Liderazgo efectivo, una propuesta a futuro

Categoría: El punto es, EPSI21
noviembre 1 2015

Introducción

En un mundo caracterizado por profundas transformaciones tecnológicas, sociales y empresariales, resulta de vital importancia la presencia y surgimiento de verdaderos líderes capacitados y motivados para facilitar procesos de cambio y desarrollo social. Personas que posean el conocimiento, inteligencia, disciplina, confianza, compromiso, respeto, paciencia, integridad, carisma y, sobre todo, capacidad de influir e inspirar a sus subordinados para que alcancen y elaboren proyectos creativos y audaces. Ese esfuerzo se lleva a cabo a través de un proceso de desarrollo organizacional que conduce a la mejora de los resultados y a una mayor generación de oportunidades, posibilitando, de esta manera, una mejor dirección en la planeación, ejecución y control de actividades que pretendan armonizar el desarrollo y profesionalización de un grupo de personas o equipo de trabajo y, al mismo tiempo, conseguir las metas y objetivos de común acuerdo.

Para poder alcanzar estas aspiraciones, la misión de un verdadero líder debe consistir en ayudar a sus seguidores a obtener las metas, proporcionándoles suficiente dirección y apoyo para garantizar que estas metas sean compatibles con los objetivos globales del grupo u organización. Tienen razón los que dicen que para tener éxito en los negocios necesitamos asumir riesgos e innovar. Ya que en el ámbito empresarial constantemente se enfatiza el hecho de que el éxito se alcanza asumiendo riesgos, que el mundo evoluciona día a día y que las personas deben mantenerse en constante evolución para incursionar en los negocios. Por esta razón, el líder debe saber organizar, vigilar, dirigir o simplemente motivar al grupo para mejorar la calidad del producto o servicio, la productividad o cualquier otro indicador escogido para medir el avance organizacional y alcanzar los resultados deseados.

¿El líder nace o se hace?

Aunque esta pregunta ha sido un eterno debate de discusión y polémica por muchos años, y hasta nuestros días la misma ciencia no ha dado una respuesta satisfactoria, no tenemos ninguna duda de que el liderazgo es una capacidad que se puede aprender. Cualquier persona, si se le otorgan los medios adecuados, puede llegar a convertirse en un líder. No se puede negar que es una ventaja contar con cualidades innatas al momento del nacimiento, pero a veces resulta más determinante la formación y desarrollo profesional que uno va adquiriendo y la experiencia que va acumulando a lo largo de su vida. La preparación y la experiencia son aspectos que hay que cuidar en la formación de las personas y en el desarrollo continuo de sus habilidades, pero tiene que existir la predisposición y motivación adecuada para que lleguen a convertirse en unos verdaderos líderes.

Por eso, es necesario empezar a crear y construir los procesos de capacitación, formación, superación, desarrollo de habilidades, talentos y cualidades en los verdaderos líderes, las cuales tienen que provenir desde la educación familiar y continuar en las primarias, secundarias y universidades. Esto no es tarea fácil ni sencilla, ya que se requiere de mucha responsabilidad, tiempo y sacrificio, pero la mayor recompensa es forjar a los líderes del futuro, para que cuando llegue el momento adecuado, estén listos y aprovechen las oportunidades que se les presenten. Al ir asumiendo responsabilidades, tomando decisiones, solucionando problemas, haciendo frente a situaciones difíciles, permitirá ir desarrollando sus capacidades y convertirse en auténticos líderes. La única forma de liderar con efectividad es hacerle frente a las nuevas situaciones que se presenten, y a generar nuevas formas de comportamiento que serán determinantes para conducir a su equipo de trabajo a los logros de sus objetivos personales, laborales y sociales.

Este tipo de liderazgo tiene que ser accesible a muchas personas y no únicamente reservado a una clase social o política. Los nuevos líderes contarán con un proceso formativo que les permitirá el desarrollo de capacidades, valores, habilidades, actitudes, virtudes, credibilidad y confianza. En un entorno social en el cual la ausencia de verdaderos líderes está caracterizado por la falta de credibilidad y confianza en la que se mueve la clase dirigente, la cual está formada por el Estado, el gobierno, los políticos y los empresarios, lo más sensato es ir sustituyendo a los líderes que han sido impuestos mediante compromisos contraídos, compadrazgos, nepotismo, recomendaciones, favores y herencias familiares, ya que sólo han traído desgracias, desaliento y frustraciones al país y a su población. Por lo tanto, hay que descubrir, crear y construir a los líderes del futuro y, ponerlos, cuando su preparación, formación, entrenamiento y experiencia sea amplia y reconocida, en los puestos en los que se toman las decisiones fundamentales para el país.

