlatoani, vigente en la actualidad.

2.- El modelo de gobierno del Virreinato –como fase funcional del reino de España que nunca se preocupó por la Nueva España porque su descubrimiento territorial no se compaginó con las pocas riquezas explotadas–.

3.- La fase autonomismo -Independencia-  Centralismodictadura santanista que experimentó el ingreso errático de México al federalismo.

4.- La Reforma, que instauró el Estado Nación –población, territorio delimitado por fronteras físicas y geopolíticas, gobierno, soberanía y Constitución–.

5.- El porfirismo, que configuró la primera estructura sistémica con aprovechamiento del pasado y el fortalecimiento del presidencialismo.

6.- La Revolución Mexicana, que creó de manera formal el primer sistema político.

De manera formalista, en la etapa del México independiente la historia oficial –base del pensamiento histórico que justifica el dominio de la ideología de la burocracia gobernante– se aceptan tres fases específicas:

1.- La Independencia, que comenzó como rebelión contra los gachupines explotadores y que perfiló desde su inicio la construcción del Imperio mexicano como monarquía doméstica, aunque antes ofrecida a Fernando VII y sus familiares.

2.- La Reforma, que combatió contra los tres fueros dominantes de la época: la iglesia, las castas militares –mil 500 pronunciamientos rebeldes de 1821 a 1876– y los intereses extranjeros que provocaron invasiones y que tuvo el propósito central de construir las bases del capitalismo.

3.- La Revolución, que luchó contra la dictadura de Porfirio Díaz, que liquidó los resabios del feudalismo, que impulsó la modernización capitalista y que creó la funcionalidad del Estado como el eje del desarrollo.

La revisión de los comportamientos públicos, discursos políticos y libros escritos de Andrés Manuel López Obrador no aporta elementos de fondo para comprender su análisis del proceso histórico y su propuesta de cambio. López Obrador no es un historiador, ni un politólogo, ni un científico social, sino un político práctico. Por tanto, sus pronunciamientos propositivos responden a la lógica del discurso de campaña. Desde 1996 –como presidente del PRD– hasta su discurso de victoria el 1 de julio de 2018, López Obrador ha sido muy insistente en marcar límites de diferenciación retórica, aunque sin aportar un razonamiento formal de los cambios propuestos.

Yolanda Quijano

Memorias de Ulises, mixta, 0.25 X 0.20 m.

Un proyecto nacional real se define en función de cuatro equilibrios estructurales con interrelaciones específicas:

1.- Sistema político/régimen de gobierno/Estado.

2.- Modelo de desarrollo/política económica/bienestar social.

3.- Rectoría del Edo./economía mixta/pacto constitucional.

4.- Modo de producción/lucha de clases/ideología.

El proyecto nacional vigente se mueve en este cuadrado externo de triángulos internos, y nada tiene que ver con fases que pudieran contabilizarse una tras de otra, como para fijar una nueva definida como Cuarta. Las seis etapas de formas de gobierno y las tres revoluciones tuvieron cada una su justificación. Por tanto, aspirar a una séptima fase de gobierno o a una cuarta etapa revolucionaria indicaría nuevas definiciones conceptuales, políticas y sobre todo de correlación de fuerzas productivas/sociales/políticas.

Aplicar los métodos de análisis histórico puede llevar a decepciones sobre el alcance de la Cuarta Transformación de López Obrador, sobre todo si se revisan propuestas anteriores que buscaban “recuperar el orgullo nacional”, construir la “república de la felicidad”, buscar la “república amorosa” e iniciar la redacción de una “Constitución moral”. Los proyectos nacionales surgen del conflicto social potenciado por la lucha de clases, y aun sin estar convencidos del marxismo como ideología, sino como método de análisis racional de la realidad humana y de las contradicciones de clases. Las formas de gobierno, las fases revolucionarias y las variables de definición del proyecto nacional determinaron las etapas del México indígena, colonial y republicano.

En su discurso de la victoria la noche del 1 de julio de 2018, López Obrador delineó “algunas acciones esenciales que definirán (subrayado de CR) la transformación nacional”:

1.- Auténtico Estado de derecho.

2.- Dejará de existir el Cisen (Centro de Información y Seguridad Nacional).

3.- Una auténtica democracia.

4.- Acabar con la corrupción.

5.- Revocación de mandato cada tres años.

6.- Tampoco habrá gasolinazos (aumentos de los precios de las gasolinas por disminución de subsidios oficiales y traslado de esos apoyos al precio al consumidor, provocando alzas bruscas en los precios de los combustibles).

