Libertad de expresión riesgos y retos

octubre 9 2018

Galería Abel Ramírez Aguilar

El gran tema de la libertad de expresión y el papel de los medios de comunicación tiene una importancia estratégica en las sociedades actuales, de manera particular en un México inmerso en la globalización y la acelerada modernización de las tecnologías de la información y la comunicación, con el impresionante papel que hoy juegan las llamadas “redes sociales”, que han redimensionado las formas y métodos de las relaciones entre todos los sectores de la sociedad.

Me centraré aquí en las vicisitudes y problemas que ha enfrentado (y sigue enfrentando) la libertad de expresión en los últimos 50 años.

Al ominoso sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, con su trágico e imborrable episodio de la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, sólo conocido masivamente en su versión oficial, debido al férreo control de los medios de comunicación (salvo excepciones casi clandestinas), le siguió el encabezado por Luis Echeverría, quien ya en julio de 1976 obligó al periódico Excélsior a publicar en blanco el espacio destinado a un desplegado titulado “Libertad de expresión”, firmado por varios comunicadores, que denunciaban: “Urge informar a la nación: se quiere cumplir cabalmente y pronto una grave agresión al ejercicio de la prensa libre en México. Se trata de desprestigiar a nuestro periódico y a quienes lo dirigen, presentándolos como enemigos del país…”.

El resultado de esa disputa fue la salida del legendario Julio Scherer García (ese sí comprometido con la libertad de expresión y en contra del autoritarismo) de Excélsior.

Lo cierto es y ha sido que el régimen político presidencialista mexicano, encarnado durante décadas en gobiernos priistas, hizo práctica común, “costumbre” se le llama, el controlar a los medios de comunicación con dinero y prebendas de todo tipo a cambio de su total sumisión a las líneas que desde la Presidencia de la República se trazaban y ordenaban.

Recuérdese la famosa, por ignomiosa, frase del entonces dueño de Televisa, “El Tigre” Azcárraga: “yo soy soldado del Presidente”.

Por eso el presidente López Portillo diría con descarado cinismo el 7 de junio de 1982, durante la conmemoración del Día de la Libertad de Prensa: “No te pago para que me pegues”. Así justificaba la cancelación de publicidad oficial a medios que se atrevían a criticar al gobierno.

Es decir, un régimen autoritario, que impedía a toda costa la existencia de una prensa libre, democrática, para lo cual destinaba miles de millones de pesos, y así marcar la línea editorial de prensa, radio y televisión nacional. De igual manera se abusaba y agredía a los periodistas que no se alineaban.

El escenario comenzó a cambiar en 1988. La conformación del Frente Democrático Nacional, con la primera elección presidencial realmente competida, la percepción de que hubo fraude electoral y los importantes espacios políticos ganados por la oposición, provocaron cambios importantes en el sistema político mexicano que se reflejaron e impactaron en el ejercicio del periodismo nacional.

A partir de los sucesos político-electorales de 1988, los medios de comunicación empezaron a tomar distancia de un régimen priista desgastado. La sociedad cambió, se volvió más plural, más democrática y exigió una línea más crítica de los medios de comunicación, aún cuando el gobierno de Carlos Salinas enfatizó su autoritarismo de manera criminal contra la oposición política. De esta manera, la libertad de expresión en México se abrió camino como un derecho esencial para lograr la transición democrática.

Sin embargo, luego de la reforma política de 1996 impulsada por el PRD, la primera alternancia presidencial del 2000 no promovió la tan anhelada transición democrática.

La esencia del régimen autoritario quedó intacta. “El dinosaurio todavía estaba allí”, diría Augusto Monterroso. Con Felipe Calderón las cosas siguieron igual.

En 2012 Enrique Peña Nieto ganó la elección, y con ello el retorno del PRI a la Presidencia de la República, y la intención de implementar las caducas prácticas del régimen autoritario. En el inicio de este sexenio hubo compromisos muy importantes, plasmados en el Pacto por México, para impulsar entre muchas otras, una profunda reforma a las telecomunicaciones, que permitirían al Estado Mexicano (no al gobierno, sino al Estado) recuperar el control sobre todo del espectro radioeléctrico del país, y de esa manera sujetar al marco de la Constitución y las leyes a los omnipotentes “poderes fácticos” de la televisión y la radio.