Ocaso de la risa, óleo s/tela, 40 x 30 cm.

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Una vez logrado este objetivo fundamental, lo más apropiado es que un líder cree otros líderes. Se puede enseñar el liderazgo a las futuras generaciones y, el camino para conseguirlo, es que el líder sea un verdadero creador de líderes. Entonces, nuestro prototipo de líder debe ser una persona que no únicamente sabe cómo hacer las cosas, sino que las enseña a sus subordinados, una persona que puede ayudar a otras personas a alcanzar sus objetivos, a evolucionar y desarrollarse. Debemos eliminar todas esas ideas que sugieren que el preparar a otras personas puede ser un riesgo latente para la persona que los prepara, ya que no se puede caer en la mediocridad al pensar que los líderes del futuro puedan constituir una amenaza que les permita ascender mediante prácticas deshonestas y ocupar el puesto de trabajo del líder que los prepara. Este tipo de ideas sólo ocasionará cerrarles el camino a los futuros líderes. Hoy más que nunca hay que hacerle frente al individualismo egoísta que invade todas las capas de la sociedad, y rescatar las conductas morales basadas en principios naturales y en valores encarnados en virtudes personales. Ello nos permitirá crear círculos virtuosos caracterizados por líderes con honestidad, decencia, honradez y honorabilidad, en lugar de los círculos viciosos de corrupción, impunidad, tráfico de influencias y conflicto de intereses que actualmente existen.

Clasificación y características del liderazgo

Diversos estudios han hecho una serie de diferentes clasificaciones y tipos de liderazgo que se establecen a partir de muy variados criterios, entre los cuales podemos encontrar los siguientes: el autócrata, participativo, democrático, dictador, emprendedor, autoritario, proactivo, audaz y liberal. Sin embargo, para el análisis que estamos realizando y debido a la similitud que algunos de ellos tienen, nos enfocaremos principalmente en el liderazgo autócrata o autoritario y participativo o democrático.

El líder autócrata o autoritario es aquel que asume por su propia cuenta toda la responsabilidad en la toma de decisiones acerca del trabajo y la organización del grupo, inicia las acciones, decide, dirige y controla sin consultar y justificarse ante sus seguidores, solicita obediencia y adhesión a sus decisiones. Esta clase de líder apela a la comunicación unidireccional; es decir, no existe el diálogo con sus subordinados. Mientras que el líder participativo o democrático fomenta el debate, utiliza la consulta y anima y estimula la participación y la discusión dentro del grupo, escucha, analiza las situaciones y considera las decisiones finales junto a su equipo de trabajo. Además, impulsa y apoya a sus subalternos a incrementar su capacidad de creatividad y responsabilidad, permitiéndoles ser independientes.

Al revisar y analizar estas dos opciones, podemos señalar que nuestro líder ideal se relaciona más con el que ejerce funciones relacionadas con el tipo de liderazgo participativo o democrático; es decir, un liderazgo que delega en el equipo de trabajo la posibilidad de tomar las decisiones y cuyos rasgos característicos deben ser la capacidad de comunicarse, la inteligencia emocional, la capacidad de planeación, tener carisma, saber establecer metas y objetivos, ser innovador y responsable, conocer sus fortalezas y debilidades y, lo más importante, crecer y hacer crecer a su gente, con el propósito de que alcancen sus objetivos mediante la utilización máxima de sus capacidades y facilitando su avance para lograr las metas organizacionales. Su papel debe inspirar confianza y crear las condiciones para que su grupo aprenda de las experiencias y consiga resultados cada vez mejores, lo cual le permitirá ganarse el aprecio, la gratitud, el respeto, la lealtad y la devoción de sus seguidores.

Además, este tipo de liderazgo debe atender las necesidades y las expectativas genuinas de sus subordinados, les debe inculcar los valores relacionados con la calidad, la honradez, la honestidad y la decencia. Esto permitirá que sus subordinados vayan asumiendo competencias y que se vayan acostumbrando a enfrentarse a problemas. Se trata de irlos preparando y capacitando para que en el futuro sean capaces de tomar la conducción o mando de la organización. De esta manera, el éxito que alcancen no solamente será del líder, sino de todo el equipo, debido a que saben hacer bien las cosas, están motivados y son creativos. Por eso, fabriquemos líderes cuyo comportamiento se oriente a los empleados, con el propósito de que se sientan más satisfechos, sean más productivos y aseguren el logro de sus objetivos y metas.

