Empresas europeas en México

abril 13 2016

La industria maquiladora de exportación inició sus actividades en México en el año 1965. La cancelación del Programa Bracero[1], después de 22 años de implementación, ocasionó desempleo e inestabilidad en la frontera norte de nuestro país. Para emplear a esa mano de obra se estableció el Programa de Industrialización de la Frontera, a fin de llevar cabo procesos de ensamble y transformación de productos importados.

El Programa de Industrialización de la Frontera constó de dos etapas. En la primera, la industria maquiladora de exportación (IME) se basó en el modelo de sustitución de importaciones. Durante los primeros sexenios –los sexenios de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López Portillo– el número de empresas aumentó de 12 en el año 1965 a 454 para 1975. Sin embargo, las crisis económicas en México, las acaecidas en 1976 y 1982, mermaron el dinamismo de estas dando lugar a la segunda etapa del programa (Turner, 2006).

Fue en la segunda etapa donde se estableció el modelo exportador, modelo sobre el cual operó la economía mexicana. El programa maquila de exportación se constituyó como el régimen fiscal mediante el cual las empresas registradas como “maquila” pueden ingresar al país, libres de impuestos, todas las materias primas, partes, componentes, maquinaria y equipo necesario para desarrollar sus procesos de ensamble y/o transformación de productos o partes terminados. Una vez concluido el proceso de transformación y/o ensamble de los bienes, estos salen del país como exportaciones libres de gravámenes (Dutrénit, Vera- Cruz, 2004).

Sombreros, Mario Romero González, ROMGO

La maquila en México representó, y representa, un elemento económico importante que en su momento satisfizo las necesidades de empleo. Y es que proliferó la idea de que al permitir la llegada y establecimiento de las grandes empresas transnacionales se acrecentaría la inversión extranjera directa, y también que éstas traerían consigo procesos innovativos de producción y gestión que proporcionarían una derrama económica y de conocimientos útil para la pequeña y mediana empresa nacional.

La inversión extranjera que prevaleció en el sector de la maquila fue la estadunidense, pero la multiplicación y ampliación de las relaciones comerciales de México a lo largo y ancho del planeta que se han establecido entre países y comunidades como es el caso del Acuerdo Global (AG) firmado por México y la Unión Europea, han facilitado la entrada a otros actores para invertir y establecer en México una plataforma más de comercio. Hablamos de manera particular de las empresas transnacionales europeas que se establecieron en México y en países latinoamericanos a partir de la década de los 90, las cuales han sentado sus bases en tres grupos económicos importantes: en plantas manufactureras, en la extracción de materias primas, hidrocarburos y minería, y en el control de cuotas del mercado interno. Respecto al primer sector, cabe recalcar que las inversiones se han enfocado en las exportaciones hacia Estados Unidos pues se aprovecha la cercanía con nuestro país, además de gozar de los bajos salarios y las ventajas fiscales locales. En el control de cuotas, se invierte en empresas orientadas a sectores industriales, automóviles, electrodomésticos, en servicios públicos como electricidad, telefonías, transportes, etc., y en el rubro bancario-financiero. Por si fuera poco, las empresas transnacionales se hacen de las empresas públicas como parte de las privatizaciones y mediante la adquisición de empresas privadas (Buster, 2003).

El de la maquila europea en nuestro país es un caso particular. La cercanía con Estados Unidos ha propiciado la incorporación y establecimiento de grandes filiales europeas, pues México es la plataforma idónea para la exportación hacia Estados Unidos y Canadá. Lo anterior es claro si observamos a grandes empresas que se establecieron en el sector automotriz y electrónico con Daimler-Chrysler, Volkwagen, Unilever, Philips Electronics, Nokia, etcétera.

La relación comercial entre México y Europa se remonta a convenios firmados siglos atrás. Sin embargo, los acuerdos, principalmente los comerciales, comenzaron a proliferar a partir de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) entre México, Estados Unidos y Canadá. Este tratado fue y es llamado el “Tratado Madre”, y sirvió como plataforma para acuerdos posteriores que México estableció con otros países.

