La juventud rural frente al mundo neoliberal

Categoría: EPSI39, Otros puntos
diciembre 17 2018

En México, y en general América Latina, se vive una de las mayores crisis civilizatorias1 de los últimos tiempos, una especie de holocausto sistemático que se mimetiza en la oleada migratoria, exclusión social, pobreza extrema, desapariciones forzadas, feminicidios, criminalización a la protesta, muerte a jóvenes activistas, estudiantes, periodistas, defensores de derechos de la naturaleza y de la misma humanidad, que ponen de manifiesto el actual escenario caótico de un Estado fallido que ha sido superado por el crimen organizado y todas sus implicaciones, bajo un modelo económico-político denominado Neoliberalismo.

¿Qué es y cómo opera el Neoliberalismo?

El territorio mexicano es conocido en el mundo, por ser una de las mayores reservas de recursos naturales, paisajes, atractivos turísticos, y que cuenta con un pasado milenario y una riqueza cultural, además de poseer una población trabajadora que todos los días sale a ganarse la vida. A pesar de que se cuenta con un potencial enorme para satisfacer las necesidades básicas, y tener por lo menos una vida digna, es difícil creer que la mayor riqueza de todo un país esté concentrada en unas cuántas familias.

Nuestro país vive uno de los mayores deterioros de la historia, una crisis económica, política, cultural, social, educativa, medio ambiente, seguridad y la soberanía. El ingreso se ha concentrado en unos cuantos, por ejemplo los nueve multimillonarios más rico de México acumularon en 2011, una fortuna de 124 mil 500 millones de dólares (mdd), eso representa el 10% de la riqueza producida en el país, en cambio el 60% y más de los mexicanos y mexicanas vivieron debajo del umbral de la pobreza extrema2.

El descontento social y la indignación ciudadana no se ha hecho esperar, y diversos acontecimientos, organizaciones se han generado a lo largo y ancho del país para denunciar y hacer visible la crisis social de un Estado que se encargó de lacerar a la población, de vender nuestros territorios3 a la iniciativa privada y de judicializar las vidas de distintas generaciones en especial la de los y las juventudes rurales, indígenas, campesinas, urbanas, que en los diversos movimientos sociales y luchas alternativas se han conformado como actores críticos y políticos, para exclamar su sentir y su papel frente al modelo económico que nos ha excluido.

Pero ¿qué es lo que ha provocado esta situación de crisis que tiene a la juventud rural en una incertidumbre social? En México cada vez hay menos empleos, formas dignas de ganarse la vida, a mucha gente no le perece escuchar esto, se piensa que si ignoramos la situación estaremos mejor, pero es inevitable ver en los bolsillos como un billete de cien pesos no es absolutamente nada al día, y hay que prescindir de ciertos productos, quitarlos de la canasta básica y eso afecta a la salud, al rendimiento escolar, al trabajo lo que conlleva a decir que nuestra calidad de vida es cada vez peor.

Hace 35 años se nos impuso una forma de ver el mundo que se caracterizó por la siguiente premisa: “los mercados resolverían todos los problemas de la pobreza”. En el caso de México la bandera del “libre mercado” fue iniciado por el expresidente de México Miguel de la Madrid, y llevado a su mayor ejercicio por Carlos Salinas de Gortari –ambos representantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) –. Desde entonces, a la sombra del poder político y del erario público se amasaron grandes fortunas, todo con la privatización de empresas públicas y recursos naturales de la nación.4

En este sentido, la crisis social de nuestro país es un problema estructural más profundo que implica, por un lado, un orden económico y una clase empresarial dominante (aunque no todos los empresarios en general, porque hay empresarios que han arriesgado su capital para un trabajo productivo). Un sector en particular, la oligarquía, no sólo gobernó, sino que también especuló con el monopolio de la renta, con la depredación del medio ambiente y la explotación del trabajador. Estos empresarios que tienen el poder económico capturaron el poder político, y el resultado fue una gran concentración de ingresos y una correlación de poder desigual.

