Identidades masculinas juveniles en el multiculturalismo

Categoría: EPSI31, Otros puntos
agosto 1 2017

Resumen

Antecedentes. Los estudios de grupos con identidad de género y estatus migratorio han demostrado diferencias que determinan la calidad de vida y el bienestar subjetivo, pero han soslayado el análisis y la discusión de los sistemas ideológicos detrás de cada categoría.

Objetivo. Establecer los ejes de discusión ideológicos a partir de marcos teóricos y conceptuales relativos al multiculturalismo, la identidad y la masculinidad.

Método. Estudio no experimental, documental y transversal con una selección no probabilística de fuentes indexadas a repositorios líderes de América Latina con registro ISSN y DOI de 1974 a 2016.

Resultados. Los ejes de discusión de la problemática ideológica están circunscritos al multiculturalismo como política de exclusión de identidades de género diferentes a la masculina la cual es asociada al Desarrollo Humano.

Discusión. Las identidades de género, la masculinidad entre ellas, son reducidas a su mínima expresión a partir de las políticas multiculturales que buscan la inclusión de las culturas, pero soslayan sus capacidades de aporte desde rutas diferentes a la masculina.

Conclusión. Es necesario profundizar en las diferencias y similitudes entre culturas, identidades y generaciones, ya que de ello depende establecer la hegemonía real y simbólica de alguna para que con base en ello se diseñen políticas de inclusión centradas en estrategias de gobierno más que en la formación de valores, creencias, actitudes, intenciones y conductas vinculadas al riesgo.

Palabras clave: Ideología, multiculturalismo, juventud, masculinidad, identidad.

1. Introducción

El objetivo del presente trabajo es establecer una ideología que difunde las diferencias entre culturas, identidades y géneros, más que sus similitudes. Para tal propósito se trabajó con el supuesto de que los marcos teóricos y conceptuales del multiculturalismo, la identidad y la masculinidad subrayarían el reduccionismo de los flujos migratorios, las identidades de género e incluso la masculinidad a su mínima expresión al confinarla a atributos exclusivos. De este modo, la ideología se hace evidente al analizar las diferencias y similitudes entre el multiculturalismo con respecto al interculturalismo, la masculinidad ante las demás identidades femenina, lésbica, gay o transexual, así como la juventud en relación con las demás generaciones.

A partir de los marcos teóricos y conceptuales del multiculturalismo, la identidad y la masculinidad se relacionaron las categorías para resaltar la ideología en comento. En este sentido, se realizó un estudio documental con una selección de fuentes indexadas a repositorios de América Latina durante el periodo que va de 1974 a 2016, considerando el registro ISSN y DOI, así como su vinculación con las palabras clave –migración, juventudes, multiculturalismo, identidad, masculinidad–. Se elaboró una matriz de análisis de contenido y se especificó un modelo para estudio de las identidades juveniles migrantes con relación a los atributos vinculados a su masculinidad.

El ensayo se inscribe en el área de Ciencias Sociales, disciplina de Trabajo Social, pero también puede ser evaluada desde la psicología social, ya que los conceptos de identidad de género han sido propuestos y desarrollados desde esa disciplina. El trabajo fue financiado por la Dirección General de Asuntos del Personal Académico (DGAPA), Programa de Apoyo a los Proyectos de Investigación e Innovación tecnológica (PAPIIT) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

2. Teoría del multiculturalismo

Las políticas multiculturalistas buscan la inclusión de las comunidades migrantes en relación con la población oriunda donde prevalece el asistencialismo, aunque tales instrumentos de gestión propician la marginalidad de grupos migrantes ubicados en la periferia de las ciudades (Koopmans, 2010: p. 2).

De este modo, el multiculturalismo está asociado a la hipótesis de la asimilación en la que una cultura dominante se impone sobre las demás culturas periféricas, fenómeno conocido como aculturación (Koopmans, 2010: p. 6).

Es decir que las comunidades migrantes, en tanto culturas dominadas, pueden arribar a la equidad siempre que se ajusten a los lineamientos de la cultura dominante en un lapso corto de tiempo para equilibrar los poderes que la subyugan (Koopmans, 2010: p 14).

