Los desafíos de la Izquierda 2012

Categoría: El punto es, EPSI03
mayo 1 2012

Responder a la interrogante sobre los retos de la izquierda en el 2012 puede tener dos niveles de respuesta: I) para el proceso electoral o, II) en el proceso poselectoral. Por supuesto que son dos caras de una misma moneda, pero por lo mismo son diferentes, vinculados sí, pero diferenciados. Propondré algunas reflexiones sobre ambos Momentos

  1. En el proceso electoral

Lo que inmediatamente llama la atención de los hechos actuales es que el partido representativo de la izquierda, a sólo seis años de haber estado en opción real de ser gobierno federal, pareciera que ahora tendrá que conformarse con regresar al tercer lugar1.  Se podría decir que frente a ello la inestabilidad de posiciones es característica de un sistema partidario competitivo, toda vez que, quien hace seis años ocupó el tercer lugar, hoy aparece como el más probable para ocupar el primer lugar, y quien hace seis años fue primero (a pesar de todo) hoy esté en el segundo.

Probablemente haya algo de razón en el argumento anterior, aun aceptándolo hay una diferencia fundamental, los otros dos partidos, de la tercia de quienes son dominantes en el sistema partidario de México, ya han tenido experiencia de ocupación del ejecutivo federal y de ser mayoría relativa en el Congreso, a excepción del PRD, para fines prácticos: la alternancia en la conducción de la política nacional, hasta ahora, es un asunto entre dos y no un asunto entre tres. La cuestión de fondo –pragmática si se quiere– de la interrogante sobre el reto electoral es: ¿cómo convertirse en una opción de gobierno estable, que permita escapar de la consolidación en el tercer lugar?

Lo relevante entonces sería esclarecer qué es lo que llevó a esta situación a la izquierda, del 2006 a la fecha. Los argumentos más conocidos son:

a) El conflicto interno. Éste se manifestó de múltiples maneras y tiene diversas explicaciones. Lo cierto es que, durante estos años, el PRD vio descender el tamaño de su bancada en el Congreso federal, perdió las gubernaturas de Zacatecas, Baja California Sur y Michoacán, retuvo las del DF y Guerrero, y participa, con una poco clara capacidad de decisión, en las de Oaxaca, Puebla y Sinaloa. Es claro que la selección de candidatos tradicionalmente ha generado fuertes tensiones, que aparentemente han disminuido en los últimos meses por medio de la utilización del método de encuestas, que evita, en lo inmediato, los conflictos, pero que aleja aún más la discusión sobre los programas.

b) La falta de una política consistente de alianzas. Para ponerlo en breve, ¿por qué en algún momento se pensó que lo democrático sería establecer alianzas para las elecciones de Oaxaca, Puebla y Sinaloa y, en otro –y muy próximo en el tiempo– se pensó lo contrario en el Estado de México, sacrificando de paso a los mejores elementos de ese partido? Si todo partido aspira a conquistar la preferencia de quienes no militamos en ellos, la señal más confusa que se puede enviar es tomar decisiones sin que las razones sean claras para el electorado. La política democrática de altura es la que es capaz de ofrecer argumentos convincentes para la ciudadanía.

c) La permanencia de la brecha entre la izquierda partidaria y la izquierda social. El supuesto asumido por algunos políticos, de que el acuerdo con las organizaciones no es necesario porque sus bases votan naturalmente por ellos, ha quedado invalidado con la contundencia de los resultados. Es muy probable que un sindicalista, un campesino, o un activista de organizaciones democráticas, no cambie su voto a favor de un partido que no sea de izquierda; pero ello no significa que necesariamente acuda a votar. La carencia de una estrategia de articulación no puede suplirse con los acuerdos circunstanciales entre personalidades partidarias y dirigentes de organizaciones específicas, en los que se intercambian puestos por fidelidades electorales sin mayor compromiso programático. Pensar que los partidos de izquierda contemporáneos no deban ser sólo de clase no quiere decir que se prescinda en lo absoluto ni de las organizaciones de clase, ni las de la ciudadanía en general

d) La sustitución de la discusión programática por las adhesiones a las personalidades y a las corrientes. El problema no es tanto, como es común a todos los partidos, que existan corrientes y grupos que se confrontan, que se disputan las posiciones, y que hasta intercambian a sus miembros. El problema es que la ciudadanía reciba como mensajes partidarios esas confrontaciones y no la discusión sobre las diversas posiciones programáticas. Éste es el punto que nos lleva a la segunda parte del texto, pero antes intentaré extraer la consecuencia de lo hasta ahora dicho.

