Los límites al desarrollo y el crecimiento en la economía mexicana 1988-2018

febrero 7 2018

La economía mexicana ha sido reconfigurada estructural y sistémicamente por el cambio de estrategia de desarrollo y crecimiento que se dio con la Reforma Económica de Estado, los planes nacionales de desarrollo y el Consenso de Washington, a partir de 1990.

La reconfiguración estructural y sistémica se debió, por un lado, a la crisis estructural y sistémica del modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (modelo ISI, 1935-1982), y, por otro, al proceso de globalización económica mundial.

El modelo neoexportador que se establece a partir de 1990 tiene como punto de partida superar los desbalances macroeconómicos en que había incurrido el modelo ISI, así como la corrección de la hipertrofia del Estado como agente económico, considerando, en segundo término, la desigualdad social y la ocupación. A partir de lo anterior el modelo neoexportador tiene como objetivos prioritarios estabilizar las condiciones de crecimiento y mejorar la productividad y la eficiencia en el crecimiento económico.

El modelo neoexportador se plantea como estrategia configurar un sector exportador más diversificado que incluya las manufacturas y los servicios financieros, además de modificar las condiciones productivas de los bienes primarios que tradicionalmente ha exportado la economía mexicana. Esta configuración va acompañada de una reforma estructural, donde la desincorporación y la desregulación económica son los medios para alcanzar sus propósitos y se traducen en la apertura comercial y financiera, expresada en el Tratado de Libre Comercio de América de Norte (TLCAN) y la liberalización de las variables económicas como son el tipo de cambio, las tasas de interés y los precios.

El Estado como agente económico pasa a segundo plano en la promoción del desarrollo y el crecimiento, de la ocupación y la protección al salario, fomentando la privatización de la vida económica y la supresión de mecanismos regulatorios de la actividad económica.

Las reformas económicas que este modelo impulsa van a ser orientadas a la privatización pública y social para garantizar los derechos de propiedad y aumentar la confianza en el país de manera que pueda fluir la inversión privada para impulsar el crecimiento económico. Se emprenden un conjunto de reformas de primera generación como son la privatización de empresas públicas, la privatización de las tierras de labor, los intentos de reforma fiscal, el restablecimiento de relaciones entre Estado e Iglesia, la desincorporación de los sistemas de riego, las concesiones carreteras, etcétera.

En las reformas de segunda generación se da la reforma de las telecomunicaciones, la reforma energética, la reforma educativa y los intentos de reforma laboral y del sistema de pensiones, así como se continúa con los intentos de reforma fiscal.

El eje de la estrategia es que la acumulación de capital y el crecimiento económico estén prácticamente privatizados, sin una fuerte presencia del Estado como en el modelo ISI, para que el funcionamiento de la economía tenga menos distorsiones y sea más eficiente y rentable.

En el curso de 1990 a 2018, la economía mexicana no ha tenido el comportamiento esperado, la estabilización económica en términos de inflación se ha cumplido y el tipo de cambio se ha estabilizado, pero su tendencia a la devaluación es permanente y últimamente ha tendido a desestabilizarse. Las tasas de interés se estabilizaron a la baja aunque han vuelto a repuntar, la emisión monetaria ha sido controlada y los déficit de la cuenta externa tendieron a disminuir, pero han vuelto a aumentar, y la cuenta pública disminuyó sensiblemente y ha vuelto a crecer un poco. La cuenta de acumulación ha crecido considerablemente y por consiguiente el endeudamiento también.

Finalmente, la tasa de crecimiento ha ido en descenso después de haberse recuperado a principios de los noventa: 3.8% en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), 3.5% en el gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), 3% en el gobierno de Vicente Fox Quezada (2000-2006), 2.5% en el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012), 2.2% en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018).

La explicación de este descenso en la tasa de crecimiento son las estrategias y políticas estatales y la actuación de los agentes económicos. El nivel de inversión es insuficiente, la orientación de la inversión está altamente concentrada hacia el sector exportador que tiende a funcionar como parte de las cadenas de valor globales sin impactos en las cadenas de valor internas, es decir, como un enclave exportador.

La inversión bruta fija ha presentado también una tendencia descendente con un repunte al final, 20.2% en el sexenio de Salinas, 19.9% en el sexenio de Zedillo, 18.1% en el sexenio de Fox, 21.2% en el sexenio de Calderón y 22% en el sexenio de Peña Nieto, sin que necesariamente haya repuntado el PIB.

El multiplicador de inversión ha caído por la orientación concentrada de la inversión al sector exportador y su poca vinculación con las cadenas de valor interna, además la inversión pública descendió bruscamente de 15% a 5% en todo el período y ya no impulsa el desarrollo ni el crecimiento en forma suficiente.

