Las promesas del capitalismo

Categoría: El punto es, EPSI24
junio 6 2016

Voy a hacer una exposición acerca de las principales contradicciones que yo estoy comprendiendo en nuestra sociedad cuando se empieza prácticamente el siglo XXI. Me imagino que tenemos dudas y contradicciones importantes a ser consideradas. La primera contradicción es las promesas que el capitalismo ha hecho básicamente hace 50 años, a partir de los años 70, cuando se presenta la promesa, en primer lugar, de una transición de una economía de un capitalismo industrial, para un capitalismo posindustrial. Hay una diversidad de literatura y de proyecciones, que refieren que esta transición permitiría construir una sociedad superior. Estamos a casi 50 años de esta transición, pero no es posible observar la construcción de una sociedad superior y acerca de eso me gustaría asociar algunas contribuciones.

También hay una contradicción importante que se realiza justamente en términos de la promesa de una transición del capitalismo de base material y un capitalismo de producción de alto carbono y, por tanto, una producción con límites drásticos al medio ambiente. Entonces hay una serie de promesas que nos hicieron: que sería posible hacer esta transición para un nuevo modelo de producción de bajo carbono. Estamos prácticamente a 50 años, salimos recientemente de la COP21, en Francia, pero los avances son muy pobres y no apuntan la perspectiva de facto de una superación de la sociedad, sino que camina prácticamente para un mundo con muchas dificultades en términos climáticos. Entonces, a mí me gustaría explorar, en la primera parte, los obstáculos para que estas promesas que se decía que sería posible hacer en el ámbito del capitalismo y que ahora, a más de 50 años, no se consigue ver una salida realmente suficiente.

Y la segunda y última parte me gustaría entonces hablar acerca de la tarea de la izquierda en este ámbito de contradicciones muy fuertes en términos de capitalismo; y básicamente entonces la necesidad de renovación del ámbito de la izquierda, porque no consigo ver que la trayectoria de izquierda y la experiencia que diferentes gobiernos en el ámbito progresista consiguieron ofrecer de forma sustentable frente a las contradicciones del capitalismo. Entonces son esas dos partes.

Empiezo desatacando que Carlos ya ha hecho una bellísima exposición describiendo la evolución de la problemática del desarrollo sustentable, pero yo tengo una visión un poco más crítica, vamos a hacer así. Si nosotros retornáramos al fin de los años sesenta, prácticamente con los movimientos insurgentes de los años 1968-69, en fin, de los años sesenta, hay un gran cuestionamiento al modelo capitalista en cuanto a su estabilidad y rigidez, desde el punto de vista de la capacidad humana. Este es un movimiento que empieza por la juventud y que cuestiona la posibilidad de la vida en que se empieza a ir a una fábrica antes de los 16, 17 años de edad y permanece empleado por 30 o 35 años, una vida sin sentido desde el punto de vista de los límites de trabajo que se observa y que se imagina que se figuró el periodo –que se dice– de los años dorados del capitalismo, básicamente de los años de posguerras, 45 o 46, a los inicios de los años setenta.

Entonces hay un cuestionamiento en este tipo de capitalismo en el que las personas pierden el sentido de la vida, no obstante, la mejor calidad de vida, el pleno empleo y una serie de cosas muy importantes que de facto la propia socialdemocracia ha hecho un gran esfuerzo en ese sentido. Pero un sentido que ocurre básicamente en el ambiente de la Segunda Guerra Mundial, un avance importante, pero básicamente concentrado en algunos pocos países europeos.