Pensar los desafíos electorales de la izquierda hacia 2012 requiere hacer un balance de lo ocurrido seis años atrás. Tal vez habría que cuestionar cómo los viejos problemas –algunos de los cuales he señalado– se reactualizaron y profundizaron en ese año. El principal desafío, me parece, es enviarle a la ciudadanía el mensaje de que estos y otros viejos problemas de la izquierda empiezan a modificarse porque: i) se les asumen como tales, ii) se les debate públicamente y iii) se ponen correctivos efectivos.

De no haber o de retrasarse un mensaje como el señalado, nada menos extraño que los indicadores electorales sigan comportándose como hasta ahora lo han hecho, es decir que el PRD se “consolide” como la siempre tercera fuerza electoral.

  1. En el proceso poselectoral

La fuerza de un partido se prueba en las elecciones y se construye antes de ellas, pero su utilidad práctica para la ciudadanía es después de las elecciones. Éste es el segundo nivel de los retos de la izquierda que quiero comentar.

Es evidentemente insostenible la creencia en que las reformas por las que pugna la izquierda en sus programas sólo se podrán realizar cuando el PRD se convierta en gobierno. La evidencia se sustenta en múltiples argumentos, propongo sólo dos. En un sistema democrático ningún partido político puede pensar que llegará al gobierno para quedarse en él “de una vez por todas”, en consecuencia, la necesaria alternancia supone que las reformas que hubiera impulsado como gobierno, pudieran ser revertidas en un período en que gobierne otro partido. Esto se liga con otra situación, cuando los ciudadanos votamos por un determinado partido lo hacemos pensando, no solamente en que llegará al gobierno, sino también en que, aún en caso de que no llegue, utilizará su fuerza política para apoyar las decisiones que favorezcan los intereses y valores de sus electores, y para oponerse a aquellas que les perjudiquen. Si dejamos el caduco supuesto de que el gobierno es el único que toma decisiones y asumimos que las políticas públicas son producto de la interacción entre el gobierno y los múltiples actores que intervienen2, un partido político –no obstante que quedara en la oposición– es corresponsable de las decisiones públicas, por acción o por omisión; en consecuencia, es necesario definir qué políticas apoyará y a cuáles se opondrá. Ésta es la importancia de un programa y de aquí la centralidad de su discusión.

Entre las diversas manifestaciones que usan las organizaciones sociales y ciudadanas, foros de discusión y otros mecanismos, se puede percibir algunos temas que de manera reiterada aparecen y que se podrían asumir como las preferencias del electorado del PRD. A mi juicio hay cuatro temas fundamentales que deberán incorporarse al programa que oriente la etapa poselectoral que iniciará en julio del 2012:

I. La reforma económica. Después de doce años de gobierno conservador, es claro que las políticas económicas aplicadas (que se gestaron desde los últimos gobiernos del PRI) han sido incapaces de generar un nivel de crecimiento económico que permita la recomposición del poder adquisitivo de la mayorías, pero sobre todo que permita generar empleos de manera acelerada e inmediata. Crecer y generar empleos lo prometen todos, el punto está en cómo se lograrán tales objetivos y, en concreto, tiene que ver con la respuesta a dos interrogantes: a) ¿cómo se hará para incrementar la captación fiscal –redistribuyendo equitativamente sus costos– que permita que el sector público asuma la función que le corresponde para dinamizar la producción? México es de los países cuya proporción gasto público/PIB es de las más bajas en América Latina3. b) ¿Cuál será la estrategia productiva para competir en un mundo globalizado? Sabemos que la sola apertura del mercado fue totalmente insuficiente, se requiere tener una estrategia productiva de largo plazo, como la tienen los países que hoy están creciendo, aislarse de la discusión de lo mundial ha sido una ingenuidad costosa, suponer que sólo con el incremento del gasto público será suficiente también lo puede ser.