La realización y formación de este tipo de líderes nos permitirá ir excluyendo poco a poco el tipo de liderazgo autócrata o autoritario, el cual toma las decisiones, ordena a sus subordinados, destruye su creatividad y espera que se le obedezca. Su fuerza radica en el miedo e intimidación que produce, no por su aspecto físico, sino por el poder que asume cuando se hace cargo o es impuesto en algún puesto directivo, ya sea en empresas privadas o públicas. Con ello consigue que sus subordinados hagan lo que él quiere por temor a ser despidos de la institución, y porque tiene el poder coactivo para imponer su voluntad. Con esta especial característica, incluso puede equivocarse y tomar decisiones erróneas, pero ya sea por caprichos, berrinches, falta de experiencia, inseguridad, prepotencia o por no quedar mal ante sus subordinados, ordena que se lleven a cabo estas labores. Esto ocasiona frustración en los miembros del equipo, dando origen a tasas más altas de quejas, ausentismo, rotación de personal y a niveles menores de satisfacción en el trabajo, con graves consecuencias para la propia organización.

¿Poder o autoridad?

En contraste de lo que piensa el líder autócrata o autoritario, el poder no es el único medio que nos puede llevar a alcanzar los resultados planeados. Usando adecuadamente la autoridad se pueden obtener resultados y logros importantes. Para ello, veamos la diferencia que existe entre poder (potestas) y autoridad (auctoritas). Aunque tratar de hacer esta diferencia es un poco difícil y compleja, ya que ambos términos están estrechamente relacionados, y se podría afirmar que uno sirve como punto de partida del otro, podemos decir que el poder es la capacidad de forzar a alguien para que éste, aunque preferiría no hacerla, haga nuestra voluntad, debido a nuestra posición o fuerza. Mientras que la autoridad es el arte de conseguir que la gente haga voluntariamente lo que uno quiere, debido a la influencia que se ejerce sobre las personas. Como se puede observar, con el uso del poder se tiende a establecer demasiadas restricciones en la libertad de actuación de los subordinados. En cambio, con la autoridad se gana el respeto, la libertad y la confianza de las personas. Cuando un dirigente muestra interés por el bienestar de sus seguidores, por su comodidad y su satisfacción, alcanzándose con estas acciones beneficios comunes, los subordinados pueden confiar en él y aceptar su autoridad, con lo cual no necesitará ejercer el poder para que sus órdenes sean cumplidas. Por eso, es importante que los líderes del futuro usen de manera razonable el poder de que disponen y vayan ganando mayor autoridad, pues la autoridad se pierde con el uso incorrecto del poder.

No obstante, habrá ocasiones que aunque no les guste hacerlo, las circunstancias y las situaciones difíciles obliguen a este tipo de líderes a usar el poder. Estas tienen que ver con algunas personas que son apáticas, irresponsables, faltistas, impuntuales y deshonestas, pues se corre el riesgo de no alcanzar los resultados planeados. Si no lo hiciese así, estaría poniendo en peligro el respeto y la confianza de los demás miembros de su equipo y el control e influencia que ejerce sobre ellos.

¿Jefe o líder?

El liderazgo no es una característica de todos los jefes, pues esto queda evidenciado con las peculiaridades que asumen los líderes autócratas o autoritarios, a los cuales se les debería de llamar simplemente jefes. Si bien estas dos palabras parecen tener un mismo significado, en la práctica no lo son. Un jefe no necesariamente es un líder, y por lo general, los jefes son impuestos como figuras autoritarias. En algunas organizaciones las personas pueden ser nombradas como jefes, pero esto no significa que vayan a convertirse en líderes. Precisamente ése es el problema. La gente aspira a ser jefe cuando lo que deben hacer es aspirar a ser líderes. Si tomamos en cuenta estas reflexiones, podemos distinguir entre lo que es un dirigente o, también llamado jefe, y un líder. Un dirigente o jefe es aquella persona que usa el poder para mandar y exigir obediencia de los elementos del grupo, porque a menudo se considera superior a ellos. Un buen líder convence y proporciona orientación para lograr el éxito, ejercitando la disciplina, la paciencia, el compromiso, el respeto, la confianza mutua y la humildad. Por eso, nuevamente debemos insistir en que desarrollemos líderes que sepan inspirar confianza, atraigan la voluntad de los miembros de su grupo y amplíen sus capacidades, y no solamente jefes que valiéndose de su cargo y jerarquía abusen de su personal y los manipulen, sirviéndose de ellos para sus propios intereses de poder y reconocimiento, ya que a la hora de referirse a los éxitos un jefe suele hablar de “Yo” o “Gracias a mí”, en cambio, cuando se genera un problema suelen referirse a “ellos”. Por su parte, los líderes son aquellos que asumen como propios los errores que cometieron las personas que trabajan en su equipo y buscan un camino para solucionar el problema. Evidentemente, el jefe puede convertirse en líder y desarrollar sus tareas de mando aplicando habilidades de liderazgo. Pero también podría elegir no hacerlo, y seguir siendo jefe.