Por otro lado, se dio un proceso de devaluación de la población, es decir, se le ofreció a la burguesía mexicana el negocio de insertarse en la economía global, y ese negocio consistió básicamente en vender petróleo y luego vender turismo, una fuente de mano de obra más barata para reducir todas las condiciones laborales a los trabajadores de Estados Unidos. Asimismo este modelo que se empezó a aplicar en el mundo a mediados de los años setenta (no así en México) definía que había que apostarle a la privatización, apoyar a los de arriba a tener mayor capital y, una vez acumulando, éste permearía el resto de la población, y para que esto sucediera se les tenía que entregar los bienes de la nación.

¿Pero qué tipo de bienes o de riqueza han permitido las instituciones que se acumulen? Uno pensaría que esta riqueza no es precisamente la que se hace de manera honesta, produciendo y haciendo inversiones; por el contrario se trata de aquella que se obtiene mediante los monopolios excluyentes. Es decir, el Estado mexicano controló completamente la banca, y hoy el sistema financiero ha sido privatizado de nueva cuenta, pero es importante saber que el sistema financiero es la fuente de acumulación especulativa más grande de la humanidad entera.

Lo anterior significó que estas grandes corporaciones económicas operaran legalmente mediante reformas en el Código Fiscal. Y es que, de hecho, lo que hacen no es ilegal, se sustenta en regímenes legales de excepción5 que les permiten por ejemplo pagar menos impuestos sobre la renta que un profesionista liberal, un investigador, un maestro, un médico, un abogado, un trabajador, un joven estudiante. Ellos no pagan en proporción a los beneficios que obtienen, esa es una vía que les permite acumular riqueza.

El neoliberalismo es todo un proceso de destrucción de una parte de lo que fue la industria nacional, en el sector metalúrgico, ferrocarriles, bancos, vías aéreas. Una forma corrupta, siempre además teñida al estilo mexicano de heredar a los primos, cuates, amigos, socios, parte de los bienes de la sociedad. Este modelo avanza en su salvajismo, en su barbarie en su máxima expresión y aceleración que la caracteriza; es decir, se empieza con las desincorporaciones, la venta de entidades de propiedad pública, el saqueo descarado, el despojo forzado, contratos excepcionales que permiten transferir muchos miles de millones de dólares de la propiedad pública a la propiedad privada.

Aunado a la anterior, han sido las preventas, los apoyos ilegales, las leyes monopólicas, las concesiones fraudulentas, las que han construido el gran capital en este país, siempre a la sombra del favoritismo, de la concesión para que tengas una televisora toda tú vida, la utilización del Estado como el gran financiador de la riqueza privada y de la oligarquía. Los medios de comunicación han jugado un papel fundamental, para convencer a la población rural juvenil de que no hay otra alternativa al modelo económico-político que el neoliberalismo.

Yolanda Quijano

Violencia, precariedad y exclusión social de la juventud rural

En el campo, la vida rural de los campesinos y campesinas es cada vez más precaria. Las políticas públicas neoliberales abandonaron estratégicamente las tierras, generaron programas de asistencialismo para mejorar supuestamente las condiciones de la siembra; sin embargo, las tierras han quedado abandonadas, el tejido social se ha roto y la organización interna de las comunidades con estos programas han dividido a la población, convenciéndolos de que es mejor vender sus tierras y migrar a otras ciudades o lugares con un mayor ingreso económico.

Lo anterior nos hace pensar que todo ha sido una migración estratégica para que los campesinos y campesinas, los jóvenes rurales abandonen estos espacios que guardan en el fondo grandes recursos naturales, como el agua y minerales, o son campos fértiles para megaproyectos como la minería, represas, eólicas, o bien sirven como campo de cultivo y de tránsito al crimen organizado.