II. La reforma política. Los doce últimos años también han demostrado que la pieza central del viejo, y aún persistente, régimen político mexicano: el presidencialismo, no ha desaparecido pero se ha vuelto tremendamente ineficiente e improductivo. En consecuencia, las relaciones entre poderes del gobierno, particularmente entre el legislativo y el ejecutivo, y las relaciones entre los órdenes de gobierno, particularmente entre la federación y los estados, también son ineficientes e improductivas. Urgen entonces reformas de fondo que cambien la manera como se relacionan. La minuta del Senado sobre la mal llamada reforma política, que actualmente está en la Cámara de Diputados, no es sino un intento –solapado en la supuesta ciudadanización de la política– de incrementar la preeminencia del poder presidencial sobre el legislativo4 . Las reformas de fondo que se requieren tienen que ver, tanto con el cambio de relaciones entre poderes y órdenes de gobierno, para alcanzar la gobernabilidad entendida como el equilibrio entre actores gubernamentales, como con las que se establecen entre gobierno y sociedad, para alcanzar la gobernanza, entendida como el equilibrio entre gobierno y sociedad, la democracia participativa es mucho más que candidatos sin partido, es la intervención efectiva

III. La reforma Social. La idea de que la política social es sólo combate a la pobreza ya quedó en el armario de antigüedades. Hoy la política social tiene que ser discutida no sólo como acciones asistenciales (necesarias pero no suficientes), sino también en su dimensión de seguridad social y de reincorporación de las mayorías al mercado laboral formal. La estrategia de desgaste de las instituciones de seguridad social es insostenible, la pretensión de desvincular trabajo y seguridad social es una dimensión más de la precarización del empleo. Urge pensar los mecanismos que fortalezcan la seguridad social a la vez que los que posibiliten la protección básica de todos aquellos que, más de doce años de neoliberalismo estéril, han condenado a nunca tener un empleo formal en el futuro previsible. Sobre todo urge diseñar estrategias de política social que sean el instrumento para aprovechar la capacidad productiva de la población, de tal suerte que la autonomía de la persona, y no la dádiva gubernamental, sea el horizonte de realización de las capacidades humanas de los mexicanos

IV. La reforma para la seguridad humana. Es ineludible el problema de la inseguridad, pero éste no se puede resolver a costa de la violación de los derechos de las personas. No se puede continuar con una estrategia que pretende intercambiar seguridad por democracia (esto resulta de proponer –como lo hace el actual gobierno- que para alcanzar la seguridad es necesario aceptar la violación de la libertad de tránsito, la presunción de inocencia o hasta la pérdida de vidas por los “daños colaterales”), aquí es donde resulta más real la necesaria interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos. La seguridad que se requiere es la que garantice todos los derechos de la ciudadanía, éste es el reto de una política pública efectiva; combatir unas violaciones a costa de cometer otras es simplemente no saber hacer políticas públicas.

Los anteriores temas son los que, a mi juicio, es imprescindible discutir con la sociedad más allá de los actos multitudinarios de campaña. No estoy proponiendo reuniones sólo con elites, sino espacios adecuados en los que todos puedan dar su palabra. La experiencia brasileña de democracia participativa –así como algunas otras de América Latina– proporciona buenos ejemplos de instrumentos que permiten realizar la aspiración de que las multitudes deliberen los grandes temas políticos y no sólo aclamen a los grandes líderes.

Se impone una pregunta seguramente incómoda: ¿está el PRD en condiciones de discutir un programa con estos temas, con las multitudes interviniendo en su deliberación? Mi respuesta es negativa, pero creo que ese es el reto inicial a vencer. Captar el voto de los grandes núcleos de la sociedad reclama una reformulación orgánica de este partido, algunas ideas al respecto:

a) Definir mecanismos de coordinación de la práctica parlamentaria a fin que se ajuste al programa específico y no a los liderazgos de corrientes, un consejo consultivo de los grupos parlamentarios integrado por personas participantes en organizaciones sociales y ciudadanas, así como de académicos, sería un primer paso efectivo para hacer circular la discusión parlamentaria a la sociedad y para, al hacer públicas las opciones de la izquierda, evitar las sorpresas frustrantes para su electorado. Esto también contribuiría a iniciar el proceso de transición, tan difícil como urgente, de sustituir las diferencias partidarias de las pugnas entre las corrientes por la discusión sobre las posiciones políticas.