Entonces esta insurgencia que se ocurre al fin de los años sesenta eleva a una reacción, una respuesta organizada de los doctrinadores, los estudiosos y los protagonistas de la cultura capitalista en términos de una reforma. Tenemos una reforma, tu punto de vista de ver el futuro del capitalismo. Y nosotros tendremos una serie de publicaciones que pasan entonces a presentar el futuro del capitalismo como una gran posibilidad de construir una sociedad superior, y esta sociedad superior sería fundamentalmente la sociedad posindustrial. En una perspectiva evolutiva del capitalismo, pasamos de una sociedad agraria para una sociedad industrial desde la primera y segunda revolución industrial; estaríamos ahora en los años setenta, en una nueva revolución tecnológica a partir de la revolución del micro electrónica, después las tecnologías de la información. Recientemente el Foro Económico Mundial, el Senado de la derecha del gran capital, nos dice incluso que estamos en una cuarta reforma tecnológica, o sea, el determinismo tecnológico sería suficiente para consagrar un patrón de vida superior, una sociedad superior. ¿Y qué sería ese patrón de vida superior en una sociedad posindustrial? Sería básicamente una reducción dramática en el tiempo de trabajo.

Se decía incluso que con la introducción de las nuevas tecnologías más conocidas se permitiría tener más tiempo para nuestras familias, para una vida mucho mejor, diferente de estarnos vinculando o aprisionados en el tiempo del trabajo para meramente la sobrevivencia, del trabajo heterónomo, como se dice, entonces tendríamos tiempo para una vida con trabajo autónomo, un trabajo creativo, un trabajo noble. Y esto viene siendo construido, desde una perspectiva de la literatura de los grandes doctrinadores del capitalismo, de cómo el futuro sería mucho mejor porque estaría garantizando la paz industrial, estarían garantizados los derechos sociales consagrados, el movimiento posterior a la Segunda Guerra Mundial y ahora estaríamos pasando a una esfera superior.

Lo que nosotros estamos observando desde los años setenta y ochenta para acá es una reducción de los derechos, no hay una evolución positiva. Por lo contrario, es evidente que hoy los países más desarrollados del capitalismo son países que han presentado señales de regresión inquietantes, ya sea desde el punto de vista social, pues pasó de un aumento de la pobreza a un aumento de la exclusión de las políticas de garantías de ingreso, salud. Señales inequívocas de subdesarrollamiento. En la Europa y también, y sobre todo, en los Estados Unidos, cuyas señales de regresión en términos de la distribución de ingresos son evidentes. Diversos estudios de Piketty han demostrado esto. Como es muy claro el retroceso, por tanto estamos transitando en una sociedad de capitalismo industrial para un capitalismo posindustrial y que significa evidentemente las señales de regresión.

Incluso porque la base material de los países desarrollados, la base industrial, se ha reducido dramáticamente. No hay más industrias en estado avanzado en los Estados Unidos y en Europa, salvo algunas regiones. Alemania consigue resistir, pero los Estados Unidos es un país con más de 100 industrias, la baja industrial es dramática en los Estados Unidos. Europa y los Estados Unidos no consiguen avanzar su infraestructura, que es una infraestructura muy atrasada. Hay un reciente estudio de los ingenieros norteamericanos demostrando la dramaticidad en el problema de infraestructura.

Entonces esta transición del capitalismo industrial para un capitalismo posindustrial viene conducida justamente  del proceso de financiarización de la riqueza, de la dominancia financiera que ha hecho un aumento dramático y ha logrado un individuamiento del Estado, que sustenta la base de esta forma de valorización del capital. Y esta modificación del Estado, del Estado social para un Estado financiarizado, sustenta crecientemente un proceso de exclusión social y al mismo tiempo un aumento creciente del tiempo de trabajo o aumento de la jornada de trabajo. La intensificación del trabajo, las nuevas promesas profesionales, hay una agenda nueva que se establece a partir de estas mudanzas sustanciales en esta transición del capitalismo industrial para un capitalismo posindustrial.

Tenemos muchas más cosas acerca de este tema, pero me gustaría avanzar y colocar una segunda promesa que nos han dicho, pero hasta el momento no se ha concretizado, y que son las tesis de los límites de un crecimiento económico frente a la sustentabilidad ambiental.

Esta es una cuestión central, porque de facto los cambios climáticos nos presentan información al respecto de la marcha de la insensatez que nosotros estamos avanzando. No hay gran modificación en términos de los sistemas de producción y distribución de la riqueza, y sigue siendo un sistema productivo fuertemente anti sustentabilidad ambiental, 50 años después. No obstante el diálogo que es  conducido por la Organización de las Naciones Unidas, la difusión de investigaciones, el fuerte movimiento y todo lo que el tema de sustentabilidad ambiental convoca, el cambio central –que hace el cambio en los sistemas productivos–, en eso prácticamente no se ha avanzado.

