Medios de comunicación, libertad de expresión y teoría

octubre 9 2018

“Poner los puntos sobre las íes” es un término que se utiliza cuando intentamos que todo quede claro sin que nos falte detalle, es dejar las cosas puntualizadas y concretas. Escuchamos esta expresión cuando hay que dejar totalmente expuesto un asunto que parece confuso. Pongamos pues los puntos sobre las íes, en materia de Medios de Comunicación y Libertad de Expresión.

Al rescate de lo clásico, re-leamos a McLuhan

Ahora que está tan de moda el regreso a lo antiguo, la tendencia vintage y el aprecio por lo old fashion. Hoy que es tan bien recibido acudir a la barbershop –que en mis tiempos se llamaba peluquería– y que tomar tequila o mezcal es de lo más cool, bien valdría la pena iniciar una cruzada para que también regresáramos a los autores clásicos de la teoría de la comunicación. Aquellos que ahora –casi en el olvido– predijeron al más puro estilo Nostradamus gran parte de los fenómenos comunicativos del mundo. Esos que en la formación universitaria teníamos que leer prácticamente obligados y que terminábamos repitiendo casi de memoria. Hoy, a décadas de su publicación, estos textos pueden explicar puntualmente una gran parte de los actos comunicativos que Habermas en su Teoría de la acción comunicativa (Habermas, 1987), tan atinadamente expresó. Rescatemos a Herbert Marshall McLuhan, filósofo erudito y profesor reconocido como uno de los fundadores de los estudios sobre los medios, que ha pasado a la historia por ser un gran visionario de la presente y futura sociedad de la información.

Es McLuhan quien a fínales de la década de los sesenta y principios de los setenta acuña el término Aldea Global para describir la interconexión humana a escala global generada por los medios electrónicos de comunicación y junto con ello su famosa frase: “El medio es el mensaje” (McLuhan, 1964). Este filósofo afirmaba desde 1964 que: “Somos lo que hemos y formamos nuestras herramientas de comunicación y luego estas nos forman a nosotros”. (McLuhan,
1964). Los medios de comunicación –dice MacLuhan– están presentes día con día desde su creación gracias al ser humano, la programación transmitida por la televisión, la radio, el cine [y ahora el internet con sus redes sociales y demás], realizan aportaciones a través de mensajes que de manera inconscientemente generan en el individuo formas de pensar y actuar que hace que la sociedad empiece a parecerse a un eco lingüístico y a una repetición de normas que dan forma a modelos de vida aspiracionales, llenos de estereotipos siempre generados por medio de un personaje que elegantemente llamamos líder de opinión. El ser humano está acostumbrado a generar instrumentos que le permitan capacitarse, formarse y hacer su vida más fácil y ahora son esas herramientas que en inicio el hombre creó, quienes toman el poder hegemónico de crear al individuo que necesitan, dictándole en qué debe pensar, cómo debe de vestir, a quién debe temer y a quién tiene que adorar. Se confirma la postura de MacLuhan: los medios ahora crean al individuo que necesitan. No nos extrañemos, pues, de que algunos de nuestros jóvenes tenga como máxima aspiración en la vida convertirse en sicarios o narcotraficantes, en hermosas pero violentas divas de sensual belleza que comandan sangrientos cárteles, en las “jefas” o “jefes” que algunos medios de comunicación se han encargado de idolatrar y colocar como modelo a seguir, de la misma manera en que antiguamente nuestros niños querían ser el Llanero Solitario o Superman. Se cumple la consigna de “…somos lo que vemos” (McLuhan, 1964).

