La política exterior mexicana frente a la presidencia de Donald Trump

Categoría: El punto es, EPSI29
abril 1 2017

Durante las tres semanas siguientes a la toma de protesta de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, el 20 de enero de 2017, se ha visto confirmada su decisión de cumplir sus promesas de campaña, por insensatas e inapropiadas que sean. Los comentarios agresivos y las declaraciones hostiles sobre México y los mexicanos, una constante en el discurso de Trump desde las elecciones primarias del Partido Republicano, han continuado y se han agravado con un trato inaceptable al gobierno mexicano.

El incidente que provocó la cancelación del viaje del presidente Enrique Peña Nieto a Washington, previsto para el 31 de enero, es un buen ejemplo del desprecio del presidente estadunidense hacia las viejas reglas de la diplomacia, entre las cuales se encuentra no humillar a la contraparte. Este es el significado del hecho de que, mientras los enviados del gobierno mexicano, el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, y de Economía, Ildefonso Guajardo, se encontraban en Washington para iniciar los trabajos previos al encuentro entre los jefes de Estado de los dos países, Donald Trump firmara la orden ejecutiva para la construcción del muro fronterizo prometido durante la campaña electoral a sus vociferantes seguidores.

Para detener el flujo de migrantes indocumentados, Trump ha planteado la construcción de un muro a lo largo de la frontera México-Estados Unidos, la cual tiene una longitud de 3 mil 152 kilómetros.1 La propuesta suena descabellada por las dificultades para su construcción y el costo que implicaría, pero debe considerarse que ya existe una valla fronteriza a lo largo de cerca de 600 kilómetros, que comenzó a construirse durante el gobierno del presidente Clinton, la cual cuenta con medidas de seguridad que utilizan tecnología de punta para frenar el paso de inmigrantes indocumentados. El cálculo de cuánto costará la construcción es de una erogación cercana a 8 mil millones de dólares, y que “México tendrá que pagar”. Esta posibilidad ha sido rechazada de forma reiterada por el presidente mexicano, sin mover a Donald Trump de su intención.

No sorprende entonces que entre las acciones del nuevo gobierno se encuentre la deportación de indocumentados mexicanos. Durante su campaña había hablado de deportar a 11 millones de indocumentados, cifra muy cercana de los 11.1 millones de inmigrantes “no autorizados” que calcula el Pew Research Center2 hay actualmente en territorio estadunidense. En la segunda semana de noviembre de 2016, en un programa de televisión, Trump anunció que deportaría entre 2 y 3 millones de mexicanos con antecedentes penales. Sin embargo, se ha visto que se está deportando a indocumentados mexicanos que están muy lejos de ser los criminales y violadores a los que se ha referido. Según las cifras conocidas hay alrededor de 600 mil mexicanos presos o con antecedentes penales en Estados Unidos, por lo que los restantes 2 millones 400 mil candidatos a ser deportados son, como ha comenzado a verse, los mexicanos sin papeles que han cometido faltas administrativas, como alguna infracción al reglamento de tránsito.

Es importante señalar que el número de deportaciones durante el gobierno de Barack Obama, durante sus dos períodos, fue el mayor en décadas: 2 millones 768 mil 357 entre febrero de 2009 y agosto de 2016.3 Por lo tanto, esta medida se ha venido utilizando desde años atrás de manera ininterrumpida y el actual gobierno está siguiendo el procedimiento aplicado durante la administración de su antecesor. Como consecuencia de la política de inmigración del gobierno demócrata, se evidenció que la migración mexicana no autorizada ha declinado desde 2009, cuando alcanzó la cifra de 6.9 millones; cinco años después, en 2014, se calculaban 5.8 millones de mexicanos indocumentados en Estados Unidos. A pesar de esta caída, la cifra de 11.1 millones de inmigrantes no autorizados se mantiene estable por el incremento de los que llegan de Asia, América Central y África Subsahariana. Pero los mexicanos siguen constituyendo la mayoría de este grupo poblacional: 52% del total.4

Rosa Galindo

Vidas maquiladas, mixta, 60 x 60 cm, 2015.

