La guardia nacional frente a la juventud rural

Uno de los grandes problemas que tenemos en México, sin lugar a duda, es el asunto de la seguridad nacional. No se ha podido consolidar en años una estrategia gubernamental, para combatir la serie de violaciones a derechos humanos, corrupción, nepotismo, tráfico de influencias, abusos de poder, persecuciones y asesinatos a presos políticos, activistas, ambientalistas, reporteros, desapariciones forzadas, feminicidios y juvenicidios1.

Dos acontecimientos que suspendieron el tiempo merecen ser recordados en estos momentos, en materia de seguridad nacional. Por un lado, el de los jóvenes estudiantes de Ingeniería en el Campus del Tecnológico de Monterrey, Nuevo León: Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, quienes desde hace nueve años fueron acusados y criminalizados de enfrentar al ejército y estar armados “hasta los dientes” el 19 de marzo del 2010. Por otro lado, la desaparición forzada de los 43 y más estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Municipio de Tixtla, Guerrero, el 26 de septiembre del 2014.

De estudiantes a sicarios

Durante la administración del expresidente de México Felipe Calderón Hinojosa (2006- 2012), representante del Partido de Acción Nacional (PAN), se emprendió un proyecto de seguridad nacional, que se caracterizó en su sexenio por el combate al narcotráfico. Basta decir que, en marzo de 2010 Monterrey vivía ofuscada por bloqueos atribuidos a grupos de narcotraficantes. La secretaría de gobernación señaló entonces, que los bloqueos eran reacción desesperada de los grupos criminales por el avance logrado de las autoridades federales en materia de seguridad nacional.

El 19 de marzo de 2010, la secretaria de seguridad pública de la entidad reportó que militares descubrieron y persiguieron a unos supuestos delincuentes, participes de diversos bloqueos. Según el reporte, la persecución había terminado en el Tecnológico de Monterrey, donde hubo un tiroteo: tres militares heridos y dos supuestos delincuentes asesinados. El informe oficial señaló que los supuestos delincuentes llevaban tres armas largas, fornituras, teléfonos celulares, esposas, quince cargadores y otros objetos.

Después se confirmó que los presuntos delincuentes que según las autoridades iban armados “hasta los dientes” en realidad era estudiantes de posgrado: Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, quienes se encontraban estudiando en las instalaciones antes de ser asesinados por miembros del ejército.

La Secretaría de Gobernación prometió entonces esclarecer lo ocurrido. Sin embargo, pasaron nueve años de dicho acontecimiento, sin ningún resultado positivo y ahora en la actual administración, el pasado 19 de marzo del presente año la secretaria de gobernación Olga Sánchez Cordero a nombre del Estado mexicano, ofreció una disculpa pública diciendo: “No eran delincuentes, eran estudiantes y no merecían perder la vida en las condiciones en que los hicieron”2.

Sánchez Cordero reconoció obstáculos y falta de colaboración en la investigación del caso y que hay evidencia del uso arbitrario de la fuerza por parte del ejército mexicano en el caso. Los padres de los estudiantes pidieron justicia, pues de lo 6 militares acusados de  homicidio calificado solo tres están detenidos en una prisión militar, dos se encuentran prófugos y uno más esta reportado como desaparecido. El colectivo seguridad sin guerra, recordó que hasta el momento no se ha ofrecido información sobre la cadena de mando que permitió el crimen. Este acontecimiento ha colocado sobre la mesa, la capacidad del ejército en materia de seguridad pública, ya que los militares no tuvieron las medidas, la comunicación, la preparación, ni las precauciones necesarias, para operar y resguardar la seguridad de los civiles en las calles, aquella noche del 19 de marzo del 2010.

De la Normal a lo anormal

El 2 de octubre de 1968, se recuerda año con año la matanza de estudiantes universitarios en la de Plaza la Tres Culturas en Tlatelolco. Un acontecimiento en la historia de México que ha marcado sin duda a los movimientos sociales en América Latina y en el mundo. Como parte del ritual simbólico de dicha conmemoración, un grupo de estudiantes normalistas rurales, decidieron asistir a dicho evento con la finalidad de hacer presencia con sus manifestaciones, sin embargo, esa noche sin saberlo, vivirían su propio 2 de octubre.

Jessica Feldman

Nana, serie Esferismo, óleo sobre lienzo, 100 x 100 cm.

La noche del 26 de septiembre del 2014, los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa se habían dirigido a la Ciudad de Iguala, Guerrero, tomando el control de diversos autobuses, para dirigirse a la Ciudad de México y participar en la conmemoración del 2 de octubre de 1968. Sin embargo, fueron interceptados por miembros de la policía local y por presuntos grupos armados, quienes comenzaron a disparar3.

En este acto de represión, cinco jóvenes de Ayotzinapa murieron, una veintena de ellos resultaron heridos y 43 jóvenes, cuyo último paradero conocido fueron los autos policiales a los que los subieron, están desaparecidos desde entonces4. Desde ese momento, se comenzó a generar toda una serie de cuestionamientos e investigaciones al gobierno de Enrique Peña Nieto, representante del Partido Revolucionario Institucional (PRI), durante todo su sexenio 2012-2018.

