La Democracia Amenazada

Categoría: El punto es, EPSI24
junio 6 2016

Cuando el Instituto Sintropía y Demócratas de Izquierda me invitaron a participar en la mesa “Consolidar la democracia: nuevas formas de participación ciudadana”, pensé “¿qué puedo aportar? Porque en España, en Europa, la cuestión no radica en más o menos democracia participativa, el problema real es que la democracia está amenazada”. No se alarmen, no hay peligro de golpe de Estado, no volverán barcos llenos de refugiados políticos como en el 36 a este solidario y maravilloso país. Decidí hablar y compartir con vosotros, de democracia, de Europa y de las amenazas.

La democracia surgió en Francia cuando un grupo de pensadores y científicos rompieron con siglos de dominio absoluto de la nobleza y la Iglesia. Uno de ellos, Rousseau, concibió en el “Contrato social” una nueva política donde el pueblo se gobierna a sí mismo, con ciudadanos políticamente iguales que decidieran las leyes y velaran por sus intereses. En definitiva, una democracia directa.

Para 1789, 11 años después de la muerte de Rosseau, estalla la Revolución Francesa y ese año aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, inspirada en las ideas de Rousseau. Pero la democracia directa fue impracticable, tanto por el tamaño de la comunidad como por la heterogeneidad de intereses en su seno. Los ciudadanos confiaron la defensa de sus intereses votando a sus representantes y se dividieron entre los que querían conservar el antiguo régimen a la derecha y los que promulgaban la nueva república a la izquierda. Comienza así la democracia representativa.

El proceso de la democracia representativa es complejo, dinámico, siempre inacabado. Con avances y retrocesos, donde el pueblo ha tenido que luchar duramente por sus derechos ciudadanos, incluso con su sangre y sus vidas. En muchos países, es relativamente reciente. Por ejemplo, Estados Unidos alcanza la democracia representativa en 1965, cuando la población afrodescendiente logra el derecho al voto; en España y Portugal, en 1976 con el fin de las dictaduras; en los 80 casi todos los países latinoamericanos con dictaduras militares recuperan las democracias; Sudáfrica lo hace en 1994 cuando es derrotado el Apartheid. Hoy, cuando se cumplen 100 años de la histórica manifestación en Londres convocada por las sufragistas, hay 23 países que aún no reconocen el voto de las mujeres. Muchos otros países viven en diferentes sistemas de Estado, ajenos a la democracia.

La democracia además de los movimientos de avance y retroceso, tiene un movimiento pendular. Hacia la derecha, lo que Guillermo O´Donell definió como “democracia delegativa” y hacia la izquierda, la “democracia participativa”.

La “democracia delegativa” es cuando los ciudadanos delegan el voto en sus representantes y no vuelven a participar hasta las siguientes elecciones. De esta forma se excluye a ciudadanas y ciudadanos de la práctica política, promoviendo la desmovilización y la despolitización social. La democracia se convierte en un simple instrumento para la gobernabilidad.

El ejemplo más claro de la democracia delegativa es Estados Unidos. Los partidos prácticamente se disuelven hasta la siguiente elección y su lugar es ocupado por los “lobbies”. América Latina también está llena de ejemplos, solo que en vez de lobbies estaban las cámaras de comercio, las asociaciones empresariales, las transnacionales, la embajada que todos sabemos, y otros poderes fácticos, luego se agregó el poder financiero internacional a través de las instituciones y las entidades privadas.

La “democracia participativa” en cambio se propone que el ciudadano no limite su papel dentro del sistema democrático al ejercicio del sufragio sino que asuma un rol protagónico, activo y propositivo dentro de la política que implican cambios en el ejercicio mismo de la ciudadanía.

La participación ciudadana es un componente clave de la profundización de la democracia y la gobernabilidad, sobre el cual se ha avanzado en materia normativa y en los mecanismos de participación, abriendo canales importantes para la expresión, que incluyen a los sectores sociales tradicionalmente excluidos.