El otro gran tema de controversia en las relaciones méxicano-estadunidenses es el comercio exterior, en particular el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Trump se ha referido a este como el peor tratado firmado por Estados Unidos en su historia; ha propuesto impuestos a la importación de productos mexicanos (aranceles del 35%) y ha intentado disuadir a empresas que operan en México, principalmente del sector automotriz, de ampliar sus inversiones en 2017, con el objetivo de que estas se hagan en Estados Unidos, y cumplir su promesa de crear nuevos empleos en la industria manufacturera de este país.

Cabe preguntarse por qué la frustración ante el TLCAN, un acuerdo trinacional que ha traído beneficios para todas las partes. Algunas cifras podrían ayudarnos a tratar de entender cuál es, dentro de la visión simplista de Trump, la amenaza que México representa para la economía estadunidense.

El comercio exterior mexicano se ha transformado profundamente a partir de la entrada en vigor del TLCAN en enero de 1994. En términos de su composición el peso de las exportaciones de materias primas, en particular de petróleo crudo, se ha reducido de forma muy importante.

En 2015, según cifras de la Secretaría de Economía, las exportaciones petroleras representaron apenas el 6.1% de las exportaciones totales, cuando en 1981 representaban las dos terceras partes del total. En la actualidad, 89% de las exportaciones está compuesto por productos manufacturados. Por el lado de las importaciones, el 8% son productos petroleros, resultado de los problemas que enfrenta Pemex, mientras que en términos de su composición, el 75% son bienes de uso intermedio, es decir, insumos para la producción.

El otro gran cambio tiene que ver con el saldo de la balanza comercial. El déficit que históricamente había registrado el comercio de México con Estados Unidos se transformó en un abultado superávit. En 2015, las exportaciones enviadas a Estados Unidos sumaron 308,890.7 millones de dólares, mientras que las importaciones adquiridas en el mercado estadunidense fueron de 186 mil 802 millones de dólares. Es decir, un superávit para México de 122,088.7 millones de dólares, en el marco de un crecimiento de los intercambios comerciales, entre 1993 y 2015, de 500 por ciento.

En este contexto, podríamos esperar que una hipotética cancelación del TLCAN sería un riesgo mayor para la economía mexicana. Entre sus amenazas, Trump no ha hablado de poner fin al tratado, sino de renegociarlo. Sin embargo, bien podría ser una salida para México antes que aceptar una mala negociación en la cual no sean atendidos los intereses del país. El problema de una renegociación del TLCAN es que el presidente de Estados Unidos no está dispuesto a conocer el punto de vista de su vecino y considerar sus demandas, lo cual permite plantear como un posible escenario un rechazo a aceptar las propuestas de la parte mexicana en una nueva negociación. Esta sería, sin duda, una postura extrema.

Salir del TLCAN sería, sin duda, una postura extrema.5 Hasta ahora, como ocurre normalmente en las negociaciones diplomáticas, México ha mostrado su disposición a negociar. Un tratado que ha estado vigente más de 20 años ha mostrado aquellas áreas que tendrían que atenderse para que los objetivos originales o recientes puedan cumplirse. Por lo tanto, hay aspectos del tratado cuya renegociación traería beneficios para todos los signatarios. Aunque no debe ignorarse que en la negociación con Estados Unidos es probable que México esté solo, porque el embajador canadiense, la tercera parte en el TLCAN, considera que su gobierno estaría dispuesto a sentarse a la mesa con Estados Unidos y México para renegociar algunos capítulos. En una conferencia en El Colegio de México consideró que “nosotros (los canadienses) no estamos apurados, vamos a esperar a nuestros socios mexicanos y estadunidenses”.6  Después de la entrevistas de Donald Trump con el primer ministro Justin Trudeau, no hay duda de que el trato a ambos países va a estar claramente diferenciado.

