Liberalismo vs Proteccionismo. Buscando nuevas alternativas

Categoría: El punto es, EPSI29
abril 1 2017

Hoy más que nunca es evidente el agotamiento del modelo de desarrollo vigente, tanto a nivel nacional como mundial. A nivel global existen señales de estancamiento productivo, mayor inflación, y una gran incertidumbre sobre el futuro del orden económico y político prevaleciente. La reciente elección presidencial de Estados Unidos y el resurgimiento de gobiernos que promueven el proteccionismo, la xenofobia, y la intolerancia son el reflejo de las fallas estructurales del modelo globalizador no solo a nivel económico, sino también a nivel social y político. No se puede negar que el modelo globalizador ha sido muy exitoso en la generación de riqueza durante tres décadas; sin embargo, ha generado una excesiva concentración de la misma y una profunda desigualdad. De hecho, podemos identificar claramente la existencia de numerosos sectores que se han visto más beneficiados que otros con el proceso de globalización y expansión del libre comercio. Hoy día, los grupos más afectados han mostrado que empujarán cambios por vías tanto políticas como violentas, lo cual supone un gran riesgo a la estabilidad mundial. Hay que recordar que los ganadores en el modelo globalizador han sido los sectores exportadores y financieros más competitivos y no se incluyó a los sectores menos productivos y marginados, que con seguridad votaran contra el establishment cada vez que puedan.

En este contexto, el proteccionismo económico ha resurgido como una posible alternativa a las fallas del modelo basado en el liberalismo económico. Sin embargo, ninguna de las dos visiones parece ser una alternativa apropiada para un mundo interconectado y con agobiantes problemas de pobreza e inequidad que se deben resolver de manera urgente. Es decir, ni la profundización del liberalismo económico, ni el retorno al proteccionismo de la posguerra —enfoques que consideramos extremos—–parecen constituir una solución que pueda generar economías exitosas, dado que ambas visiones del mundo son parciales y varios de sus postulados son inoperantes en las actuales circunstancias económicas y sociales. Por ejemplo, en este momento sería impensable volver a una economía cerrada y fuertemente basada en el gasto público, como en la etapa de la posguerra.

Así, la interrogante principal es en qué aspectos debemos centrar un debate serio y científico sobre las características de un modelo de desarrollo alternativo viable, así como las medidas que permitan resolver lo más rápido posible la incertidumbre económica, política y social en la llamada “era Trump”. Una posible respuesta es que se debe implementar un modelo que represente un cambio de paradigma real y que procure resarcir los problemas que han tenido las dos estrategias que hoy están en decadencia y que, curiosamente, siguen siendo defendidas a capa y espada por diversos grupos de interés a nivel mundial, a pesar de la gravedad de los conflictos que han surgido. El desarrollo de un modelo alternativo no será rápido y mucho menos de fácil implementación en México, pero sin duda estamos ante una oportunidad excelente. Las políticas de Donald Trump nos han dejado como un país huérfano, pero con la libertad de iniciar acciones que redirijan nuestra economía de manera independiente y en una ruta diferente. Así, debemos salir de la zona segura y repensar los problemas específicos de nuestra economía y definir un objetivo claro. Este objetivo para México debe ser, sin duda, el empleo y el crecimiento económico con redistribución del ingreso en el contexto de una economía abierta.

Rosa Galindo

Quimerista, mixta/tela, 60 x 60 cm, 2014.

Este objetivo difícilmente se podrá lograr si nuestra respuesta ante la crisis consiste en medidas rápidas y parciales tales como solo buscar diversificar las exportaciones o atraer inversión a zonas especiales, lo que más bien parece una profundización de la estrategia promovida en las últimas tres décadas, más que un modelo de desarrollo con una visión integral. Se debe tener en cuenta que una estrategia que intente concentrarse nuevamente de manera casi exclusiva en el sector exportador quizá generará riqueza en algunos sectores pero estará condenada al fracaso y nos mantendrá vulnerables; del mismo modo, una estrategia basada en la intervención desmedida del gobierno, sin participación del resto de los agentes económicos y con una mayor cerrazón al exterior, tampoco es una solución viable. Para controlar los riesgos y ser exitosos se debe articular una estrategia acorde con las nuevas circunstancias de nuestro país. No se debe poner todos los huevos en una sola canasta. No podemos volver a poner a nuestra economía en función de un solo sector, así sea el exportador o el gobierno.

La nueva alternativa debe construirse desde ahora y pensando que la economía no tiene un solo motor. Cualquier libro de texto de economía básico señala que los motores del PIB —por el lado de la demanda — son el consumo privado, la inversión privada, el gasto de gobierno, y las exportaciones netas. Así, que no hay razón para que una nueva estrategia deba privilegiar un motor por encima de los demás, más bien se debe implementar una estrategia sinérgica y coordinada entre todos estos motores, identificando la manera de incidir sobre ellos en forma positiva y sin generar grandes desequilibrios macroeconómicos y vulnerabilidad externa. Así, en el diseño de un nuevo modelo se debería comenzar por incorporar una política encaminada a:

a. Elevar el consumo privado mediante el aumento de los salarios reales, aumentar el acceso al crédito, ofrecer tasas de interés bancarias competitivas, evitar la caída de remesas, y proponer otros mecanismos redistributivos.