El encuentro de varios medios es un momento de libertad y de liberación del trance ordinario y del entumecimiento que impone. Los medios de comunicación –incluyendo las tecnologías emergentes– originalmente creados para emitir noticias de relevancia y mantenernos informados hoy en día nos acompañan como un centro educativo (ya que así los hemos adoptado) permitiendo que transformen completamente nuestra cotidianidad, acercando a quien está lejos y alejando a quien está cerca. El medio es el mensaje afirma McLuhan y tomando en cuenta que la principal tecnología creada por el ser humano es el habla –considerada como la más rica forma de arte del hombre–, pues con ella logró establecer las bases de las relaciones sociales para posteriormente generar la escritura por medio de los signos. A través de los medios son emitidos mensajes que penetran constantemente en la ideología de una sociedad. Las sociedades alfabetizadas y civilizadas que llevaron a la creación de tecnologías, como el telégrafo, la imprenta, radio, televisión, internet y por supuesto las redes sociales, han sido parte fundamental para su evolución, crecimiento y extensión.

El visionario Mc Bride

Hablemos ahora de Sean McBride, fundador de Amnistía Internacional, galardonado con el Nobel de la paz en 1974 y el premio Lenin en 1975, quien redactó a finales de 1979 el Informe de la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de Comunicación, mejor conocido como Informe McBride. El texto fue aceptado en consenso por los miembros de la Conferencia General de la UNESCO quien lo publicó en febrero de 1980 bajo el nombre de Many Voices, One World o Un solo mundo, Voces múltiples: Comunicación y organización en nuestro tiempo. Un texto revolucionario que provocó una reflexión amplia y extensa en el debate internacional sobre la información y la comunicación. En él, se aborda, como lo dice atinadamente el Doctor Esteinou:

…Dos conceptos antagónicos durante décadas y [que] continúan hasta la actualidad: Nuevo Orden Mundial de la información y la Comunicación (NOMIC) vs Libre Flujo de la Información (Free flow of information).” (Esteinou, 2014).

Tomando en cuenta que la comunicación se encuentra en la base de toda interrelación, el estudio aborda los medios masivos como ejes que propician conductas en un acto eminentemente interpersonal. Para McBride, los medios informativos son parte esencial del proceso de transmisión de los datos básicos de la comunicación social, establecen sistemas de intercambio de información; el periódico, la radio, la televisión, la propaganda, el diálogo que existe en una comunidad y, actualmente, las plataformas virtuales por lo que podemos considerar a la comunicación como actividad colectiva de intercambio de hechos e ideas dentro de cualquier sociedad, en todos los casos sus funciones principales son:

a) Informar, educar y dialogar.
b) Socializar, culturizar y entretener.
c) Tecnologizar, integrar e influir en la Economía.

En este sentido existen dos tipos de comunicación; una es la institucionalizada, diseñada para informar, controlar y manipular. Un claro ejemplo de aquélla son los medios de masificación propiedad del Estado, el cual impone regulaciones acordes con los intereses del aparato de poder. Y por el otro lado la comunicación consumible, la cual es rentable y aunque aparentemente fomenta la creación y la diversificación de las infraestructuras para acumular, transmitir y difundir los mensajes, tienden a seguir las doctrinas de los grupos hegemónicos que la acaparan debido al control que posee el Estado sobre las concesiones, permisos y demás regulaciones.

En el plano internacional, la expansión de medios transnacionales diseñados específicamente para crear contenidos que serán consumidos por los países dependientes, así como el intercambio de información, genera una dependencia enfermiza. Algunos organismos transnacionales de comunicación (BBC, Fox, ABC, CBS, Disney, entre otras) abastecen de noticias y programas recreativos a la mayoría de los países y ahora otros medios más poderosos, como Google, Facebook, Microsoft o Twitter con su redes, blogs y nuevos sitios web, han desafiado a los tradicionales monopolio de la información con un bombardeo incalculable de contenidos.

Dorfman, Mattelar y la ideología dominante

Ariel Dorfman y Armand Mattelar publicaron en 1971 un interesante texto titulado Para leer al Pato Donald, en el que se esboza –de manera muy peculiar– cómo un simple medio de comunicación masivo dirigido a un público infantil puede ser utilizado para transmitir la ideología de la burguesía dominante y penetrar en el inocente mundo de los niños, proponiéndoles ideas y concepciones que benefician a las instancias de poder. El texto analiza cómo –a través de los personajes– se crean prototipos del individuo necesario para el sistema, niños de los sectores urbanos que se comportan como adultos (Hugo, Paco y Luis), adultos que no aceptan equivocarse (Donald, Tío Rico, Mickey, Goofy), mujeres cuyo poder se centra en la seducción (Daisy). Familias en donde no hay padre ni madre, sólo tíos, no hay hijos, hay sobrinos, no hay esposa, hay novia por lo que las estructuras familiares tradicionales se rompen eliminando el poder paterno y aun así las relaciones son verticalistas y autoritarias, nada más parecido al poder del Estado.