El Punto Sobre la i, Paul Achar

Ángel, óleo/tela, 150 x 100 cm.

Pero la Unión Europea no es un Estado. Desde su puesta en marcha el compromiso democrático, la negociación y el equilibrio entre los distintos intereses nacionales eran fundamentales. Por ello, para combatir la desafección ciudadana, en el Tratado de Lisboa (2004) se adoptan medidas para reforzar los mecanismos de participación de la sociedad civil que se plasman en su Artículo 11. En él se reconoce que la sociedad civil organizada está llamada a desempeñar un papel decisivo en la concreción de una democracia más participativa a escala europea, y que su implicación en la toma de decisiones contribuye al desarrollo del espacio público europeo.

Pero en 2007 el capitalismo financiero estalló en una crisis que empezó en Estados Unidos y rápidamente se extendió por todo el mundo. Es la mayor crisis desde la Gran Depresión de entre guerras, algunos la llaman “la Gran Crisis”, otros “la Gran Recesión” y todavía duran sus ondas expansivas. Lo peor es que al no haber tomado medidas y seguir actuando sin cortapisas el capitalismo financiero, desregulado y especulativo, existe el riesgo de una nueva crisis que incluso sea peor que la anterior, colocando al mundo en la incertidumbre.

Para algunos puede ser sorprendente, pero fueron los Estados quienes salvaron de la quiebra al sistema financiero internacional inyectándole enormes cantidades de dinero público a los bancos y a algunas industrias. Para ellos vale el libre mercado cuando las cosas van bien, pero cuando les va mal recurren al Estado para operaciones de salvamento. El Estado, en la mayor intervención pública de la historia, utilizó sus recursos para fines particulares. Salvada la crisis, el capitalismo financiero siguió funcionando como si no hubiera pasado nada. En cambio, en la operación para rescatarlos los Estados quedaron endeudados.

Mientras el resto del mundo buscaba otras vías para gestionar y salir de la crisis a través de medidas anticíclicas, estimulando sus economías, en Europa nos aferramos a las viejas y fracasadas políticas de ajuste. El proceso de potenciar la democracia se detuvo y el Consejo Europeo y el Banco Central Europeo se pusieron al frente de la política europea para salir de la crisis. En el Consejo Europeo integrado por los jefes de Estado y de Gobierno y que tiene la función de la orientación política y de fijar las grandes directrices y objetivos de la Unión, Alemania asumió su conducción anteponiendo sus intereses nacionales y sobre todo los de sus entidades financieras, rompiendo la tradición de consenso y equilibrio entre los intereses de los países miembros que se venía aplicando.

Pero en la noche del 9 de mayo de 2010, en la reunión de los ministros de Economía de la Eurozona se acuerdan nuevos mecanismos de gobierno con el objetivo de pasar de la Unión Monetaria a la Unión Económica, cuestión que aún está pendiente. Se aprueba un fondo de rescate y los países más acosados por la especulación de los mercados, básicamente los del sur de Europa, son obligados a realizar ajustes muy duros y drásticos recortes sociales. La Comisión y el BCE presionan a los gobiernos para que cambien de política, amenazándolos con la intervención. El péndulo queda anclado en la derecha y la izquierda se muestra incapaz en ese contexto de avanzar en otras políticas alternativas; como ejemplo se encuentra el PSOE en España, o Siryza en Grecia que, ambas en tiempo y condiciones diferentes, tuvieron que ceder a la presión de la Troika.

La Troika, integrada por la Comisión, el BCE y el FMI tiene la misión de estudiar la situación económica de los países y definir qué medidas y reformas económicas deben llevar a cabo para acceder a los préstamos. El país, o acepta las condiciones o se le niega la ayuda, no hay mucho margen de negociación. Por ello se dice que el país financiado por la Troika se encuentra “intervenido”, porque al aceptar sus directrices pierde gran parte de su independencia política. La voluntad de los ciudadanos es suplantada por los hombres de negro (como se conoce a los representantes de la Troika). En aras de garantizar el cobro de la deuda a la banca privada, se sacrifica la voluntad ciudadana aprobada en las urnas.