b. Aumentar la inversión privada a través de la promoción del mercado interno, de tasas de interés competitivas, de acceso a crédito para la vivienda, y de gasto de gobierno en infraestructura y apoyo a las pequeñas empresas, que son las que generan más de la mitad de los empleos de nuestra economía. Estas pequeñas empresas pueden seguir en función del mercado interno pero es importante vincularlas a las cadenas de producción industrial.

c. Fortalecer el gasto público en infraestructura y maximizar su impacto en el PIB a través de mejorar la eficiencia y efectividad en la ejecución del mismo. No hay que olvidar que el impacto del gasto público y sus efectos multiplicadores está asociado a variables como el régimen de tipo de cambio, la estructura de la deuda pública, el tamaño de la economía, la corrupción, el grado de apertura comercial, etc. Así, la política monetaria y fiscal son muy importantes para dar curso a una estrategia apropiada.

d. Aumentar nuestras exportaciones y empresas exportadoras, diversificar nuestros mercados de exportación y la gama de productos exportables a precios competitivos. Debemos exportar mediante el impulso a nuevos sectores y nuevos productos con mayor valor agregado y componente tecnológico para poder insertarnos en la cuarta revolución industrial. Sin una política industrial claramente definida y una política cambiaria de soporte no será posible lograr una meta de desarrollo del sector.

e. Se deben sustituir importaciones con un enfoque moderno para reducir nuestra vulnerabilidad ante choques externos y para que el efecto multiplicador del gasto público no se fugue al exterior. Lo anterior en una economía abierta implica negociaciones bilaterales con los socios comerciales en las que se debe privilegiar la obtención de beneficios monetarios reales del intercambio para nuestro país.

Rosa Galindo

Pensamientos líquidos, mixta/tela, 60 x 60 cm, 2013.

Por el lado de la oferta, se debería promover la inversión en tecnología y educación que expande las capacidades de la fuerza de trabajo y el capital para producir de manera más eficiente y competitiva. Algunas pautas en esta dirección estarían dadas por:

a. Invertir en ciencia y tecnología aplicadas en sectores tecnológicos de punta.

b. Promover el acercamiento de las universidades con el sector privado y público.

c. Invertir en educación con una visión integral para preparar jóvenes que sean capaces de subirse al tren de la nueva revolución industrial.

En general, tiene sentido concentrarnos en innovar al articular un modelo que efectivamente implique una mayor diversificación de nuestros mercados de exportación, pero que no olvide que mientras no se resuelva el problema estructural del consumo privado interno y la inversión privada interna, siempre estaremos en una situación de vulnerabilidad ante shocks externos, que podría empeorar en un contexto de mal manejo de las finanzas públicas. El gasto en capital debe ser eficiente y tener límites bien delimitados para que sea un excelente instrumento de promoción económica. Así, la política fiscal, cambiaria y monetaria deberían estar en consonancia con el apoyo al mercado interno y al mercado externo. No se puede basar nuestra competitividad en mano de obra barata y con la inserción en las cadenas de valor mundial solo como un país maquilador, sin aportar valor agregado a los productos. Esto es extremadamente importante en el contexto de la cuarta revolución industrial que con seguridad será un torbellino que arrastrará a las economías que logren adaptarse, que tengan una industria moderna y sólida, y que estén preparadas para competir. Para implementar una estrategia alternativa no se puede pensar en profundizar las mismas políticas de las últimas décadas y excluir en la toma de decisiones a los principales agentes que la pueden llevar a cabo, de ahí la importancia de fortalecer nuestra democracia. Es el momento de entender bien el funcionamiento de nuestra propia economía y los factores que la impulsan y los factores que la vuelven vulnerable. Bajo esta premisa sí se puede desarrollar un mapa de ruta con visión integral que permita dar inicio a la creación de dicha alternativa que es necesaria no solo a nivel local sino también a nivel mundial. Innovar en los instrumentos económicos no implica crear estrategias parciales que solo atiendan uno de los problemas y sin objetivos bien trazados o implementar medidas que podrían profundizar nuestra situación de dependencia o generar nuevos desequilibrios. Se requiere identificar las variables críticas que se pueden controlar mediante la política económica y publica en una estrategia integral que genere incentivos reales para la inversión y el consumo y esto con objetivos claros y coordinados para que conduzcan a un resultado positivo.

No debemos olvidar que el objetivo debe ser la creación de empleo y mayor crecimiento económico en una economía abierta y competitiva y con participación del gobierno y la iniciativa privada mano a mano en el contexto de la globalización. Así, el debate en México debe cambiar y dejar de lado discusiones estériles que ponen al centro visiones ideológicas y de defensa del proteccionismo o del liberalismo económico y seguir reciclando las recetas de las últimas décadas. El debate debe ser concreto y claro sobre la estructura actual de la economía y la sociedad que tenemos y hacia donde queremos que vaya. El riesgo para México en la “era Trump” es carecer de una estrategia integral y no comenzar de inmediato a aplicarla.

 

Armando Sánchez Vargas

Armando Sánchez Vargas

Doctor en Ciencias Económicas. Investigador titular “A” en el Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM.
Armando Sánchez Vargas

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