Conclusiones

Contemplar el liderazgo como un servicio a los demás implica un gran cambio de paradigma, pues requiere ante todo que los nuevos líderes estén dispuestos a asumir nuevas conductas y modos de pensar, desarrollen capacidades, habilidades y hábitos estables, valores y virtudes personales que le den coherencia a la vida, consistencia de actuación, entusiasmo por la tarea, respeto por las ideas de los subordinados, aprecio por sus sentimiento y una confianza en los demás, que genere credibilidad, optimismo e iniciativa. Es un liderazgo que avizore el futuro, innovador, promueva el cambio, genere compromiso, dé recompensas, establezca sanciones, delegue responsabilidades, produzca resultados, asuma riesgos y consiga e influya en las conductas de sus seguidores para que se esfuercen voluntaria y entusiastamente en lograr las metas y objetivos del grupo.

Debe ser un liderazgo que en su esencia contemple la vocación de servicio. Servir supone una franca actitud de vida y colaboración hacia los demás. Un líder con vocación de servicio debe ser útil para la organización y para sus seguidores. Se necesitan líderes que sientan lo que hacen, que sean capaces de compartir y mostrar sus sentimientos y emociones sin necesidad de ocultarlas. Deben saber cambiar de rumbo si están equivocado y, sobre todo, admitir los errores de una forma abierta, especialmente ante los miembros de su equipo. No importa que tengan el máximo nivel de estudios, esto no significa que lo sepan todo, pues todos podemos cometer errores y es la obligación del líder reconocerlos e ir aprendiendo, así como asesorarse de los miembros de su equipo para evitar las fallas y elaborar trabajos de calidad. Deben ser equitativos y no tener preferencias por ninguna persona de su grupo de trabajo. Deben tener la capacidad de comunicación. No sólo saber expresar claramente sus ideas y mandatos, sino también saber escuchar y tener presente lo que piensa cada individuo que forma parte del grupo que representa. Deben dejar atrás la arrogancia, la altivez y el egoísmo, que en muchas ocasiones ha provocado el desprecio y humillación de sus empleados. Aunque algunas veces son los mismos empleados los que propician esta actitud, ya sea por miedo o porque les gusta ser así, al querer ganarse los favores de sus jefes, y usan para este fin, una total hipocresía, al alabarlos cuando están presentes y hablar mal de ellos en su ausencia.

México necesita personas con verdadera vocación de  servicio, que se caractericen por ser personas visionarias que vean más allá del hoy para dar a sus organizaciones la capacidad de satisfacer las futuras demandas y enfrentar los nuevos retos, así como lograr la equidad, la justicia, la participación y el bienestar colectivo. El resultado será una organización más productiva, exitosa y llena de sentido tanto para el líder como para sus colaboradores. Sus principales acciones serán romper con las reglas establecidas y convencer a sus seguidores de la necesidad del cambio, pues los mayores éxitos siempre los obtienen las personas que saben correr los mayores riesgos. Usar el poder con eficacia y de un modo responsable les permitirá ganarse el respeto y la confianza de su equipo de trabajo, pues entre más procure sus beneficios, más fluirá hacia el líder el poder y la autoridad que ellos mismos le confieren. En términos generales, nuestra propuesta de un liderazgo efectivo debe alcanzar altos niveles de productividad, competitividad, eficiencia, calidad y rentabilidad en todas las áreas de las empresas, lo que propiciaría una mayor participación en el mercado interno y externo, así como obtener un alto nivel de compromiso de todas las personas involucradas en el desarrollo de la organización.

Bibliografía

Covey, Stephen R. Los siete hábitos de la gente altamente efectiva. 12ª. Reimpresión. Paidos. 2004.

Chiavenato, Idalberto. Administración de los recursos humanos. Mc Graw-Hill. 1999.

Fischman, David. El camino del líder. Historias ancestrales y vivencias personales. México. 2002. 180 p.

Fohri, Irene. Ejecutivo de Calidad Total. 2ª. Ed. México. Deusto. 258 p.

Hiebaum, Karin Silvina (2006). ¿Cuál es el origen de un líder? [on line] disponible en: http://tinyurl.com/oas97p2

Hunter, James. La paradoja (un relato sobre la verdadera esencia del liderazgo). Empresa Activa. 1999. 73 p.

 

Francisco Martínez Castilleja

Francisco Martínez Castilleja

Licenciado en Economía de la FE- UNAM. Especialista en temas de calidad, certificado como Auditor Interno en el Sistema de Gestión de la Calidad.
Francisco Martínez Castilleja

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