Podemos vislumbrar relaciones actuales entre ambas partes en el año 1991 con la firma del Acuerdo Marco de Cooperación entre la Comunidad Económica Europea y los Estados Unidos Mexicanos.[2] El objetivo de este era ampliar y diversificar el comercio recíproco, así como incrementar la cooperación comercial, científico-técnica y financiera, teniendo en cuenta que la evolución de las partes y de sus relaciones ha sobrepasado el contenido del Acuerdo de Cooperación suscrito en 1977.

Ycaros en azul, Mario Romero González, ROMGO

En materia de cooperación económica, se mencionan a las pequeñas y medianas empresas con el fin de apoyarlas como operadores económicos, y reforzar así los vínculos económicos mutuos; también se mencionaba la contribución al desarrollo de las economías para elevar los niveles de vida de los respectivos países, abrir fuentes de abastecimiento y nuevos mercados, fomentar los flujos de inversión y tecnología, crear condiciones favorables para elevar el nivel del empleo, favorecer al sector rural e impulsar el progreso científico y técnico.

El acuerdo contemplaba la creación de empresas conjuntas y la cooperación entre instituciones financieras como el intercambio de información pertinente, en particular el acceso a bancos de datos existentes o por crear, y la constitución de redes de operadores económicos, en especial en el ámbito industrial.

Posterior al Acuerdo Marco se firmó el Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación o “Acuerdo Global” entre México y la Comunidad Europea, que aunque se firmó en 1997 entró en vigor hasta el 1 de julio de 2000. Se trató del primer acuerdo de asociación de la Unión Europea (UE) con un país de Latinoamérica, y el primero en crear una zona de libre comercio a través de la vertiente económica y mediante el Tratado de Libre Comercio Unión Europea-México (TLCUEM). A diferencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), este acuerdo se pensó para institucionalizar el diálogo político y ampliar la cooperación en otros ámbitos además del económico.

El acuerdo, y el posterior Tratado de Libre Comercio Unión Europea–México, se desarrollarían en un ambiente de apertura comercial que beneficiaría tanto a México como a los países integrantes de la Comunidad Europea. Además, se firmó reconociendo la importancia de la cercanía de México con Estados Unidos de Norteamérica –el mayor actor económico global– con quien se realiza, hasta la fecha, el  mayor intercambio comercial y financiero. Los firmantes se relacionaban bajo una nueva visión de cooperación económica, financiera y comercial dirigida a la realización de proyectos de interés común y de iniciativas conjuntas de colaboración empresarial con objeto de robustecer los esquemas regionales y de integración y así fortalecer un orden económico internacional más equitativo (Departamento Temático Dirección General de Políticas Exteriores, 2015).

En el año 2000 se firmó el Tratado de Libre Comercio Unión Europea-México (TLCUEM)[3], el cual es parte sustancial del Acuerdo Global. El principal objetivo de este acuerdo es crear una zona de libre comercio que cumpla con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en especial con lo que establecía el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) sobre uniones aduaneras y zonas de libre comercio en materia de bienes, así como lo relativo a la integración económica en materia de servicios.

El TLCUEM se presentó como una oportunidad para atraer importante inversión extranjera de los países de la Unión Europea a través de alianzas estratégicas, intercambios tecnológicos y asociaciones empresariales. En cuanto a las políticas de competencia, se establecieron medidas para evitar distorsiones o restricciones que afectaran el comercio bilateral.

En general, el Acuerdo Global y el TLCUEM significaban la posibilidad de diversificar relaciones políticas y económicas con una zona importante de comercio dentro de un marco de mayor seguridad jurídica. Sin embargo, al igual que el TLCAN, el TLCUEM demostró que los tratados y la promoción de las exportaciones representan un cuestionamiento al modelo de desarrollo emprendido por nuestro país a raíz de la implementación del modelo neoliberal. Si bien es cierto que el comercio total en 2008 era de 28 mil millones de dólares (Banxico y Eurostat, 2008), para México significó un déficit comercial, y lo sigue representando. Para 2013, la inversión extranjera directa (IED) en Latinoamérica alcanzó niveles record. México destacó entre los países como principal destino de inversión.  Las inversiones y el comercio aumentaron pero existen grandes sesgos y problemas latentes, el más grande es que no se ha experimentado la cohesión social a la que hacían alarde, pues aunque se desee, comercio y tratados no corresponden de forma directa al crecimiento económico de un país (Rozo, 2008).