Al entonces presidente de México, se le conoció como el reformador moderno que prometió un gobierno más democrático y transparente. Sin embargo, los 43 se convirtieron en un símbolo de decenas de miles de inocentes que también han desaparecido en la guerra cínica e ineficaz contra los cárteles del narcotráfico, que ha diseminado la complicidad penal y la corrupción por todos los niveles del gobierno5.

La incertidumbre de la juventud

Si bien es cierto el proyecto de la Guardia Nacional representa para el ejecutivo un acierto, el problema de fondo, es la incertidumbre que ha generado en la sociedad civil la presencia de militares en las calles. Los problemas de violencia6, desaparición, abuso a los derechos humanos, por parte de cuerpos de seguridad pública, hacen que el proyecto tenga una falta credibilidad, por lo menos de los dos últimos sexenios.

En este sentido el asunto de proyecto de la Guardia Nacional que emprende el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador, representante del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), tiene con estos antecedentes, un reto histórico en materia de seguridad nacional. El caso de los estudiantes del Tecnológico de Monterrey y los estudiantes de Ayotzinapa son dos ejemplos claros de la impunidad, corrupción y el nepotismo que ha caracterizado al gobierno mexicano.

Por ello, llama la atención que el proyecto de la Guardia Nacional se dirija principalmente a reclutar a un sector que, ha sido violentado históricamente en este país y nos referimos a las y los jóvenes. Los casos citados nos llevan a reflexionar y preguntarnos ¿por qué no se les ha hecho justicia a los jóvenes desaparecidos y criminalizados?

La juventud es una condición social, que ha sido utilizada en América Latina como una estrategia de resolución de conflictos, lo que nos lleva a tener una vida precaria en situaciones o contextos de violencia. Citando el caso de los estudiantes del Tecnológico de Monterrey, es importante entender que en el fondo no se hizo una investigación a profundidad, aunque fueron estudiantes de posgrado, porque son jóvenes que provienen de un origen rural, información que se omite en toda la investigación. En el caso de los estudiantes de Ayotzinapa, también se devela que, ser jóvenes rurales nos pone en una condición de vulnerabilidad, fuera de la normatividad, de la justicia y que nuestra seguridad no existe en este país.

La Guardia Nacional, entonces, está enfocándose de nuevo en reclutar jóvenes, un sector importante que decidió el rumbo de las elecciones del 2018. Por ello es importante considerar que el reclutamiento, la profesionalización, la capacitación son aspectos que si bien es cierto podría dar una oportunidad a la juventud de salirse de ciertos vicios o de una precariedad laboral, no significa que este proyecto tenga un éxito, si no se tiene precisamente un respeto y una consideración importante hacia la sociedad civil y a sus jóvenes.

Al contrario, la juventud termina siendo de nuevo, el factor más vulnerable, no solamente por los hechos históricos en los cuales han sido violentados los derechos de la juventud desde la guerra, asesinatos, falsos positivos7, sino por el origen étnico-rural, que los pone en una condición servil, como una especie de escudo de un proyecto estratégico de nación.

El proyecto de la Guardia Nacional puede tener un gran avance y ser exitoso en otros países, pero si en México los gobernadores no asumen una corresponsabilidad ética-profesional con este proyecto, difícilmente la Guardia Nacional tendrá un camino fructífero y será una estrategia verdaderamente para proteger a la sociedad civil. Es importante entender que el proyecto de la Guardia Nacional es únicamente la punta del iceberg de un problema estructural que viene desde el fondo de este país8. La Guardia Nacional solo asoma un pequeño gran problema. En realidad, todo lo que viene detrás y todo lo que estructura a la inseguridad en este país va por dos aspectos importantes; el primero tiene que ver con la corrupción, la complicidad y sobre todo el tráfico de influencias que existe detrás de toda esta problemática de seguridad nacional.

La corrupción es un elemento fundamentalmente que, si no se combate, difícilmente un proyecto como la Guardia Nacional dará los frutos exitosos, porque en el fondo se siguen teniendo las estructuras neoliberales9, una complicidad empresarial y una red de corrupción que, se vio más clara en los dos últimos dos sexenios con la participación de instituciones, que secuestraron a la justicia para ponerla en contra de la sociedad civil. La justicia paso del orden civil, para defender intereses particulares, corporativistas, empresariales y que violentó a la sociedad civil con la final de proteger el capital.

La Guardia Nacional solamente es una de las cabezas de la hidra que asoma las problemáticas más fuertes de este país. En este sentido, la Guardia Nacional tiene que despejarse y tiene que tener a los actores importantes con una visión de un principio ético, de responsabilidad moral con la sociedad civil y de nuevo recuperar esa sensibilidad y esa honestidad que tanto le hace falta a este país.