Europa está viviendo lo que vivieron los países latinoamericanos en los ochenta y noventa. Las medidas de ajuste, con el objetivo de equilibrar los presupuestos y reducir el déficit para recuperar la confianza de los mercados, y en último término, para crear empleo y renovar la economía, fracasaron en América Latina y están fracasando en Europa. No voy a perder el tiempo en describir las recetas porque las conocéis. Solo voy a poner dos ejemplos para ilustrar lo que dije al principio, la democracia europea está amenazada.

Un primer ejemplo es el Banco Central Europeo, que fue constituido por capitales aportados por los bancos nacionales de los países miembros de la Eurozona, pero que no puede prestarles directamente ni comprar su deuda. Entonces cuando estos necesitan financiación tienen que emitir deuda pública y que los bancos privados la adquieran al interés que estos marquen. Se da la paradoja de que las agencias de evaluación de la deuda pública pertenecen a la banca privada, de manera que cuanto peor “rating” le dan las agencias, mayores son los intereses que tiene que pagar el Estado.

Esto reporta enormes beneficios a los bancos privados, ya que reciben el dinero prestado del BCE a un interés que ronda el 1%, mientras que lo prestan a los Estados a intereses en torno al 5% (aunque en ocasiones ha llegado al 15%). Entre paréntesis, otro de los orígenes de los recursos que presta la banca privada a los países proviene en muchas ocasiones de los mismos Estados, como ha ocurrido en el caso de los rescates bancarios.

Por ejemplo, en España si calculamos la diferencia entre los intereses que han venido pagando las administraciones públicas y lo que habrían tenido que pagar al tipo de interés con el que el BCE presta el dinero a las entidades privadas, sólo en el periodo de 2008 a 2013, se obtiene un sobrecoste de más de 100 mil millones de euros, que debe desembolsar la población española a la banca privada. Sólo con esta cantidad se podría haber evitado la mayor parte de los recortes sociales. En esta línea, la estimación del sobrecoste de financiación para toda la Eurozona, teniendo en cuenta el volumen de las deudas públicas del resto de los Estados y los tipos de intereses soportados, arroja una cifra superior al billón de euros desde que comenzó la crisis.

Se dice sistemáticamente, hasta con orgullo, que el BCE es independiente de los Estados, ¿lo es también de los intereses particulares de la banca privada? Este es otro claro ejemplo de cómo, cuando están en juego los intereses de las élites, estos se anteponen a los intereses y a la voluntad de la mayoría de los ciudadanos, en definitiva de la democracia.

Acerquemos la lupa con el otro ejemplo. Grecia fue el primer país en pedir ayuda a la Unión Europea ante la enorme deuda que tenía contraída. En el primer rescate se inyectó dinero a corto plazo sin asumir que la deuda griega no tenía solución sin una restructuración (quitas, plazos, tipos de interés…). En el segundo, al esquema de dinero por reformas (o sea recortes) se sumó la restructuración de la deuda. La negociación del tercer rescate, esta vez con el gobierno de Syriza, fue un drama con la amenaza de que fuera expulsada de la Eurozona (el Grexit) o se fuera voluntariamente, referéndum, corralito…

Han pasado cinco años aplicando durísimos planes de austeridad y después de tres rescates por más de 300 mil millones de euros, ¿saben cuál es la situación de Grecia?, una caída del PIB del 25%, reducción del déficit estructural de un 20%, los salarios han bajado una media del 37%, el paro creció hasta el 27% –y el de los jóvenes cerca del 60%–, las pensiones han disminuido hasta el 48%, el empleo en el sector público cayó un 30%, el gasto de las familias se redujo un 33%, la economía sumergida aumentó hasta el 34% del total, la morosidad bancaria llega al 40% y la deuda pública se ha multiplicado hasta el 180% del PIB. Hasta la crisis se creyó que en el proyecto europeo todos los países miembros ganaban, la gestión de la crisis provoca la sensación de lo que unos ganan es a costa de otros.