Podríamos pensar que la lógica neoliberal es una violación masiva de derechos humanos a la población rural, indígena, afrodescendiente, porque detrás se encuentran las intenciones empresariales de reapropiarse de los territorios que actualmente están en manos de poblaciones campesinas y marginadas, y para que esto suceda, todo el esquema legal se ha estado diseñando a través de reformas estructurales, que legalicen y protejan estos intereses económicos y mediáticos de individualismo posesivo y de acumulación. Para desestabilizar el tejido social comunitario, desgastar los lazos de solidaridad y de las redes que antes existían en nuestro país. Estamos hablando entonces, de un proceso y un modelo económico-político que atenta de manera violenta contra el mundo rural.

Uno de los acontecimientos coyunturales que ha reflejado, los efectos del modelo neoliberal en los últimos años, ha sido el despojo de los territorios y la disputa de los mismos por el crimen organizado. A partir de la supuesta guerra contra las drogas que declaró el entonces presidente de México Felipe Calderón Hinojosa, del Partido de Acción Nacional (durante su mandato 2006-2012), se incrementó la muerte artera e impune de decenas de miles de jóvenes activistas y defensores de los territorios, lo que evidencia un fenómeno sistemático llamado juvenicidio6.

Ser joven en el mundo neoliberal alude a una condición en la cual se asesinan sectores o grupos específicos de la población joven, que “atentan” contra los intereses de los empresarios, instancias gubernamentales, grupos policiales, paramilitares, que obstaculizan, según ellos, el “progreso” y el “desarrollo” que traen consigo la iniciativa privada.

Para los grandes intereses capitalistas de corte neoliberal, las muertes sistemáticas de jóvenes traen consigo la instalación de un orden social; lo que nos obliga a pensar en escenarios más complejos, que incluyen procesos de precarización económica y social, estigmatización y construcción de grupos, sectores o identidades juveniles desacreditadas, que mediante las reformas estructurales puedan legalizar la vida y la muerte de la población joven, quienes han mostrado procesos de resistencia en los últimos años.

De ahí que los sucesos de Iguala, Guerrero, donde murieron 6 personas y 43 estudiantes fueron víctimas de desaparición forzada, por elementos policiales con la complicidad de militares y funcionarios, sean los marcos del terror que el neoliberalismo aplica en contra de quienes se crucen en su camino. El 26 de septiembre del 2014, bajo la administración priista del aún presidente de México Enrique Peña Nieto, se presentó uno de los mayores acontecimientos violentos, que puso en evidencia ante los ojos del mundo, la dictadura perfecta de un Narco-Estado. Los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, tomaron camiones urbanos en Iguala, Guerrero, con la finalidad de trasladarse a la Ciudad de México y hacer acto de presencia en la marcha conmemorativa y estudiantil del 2 de octubre de 1968, pero fueron interceptados por la muerte, que manejaba en esos días patrullas y camiones del ejército. Los sucesos de Ayotzinapa constituyen lo que hemos denominado juvenicidio, un proceso que implica una condición persistente que ha costado la vida de decenas de miles de jóvenes en México y de cientos de miles en América Latina.

Desde la perspectiva del modelo económico-político neoliberal, el juvenicidio posee diversos elementos constitutivos que incluyen la precarización, pobreza, desigualdad, estigmatización, criminalización a la protesta, que desdibuja los referentes dicotómicos entre el bien y el mal, lo que permite a los asesinos matar sin mayores cargas emocionales. La adulteración del Estado y de las instituciones de administración de justicia7 que producen y reproducen corrupción e impunidad como forma cotidiana de funcionamiento con el pretexto de combatir al llamado crimen organizado, sin embargo ha funcionado como estrategia que limita los espacios sociales de libertad.

La precarización de la vida de las juventudes rurales, indígenas, campesinas, urbanas, su ampliación de su vulnerabilidad económica, social, política, cultural, el aumento de su indefensión ciudadana por las reformas estructurales y la disminución de opciones disponibles para que puedan desarrollar proyectos viables de vida, es algo de lo que nos enfrentamos en la cotidianidad.