Para la burguesía, en definitiva, se trata de invertir la relación real entre base y superestructura: las ideas producen la riqueza por medio de la única materia que les queda limpia: la materia gris y la historia pasa a ser la historia de las ideas (Dorfman A y Mattelart A, 1971)

El texto es un instrumento político que denuncia la colonización cultural de Latinoamérica, en él se vierte metafóricamente el pensamiento burgués tomando como sector meta –target, como dicen los profesionales del marketing– el mercado infantil, que por medio de canales de formación y manipulación de sus estructuras mentales reproduce la ideología dominante, mediante uno de los más eficientes aparatos hegemónicos: la televisión hoy incluso rebasado por las redes sociales.

Utópicamente, una sociedad democrática exige una comunicación abundante, de calidad y libre, por lo que debieran ser tan diversificadas e independientes entre sí como las fuentes de información en las que tendría que predominar preocupación por la verdad y el uso legítimo de lo que se trasmite, tomando en cuenta que: el derecho a la libertad de expresión es fundamental, inalienable y de altísima prioridad.

La libertad de expresión

La libertad de expresión fue pronunciada en el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 y a la letra dice:

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión (UNESCO, 1948).

Es un derecho fundamental, y algunos países –como es el caso de México– la han incluido en su constitución, dándole base a la libertad de prensa. Tal es el caso de los Artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos:

Artículo 6o. La manifestación de las ideas no será (H. Congreso del Unión, 2017) objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será́ ejercido en los términos dispuestos por la ley. El derecho a la información será́ garantizado por el Estado y;

Artículo 7o. Es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio. No se puede restringir este derecho por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares, de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas o de enseres y aparatos usados en la difusión de información o por cualesquiera otros medios y tecnologías de la información y comunicación encaminados a impedir la transmisión y circulación de ideas y opiniones (H. Congreso del Unión, 2017)

El derecho a la libertad de expresión es definido como un medio para exponer las ideas, y así fue concebido durante la Ilustración, pues ya para entonces, filósofos como Montesquieu, Voltaire y Rousseau consideraban que la posibilidad del desacuerdo fomenta el avance de las artes y las ciencias y la auténtica participación política.

Lo triste es ver como este derecho a la libertad de expresión, tan desigual para el ciudadano de a pie en comparación con el poderío de los medios de comunicación (y las redes sociales) ya sean institucionales o comerciales, fue remplazado por la política, y como el Estado regulador utiliza toda su maquinaria para mediar los contenidos y la información que conviene escuchar sin trastocar los principios constitucionales que la vigilan. Un ejemplo claro es el otorgamiento de frecuencias y permisos de transmisión en radio y televisión ¿quién decide a quién se otorgan y en qué condiciones se dan?

Recordemos a Karl Popper, quien afirma en sus trabajos que el diálogo civilizado es una manera de superar la violencia, para que las buenas razones terminen con las malas, en lugar de que los antagonistas se maten entre sí.

La guerra de ideas es una invención griega. Es una de las invenciones más importantes jamás concebidas. De hecho, la posibilidad de enfrentarse con palabras y no con espadas es el fundamento último de nuestra civilización (Popper, 1991).