Nuttgens y Campbell (2010) advierten que el proceso de reproducción de la dominación social está mediado por el auto-conocimiento de la cultura dominante, ya que, si esta es capaz de identificar sus necesidades y expectativas, podrá orientar los requerimientos de sus valores y normas, usos y costumbres (p. 116).

Se trata de un proceso selectivo en el que los valores están concentrados en un núcleo valorativo que consiste en la competencia lingüística y discursiva por los recursos locales entre migrantes y oriundos. Aquellos que fueron formados desde una óptica multicultural no siempre alcanzaron los valores requeridos para la diversidad y en los casos en los que el auto-aprendizaje prevaleció se generaron ciudadanos más conscientes de respeto a las diferencias y similitudes culturales (Kennedy, 20015: p. 253).

La teoría del multiculturalismo postula que las sociedades modernas solo pueden desarrollarse con el concurso de las culturas que estén dispuestas a asimilar un sistema universal, como es el caso del inglés y la comunicación multimedia, con la finalidad de alcanzar una paridad de sus capacidades, ya que las oportunidades se generan en la medida en que el mercado ofrezca los trabajos correspondientes a las personas más aptas y que mejor se desempeñen ante cambios imprevistos en los modos de ciudadanía y estilos de vida participativos incluyentes.

En contraposición, el interculturalismo asegura que no es suficiente el desarrollo acelerado de las culturas más competitivas, sino además es menester que aquellas culturas que no comparten los valores de reconocimiento y éxito individual puedan contribuir a la dinámica de la sociedad y al desarrollo de sus sistemas económicos, laborales y educativos.
Meer y Moodod (2012) sostienen que entre las culturas el diálogo prevalece sobre sus valores y este es entendido como un sistema de paridad de fuerzas, prevención de desencuentros y superación de conflictos entre las partes no necesariamente opuestas, sino más bien ignorantes de sus objetivos comunes (p. 176).

La diferencia entre multiculturalismo e interculturalismo estriba en el grado de compromiso, diálogo y concertación no solo de los principios de vida, sino además de una aproximación a la corresponsabilidad social, la cohesión ciudadana y la identidad nacional (Meer y Moodod, 2013: p. 177). De este modo, el apego al lugar, el sentido de pertenencia y comunidad, así como el arraigo a un escenario es fundamental para observar el interculturalismo mientras que el multiculturalismo a menudo es observado por la tolerancia más que la aceptación de la diferencia y la coexistencia con la diversidad.

Es decir que mientras el diálogo de las diferencias, proclamado por el interculturalismo, genera la tolerancia y no está a debate, el multiculturalismo carece de auto-crítica porque establece como eje rector a los valores y normas de una cultura dominante sin considerar las capacidades de otras culturas dominadas. Es cierto que el multiculturalismo espera que las demás culturas periféricas alcancen el desarrollo de la cultura nuclear, pero soslaya la posibilidad de que la cultura dominante se cuestione a sí misma sobre la esencia de sus principios y con base en ello renuncie a sus privilegios, dejando un escenario más equitativo en cuanto a la gestión y administración de fondos y recursos.

Ambas esencias, interculturalismo y multiculturalismo subrayan la importancia de las diferencias entre grupos que generan el sentido de pertenencia a un grupo y la comparación con su grupo de pertenencia respecto a un grupo de referencia.

3. Teoría de la identidad

Una identidad juvenil es “la apropiación de quien se es a partir de las identificaciones y las diferenciaciones” (Villamizar, Flores y García, 2013: p. 492). En ese sentido, supone una doble mirada del grupo y de los demás grupos con los que interactúa, o bien, desde un conflicto intergeneracional con respecto a generaciones adultas. Se trata de un reconocimiento propio respecto a otros grupos de pares o de generaciones diferentes.

De este modo, la diferenciación y la similitud entre los grupos constituye un primer acercamiento a las identidades juveniles que por su grado de reivindicación y apropiación generan el rechazo más que la aceptación de otros grupos de pares o generaciones diferentes.

Valls (2015) advierte que la identidad juvenil más bien es “la capacidad de ser reconocido y de sentirse útil socialmente.”, ya que no solo la diferencia con la adultez, sino además enlaza la categoría con el Desarrollo Humano y sus dimensiones de ingreso y pobreza. Señala una degradación propia de la sociedad en general e inherente al sector de los jóvenes en lo particular. De este modo, la vulnerabilidad social más que la marginación es preponderante en contextos donde prevalece el multiculturalismo.

