EMPRENDEDORES SOCIALES: UN NUEVO PARADIGMA DE BIENESTAR COMUNITARIO

Categoría: EPSI17, Otros puntos
marzo 1 2015

“Es el mejor momento

de la historia,

porque todos pueden contribuir al cambio”.

Bill Drayton1

 

El 20 de enero de 1949 el presidente de Estados Unidos Harry Truman, en su discurso inaugural delante del Congreso, por primera vez definió como subdesarrolladas a todas las economías que no mantu­vieran el mismo nivel de vida que su territorio. De súbito un concepto aparentemente inocuo se estableció, comprimiendo la inmensurable diversidad del Sur en una categoría: los subdesarrollados2.

Estos conceptos, “desarrollo” y “subdesarrollo”, emergen como parte de la estrategia del modelo consumista de EU, después de la Segunda Guerra Mundial con la idea de incentivar a todas las naciones a seguir el patrón de alto consumo para estimular la economía de este país.

La creación de este nuevo termino por Truman denota la expresión exacta de una visión del mundo occidental: para él todos los pueblos del mundo caminaban en la misma pista, unos rápido, otros despacio, pero todos en la misma dirección, con los países del norte, particularmente EU por delante3.

 Imaginemos por un instante la vida tranquila de un agri­cultor de papa en el altiplano sudamericano, alimenta a su familia con lo que la tierra le provee y mantiene una relati­va armonía con su entorno, la relación con su comunidad y con la tierra son estrechas, entiende y aprovecha los ciclos naturales, al tiempo que mantiene una escasa relación con el papel moneda y el dinero metálico; sin saberlo este agricultor del altiplano es, a los ojos de los países del norte, un sujeto “subdesarrollado” por definición.

De pronto pueblos tan complejos y distintos entre sí, como las comunidades indígenas en Chiapas y los pueblos nómadas en África, fueron catalogados en un mismo nivel: el de la pobreza y el subdesarrollo. Esta idea a veces impuesta, a veces adoptada, ha generado, según datos del World Wildlife Fund en 2010, que la velocidad con la que se regeneran los recursos en el planeta es 30 por ciento menor a la velocidad con la que se consumen; es decir que al planeta le toma año y medio poder reponer los recursos renovables que usamos durante un año, esto sin considerar los recursos no renovables que simplemente desaparecen.

Esta superficial fotografía de nuestra realidad tiene com­plejos matices con un origen simple: la imperiosa avaricia de acumular capital a costa de todo, personas, medio ambiente, pueblos enteros, no importan, lo trascendental para el sistema capitalista es la acumulación de capital y la externalización de costos para ampliar el margen de utilidad o plusvalía.

Si lo pensamos detenidamente el dinero es un invento reciente en la historia de la especie humana. Sin el dinero pudimos organizarnos, producir y superar retos tan gran­des como la última glaciación, ¿el dinero se inventó para facilitarnos la vida?, ¿o se ha convertido en el dios de la modernidad tanto para los que lo poseen como para los que sobreviven sin él?

Datos publicados a finales de 2014 de diversas fuentes de análisis económico a nivel mundial nos informan que en 2016 el 1 por ciento de la población del planeta tendrá el control sobre más del 50 por ciento de las mercancías y servicios que se producen; mientras que el 99 por ciento restante tendrá que repartirse menos del 50 por ciento de la riqueza total. Esa es la realidad de un mundo polarizado entre la élite multimillonaria y los miserables.

La política neoliberal impulsada en México desde los años 80 del siglo pasado y la incompetencia de la clase tecnó­crata hicieron que el expresidente Vicente Fox llamara a los mexicanos a convertirse en “empresarios”, impulsó la política del changarro e invitó a las madres solteras a volverse autosuficientes. “Empléate a ti mismo” rezaba el eslogan oficial. Sin bases firmes, sin cultura organizacio­nal, sin capacitación, sin créditos para la inversión, y, sobre todo, sin una política gubernamental articulada en apoyo a los nuevos empresarios.