Sin embargo, los propósitos estratégicos de esas reformas que tenían como uno de sus hilos conductores la democratización del espacio radioeléctrico y, por ende, de los medios de comunicación, no pudo culminar exitosamente porque terminaron pesando más los intereses económicos de los poderes fácticos, sobre Peña Nieto que su “pretendido compromiso democrático”.

Como en los viejos tiempos, hubo un gasto excesivo en la publicidad oficial. Según datos de la organización Fundar, el sexenio de Enrique Peña Nieto terminará con un despilfarro de 60 mil millones de pesos en publicidad oficial. A la censura y a los sobornos a la prensa debemos sumar la grave situación de violencia que viven los periodistas en México. Según datos de la organización Artículo 19, este sexenio de Peña es el más violento para el periodismo, con más de 40 asesinatos. Tristemente, México se coloca como uno de los países más peligrosos para ejercer esta profesión.

Afortunadamente, el panorama político y social ya no es el del siglo pasado, en el que el régimen autoritario podía silenciar las voces disidentes. Hoy tenemos una sociedad más organizada, más exigente, más informada y más demandante.

La reforma en telecomunicaciones, resultado del Pacto por México, provocó una revolución informática al insertar a nuestro país en la globalización en esta materia, con el uso masivo del Internet, de la telefonía celular a bajo costo y, con ello, se dio un boom en lo que hoy conocemos como “las redes sociales”, a cuyos usuarios poco o nada se les escapa, y ya prácticamente cualquier información se conoce al momento de ocurrir algún hecho.

Por eso ya la libertad de prensa y de expresión no podrá ser coartada, aun cuando sigue habiendo intentos por lograrlo, por “dar línea” desde el gobierno a los comunicadores y a los dueños de los medios para quitar o poner a algún “periodista incómodo”.

La prensa mexicana ha ido imponiéndose al viejo régimen. Así, por ejemplo, el reconocimiento internacional que recibió la investigación: “La estafa maestra” es un gran triunfo de la libertad de expresión. También lo es la lucha que ejercieron varias organizaciones de la sociedad civil para promover un amparo que obligó al poder Legislativo a diseñar una nueva ley en materia de publicidad oficial, la cual, lamentablemente quedó reducida a mera simulación.

Las organizaciones que ganaron el amparo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación exigían que se reglamentara el párrafo octavo del artículo 134 de la Constitución, para que todos los recursos públicos se transparentaran, que hubiera licitaciones públicas para otorgar contratos de publicidad oficial y se conformara un órgano regulador ciudadano para vigilar el cumplimiento de la ley.

Pero lo que resultó al final fue que todas las decisiones se concentrarán en la Secretaría de Gobernación. Peor que antes. Y este es un riesgo mayor, ya que el gobierno que encabezará López Obrador anunció que centralizará todas las oficinas de comunicación oficial en la Presidencia de la República.

El presidente electo prometió que durante su sexenio “no habrá censura”, pero es importante recordar que, de hecho, ya durante su campaña electoral, cuando fue criticado por periodistas, AMLO los tachó de “prensa fifí” y de ser parte de “la mafia del poder”. Recientemente le dijo a un periodista que lo cuestionó: “no odio, pero no olvido”. Y ya se sabe que los cambios que ha habido en algunos periódicos en las últimas semanas han sido “por peticiones” (presiones) de AMLO.

Corremos, pues, el riesgo de tener una prensa rendida, acrítica, sometida, ante el poder que la ciudadanía le ha conferido a AMLO. El autoritarismo nos acecha y peligra la libertad de expresión en los más importantes medios de comunicación.

El reto es estar vigilantes para evitar retrocesos en nuestra historia. Necesitamos una prensa y medios de comunicación libres, críticos y democráticos, que respeten el derecho de las audiencias. Debe ponerse fin a la relación perversa entre los medios de comunicación y el gobierno federal para estar en sintonía con las libertades que proclama y ejerce la sociedad.

Jesús Zambrano Grijalva

Jesús Zambrano Grijalva

Fundador del Partido de la Revolución Democrática. Procurador Social del D.F. y Delegado en Gustavo A. Madero; Subsecretario de Gobierno, Ex Presidente del Partido de la Revolución Democrática, y actualmente Diputado Federal en la LXIII Legislatura.
Jesús Zambrano Grijalva

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