Qué bien nos vendría al día de hoy retomar esa consiga griega que tenían los ciudadanos que pertenecían a la Polis, por allá del siglo VIII a.c. Esas Ciudades–Estado son las organizaciones sociales que mejor pueden definir a la civilización griega. Dotadas de un gran espíritu cívico, gobernadas por individuos que permitían que cualquier ciudadano se subiera al oratorio, siempre bajo una sola consigna: puedes decir lo que quieras, pero jamás ocultar la verdad, hacerlo podía ser pagado con la vida. Aquellos ciudadanos que utilizaban el oratorio como herramienta para obtener poder corrían el riesgo de beber la cicuta, ese poderoso veneno que adquirió fama, porque Sócrates perdió la vida bebiendo este brebaje; por cierto, acusado injustamente de adorar falsos dioses y corromper a la juventud, y todo por echar a perder el negocio de los falsos intelectuales que pasaban la charola después de sus discursos, la mayoría de las veces llenos de mentiras.

Hablar de libertad de expresión en un país donde hasta el pasado mes de mayo han muerto ocho periodistas de manera violenta (Gonzalez Antonio, 2018) tiene sus riesgos:

En 2017, once periodistas fueron asesinados en el país, todos de manera intencional. Así, al igual que el año pasado, México es el país en paz más peligroso del mundo para los reporteros (…) En este país, donde imperan los cárteles del narcotráfico, los periodistas que abordan temas como el crimen organizado o la corrupción de los políticos, sufren casi de manera sistemática amenazas, agresiones y pueden ser ejecutados a sangre fría. (Reporteros Sin Fronteras (RSF), 2018)

No nos extrañe, pues, que como dice McLuhan, seamos lo que vemos, pues en la actualidad lo que vemos es una gran cantidad de violencia, corrupción, abuso de sustancias, sexualidad precoz y demás apologías de lo amoral. Nuestros jóvenes hoy en día tienen más aspiraciones por parecerse al Chapo Guzmán que por estudiar una carrera universitaria, los medios informativos, dice Mc Bride de índole consumible, es decir los que obedecen al mercado del poderoso dinero, son los que establecen el prototipo de personas que somos, que debemos ser y lo peor de todo, lo que aspiramos a ser. Un ejemplo curioso de este fenómeno es que la mayoría de series, telenovelas y largometrajes que tienen como esencia hacer una oda a la violencia y una apología del crimen son producidos fuera de nuestro país (la gran mayoría en el vecino país del norte) y luego son comprados por las poderosas cadenas de comunicación nacionales que los transmiten sin ningún recato en horarios estelares, que por supuesto ven nuestros hijos.

Dejo aquí la reflexión: ¿En algún momento nuestro tan sufrido país podrá distinguirse, por su nivel de cultura, de educación y de civilidad? Por momentos pienso que sí, pero como dice la ranita luego prendo la tele y se me va la esperanza.

Bibliografía:

– Dorfman A y Mattelart A. (1971). Para leer al Pato Donald: Comunicación de Masas y Colonialismo. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXl.

– Esteinou, J. (2014). El Rescate del Informe McBride y la Construcción de un Nuevo Orden Mundial de la información. Razón y Palabra.

– González Antonio, H. (29 de Mayo de 2018). Excelsior.com. Obtenido de www.excelsior.com.mx: https://bit.ly/2J7CK2C

– H. Congreso del Unión. (2017). Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (Décima ed.). México, México: McGraw Hill Interamericana.

– Habermas, J. (1987). Teoría de la Acción Comunicativa (Vol. 1). Madrid, España: Taurus.

– McLuhan, M. (1964). Comprender los medios de comunicación: Las extensiones del ser humano. Barcelona., España: Paidós.

– Popper, K. (1991). Conjeturas y refutaciones. El Desarrollo del Conocimiento Científico. Barcelona, España: Paidos.

– Reporteros Sin Fronteras (RSF). (22 de Agosto de 2018).

– Reporteros Sin Fronteras: Por la Libertad de Información. Obtenido de Reporteros Sin Fronteras: Por la Libertad de Información: https://rsf.org/es/periodistas-asesinados

– Sean, M. B. (1980). Un Sólo Mundo, Voces Múltiples: Comunicación e información en nuestro tiempo. México, México: Fondo de Cultura Económica.

– UNESCO. (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos. Paris, Francia.

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