¿En qué terminó esta política oficial foxista? En un au­mento de la economía informal. Evidentemente Vicente Fox se caracterizó por ocurrencias y políticas económicas desarticuladas para la población. En contraste, tenía muy claras las metas y el cumplimiento de compromisos con quienes apostaron por él como candidato presidencial, ni siquiera nos referiremos al PAN, sino a las refresqueras, en particular Coca-Cola, a la que apapachó durante un buen rato, violando incluso los cupos de importación incor­porados y firmados en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Esa fue la razón por la que Fox perdió una controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, presentada por quien escribe el presente artículo en la LVIII Legislatura. La industria azucarera en México estaba en franca crisis por las enormes cantidades de azú­car y fructosa importadas desde Estados Unidos.

Felizmente para miles de familias trabajadoras ligadas a la industria azucarera mexicana, el resolutivo de la Suprema Corte obligó al expresidente Fox y a su secretario de Economía Ernesto Derbez a suspender la importación de azúcar y fructosa, ya que nuestro país es productor de gran calidad en esos productos.

En contraste, en el mundo se alzan voces que afirman: “La única forma de crear empleo es estimular el espíritu emprendedor. Puesto que es este estímulo el que genera crecimiento económico, mejora la competitividad y aumenta el empleo en una región. La relación entre el crecimiento económico, el empleo y el espíritu empren­dedor lleva a los responsables políticos a ser conscientes de que el desarrollo de la iniciativa emprendedora es la mejor política de empleo”.4

JOSE LUIS BUSTAMANTE

Gesto gótico, 2006-07/Óleo, hoja de oro, madera/180 X 120 cm.

Durante el sexenio de Felipe Calderón, el aumento del comercio informal, que pasó del 13 por ciento en 2006 al 27 por ciento en 2012, nos muestra claramente que la política económica fue un fracaso. Calderón se promocio­nó en campaña como el “Presidente del empleo”, pero seis años después el saldo de la guerra contra el narcotráfico dejó al país ríos de sangre, más de 20 mil desaparecidos y entre 80 mil a 100 mil personas muertas por esta política fallida. (En febrero de 2015 el expresidente Bill Clinton se disculpó frente al presidente Peña Nieto por los errores cometidos por EU en la guerra contra el narco y la forma en que involucraron y presionaron a México para seguir esa estrategia.)

En la segunda década del siglo XXI, el bono demográfico que tiene México se está desperdiciado miserablemente, jóvenes de escasos recursos que conforman el mundo, apodados ninis (ni trabajan, ni estudian), se convierten en una presa fácil de las drogas y el mundo de la delin­cuencia; sin embargo, también los jóvenes universitarios están pasando por un mal momento, trabajos muy mal remunerados, el sueldo mínimo es ridículo y los avances para aumentarlo no pasan de ser demagogia entre los políticos, la competencia profesional cada vez es mayor para una reducida oferta laboral. Estos jóvenes merecen una propuesta diversificada.

La Encuesta Nacional de Adicciones de 2011 indica que en México se duplicaron las cifras de la década anterior, al pasar de 0.8 a 1.5 por ciento entre personas de 12 a 65 años de edad; en los hombres la prevalencia es de 2.6 por ciento a escala nacional y en las zonas urbanas de 2.9 por ciento. Debemos recordar que estos porcentajes son sólo un indicativo, ya que la mayoría de las personas omiten in­formación cuando son encuestadas en estos temas. ¿Existe alguna salida? Emprendedores sociales. ¿Es lo mismo un emprendedor social que un empresario?

El término emprendedor, según el experto en gestión Peter F. Drucker, se refiere a un agente económico particular que transfiere recursos de una zona de baja productividad a una zona de mayor productividad y rendimiento.