Hasta el año 2005 no había modificaciones reales respecto al comportamiento ni en la composición del comercio entre las dos regiones. Para el 2015 la Unión Europea (UE) mantuvo su ventaja comparativa en la producción de comestibles, químicos y afines, pieles y cueros, piedras y vidrio, maquinarias y eléctricos, y equipos de transporte. México por su parte, sólo ha mantenido su ventaja en dos grupos: maquinaria y eléctricos y equipos de transporte (Serrano, Martínez, Rodríguez y Salazar, 2015).

Es decir, aunque el AG y TLCUEM se propiciaban una apertura mayor al mercado internacional y que se establecieron reglas dentro de un marco jurídico para que las partes contrayentes se beneficiaran en igual medida, los resultados han distado de ser equitativos. Las empresas europeas demostraron gran capacidad para establecerse en nuestro país y en diversas áreas. Los empresarios mexicanos se han estancado en los dos rubros con mayor demanda, excluyendo otros mercados; a esto habrá que agregar las políticas emprendidas por la UE, ya sea en conjunto o de forma local, las cuales impiden una participación igualitaria.

Son las empresas europeas quienes ven en México amplias oportunidades de desarrollo debido a que buscan ganar más mercados, hacer uso de la ventaja en cuanto a mano de obra mexicana en precio se refiere, para poder competirle a China. Las inversiones europeas se dirigen a sectores o áreas estratégicas como son telecomunicaciones, consumo, automotor, energético e infraestructura. Las empresas transnacionales se han establecido en nuestro país como es el caso de la empresa suiza Nestlé, las alemanas Adidas y Henkel, y las francesas L´Oreal y Danone, por mencionar solamente algunas.

Hasta el año 2015, como parte del proyecto “La empresa europea en el programa de maquila” logramos rastrear a 71 empresas con capital europeo que se encuentran en nuestro país invirtiendo y maquilando. Son empresas grandes, medianas y pequeñas que han establecido y que hacen uso de los recursos y capacidades que este país les ofrece. Si bien es cierto que el AG propiciaría una relación más equitativa en lo comercial, en lo tecnológico los resultados no han sido favorecedores en igual medida. Lo anterior es percibido a través de una entrevista que se le realizó a Kone[4], empresa finlandesa dedicada a la construcción de elevadores y escaleras mecánicas.

De la entrevista realizada a Kone se pudo conocer que para ellos, como para otras varias empresas europeas en México, este es un país estratégico no para la fabricación de sus productos de alta calidad con la consecuente derrama de conocimientos, sino para su desenvolvimiento comercial como parte de una estrategia regional. Se trata de una relación con nuestro país de una triangulación en las exportaciones pues sus productos, que importa de Finlandia, se distribuyen en el continente americano. En ese sentido, el Tratado de Libre Comercio de la UE con México otorgó las facilidades para sus exportaciones y ha propiciado su desarrollo comercial.

Es perceptible que esta práctica impida la derrama de conocimientos en nuestro país debido a que no se producen los bienes aquí y las capacitaciones que se brindan a los empleados solo tienen que ver con la instalación y el mantenimiento de los elevadores. Por otra parte, Kone se considera una empresa innovadora en cuestiones de gestión de empresarial, y entre sus innovaciones se encuentra mantener una paridad de género en sus contrataciones, aunque las mujeres se dedican principalmente a lo administrativo de la empresa, como su directora general. Otra “innovación” es el uso de los medios de comunicación para contactar a sus clientes, mostrando gran interés por atenderlos a través de las redes sociales.