Retos, expectativas y justicia

La seguridad implica no solamente una estructura y un proyecto de nación, sino que hacer parte a la sociedad civil en este nuevo proyecto de transformación social. Si queremos tener resultados positivos, necesitamos del involucramiento e incidencia de la sociedad civil, de lo contrario la Guardia Nacional es como repito la punta del iceberg de una problemática estructural más profunda que viene arrastrando redes de corrupción que han dañado y desestabilizado la cultura política de este país.

El valor de estos reconocimientos, de estas disculpas públicas como la realizada por la secretaría de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, en la actual administración, son precisamente un paso hacia revertir tres dinámicas fundamentales que encierra esta política de seguridad de combate frontal y de no investigación, de no proximidad, de renuncia a otro tipo de estrategias de control de la inseguridad.

El hecho que criminaliza a poblaciones especificas particularmente los jóvenes y grupos vulnerables de escasos recursos o de origen étnico-rural que se perciben como desechables. El segundo es la inversión de la eliminación de la presunción de inocencia, porque entonces durante todo un sexenio se investigaron o más bien no se investigaron los casos de personas con tiros en la cabeza (llamados en Colombia falsos positivos), porque era ya rivalidad delincuencial y entonces el homicidio de esas personas no se investigaba y tercero, tiene que ver con la inversión de la carga de prueba que son las familias de víctimas quienes tienen que demostrarle a las autoridades, que ellos no son culpables, que no estaban participando en el delito y no debe ser el Estado quien demuestra que efectivamente eran personas que estaban de alguna manera involucradas con alguna actividad delictiva.

JESSICA FELDMAN

Vortex, óleo sobre lienzo, 150 x 150 cm.

Si algo hay rescatable en medio de estos acontecimientos de violencia, es que la sociedad civil tiene mucha expectativa y esperanza en recuperar la justicia, para que no se repitan la muerte de alumnos como los del Tecnológico de Monterrey o la desaparición forzada de los 43 y más estudiantes de Ayotzinapa. Justicia histórica y cárcel para los asesinos de los estudiantes de Tlatelolco, y para todas aquellas violaciones a derechos humanos, desapariciones, feminicidios o juvenicidios.

Necesitamos recuperar la justicia, porque ha sido secuestrada en este país, y la seguridad nacional también ha sido parte de un secuestro estratégico y estructural. Toca al nuevo gobierno dar respuestas concretas y contundentes, que no pudieron hacer los anteriores sexenios. Una tarea difícil y complicada en medio de toda la complicidad que está de fondo, pero que es necesario, porque México tiene hambre de justicia, y sus jóvenes tiene esperanza de ver a un país que respete el principio de máxima publicidad de la información gubernamental, para conocer cuáles son las consecuencias del actuar de las fuerzas armadas en los operativos de seguridad nacional.

 

 

1  Valenzuela Arce, José Manuel (Coord.) (2015) Juvenicidio: Ayotzinapa y las vidas precarias en América Latina y España, Ned Ediciones, Barcelona

2  https://bit.ly/2OfuNHV

3  Reguillo, Rossana (2014). “Rostros en escenas: Ayotzinapa, condensación intolerable”, Magis-Iteso, Universidad Jesuita deGuadalajara, 1 de Diciembre (https://bit.ly/2VcOd2Z), fecha de consulta 20 de Marzo del 2019.

4  https://nyti.ms/2OPrN4A

5  https://nyti.ms/2Mi6mHE

6  Bartra, Armando (2015). “Violencia en México, dimensiones, claves, antídotos”, Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, año 28, núm. 78, mayo-agosto, México: UAM-Xochimilco.

7 https://bit.ly/2JTCvJb

8 Katz, Friedrich (2014). La guerra secreta en México, Ediciones Era, México.

9 Han, Byung-Chul (2014). Psicopolítica, neoliberalismo y nuevas técnicas del poder. España: Herder.

 

Bibliografía

Bartra, Armando (2015). “Violencia en México, dimensiones, claves, antídotos”, Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, año 28, núm. 78, mayo-agosto, México: UAM-Xochimilco.

Han, Byung-Chul (2014). Psicopolítica, neoliberalismo y nuevas técnicas del poder. España: Herder. – Katz, Friedrich (2014). La guerra secreta en México, Ediciones Era, México.

Reguillo, Rossana (2014). “Rostros en escenas: Ayotzinapa, condensación intolerable”, Magis-Iteso, Universidad Jesuita de Guadalajara, 1 de Diciembre (https://bit.ly/2VcOd2Z), fecha de consulta 20 de Marzo del 2019.

Valenzuela Arce, José Manuel (Coord.) (2015) Juvenicidio: Ayotzinapa y las vidas precarias en América Latina y España, Ned Ediciones, Barcelona.

  https://bit.ly/2OfuNHV

  https://nyti.ms/2OPrN4A

  https://nyti.ms/2Mi6mHE

  https://bit.ly/2JTCvJb

 

 

 

José Alberto Rosete Cabanzo

José Alberto Rosete Cabanzo

Antropólogo Social, maestro en Desarrollo Rural de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco
UAM-X, e investigador en el tema juventudes, cultura y poder.
José Alberto Rosete Cabanzo

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