Hay un esfuerzo de transformación hacia el capitalismo verde, hay un gran esfuerzo para que desde el determinismo tecnológico pudiéramos permitir dar un paso fundamental en términos de una economía de bajo carbono. Pero acontece que esto no se traduce prioritariamente en términos de la situación de las economías, y los índices de gravedad en términos del medio ambiente son dramáticos.

Es verdad que salimos de una visión neomalthusiana que el documento del Club de Roma presentó en la primera mitad de los años setenta. Entonces, se decía que no se podría crecer más, sobre todo en los países pobres; los desarrollados se mantendrían como estaban o muchos permanecerían como estaban. Esto es inaceptable; y por tanto las nuevas construcciones, desde el punto de vista de conocimiento, pasaron entonces al tema del desarrollo sustentable, pero esto es más un concepto teórico, pero poco avanzado en términos prácticos, en temas concretos.

¿Y por qué estas cosas no avanzan? ¿Por qué son promesas que no se cumplen y posiblemente difícilmente se cumplirán en el ámbito de la perspectiva del capitalismo del inicio del siglo XX? Yo pienso que hay por lo menos dos acontecimientos importantes. El primero es el cambio de un modo de ejercicio de la hegemonía del capitalismo de los Estados Unidos, Estados Unidos ha hecho un cambio fundamental a partir de los años ochenta. Es posible verificar que la posición de los Estados Unidos, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta los años setenta, era una nación que en cierta forma aceptaba la autonomía de las políticas nacionales de otros países. Hay que recordar que el Acuerdo de Breton Woods, en 1944, fue suscrito con la presencia de 44 países, o sea, hasta 1950 el mundo conocía nomás 50 países. Éramos una herencia de la Inglaterra, un mundo de imperios y colonias y prácticamente políticas nacionales no existían. Claro, existía acá México y existía Brasil, pero nosotros no teníamos políticas nacionales, políticas nacionales de salud, políticas nacionales de transporte, políticas nacionales financieras. Hay un cambio importante y por tanto a partir del sistema de Breton Woods, de la transformación del dólar, circunscrito a equivalencia al oro. Y eso daba por lo tanto condiciones diferentes de desarrollo nacional.

¿Qué acontece después de los años setenta, con el fin de la paridad del dólar y el fin del sistema Breton Woods? Nosotros tenemos hoy una posición imperial de los Estados Unidos: impone su política monetaria, nuestros países no tienen autonomía en la política monetaria, un poco fuera de China. Cualquier mudanza, cualquier cambio en la política del Banco Central de los Estados Unidos, exige una alteración inmediata en la política fiscal y monetaria de nuestros países, perdemos la autonomía para hacer políticas desarrollistas.

Entonces este cambio en la posición y en el ejercicio de la autonomía de los Estados Unidos colocó gran dificultad para hacernos un tipo de desarrollo menos agresivo, como se está observando, y las imposibilidades por tanto del progreso técnico se traducen en la elevación de la calidad de vida del conjunto de la población.

Paul Achar, El Punto Sobre la i

Tiempo, óleo/tela, 100 x 80 cm.

El segundo problema, me parece, está asentado en la híperconcentración de las grandes corporaciones transnacionales. El proceso de globalización es un proceso incluso estimulado por los Estados Unidos para la apertura de los países y para la imposición de sus grandes empresas. Hoy estamos gobernados solamente por 500 grandes corporaciones trasnacionales, 270 de ellas son norteamericanas. Es verdad que Estados Unidos no tiene las industrias básicamente en sí solo, pero tiene esas industrias y solo de otros países. Estas grandes corporaciones son más importantes y más ricas que los propios países. Solamente hay seis países con sus presupuestos mayores que los facturamientos de las grandes corporaciones trasnacionales.