Mientras la incertidumbre acerca del futuro del TLCAN se mantiene,  la economía mexicana seguirá enfrentando los efectos negativos derivados de presiones del exterior, aunque tal vez con menor fuerza que las vividas en fechas recientes. A pesar de las dificultades que estamos enfrentando y enfrentaremos los mexicanos en los próximos meses y tal vez años, cabe esperar, como de hecho está comenzando a ocurrir, que el presidente de Estados Unidos no pueda actuar tan libremente como piensa. Poco a poco las instituciones democráticas están reaccionando al inesperado triunfo de un recién llegado a la política del todavía país más poderoso del mundo.

El gobierno mexicano está obligado a formular una política exterior para la nueva etapa que ha abierto la llegada a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump. La negociación del TLCAN en 1991 di inicio paralelamente a negociaciones comerciales con diversos países y regiones del mundo, primero en la región latinoamericana para paulatinamente ampliarse a otros países, con algunos de los cuales se tenían acuerdos bilaterales vigentes de comercio y/o inversión para convertirlos en tratados de libre comercio. En la actualidad son 12 tratados de libre comercio en vigor que involucran a 46 países de Centroamérica, América Latina, la Unión Europea, la Asociación Europea de Libre Comercio, Israel y Japón. Hace un año, en febrero de 2016, se firmó el Tratado de Asociación Transpacífico (TPP) por 12 países de la Cuenca del Pacifico7, el cual está en proceso de ratificación, pero su destino es incierto debido al rechazo de Trump a la participación de Estados Unidos en este tratado impulsado por el presidente Obama.

Para México es el momento de plantearse con seriedad las condiciones para dar viabilidad a la red de tratados de libre comercio creada a lo largo de cinco lustros, en la cual destacan los avances de la integración en la Alianza del Pacífico (Colombia, Chile, Perú y México) alentados en buena medida por la expectativa de estar en mejores condiciones de competir con los países del Pacífico asiático. Es tiempo también de finalizar la tarea iniciada en 1991 de definir la política exterior de México en el siglo XXI, la cual no puede centrarse, como pretendió hacerse en algunos momentos del pasado reciente,  en la relación con Estados Unidos.

 

 

1 INEGI, Referencias geográficas y extensión territorial de México [consultado el 13 de febrero de 2017]. http://tinyurl.com/jznxguh

2 Jeffrey S. Passell y D´Vera Cohn, “Overall Number of U. S. Unauthorized Inmigrantes Holds Steady Since 2009” [consultado el 12 de febrero de 2017]. http://tinyurl.com/hvyqz7j

3 Jorge Cancino, “Obama es el presidente que más ha deportado en los últimos 30 años”, Univisión, 25 de agosto de 2016 [consultado el 26 de noviembre de 2016], http://tinyurl.com/z6lvzdc

4 Jeffrey S. Passell y D´Vera Cohn, “Size of U. S. Unauthorized Immigrant Workforce Stable Since Great Depression”, op. cit.

5 La posibilidad de poner fin al tratado está prevista en el artículo 2205 del TLCAN, el cual prevé la Denuncia del mismo, en los siguientes términos: “una Parte podrá denunciar este Tratado seis meses después de notificar por escrito a las otras Partes su intención de hacerlo. Cuando una Parte lo haya denunciado, el Tratado permanecerá en vigor para las otras Partes”. Secretariado del TLCAN, Texto legal del Tratado de Libre Comercio de América del Norte [consultado el 14 de febrero de 2017], http://tinyurl.com/jtpx22a

6 Pedro Villa y Caña, “Canadá, dispuesto a discutir TLC: embajador”, El Universal, 15 de noviembre de 2016  [consultado el 27 de noviembre de 2016], http://tinyurl.com/hakcpel

7 Australia, Brunéi Darussalam, Canadá Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México Nueva Zelandia, Perú, Singapur y Vietnam.

 

 

 

Laura del Alizal Arriaga

Laura del Alizal Arriaga

Profesora investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa. Doctora en Estudios Políticos por la Universidad de París X-Nanterre
Laura del Alizal Arriaga
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