Migración internacional en tiempos de crisis económicas, políticas y sociales

mayo 24 2018

Las migraciones humanas se han convertido en uno de los temas más relevantes de la agenda internacional debido al incremento en su volumen y a las implicaciones que tienen para los Estados receptores, expulsores y de tránsito en los ámbitos económico, político y social, particularmente en un contexto marcado por el resurgimiento de nacionalismos y de movimientos xenófobos, mismos que hacen de los migrantes blanco de ataques y dificultan alcanzar una gobernanza global en la materia.

En la actualidad, más de 244 millones de personas habitan en países diferentes a los que nacieron, y aunque esta cifra representa apenas un 3.3 % de la población mundial; los retos que suponen son mayúsculos, especialmente porque los flujos migratorios continúan aumentando y buena parte de ellos son irregulares, lo que pone en estado de vulnerabilidad a los migrantes que ingresan a Estados con políticas restrictivas pero que, paradójicamente, requieren de mano de obra.

Del total de migrantes internacionales, unos 140 millones se encontraban viviendo hasta 2015 en países considerados desarrollados, pero más de 103 millones residían en Estados subdesarrollados,1 lo que significa que la movilidad humana no se da únicamente de Sur a Norte,2 y que naciones de renta media afrontan cada vez más desafíos ya sea como lugares de tránsito migratorio o de recepción de extranjeros que provienen de países en condiciones aún menos favorecedoras.

Las dinámicas migratorias contemporáneas son diversas; sin embargo, el grueso de los flujos se origina por causas económicas, es decir, se sale de los países de origen con la esperanza de obtener mejores empleos, salarios y oportunidades de desarrollo en otras latitudes. Otras causas que influyen en la composición de las migraciones internacionales actuales son los conflictos bélicos, sobre todo en las regiones de Medio Oriente y África, la presencia del crimen organizado que azota varias subregiones –el ejemplo por antonomasia es el Triángulo del Norte centroamericano, conformado por Guatemala, El Salvador y Honduras–, así como desastres naturales, que obligan a millones de personas a traspasar fronteras.

Otro elemento que ha intervenido en el aumento de la movilidad humana en las últimas décadas es el proceso de adopción del neoliberalismo, pues la mayor parte de los países subdesarrollados que aplicaron dicho modelo económico a raja tabla, redujeron el Estado de bienestar y se abrieron al comercio internacional sin proteger lo suficiente sus industrias locales, lo que generó oleadas de desempleados, empleos precarizados y potenciales migrantes; a su vez, los Estados con mayor desarrollo económico incentivaron de alguna u otra forma la llegada de extranjeros para cumplir con puestos laborales, tanto calificados como no calificados, ante la necesidad de mantener pujantes sus economías y debido al envejecimiento de sus poblaciones; sin embargo como no todos los migrantes pueden hacer sus vidas en los países considerados potencias, debido a diferentes factores, más Estados se han convertido en receptores emergentes de flujos migratorios.

El neoliberalismo y la globalización económica también han reducido los costos en los transportes y han generado interconexiones sociales y laborales que facilitan los desplazamientos humanos. Todos estos factores, aunados a conflictos políticos y sociales –incluida la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)– y los desastres naturales han propiciado que en las últimas cuatro décadas se haya dado un incremento exponencial de las migraciones internacionales.

Al iniciar la década de 1980, el número de personas que vivían en países diferentes a los que nacieron era de poco más de 100 millones, dos décadas después la cifra superó los 172 millones. Para 2015 el número de migrantes internacionales se ubicó en 244 millones y las tendencias apuntan, de acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), a que en 2050 será superior a los 405 millones, lo que representará poco más de 7 % de la población mundial, producto de “las crecientes disparidades demográficas, los efectos del cambio ambiental, la nueva dinámica política y económica mundial, las revoluciones tecnológicas y las redes sociales”.3

Si bien es cierto que proporcionalmente los migrantes internacionales son una minoría de la población mundial, los retos que supone el atenderlos a través de políticas públicas y acciones estatales, regionales o internacionales se incrementan, sobre todo en un ambiente en el que la cooperación es difícil de lograr ante la potestad que cada Estado tiene de definir sus propias acciones y políticas migratorias, a pesar de estar en un mundo cada vez más interconectado.

De forma paradójica, la globalización ha incrementado las interconexiones entre Estados y otros actores del escenario internacional, pero al mismo tiempo ha tenido un impacto en la disminución de la capacidad de gestión de los Estados-nación, al menos de buena parte de ellos, para afrontar los retos de la migración.

La globalización, entonces, ha obligado a los Estados a “aprender a ser más multilaterales” en temas económicos,4 como la gestión conjunta ante crisis financieras. Sin embargo, en materia migratoria, siguen operando la mayor parte de ellos sin mayores innovaciones, de forma aislada y sin comprender que los retos generados deberían ser atendidos de forma colegiada, ya que las causas de la migración forman parte de una estructura económica mundial compartida.