Esta alta concentración económica se expresa en que 2% de las empresas concentran 70% de la producción y 30% de la ocupación, mientras que 98% restante genera 30 de la producción y 70% de la ocupación. Si a 2% de las empresas grandes y medianas agregamos 6% de las empresas pequeñas, la concentración de la riqueza y la ocupación en 8% de empresas se eleva a 85% y 48% respectivamente, mientras que 92% de microempresas generan solamente 15% de la riqueza y 52% de la ocupación.

El modelo por sí mismo redujo el mercado laboral formal en términos relativos y absolutos. Así, el mercado laboral formal representa 55% del mercado de trabajo con una ocupación de alrededor de 25 millones de personas, en tanto que el mercado laboral informal representa 45% del mercado laboral total con 23 millones de personas y el desempleo abierto ha promediado alrededor de 5 millones de personas.

Otro de los fenómenos propiciados por el modelo neoexportador ha sido la migración masiva de la fuerza de trabajo y de la población hacia economías más avanzadas. Alrededor de 25 millones de mexicanos han migrado, de los cuales 12 millones lo hicieron entre 1995 y 2010. La crisis de la economía norteamericana y la política antiinmigrante del gobierno de Estados Unidos han frenado la migración pero no la han impedido.

La desigualdad social es muy contrastante. El 10% de la población de más altos ingresos detenta 45% del ingreso nacional, mientras que el 10% más pobre accede solamente a 8% del ingreso nacional, 80% de las familias acceden a 47% del ingreso nacional.

Alrededor de 45% de la fuerza laboral ocupada tiene ingresos de hasta tres salarios mínimos, 21% de la fuerza laboral ocupada tiene ingresos de más tres a cinco salarios mínimos, 10% de la fuerza laboral ocupada tiene ingresos de seis a 10 salarios mínimos, 9% de la fuerza laboral ocupada tiene ingresos de más de 10 salarios mínimos.

El salario mínimo está calculado sobre el mínimo que requiere una persona para obtener los alimentos diarios que le permitan vivir, por lo tanto no alcanza para cubrir las necesidades familiares y del trabajador, solo le permite superar la pobreza alimentaria. Para poder obtener la canasta básica alimentaria para una familia de cuatro personas, se requieren cuatro salarios mínimos, pero para atender sus necesidades básicas se requieren entre ocho y 10 salarios mínimos. El ingreso medio es de 12 salarios mínimos.

Como observan los propios hacedores del Consenso de Washington y sus críticos, no se tomó en cuenta el tema de la distribución del ingreso por no considerarlo relevante (Williamson), ni se consideraron las condiciones de heterogeneidad y desigualdad económica y social internas (Stiglitz). Se pensó en términos ideales y abstractos considerando una situación de homogeneidad en el conjunto de Latinoamérica. Tampoco se reparó en las asimetrías del comercio internacional y la importancia estructural y estratégica del papel del Estado en economías en vías de desarrollo (Rodrick).1

La estrategia se centró en la conformación del sector exportador. De ahí la importancia del TLCAN como pieza clave del modelo neoexportador. Pero la reconfiguración del sector exportador se ha hecho en forma de enclave, es decir, fuertemente vinculada hacia afuera y débilmente vinculada hacia adentro, de forma tal que el núcleo del crecimiento tiene un mayor impacto hacia afuera que hacia adentro.

La desarticulación entre mercado exterior y mercado interno, resultado del propio diseño del modelo, ha generado un efecto de involución hacia dentro para hacer una economía interna informal de microempresas asentadas en el comercio en mayor proporción, y en servicios, abandonado la agricultura y la industria internas y condenándolas al estancamiento y a una lenta disolución.

El crecimiento, por tanto, es limitado y difícilmente el modelo generará condiciones para elevarlo significativamente. Por otro lado, el desarrollo económico está relacionado con la innovación y el modelo neoexportador y el modelo actual no facilita el impulso de una política económica capaz de estimular los procesos de innovación en una masa suficiente para diversificar y mejorar de forma más homogénea a la economía mexicana y ampliar la base del crecimiento económico.

Por lo tanto, el modelo neoexportador ha fijado sus propios límites al crecimiento y al desarrollo económicos y no puede garantizar un mayor crecimiento ni mejor desarrollo.


1 Stiglitz Joseph. El rumbo de las reformas. Hacia una nueva agenda para América Latina Revista. CEPAL, agosto de 2003. Obregón Carlos. Subdesarrollo y Globalización. 2009.

Edmar Salinas Callejas

Edmar Salinas Callejas

Profesor-Investigador de la UAM-Azcapotzalco.
Doctor en Economía Agrícola. Miembro del Cuerpo
Académico de Relaciones Productivas en México.
Edmar Salinas Callejas
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