7.- Prioritario fortalecer la actividad productiva y el mercado interno.

8.- Migración optativa y no necesaria.

9.- Cancelar la mal llamada reforma educativa.

10.- Apoyo especial a quienes sufren por carencias y olvidos. Preferencia a los pobres. 11.- Eficacia para combatir la “llamada delincuencia organizada” con respeto a los derechos humanos.

12.- Elaboración de la Constitución Moral.

13.- Relaciones cordiales y fructíferas con todos los países del mundo.

14.- Consolidación del tratado comercial con EU y Canadá, con extensión a América Central.

A partir de estas metas concretas, nada existe en ellas que lleve a una séptima forma de gobierno o a una Cuarta revolución nacional o a una ruptura de sistema/régimen/ Estado. En todo caso, a las propuestas se le aplica el concepto que el propio López Obrador apenas pudo repetir como definición en un par de ocasiones: eficacia; que el actual sistema/régimen/Estado sea eficaz, que funcione, que elimine sus distorsiones, olvidos y corruptelas. No por menos, por ejemplo, los juegos retóricos en algunos analistas hablan de la propuesta de López Obrador como parte de la medicina genérica popularizada por la empresa Dr. Simi: lo mismo, pero más barato.

Nada de los 14 puntos enlistados en su discurso de victoria electoral o en sus aproximadamente diez propuestas de puntos concretos desde 1996 implica un cambio de estructuras de gobierno, una nueva redistribución del poder real derivado del modo de producción o el ascenso de una nueva clase dirigente con pensamiento de ruptura revolucionaria. Por ello, sin duda, López Obrador fue demasiado modesto en la definición de lo que sería el eje central de su propuesta de Cuarta Trasformación: pasar de un PIB promedio anual de 2.2 % en el largo ciclo económico neoliberal-mercantilista-estabilizador 1983-2018, a una meta de 4 %, dos puntos abajo del 6 % promedio anual logrado en el largo periodo populista 1934-1982. Y el PIB define la creación de la riqueza a distribuir entre los factores de la producción y con extensión a la sociedad a través de las políticas de bienestar social.

En todos los discursos políticos y libros, López Obrador nunca ha hecho un análisis de la disfuncionalidad productiva del proyecto nacional mexicano y por ello tampoco ha aportado propuestas para modificar la estructura de producción/ distribución de la riqueza, que llevaría a nuevas formas de organización del sistema político, del Estado y del modelo de desarrollo. El Estado no sólo debe conseguir fondos fiscales de la producción para sus tareas de promoción del bienestar, sino que debe regular la forma misma de la producción de la riqueza. Por eso, el pleito verbal en medios de López Obrador con la élite empresarial del Centro Mexicano de Negocios terminó con una reunión, después de la victoria electoral, de “piquete de ombligo” con los plutócratas; y en los primeros pronunciamientos sobre reformas, nada hubo de una nueva política fiscal sobre la riqueza para modificar la estructura de la desigualdad social revelada por la encuesta ingreso-gasto del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) de 2016: el 70 % de las familias pobres y medias se queda con el 36.74 % del ingreso nacional, en tanto que el 10 % de las familias más ricas tiene un porcentaje casi igual del ingreso: 36.30 %. A nivel de bienestar las cifras del Consejo Nacional de Evaluación de las Políticas de Bienestar Social (Coneval) se consolidan: el 80 % de los mexicanos vive con una a cinco carencias sociales, en tanto que sólo el 20 % de los mexicanos vive sin carencias sociales.

Una verdadera transformación de la vida nacional debería tener propuestas concretas que modifiquen la estructura de la desigualdad social y no distraer con promesas –importantes, coyunturales y de peso mediático– como democracia electoral que ya existe, Estado de derecho que cada vez es mayor y lucha contra la corrupción. Lo que se necesita transformar –mejor: revolucionar– no son los modos de vida cotidiana, sino el sistema productivo que determina los mecanismos de apropiación de la riqueza. Y sin expropiación de fábricas, los caminos eficaces pasan por un Estado con fuerza y decisión para acotar la riqueza y disminuir la pobreza. Los pobres no necesitan paliativos, sino caminos que modifiquen su acceso al bienestar: asistencialismo improductivo convertido en cautiverio electoral o justicia distributiva vía salarios, mejoras sociales y acotamiento de la acumulación privada de la riqueza.

