Los golpes de timón

Categoría: El punto es, EPSI16
enero 1 2015

En estos graves momentos, de crisis nacional, de crisis humanitaria, de criminalidad y violencia desbordada, de incapacidad institucional manifiesta, los eventos que se suceden uno tras otro, parecen ahogar a nuestro país en lo profundo del mar de los sargazos, aquél mítico cementerio de los barcos que cuentan los marinos desde tiempos remotos, y que a más de ser una alegoría fantasiosa, no nos aleja de la realidad que México está viviendo, y que tampoco debe ser vista como irremediable destino.

No queremos asumirlo como un indeclinable destino, pero la historia reciente parece que así nos quiere condenar, porque los cambios reales no llegan, y es que en los últimos 25 años, venimos arrastrando una serie de ensayos de reformas “democráticas” que se autocalifican así por sus mismos autores, así como de gran calado, y que no solamente no han contribuido a resolver los problemas que se plantearon, sino que han quedado en un plano peligroso de irrelevancia constitucional y política, debido fundamentalmente a que tienen varios problemas de origen como el mal diagnóstico sobre la realidad del momento, la nula aceptación de las demandas sociales y el reiterado propósito de mantener intactos los intereses de la clase privilegiada y del grupo gobernante.

La alternancia del 2000 tenía una misión inmediata debido a las altas expectativas que se depositaron en el gobierno de Fox, y que no fueron cumplidas porque no se entendieron, dadas las bases extremadamente frívolas y torpes de su gobierno que no enfocaron sus fuerzas institucionales para la profundización de la transición democrática y su consolidación, o sea implantar el cambio de las instituciones y revertir la correlación de fuerzas instauradas por el partido de Estado por más de 70 años, precisamente sustentado en el enorme bono democrático que el pueblo de México le dio en las urnas en aquél entonces.

Al no hacerlo, y por el contrario, establecer alianzas con las estructuras del viejo régimen, que sobrevivieron casi por los siguientes 12 años, se dejaron vivas las inercias negativas que veníamos arrastrando del pasado. Efectivamente, esto dejó abiertas las viejas heridas del corporativismo, el clientelismo y el poder feudal de los gobernadores que siguieron ejerciendo un poder a modo, que fueron los espacios desde donde el PRI mantuvo su línea de resistencia a lo largo de esos años para remontar su derrota electoral del 2000.

Si bien es cierto que, el expediente electoral, se ha ido resolviendo desde el espacio legislativo, cambiando las reglas del juego, influyendo al ámbito federal, dando cierta estabilidad política al sistema en su conjunto, también es cierto que se ha resuelto a modo de los intereses partidistas, que han abonado a la perpetuación del viejo régimen priista y la reproducción de sus alianzas e intereses, esto se ha materializado en la integración de los órganos electorales, estructura y prerrogativas. Sin embargo, desde lo local, pese a que ya se cuenta con el INE, su carácter nacional no logró revertir la injerencia de los gobernadores, en cuyos estados lograron conservar sus órganos electorales y ahora, en el complicado escenario de las elecciones del 2015, está por verse cómo actuarán sus consejeros en la toma de las decisiones fundamentales para reemprender el camino perdido o seguir con más de lo mismo.

Aquí el tema de la legitimidad de origen salta nuevamente, si esto se hubiera resuelto, no a conveniencia sino con verdaderas reglas imparciales del juego, se tendrían elecciones democráticas y órganos de estado con representantes legítimos, muchos de estos han sido cuestionados en su legitimidad de origen y ahora se ven acosados por el crimen organizado, legalidad que debemos recordar es la fuente del efectivo poder político que permite encabezar gobiernos con verdadero apoyo popular.

Pero a todo esto ¿por qué debemos recordarlo? Pues porque hay una debilidad de origen en el gobierno que no le permite impulsar transformaciones profundas con base en un programa de gobierno y una agenda política que haya sido discutida y votada en una elección y que por lo tanto, goce del respaldo popular.

Esto es preocupante puesto que, después de la alternancia del 2000, se han dado dos elecciones presidenciales cuestionadas por fraude, que han desembocado en un desconocimiento posterior del ganador; en 2006 y 2012. Si seguimos arrastrando esta ilegitimidad de origen jamás obtendremos legitimidad en el ejercicio del gobierno.

Sucede que, erróneamente, se pretende alcanzar esta legalidad con intentos casi desesperados para llegar al libro de la historia, y como resultado no logran su objetivo, pero si consiguen meter al país en graves dificultades con estrategias equivocadas, imprudentes y de alta peligrosidad.

Hay dos ejemplos de esto: la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón y el Pacto por México de Enrique Peña Nieto.