Brasil hasta el año pasado era la séptima economía más importante, más grande, del mundo; pero la sumatoria del facturamiento de las cuatro mayores corporaciones trasnacionales equivalía al Producto Interno Bruto de Brasil. Estamos viviendo un cuadro en el que no son los países que tienen empresas, sino las empresas que tienen países, y esa es una transformación profunda del capitalismo y es al mismo tiempo un constreñimiento que, por ejemplo, hace fundamental una sociedad sustentable ambientalmente, porque son estas 500 grandes corporaciones las que dominan el sistema productivo y su distribución, y estas grandes corporaciones no son parte de acuerdo nacional o supranacional, entonces tenemos dos grandes obstáculos para concretizar las promesas que se imaginaron ser imposible de ser realizadas a partir de los años setenta en el ámbito del capitalismo.

Y voy a dar los últimos minutos para tratar la segunda cuestión, y que es: a la luz de esta situación, de las promesas presentadas en el ámbito del capitalismo y en la dificultad de su cumplimiento, ¿cuál será la tarea de la izquierda? Imagino que tenemos una tradición o una herencia que no podemos abandonar, pero es insuficiente para dar cuenta de esta nueva realidad. No podemos dirigir el coche apenas observando por el retrovisor porque el retrovisor es importante para ver a los otros atrás, pero precisamos una visión de futuro, una visión de horizonte más largo, y esto es fundamental porque la izquierda de manera general está presa a dos visiones extrañas al pensamiento de la izquierda, me parece.

La primera, la integración de la visión de la izquierda al predominio de la perspectiva posmoderna, la perspectiva posmoderna fragmentó la visión de la sociedad. Hay una visión fragmentada, parcializada, una visión que no permite tener una concepción totalizante del problema de la realidad. Esa visión segmentada de los niños, de las mujeres, de los negros, de los viejos, todo eso es importante, pero no está más colocada a la cuestión de clase, no hay una perspectiva totalizante, y por tanto a las acciones o a las políticas de los miembros de la izquierda es una acción fragmentada que no consigue articular las partes.

Cierto, esa es una cuestión dramática, porque estamos cada vez más en una perspectiva de los especialistas. Todo mundo en el ámbito de conocimiento quiere ser un especialista, pero en el capitalismo del siglo XXI el especialista no es aquél que sabe cada vez más de cosas, sino: “Yo soy especialista en el hoyo derecho, pero no sé nada del hoyo izquierdo”. La especialización es importante, pero no permite universalizar los conocimientos de las partes y esto nos hace cada vez más impulsores de una visión parcial y no totalizante. En la perspectiva de una acción de clase, no se habla más de la clase trabajadora. En mi país incluso se introdujo en el ámbito de la izquierda la perspectiva de la nueva clase media, una perspectiva brasileña, más que el Banco Mundial y el FMI han difundido por el mundo.

Hay otro problema desde el punto de vista de comprensión de la realidad del ámbito de la izquierda, me parece, con la perspectiva cortoplacista. Estamos operando como si se estuviera en la misma lógica de los bancos, de las bolsas de valores y para comprender qué opciones vamos a hacer en términos de decisiones de acción, de compra de moneda y de cosa de ese tipo. Pero en los países no se puede operar bajo la misma lógica; las personas toman decisiones observando el largo plazo para empezar a tener hijos, comprar habitaciones; son perspectivas de largo plazo. Las empresas al mismo tiempo, la decisión de crecimiento y ampliar empresas es de una dificultad enorme, como decía Keynes, es prácticamente un salto triple el tomar la decisión de crecimiento, porque existe una relación con los próximos dos, tres, cuatro o cinco años. Los gobiernos también están para gobernar durante cuatro, cinco años o más.

¿Y cuál es por tanto una visión de largo plazo? Estamos muy comprometidos con el cortoplacismo y esto no representa la posibilidad, yo diría, para responder la demanda que hay de la sociedad por posiciones y por políticas en el ámbito de las izquierdas. Entonces, romper con estas visiones, visión posmoderna y visión de cortoplacismo, es un paso importantísimo para ofrecer a la sociedad una perspectiva de izquierda ante la gente, una perspectiva totalizante de medio y de largo plazo.