Para resumir e ir concluyendo. Los ajustes son muy duros. Algunos lo llaman “ajusticidio”, fundamentalmente en el sur de Europa y muy duro es su fracaso. No lo digo solo yo, poco sospechoso, Olivier Blanchard, economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoce que “la política impuesta en el sur de Europa, por la canciller alemana, la Unión Europea y el propio FMI tienen un impacto mucho mayor de lo previsto en el desempleo, la inversión y el consumo y que son un fracaso que ha causado paro y sufrimientos innecesarios a millones de personas.”

El “ajusticidio” afecta fundamentalmente al sur de Europa, que se ha convertido en una de las cobayas para experimentar las políticas de austeridad “expansiva”. Los europeos, sobretodo del sur y lo que es peor a los jóvenes; después de casi nueve años de aplicarlas, ahora somos más pobres, más desiguales, más precarios, menos protegidos, más desconfiados y menos demócratas.

En definitiva, la democracia en Europa no goza de buena salud; hasta ahora, aferrada a las recetas neoliberales, son tan grandes las consecuencias negativas que hay voces que propugnan un tímido cambio de orientación a políticas de estímulo. Vosotros en Latinoamérica lo sabéis, pese al esfuerzo de los gobiernos progresistas, con otras recetas habéis avanzado mucho, pero aún están lejos los índices de crecimiento de antes de los ochenta. Seguramente nosotros también perdamos una generación, la más preparada, la mejor formada, por causa de recetas que se sabía de antemano que no funcionaban. No sirven ni las tibias reformas ni los parches.

Ahora la cuestión no es solo como salir de la crisis, sino como afrontamos las consecuencias sociales que se han hecho estructurales y ponen en riesgo la calidad democrática. ¿Con las actuales recetas y conformarnos con la mejora de los equilibrios macroeconómicos, retornar a la senda del crecimiento económico y generar empleo, aunque este sea precario y mal pagado?, ¿dejando a millones de ciudadanas y ciudadanos instalados en el precariato y la exclusión?, ¿dejando a millones de jóvenes sin presente y sin futuro? ¿O buscamos una salida que la hagamos entre todos, recuperando el papel del Estado, las políticas que procuraran luchar contra la pobreza y la desigualdad y que vertebran la sociedad?

La democracia está en peligro no por un golpe de Estado, el problema es que la democracia, el gobierno del, con y para el pueblo, sea definitivamente secuestrada por ese 1% dueño de la mitad de la riqueza mundial, y ponga a los Estados democráticos al servicio de sus insaciables intereses. Recurso no les faltan, corifeos tampoco.

No tenemos más opción que apostar por la democracia hasta las últimas consecuencias. En los Estados nacionales desarrollando nuevas formas de gobernanza y modernizando profundamente las políticas sociales y fiscales. Pero fundamentalmente en la Unión Europea, para alcanzar un nuevo contrato social en un nuevo espacio público democrático que articule y exprese los intereses del conjunto de la ciudadanía; haciendo real la unión económica, pero también la política y social, para hacer una verdadera unión democrática. Una Unión Europea democrática y fuerte para jugar un papel proactivo en un mundo globalizado necesitado de anteponer la lógica de la política y la regulación al capitalismo financiero y para hacer realidad la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada en 1948.

Como dijo Willy Brandt en su discurso de investidura, allá por el 69, “hay que atreverse a más democracia”. Para ello es imprescindible que entre todos forcemos el péndulo a la izquierda, que la democracia sea más participativa, que todos tengamos sitio en el espacio público para ser protagonistas de nuestro futuro.

 

Daniel Yates Deus

Daniel Yates Deus

Consultor para temas relacionados con América Latina. España.
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