Son tres las características identificadas por la socióloga Saskia Sassen en la elaboración de políticas migratorias por parte de países altamente desarrollados y que dejan como consecuencia una serie de problemas en la gestión global de las migraciones, y son: a) el manejo de la inmigración como si fuera un tema autónomo de otros procesos, es decir que no se le vincula con las consecuencias de la actual estructura económica, generadora de mayor movilidad; b) el manejo de la inmigración como asunto de soberanía estatal unilateral; y c) tomar a los Estados como dados, sin ser afectados por las transformaciones domésticas e internacionales en las que operan.

Estos elementos permiten entender que, a pesar del incremento de la movilidad humana internacional en un contexto de globalización, buena parte de los países adoptan medidas unilaterales en lugar de analizar y atender el tema como parte de una serie de procesos económicos, políticos y sociales interconectados, aunque también existen esfuerzos encaminados a atender los retos de las migraciones contemporáneas.

Esfuerzos por alcanzar una gobernanza global de las migraciones

A pesar de la reticencia de los Estados de colaborar con otros para formular y aplicar políticas migratorias de carácter regional o supranacional, las propias dinámicas de las migraciones, elementos históricos, afinidades políticas y realidades económicas han dado pie a proyectos en los que la movilidad humana forma parte esencial de la cooperación internacional. Por ejemplo, en 1985 inició en Europa la construcción del denominado Espacio Schengen, con la firma de un acuerdo multilateral. El espacio opera formalmente desde 1995 y en la actualidad comprende a 26 países europeos que abolieron los controles interiores en sus fronteras comunes para permitir la libre circulación de sus ciudadanos entre los países partícipes del acuerdo.

Para el funcionamiento del Espacio Schengen fue necesario incentivar la confianza entre sus miembros, y aunque en los últimos años se ha visto en riesgo la operación del área debido a la decisión de algunos países de reincorporar temporalmente controles fronterizos tras la perpetración de varios atentados en ciudades como Barcelona y París, aún es un ejemplo de cooperación para gestionar la libre movilidad.

En Sudamérica, la Comunidad Andina de Naciones (CAN), que está integrada por Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, inició desde la década de 1990 con acciones concretas para permitir la libre movilidad, por lo que suprimió las visas entre sus miembros, creó un pasaporte único y ha facilitado la libre circulación de turistas y de trabajadores. A su vez, el Mercado Común del Sur (Mercosur) cuenta desde 2009 con un acuerdo firmado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay (Estados partes del bloque), Chile y Bolivia (Estados asociados) que, además de facilitar la libre movilidad y las residencias temporales o permanentes, permite a los trabajadores inmigrantes gozar de los mismos derechos laborales y sociales que los locales.

Otros bloques regionales en América que han abordado la libre movilidad y han puesto en marcha algunas acciones, entre ellas la supresión de visas o la expedición de pasaportes únicos, son el Mercado Común Centroamericano (MCCA) y la Comunidad del Caribe (Caricom). Además, la existencia de foros como la Conferencia Regional sobre Migración (CRM) y la Conferencia Sudamericana sobre Migraciones (CSM) han posibilitado el diálogo intergubernamental en el continente americano en materia de gobernanza migratoria. Todos los esfuerzos descritos aún presentan algunas fallas y estancamientos, pero también avances considerables en la gestión de las migraciones.

De forma más general, y debido al incremento de los desplazamientos humanos internacionales y a los desafíos que esto representa, en 2016 se adoptó por parte de los 193 miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la Declaración de Nueva York para Refugiados y Migrantes, por medio de la cual se negocia en la actualidad la firma de un Pacto Mundial que comprometa a los partícipes a alcanzar una migración, segura, ordenada y regular como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible impulsada por la agencia y otros actores internacionales.

Migrantes y refugiados son temas recurrentes en la agenda internacional, y aunque existen ejemplos de que la movilidad humana puede ser atendida de forma más eficaz por medio de la cooperación bilateral y multilateral, en la actualidad existen fuerzas que se oponen de forma sistemática a los intentos de lograr una gobernanza sobre ambos temas.

Retos que afronta la gobernanza migratoria

En épocas de vacas gordas, es decir cuando la economía mundial registra crecimiento, el tema de la migración tiende a perder relevancia entre la sociedad y en los medios de comunicación, pero cuando las vacas son flacas, en especial en tiempos electorales, los migrantes son visibilizados, sobre todo los indocumentados, y se convierten en seres indeseados a los que se les puede usar como chivos expiatorios.