La otra cuestión que me parece importante, desde el punto de vista de la perspectiva de la izquierda, es el entendimiento completo de lo que se pasa en el ámbito de la clase trabajadora. Somos prisioneros de una perspectiva de clase trabajadora del siglo XIX y del siglo XX. La perspectiva es la conservadora industrial, pero ya no hay más una clase trabajadora industrial. Lo que más aumenta en nuestros países son los trabajadores de servicios, los trabajadores del sector terciario de la economía. De manera general, el 70 u 80% de los empleos, retirando la cuestión de Asia que es otro tema, pero en el ámbito de nuestros países, el 70 u 80% del empleo viene de los servicios, del comercio, y su trabajo y material es de otra naturaleza.

No es la misma perspectiva del trabajo material que el trabajo que hay. En el primero el esfuerzo físico y mental del hombre y la mujer resultan en algo concreto, la construcción civil, un predio inmueble en la industria, una vestimenta, un automóvil; en la agricultura, la producción alimentaria, etcétera. Pero los servicios no dan materialidad. Puede parecerme que lo que yo estoy haciendo acá es trabajo, pero este trabajo no es posible ser tejido, pesado, no, cuando pegamos cualquier cosa, este que es un teléfono, que trae materiales de acá, pero 90% de su valor es trabajo inmaterial, es tecnología, la propaganda, el marketing, esa es la nueva clase trabajadora y que tiene nuevas cuestiones para lo cual nosotros no tenemos una agenda completa.

¿Cuáles son los desafíos para el trabajo inmaterial? La perspectiva de trabajo es con menos tiempo de intensidad, porque las personas están trabajando en un trabajo, pero con teléfono celular, con internet, y esto transporta el trabajo para otro lugar. Investigaciones con trabajadores de trabajo inmaterial demuestran que la jornada de trabajo es una jornada que no tienes más descanso semanal sábado y domingo, porque siguen trabajando con la presencia de los celulares. Aquí veo nosotros también utilizando el internet, estamos aquí asistiendo, pero también estamos trabajando, y es una intensificación brutal del trabajo, y esa intensificación brutal de trabajo viene acompañada de nuevas promesas profesionales. El aumento de la depresión trae dramáticas consecuencias a quien está sometido a esta nueva forma de explotación de trabajo.

¿Y cuáles son las nuevas propuestas? La perspectiva de la formación permanente, estamos en el cambio demográfico, estamos caminando por una sociedad que va a vivir 100 años de edad. La misma cosa que aconteció al inicio del siglo XX con la perspectiva de una sociedad agraria: ésta tenía como expectativa de vida de 34 o 35 años de edad, y con la sociedad industrial se pasó para 60 años de edad.

En esta cuestión del aumento en la expectativa de vida, ¿cómo se coloca la gestión de la jubilación? La jubilación es una gran conquista de los trabajadores del fin de siglo XIX para salir de un mercado de trabajo, ¿pero que está aconteciendo con las personas que completan 60 o 70 años y tienes requisitos para jubilación? Se jubilan y preservan el beneficio, pero siguen trabajando, aunque son nuevas, de corriente de trabajo y material que es una nueva perspectiva.

El cambio en la estructura de las familias: las que más crecen son las familias monoparentales, familias de un adulto y de un niño. No hay más diálogo, la sociabilidad en las familias no es la misma de 30 o 40 años atrás, de las familias de dos adultos y dos o cuatro niños. ¿Cómo se construye la sociabilidad en esa perspectiva? O sea, hay muchas cuestiones nuevas colocadas para el cambio interior de la clase trabajadora y para cuando nosotros precisamos estar muy atentos porque hay deseos y expectativas de la clase trabajadora que nosotros no conseguimos ofrecer con discursos antiguos, una perspectiva de que es posible retomar el pasado, y no nos estamos guiando de una nueva realidad.

Marcio Pochmann

Marcio Pochmann

Fundación Perseo Abramo, Brasil.
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