Las inversiones europeas en América Latina son motivadas principalmente por tres razones: la búsqueda de la eficiencia en la producción; la búsqueda de recursos naturales; y el acceso a los mercados locales y regionales. En este último rubro, se manifiesta de lleno en el caso de la empresa Kone, la cual se dedica principalmente a la colocación de sus productos en la región latinoamericana, Estados Unidos y Canadá, si bien no explota recursos naturales, ha encontrado buena mano de obra, talento y conocimiento en los trabajadores mexicanos.

El  acuerdo comercial que se ha establecido entre México y la Unión Europea ha propiciado un acercamiento más político que comercial sobre todo para la mediana empresa, que no ha logrado insertarse en procesos productivos más competitivos, mucho menos equitativos, con grandes empresas que no derraman conocimientos sobre ellas. Tampoco se ve un eslabonamiento productivo entre ellas. Los esfuerzos de México por apoyar a la pequeña y mediana industria a través de proyectos gubernamentales y financieros por el momento parecen insuficientes ante la alta incompetencia para acceder con sus productos a las grandes empresas europeas y norteamericanas.

 

Banco de México (2009). Informe anual 2008. En línea <<http://tinyurl.com/hww38gy>> Fecha de consulta: 15 de Octubre de 2015.

Buster Gustavo 2003 “La Unión Europea y América Latina: inversiones, estrategias empresariales y partenariado transatlántico”. Ponencia presentada en el Seminario Internacional Amerique Latine et Caraibe: Sortir de l’impasse de la dette et de l’ ajustement organizado por el Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) con la colaboración del Centro Nacional de la Cooperación y el Desarrollo (CNCD). Bruselas, Bélgica, 23-25 de mayo de 2003.

Departamento Temático Dirección General de Políticas Exteriores (2015). La actualización del “Acuerdo Globlal” Unión Europea-México,  en línea: <http://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/STUD/2014/534985/EXPO_STU(2014)534985_ES.pdf> fecha de consulta 28 de diciembre 2015.

Dutrénit Gabriela y Vera- Cruz Alexandre O. (2004), La IED y las capacidades de innovación y desarrollo locales: lecciones del estudio de los casos de la maquila automotriz y electrónica en ciudad Juárez. En línea:<< http://repositorio.cepal.org/handle/11362/25668>> Fecha de consulta: 15 de diciembre de 2015.

Rozo, Carlos A. (2008). “La opción europea: avances y retos para una relación estratégica” en Vidal, Gregorio (Coord.), Los procesos de integración en América y las opciones de México para el desarrollo, Universidad Autónoma Metropolitana, Integración en las Américas (INTAM) y Miguel Ángel Porrúa, México.

Serrano Carlos, Martínez Alma, Rodríguez Arnulfo y Salazar Saidé (2015) Evaluación de los efectos del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y México en el comercio bilateral y la inversión. En línea: <<https://www.bbvaresearch.com/wp-content/uploads/2015/05/DT15-13_TLCUEM1.pdf. Fecha de consulta: 02 de enero de 2016.

Turner Barragán Ernesto (2006). “Influencia de la industria maquiladora y el TLCAN en la demografía y el desarrollo económico de la frontera norte de México” en Análisis económico UAM. Núm. 26, vol. XXI, primer cuatrimestre.

 

[1] El Programa Bracero fue un acuerdo laboral con los Estados Unidos que se inició en 1942. Dicho programa permitió la entrada de más de 4 millones de mexicanos con permisos al país vecino (Salgado, 2004:92), pues se buscaba abastecer los sectores con escasez de trabajadores.

 

[2] www.delmex.ec.europa.eu/es/ue_y_mexico/lista_acuerdos.htm

 

[3] www.cefp.gob.mx/intr/edocumentos/pdf/cefp/cefp0062000.pdf

 

[4] La entrevista fue resultado de un arduo trabajo de búsqueda, recopilación y análisis de investigación sobre las empresas europeas en México.

 

Alejandra Arroyo M. Sotomayor

Alejandra Arroyo M. Sotomayor

Doctora en Relaciones Internacionales, profesora investigadora de la UAM Unidad Iztapalapa. Coordinadora de Enseñanzas en Lengua y Cultura. Autora y coautora de varios libros.
Alejandra Arroyo M. Sotomayor
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