b) Un segundo asunto que tiene que ver más con la vida intrapartidaria –si bien es lo que más mensajes confusos envía a la sociedad– es el de la selección de sus candidatos. Sin ser la causa única, la ausencia de discusión programática ha favorecido que los criterios de selección tengan más bien que ver con: a) fidelidad al líder o a la corriente; b) la continuidad de acción desde la administración pública hacia el legislativo y viceversa. No sería descabellado plantear que cada persona que haya tenido un puesto en el Legislativo o en la administración pública por dos períodos consecutivos, antes de optar por un cargo más, deba prestar un período de trabajos de vinculación entre partido y sociedad. Una medida así no sólo incrementaría la fuerza política del PRD, sino que también disminuiría la altísima demanda actual por las candidaturas.

  1. Epílogo

Construir un programa que dé respuesta a los asuntos políticos de fondo, más allá de las formalidades electorales, puede ser simultáneamente un proceso de respuesta a las demandas del electorado y también de reformulación del propio PRD. Tal vez se piense que todo lo anterior es mucho pedir a un partido, y lo es, el asunto es que si el PRD no es capaz de darle –y no sólo ofrecerle– mucho a la ciudadanía no se vislumbra cómo pueda aspirar a tener muchos votos. Dar poco en sus reformas no será sino la condena a vivir de la administración de los dividendos del poco honroso tercer lugar en la historia política contemporánea de México.

(1) Por supuesto que en un sistema electoral democrático “todo es posible”, de aquí a las elecciones pueden ocurrir muchas cosas, afortunadas o desafortunadas. La única manera de evitar que los deseos sustituyan a las realidades es asumiendo el principio de discusión “si todo permanece igual”. Asumiendo entonces el caeteris paribus de los economistas, lo que los datos dicen a cinco meses de las elecciones, según el Informe de Mitofsky de enero de 2012, que presenta un promedio entre seis casas encuestadoras en los meses de octubre de 2011 y enero de 2012, la Preferencia Electoral Efectiva se ubicaría por partidos de la siguiente manera: PRI 49.1, PAN 28.8, PRD 21.7.

(2) Actualmente un gobierno está influido “por arriba”, por el juego de poderes que se dan entre los diversos estados en el mundo globalizado y “por abajo” las decisiones dependen del acuerdo entre múltiples actores, ninguno de los cuales puede determinarlas por sí solo, por lo que los procesos de toma de decisiones dependen del acuerdo y la interacción entre varios de ellos “…que tienen intereses contradictorios, pero que son lo suficientes independientes entre sí para que ninguno pueda imponer una solución por sí solo, y a la vez son lo suficientemente dependientes como para que todos pierdan si no se encuentra alguna solución”. (P. Schmitter, citado por Chevalier, Jacques (2003). La gouvernance, un nouveau paradigme étatique? En Revue française d’administration publique. No. 105/106. (Página: 207), traducción libre.

(3) En 2009, según cifras de la CEPAL, la proporción de Gasto Público/PIB fue de 43.2% para Argentina, 36.8% para Brasil, 24.8% Para Chile, México llegó a sólo un 20.7 %.

(4) Por un lado, esta minuta pone barreras muy altas para las consultas a la ciudadanía (celebrarse sólo de manera simultánea con las elecciones federales y con porcentajes altísimos de participación) mientras que ignora la revocación de mandato. Por otro lado establece la iniciativa presidencial de ley preferencial, con lo cual el ejecutivo le fija la agenda al legislativo, a la vez que formaliza el poder de veto del presidente sobre el presupuesto de egresos.

 

 

 

 

 

 

Manuel Canto Chac

Manuel Canto Chac

Doctor en Sociología por la UNAM, Profesor, Investigador Nacional en la UAM-Xochimilco. Miembro de Organizaciones civiles y de espacios de concertación social.
Manuel Canto Chac

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