En la actualidad se vive una tormenta perfecta, ya que la crisis financiera de 2008 aún tiene repercusiones en una economía mundial que no termina por despegar, lo que es usado por algunos políticos para despotricar en contra de los migrantes y así capitalizar los temores de ciertos sectores del electorado a través de la siembra de odio en contra del extranjero, de la otredad. Al mismo tiempo, las migraciones internacionales siguen creciendo y las causas estructurales (pobreza, falta de oportunidades de desarrollo, conflictos armados y desastres naturales), que provocan la mayor parte de los desplazamientos irregulares, siguen sin ser atendidas con efectividad.

Además, el neoliberalismo como modelo económico predominante ha generado ganadores y perdedores, incluso en el interior de los propios Estados desarrollados, en donde sectores de la población han perdido una serie de privilegios y se sienten abandonados por los políticos tradicionales, lo que ha servido como alimento para la aparición de líderes populistas, incluidos Donald Trump, y el resurgimiento de grupos xenófobos y ultraconservadores en diferentes partes del mundo que no sólo se oponen a regular la inmigración, también promueven la criminalización de los extranjeros.

Este panorama obliga a realizar acciones locales, regionales y globales con el fin de avanzar en la gobernanza migratoria, por lo que la cooperación y la participación de los diferentes actores involucrados en la movilidad humana -Estados, organizaciones internacionales, organizaciones no gubernamentales, universidades, Iglesias, colectividades de migrantes, etcétera- son esenciales para:

– Entender y atender las causas y dinámicas de las migraciones internacionales.
– Destacar los beneficios que puede conllevar para países receptores la llegada de inmigrantes.5
– Combatir los tabúes y mitos que vinculan a los inmigrantes con el aumento de la criminalidad, la caída en los salarios y el abuso de los servicios de seguridad social.6
– Exponer a los políticos y grupos xenófobos que criminalizan a los migrantes sin bases y a través de diatribas.
– Impulsar y dar seguimiento a iniciativas y compromisos que garanticen el respeto integral a los derechos humanos de los migrantes.


Aunque no es fácil de lograr lo antes propuesto y a pesar de que el gobierno de Trump ha rechazado formar parte del Pacto Mundial para las Migraciones y de que la Unión Europea (UE) ha tenido un accionar ineficiente en recientes crisis migratorias, en especial las provenientes de África y de Oriente Próximo, en el pasado se ha demostrado la factibilidad de atender los desplazamientos desde visiones humanitarias y que se pueden vincular los flujos migratorios con el desarrollo económico y social regional.



1 DAES, International migration wallchart 2015, 2015, disponible en https:// bit.ly/1O8Z98W consultado el 7 de abril de 2018.
2 Respecto a los conceptos de Norte y Sur, no existen definiciones únicas, pero sí priva la lógica económica. El Banco Mundial define como Norte a los países que cuentan con un Ingreso Nacional Bruto Per Cápita (INB) de 12 mil 476 dólares o más, mientras que el Sur se compone por países con ingresos medianos altos (de 4 mil 036 a 12 mil 475 dólares), ingresos medianos bajos (de mil 26 a 4 mil 35 dólares) e ingresos bajos mil 025 dólares o menos). El Fondo Monetario Internacional por su parte, ubica las economías más avanzadas en relación al Producto Interno Bruto (PIB) con base en la paridad de poder adquisitivo, por lo que sólo considera a 37 países desarrollados (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Japón, 19 Estados de la zona Euro y otras 14 economías, sin que aparezcan integrantes de Oriente Próximo o América Latina). Ver Fondo Monetario Internacional, Perspectivas de la economía mundial. Ajustándose a precios más bajos para las materias primas, FMI, Washington, 2015, p. 165.
3 OIM, Informe sobre las migraciones internacionales en el mundo 2010. El futuro de la migración: Creación de capacidades para el cambio, OIM, Ginebra, 2010, p. XIX.
4 Saskia Sassen, “Regulating immigration in a global age: A new policy landscape” en Parallax, vol. 11, núm. 1, Routledge, Reino Unido, 2005, p. 35.
5 En países como Estados Unidos, los inmigrantes se han convertido en un importante factor en la generación de nuevos negocios, riqueza y empleo. Se pueden consultar diferentes estudios sobre el tema, entre ellos el trabajo titulado Abierto a los negocios. Cómo los migrantes están conduciendo la creación de pequeños negocios en Estados Unidos, disponible en https://bit.ly/2HEDlE7
6 Diferentes estudios demuestran que los inmigrantes presentan menores tasas de criminalidad que los pobladores locales (Ver https:// bit.ly/2m0SXuH), que regularmente no son competencia directa, sino complementarios en los mercados laborales, por lo que no “roban trabajos” ni inciden en el nivel de los salarios (Ver https://bit.ly/2HzJfu5) y que evitan usar servicios de seguridad social como el de salud, especialmente los indocumentados, debido al temor de ser detenidos y deportados (Ver https://bit.ly/2gzDXP1).

Tomás Milton Muñoz Bravo

Tomás Milton Muñoz Bravo

Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Profesor e investigador de tiempo completo adscrito al Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM.
Tomás Milton Muñoz Bravo
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