Es decir que las políticas de inclusión a partir de la tolerancia de una cultura dominante, con respecto a culturas migrantes, generan identidades juveniles vulneradas más que marginales, ya que el primer término refiere a una exclusión latente y el segundo a una auto-exclusión contestaria y contra-cultural, una opción de vida y estilo de participación social frente a la negación del aporte de los jóvenes al sistema multicultural.

La teoría de las identidades juveniles, a diferencia del multiculturalismo e interculturalismo, observa en la negación de oportunidades y capacidades el problema central de las juventudes migrantes. En un sentido opuesto, el multiculturalismo supone la inclusión de las juventudes migrantes siempre que estos grupos tengan las capacidades y la formación laboral que el sistema multicultural requiere para facilitar la equidad entre las culturas. En ese mismo sentido, el interculturalismo solo alude al diálogo sin considerar los imaginarios, símbolos, significados y sentidos desde los que parten las juventudes migrantes y que pueden ser opuestas a las representaciones sociales de las juventudes oriundas.

En efecto, las juventudes migrantes sufren una exclusión multidimensional que radica en sus valores y normas, sus usos y costumbres opuestos a los de la cultura hegemónica, o bien, sus capacidades limitadas a las oportunidades que las juventudes oriundas desprecian.

En tal contexto, las juventudes migrantes construyen una identidad que pudo haber ido en contra de la cultura dominante, pero que ahora su prioridad más bien está en el reconocimiento de sus tradiciones y sentidos de comunidad. Se trata de un proceso en el que las juventudes migrantes producen una identidad ajustada al ideal de masculinidad que radica en el desafió, el control de las emociones y el reconocimiento de logros.

4. Teoría de la masculinidad

Asociada con la heterosexualidad, el control, el poder, la dominación, la fuerza, el éxito, la racionalidad, la autoconfianza y la seguridad, la masculinidad ha sido definida como opuesta a otras identidades de género como la femenina (Ferrer y Bosch, 2016: p. 32).

La ideología de género que resalta los atributos esgrimidos a la identidad masculina soslaya los aportes de las demás identidades femenina, lésbica, gay, transgénero y transexual. Además, limita el análisis de tales atributos como indicadores de una sola identidad de género, una exclusividad que solo estaría en la masculinidad, definiendo con ello a la masculinidad como una identidad hegemónica y unidimensional sin desviaciones o patologías que reduzcan sus atributos y la confinen a una identidad común y corriente.

Por tanto, la teoría de la masculinidad es aquella que estudia la ideología; la influencia y el poder detrás de los atributos exclusivos de masculinidad que no pueden ser observados en otras identidades y de las cuales sus atributos tampoco pueden ser analizados en la masculinidad.

Es decir que la masculinidad es resultado de un proceso de evolución al que las demás identidades no pueden arribar y mucho menos lograr con otros atributos distintos a los asociados a la masculinidad. Se trata de una ideología hegemónica en la que las identidades son reducidas a su mínima expresión, incluyendo la masculinidad al confinarla a los atributos mencionados.

5. Consideraciones finales

El presente trabajo ha discutido las categorías de multiculturalismo, identidad, masculinidad y juventud para resaltar una ideología que subraya la importancia de las decisiones y acciones encaminadas al riesgo más que a la corresponsabilidad. De este modo, el presente ensayo resalta la importancia de discutir la convergencia de las categorías a fin de poder estudiar las diferencias entre culturas, identidades y géneros.

A diferencia de los estudios revisados en los que se observan los límites de grupos culturales, identitarios, juveniles o de género, en el presente artículo se pone de relieve la importancia de observar la concatenación entre las categorías para observar la difusión de una ideología que limita una ética del cuidado, el diálogo y la concertación entre las partes en conflicto.

Es decir que prevalece la legitimación de un sistema de violencia sobre la construcción de la paz pública. En ese sentido, es menester profundizar en los indicadores que reducen las identidades de género, los flujos migratorios y oriundos, así como a las generaciones a su mínima expresión.

La relación entre masculinidad y migración fue acuñada en la novela de Ursula LeGuin (1974) en la cual se realiza una crítica a la masculinidad dominante y se reivindica la inclusión de las identidades de género lésbica, gay, bisexual, transexual y travesti. A partir de este hecho se construye la teoría de la masculinidad en la que se resaltan los valores de desafío, toma de decisión en contextos de incertidumbre y conductas de riesgo como sellos distintivos de las nuevas masculinidades y su coexistencia con otras identidades de género.