En este contexto, la propuesta de la Cuarta Transformación de López Obrador se reduce a su mínima expresión funcionalista: hacer eficaz el proyecto nacional de la Revolución Mexicana-PRI; es decir, el mismo modelo vigente, sólo que despuntando los vicios de apropiación de la riqueza no sólo productiva con un empresariado sin acotamientos y los desenfrenos de la riqueza política conocida como corrupción institucional. En medio, el gobierno al mando del Estado sólo podará los excesos, pero sin modificar el crecimiento de los tallos y las raíces enfermas.

López Obrador tampoco ha ocultado sus intenciones reales; si acaso, les ha quitado la atención con discursos radicales contra la corrupción y la pobreza. En sus templetes de campaña y de gobierno electo, sobresalen retratos de Juárez, Madero y Cárdenas, los tres héroes oficiales del pensamiento político oficial en los libros de texto gratuito que sirven como aparatos ideológicos del Estado priista. Pero Juárez fundó el capitalismo no sólo con la desamortización de los bienes de la Iglesia, sino también de las comunidades indígenas a las que reprimió de manera cruel con el Ejército; Madero sólo aspiró a la democracia electoral porque en su primera carta a Díaz le propuso ser su vicepresidente y su fase de transición del modelo Díaz a un capitalismo más extensivo a empresarios nacionales; y Cárdenas fundó el Estado corporativo, el PRM corporativo y el presidencialismo corporativo vía el partir del Estado y del régimen. Un análisis minucioso de Juárez, Madero y Cárdenas llevarían a la conclusión de que los tres fueron la continuidad de un modelo de sistema/régimen/Estado que llevó al PRI.

En todo caso, López Obrador pretende revertir las transformaciones económicas, políticas y sociales del PRI de 1983 al 2018, el ciclo del neoliberalismo que distorsionó los equilibrios sociales, acunó la plutocracia como política de Estado y cohesionó una burocracia del poder dominada por la corrupción. De ahí que la propuesta de Cuarta Transformación de López Obrador deba ser considerada en realidad como la Primera Restauración del viejo régimen, ya que no busca el cambio de las cuatro variables de todo proyecto nacional: sistema/régimen/Estado, modelo de desarrollo/política económica/bienestar social, rectoría del Estado/economía mixta/pacto constitucional y modo de producción/lucha de clases/ideología.

La persistencia de estas cuatro variables con sus tres puntos concretos no modificará los saldos estructurales de desigualdad social y política del proyecto nacional vigente –Revolución Mexicana-PRI– y por lo tanto el México lopezobradorista en el 2024 será el mismo, quizá con las puntas de la desigualdad podadas pero latentes en la distribución desigual de la riqueza.

El Punto Sobre la i

Queda, en todo caso, la percepción pesimista de que la sociedad mexicana ha carecido de activos políticos. López Obrador y su partido-movimiento Morena se presentan –del mismo modo que lo hacía el viejo PRI– como el único camino para acceder al poder, como lo estudió en los setenta Peter H. Smith en su ensayo Los Laberintos del poder y sus veintidós reglas para hacer política, entre las cuales la más importante era militar en el PRI. Hoy Morena ha sido el polo de atracción de todos los políticos de todas las ideologías: el comunista Pablo Gómez Álvarez, el diazordacista-echeverristaperredista- panista Porfirio Muñoz Ledo, los panistas Gabriela Cuevas y Germán Martínez Cáceres y los muchos perredistas, además de los priistas oportunistas de siempre; aunque, en los hechos, todos ellos no constituyen una masa ideológica para un nuevo proyecto nacional, sino que apenas harán numerosa la bancada de Morena para aprobar todas las iniciativas presidencialistas… como ocurría con el PRI.

Al final, la Cuarta Transformación servirá para cambiar, siempre y cuando las cosas sigan igual. Se lo dijo Tancredi a su tío el príncipe Salina en Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa:

Sí allí (con los monárquicos parlamentarios y liberales de Garibaldi) no estamos también nosotros (los monárquicos), ésos te endilgan la república. Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. ¿Me explico?

Por ello la Cuarta Transformación será la Primera Restauración del régimen priista presidencialista, autoritario y populista después de la pesadilla neoliberal salinista.

 

 

 

Carlos Ramírez

Carlos Ramírez

Lic. en Periodismo, Mtro. en Ciencias Políticas, candidato a Dr. en Ciencias Políticas. Director de la revista La Crisis y del diario Indicador Político en versión digital.
Carlos Ramírez
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