Esta falta de legitimidad de los resultados, redundó en el cambio de la agenda de los gobiernos, que siendo realistas, no hubieran llegado al poder, sí las reglas del juego se respetaran. En estos casos, no estaban en sus agendas de campaña ambos planteamientos, nunca se habló de sus alcances y consecuencias, y se dio un golpe de timón que llevó al país a transitar por terrenos insospechados.

En el sexenio de Calderón, a la exacerbación de la violencia y la proliferación del crimen organizado, miles de muertos y desaparecidos y con ello, la atomización del Estado mexicano y en el caso de Peña Nieto, a emprender un conjunto de reformas cuestionables, de las que no habló como candidato durante la campaña presidencial del 2012, que lograron profundizar la influencia de los poderes fácticos, con la acometida de fuerzas y agentes económicos con un poder económico casi ilimitado, principalmente en telecomunicaciones y energía.

Nada es lo que parece, aparentemente tenían un gran consenso al principio, pero terminaron creando nuevos y preocupantes espacios de impunidad.

El golpe de timón de Calderón nos llevó a una guerra que no queríamos y para la cual no estábamos preparados y que en buena medida se la debemos a la irresponsabilidad y falta de visión del gobierno foxista que desmanteló las estructuras de inteligencia, despreció a la inteligencia misma y en consecuencia no se vio lo que se venía para el país.

Estos cambios de timón, que tienen origen en la ilegitimidad de sus gobernantes, constituyen una de las causas de este desastre nacional, en ambos casos literalmente nos echaron a los lobos sin ninguna consideración.

Raúl-Vilchis-Huitrón-Desnudo

 

Frente a todo esto; los conflictos electorales pasados y venideros, la persistencia de la clase política corrupta que Enrique Peña Nieto y su casa blanca encarnan como clara punta del iceberg, el crimen organizado que creció al amparo del poder, infiltrando las instituciones políticas, corrompiendo las estructuras económicas, creando su feudo criminal en permanente disputa entre grupos rivales que desafían a lo que queda del Estado formal, y que todavía les incomoda y están pendientes de conquistar, para formar alianzas de corto y mediano plazo como lo hacen con la parte del Estado que ya sucumbió.

Hoy, que la violencia ya se está dirigiendo contra el poder, ese es el mensaje de los hechos registrados de las últimas semanas, el movimiento cívico no puede permitir que se crucen las dos pistas y agendas, y debe fijar muy claramente sus métodos de lucha y las formas de protesta, no puede caer en la provocación que viene desde antaño con el poder mismo.

Porque el resultado de esto es el Estado corrupto y en la escala no evolutiva sino regresiva; es el Narco-Estado, es la magnificación de las redes de complicidades y de intereses a un nivel de complejidad nunca antes visto.

Esto es lo que hay que evitar a toda costa, que los poderes emergentes e ilegítimos, logren enquistarse y perpetuarse sometiendo la sociedad mexicana en su conjunto, de quienes se servirán no solamente como clientes sino como verdaderos esclavos a su merced.

Si el gobierno ya no puede con su responsabilidad, entonces muchos más deben hacerse cargo de semejante reto nacional, si el gobierno deja espacios vacíos de autoridad, entonces los debe cubrir el pueblo. Es decir, si el gobierno ya perdió la capacidad de iniciativa y de respuesta, entonces algo se tiene que hacer inmediatamente, porque el cuerpo social ya no soporta más. Si seguimos aguantando, correremos graves peligros, el futuro se nos escapará de las manos, pero también estará endosado a un grupo de criminales, corruptos y violentos.

Si los gobernantes han dado esos y otros golpes de timón por qué entonces el pueblo, los ciudadanos no lo pueden hacer de manera consciente y responsable.

También en ello, le va su propio futuro, la izquierda partidista no puede echarse para atrás en asumir su propia responsabilidad de cara al pueblo de México, de esto depende su capacidad para volver a ser un eje articulador de la movilización social, ordenada, pacífica, inteligente, propositiva que busca sobretodo justicia y luego la paz.

Hoy ciertamente se ve a un gobierno que esta contra la pared, mandando operativos de fuerzas federales, cual desfile militar, de un lado a otro del país, apagando fuegos sin reconocer las características del incendio. Pero también la clase política en su conjunto debe dejar el discurso de la  remediación del daño, que a final de cuentas es de autoprotección, debe acelerar las respuestas con audacia y con el único compromiso con el pueblo de México al que se debe, si no empezamos por la casa, lo que se haga no durará mucho y los golpes de timón nos seguirán sacudiendo.

Mario Maldonado

Mario Maldonado

Licenciado en Derecho con especialidad en Derecho Constitucional. Asesor de Política Interior y Reforma del Estado
Mario Maldonado
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México: Militarismo y Guardia Nacional


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