Los estudios de masculinidades migrantes se avocaron en principio al análisis de los atributos de género tales como la personalidad del líder para desembocar en el análisis de los movimientos sociales clásicos de los recursos e identidades y los nuevos movimientos sociales de género (Chodrow, 1994).

Los estudios de la masculinidad develaron el sesgo de racionalidad atribuido a hombres y mujeres con determinado perfil de deliberación, planificación y sistematización de información. Ello contribuyó al surgimiento de los estudios feministas desde una postura crítica de la masculinidad racional y la feminidad emotiva (Hooks y West, 1991).

En el marco del multiculturalismo e interculturalismo, las identidades juveniles migrantes con orientación masculina, son resultado de las políticas de tolerancia e inclusión que consisten en la legitimidad de una masculinidad dominante –cuerpo atlético, toma de decisión racional y acción sistemática– con respecto a las demás identidades de género, principalmente la femenina, ya que el diálogo y la corresponsabilidad, valores interculturales son asociados a la identidad femenina a través de la ética del cuidado.

En contraste, la ética de la justicia en la que la racionalidad, audacia y sistematización están vinculadas a identidad masculina, supone una visión multicultural en la que las culturas migrantes se ajustan a los valores de la cultura dominante.

Por lo tanto, las nuevas identidades masculinas son resultado de los sistemas multiculturales que transitan hacia el interculturalismo en la que la gobernanza sería su indicador por antonomasia.

Las nuevas identidades masculinas juveniles son un reflejo de la transición hacia sociedades más participativas, deliberativas y consensuales, aunque el objetivo del presente ensayo es más bien evidenciar los límites de ambos sistemas, multiculturales e interculturales en cuanto a las nuevas identidades masculinas, ya que algunas exacerban sus posturas y otras se fusionan con otras identidades de género.

Por lo tanto, el modelo para el estudio de las identidades juveniles migrantes con características de masculinidad incluiría hipótesis de trayectorias entre las relaciones de dependencia de las categorías esgrimidas en el presente trabajo.


Ferrer, V. y Bosch, E. (2016). Las masculinidades y los programas de intervención para maltratadores en casos de violencia de género en España. Masculinities and Social Change, 5 (1), 28-51 DOI: 10.17583/MCS.2016.1827
Hooks, B. y West, C. (1991). Breaking bread: Insurgent black intellectual life. Boston, MA: South End Press
Kennedy, S. (2015). Selective multiculturalism? Symbols of ethnic identity and core values theory. Journal of Education and Social Research, 5 (1), 249-260 DOI:10.5901/jesr.2015. v5n1p249
Koopmans, R. (2010). Trade-offs between equality and difference: Immigrant integration multiculturalism and the welfare state in cross-national perspective. Journal of Ethnic and Migration Studies. 36 (1), 1-26 DOI: 10.1080/13691830903250881
LeGuin, U. (1974). The Dispossessed. New York: Harper Collins
Meer, N. y Moodod, T. (2012). How does interculturalism contrast with multiculturalism? Journal Intercultural Studies, 33 (2), 175-196 DOI: 10.1080/07256868.2011.618266
Nuttgens, S. y Campbell, A. (2010). Multicultural considerations for counselling first nations clients. Canadian Journal of Councelling 44 (2), 115-129
Valls, F. (2015). El impacto de la crisis entre los jóvenes en España. Revista de Estudios Sociales, 54, 134-149 DOI: 10.7440/res54.2015.10
Villamizar, R., Flores, R. y García, M. (2013). La identidad juvenil en contextos de conflicto. Una doble mirada por sí mismos y por los otros. Forum de Reserca, 18, 491-504 DOI: 10.6035/ForumRecerca.2013.33

Cruz García Lirios

Cruz García Lirios

Realizó estudios de doctorado en
Psicología Social y Ambiental, Universidad
Nacional Autónoma de México. Profesor
de asignatura, Universidad Autónoma
del Estado de México, Unidad Académica
Profesional Huehuetoca. Correo institucional:
cgarcial213@profesor.uaemex.mx
Cruz García Lirios
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