Yolanda Quijano

Consideraciones finales

A pesar de esta condición juvenil, aún creemos en la coyuntura social y que, si bien hechos como los de Iguala se siguen repitiendo en muchos lugares del país, es importante dar a conocer el panorama profundo que recorren hoy en día diversos escenarios latinoamericanos: “nos están matando” es uno de los gritos de denuncia y de visibilidad, que el sistema capital-neoliberal trata de callar y silenciar desapareciendo cuerpos, borrando cualquier rastro, eliminando la memoria colectiva.

Pensar en los acontecimientos de los jóvenes estudiantes rurales obliga a construir una reflexión más amplia que nos permita entender la descomposición del Estado y cómo el llamado crimen organizado ha permeado una parte importante de las instituciones y de la vida social y que posee en el juvenicidio una de sus consecuencias más dolorosas. Las juventudes rurales, campesinas, indígenas, urbanas dentro de un modelo económico-político neoliberal con todas sus características mencionadas al inicio, indican que se han repartido las ganancias de los recursos naturales, de los territorios, y que sólo nos queda defender el territorio más importante, nuestros cuerpos hechos territorios de lucha.

 

 

1 Armando Bartra, “Tiempos turbulentos” en El hombre de hierro. Límites sociales y naturales del capital en la perspectiva de la Gran Crisis. México, UACM, Itaca y UAM, 2014, p. 245-276.

2  Ibíd.

3 Claude Raffestin, “¿Qué es el territorio?”, en Por una geografía del poder. México, Colegio de Michoacán, 2013, p. 173-193.

4 Hans Werner Tobler, “Los campesinos y la formación del Estado Revolucionario”, en Friedrich Katz (Compilador), Revuelta, Rebelión, revolución. La lucha rural en el México del siglo XVI al siglo XX, Ediciones ERA, CDMX, México, 1990, pp. 431-455.

5 Giorgio Agamben, Estado de Excepción. Homo sacer, II,I, Adriana Hidalgo Editores, Buenos Aires, Argentina, 2005, pp 23-70.

6 J. M Valenzuela Arce, Sed de mal. Feminicidios, jóvenes y exclusión social. El Colef-UANL. México, 2012, p. 264.

7 Achielle Mbembe, Necropolítica, seguido Sobre el gobierno privado indirecto, España, Editorial Melusina, 2006.

 

Bibliografía

Agamben, Giorgio (2005). Estado de Excepción. Homo sacer, I,I, Adriana Hidalgo Editores, Buenos Aires, Argentina, pp 23-70.

Bartra, Armando (2014). “Tiempos turbulentos” en El hombre de hierro. Límites sociales y naturales del capital en la perspectiva de la Gran Crisis. México, UACM, Itaca y UAM, 2014, p. 245-276.

Ibíd.

Mbembe, Achielle (2006). Necropolítica, seguido Sobre el gobierno privado indirecto, España, Editorial Melusina.

Raffestin, Claude (2013), “¿Qué es el territorio?”, En Por una geografía del poder. México, Colegio de Michoacán, p. 173-193.

Valenzuela Arce, J. M (2012). Sed de mal. Feminicidios, jóvenes y exclusión social. El Colef-UANL. México, p. 264.

Werner Tobler, Hans (1990). “Los campesinos y la formación del Estado Revolucionario”, en Friedrich Katz (Compilador), Revuelta, Rebelión, revolución. La lucha rural en el México del siglo XVI al siglo XX, Ediciones ERA, CDMX, México, pp. 431-455.

 

 

 

 

 

José Alberto Rosete Cabanzo

José Alberto Rosete Cabanzo

Antropólogo Social, maestro en Desarrollo Rural de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco
UAM-X, e investigador en el tema juventudes, cultura y poder.
José Alberto Rosete Cabanzo

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