Si miramos con otros ojos “la productividad y el rendi­miento” y logramos entender que la humanidad y el pla­neta donde habitamos no pueden funcionar en una línea recta donde la meta final es la acumulación de capital y la maximización de utilidades a costa de lo que sea, le es­taremos dando a nuestro futuro mejores oportunidades.

Un emprendedor social, por definición, es una persona que busca resolver los problemas más apremiantes de la humanidad, es decir, el objetivo de un emprendedor social es el impacto social y no las utilidades finales, los empren­dedores sociales no son políticos famosos ni acaudalados industriales, son personas cuya cualidad es la adopción de una idea transformadora.

Para la organización internacional Ashoka un negocio so­cial es aquel que utiliza los mecanismos del mercado para brindar mayores beneficios a sectores de la sociedad que hoy están excluidos5, cuando se cambia el paradigma de la acumulación de capital como bien único por el modelo de bienestar para todos, los emprendedores sociales im­pulsan objetivos colectivos o medioambientales que le dan sustentabilidad al desarrollo comunitario. A continuación algunos ejemplos6.

Fabio Rosa es un brasileño que trabaja para llevar la energía eléctrica y el desarrollo comunitario a las zonas rurales empobrecidas. “Proyecto Luz” tuvo éxito en su primer intento de elevar el nivel de vida de las familias rurales de bajos ingresos en Brasil mediante la adopción de electricidad barata.

En Brasil la mitad de las 400 mil propiedades rurales no tienen electricidad. Eso significa nada menos que un millón de residentes rurales del Estado no tienen electri­cidad. Ni el mundial de futbol pudo cambiar esa realidad.

Proyecto Luz tiene como objetivo suministrar electricidad barata a cerca de 26 mil familias en los próximos nueve años. La participación comunitaria es vital para el éxito, por lo que las reuniones preliminares establecen si la co­munidad quiere adoptar el proyecto.

Una vez que una comunidad se compromete en el pro­yecto, los gobiernos locales deben realizar un estudio de las necesidades de electrificación, organizadores trabajan para inculcar un sentido colectivo positivo entre los par­ticipantes. Líderes eventualmente surgen dentro de los grupos. La comunidad ejecuta el proyecto y, finalmente, se forma una asociación comunitaria.

Javed Abili7 trabaja para hacer realidad los derechos de las personas discapacitadas en India, formando agrupaciones de discapacitados y estableciendo alianzas con las empre­sas y el gobierno para crear empleo incluyente para las personas con capacidades especiales.

Javed entrena diferentes grupos de discapacitados en habilidades de campaña y de negociación mediante acciones legales, actualmente se centra en la imple­mentación de la Ley de Discapacidad y como director del Consejo Nacional de Promoción de Empleo de las Personas con Discapacidad (NCPEDP), que está traba­jando con el sector empresarial para definir las políticas de empleo claras para las personas con discapacidad dentro de su agenda.

Francesco Piazzesi8, en México, ataca la falta de vi­vienda digna con ¡Échale a tu casa!, proyecto que im­plementa una estrategia de participación comunitaria de financiamiento y auto-construcción para darle a las familias de bajos recursos la oportunidad de edificar su propia vivienda, segura y ecológica. Piazzesi es uno de los expertos más destacados en el tema de vivienda en México. “Emprendedor social del año” por el Foro Económico Mundial de Davos, en su edición latinoame­ricana realizada en Río de Janeiro.

Gracias a este proyecto, 135 mil personas de bajos recursos son dueñas de una casa propia, que además es verde y sustentable, pues está construida con Adobloc (un bloque de tierra, cemento, cal y/o arena), es ecotérmica, y tiene un sistema de captación de lluvia y biodigestores.9

Ximena Abogabir10 es una mujer que dedica su trabajo a la educación ambiental informal en Chile de una manera inusualmente innovadora. En lugar de trabajar a través de una sola organización, Abogabir trabaja en mejorar la eficacia y el impacto de unas 300 organizaciones que ya participan en ese campo. A diferencia de otras organiza­ciones ambientalistas, Ximena va más allá de la protec­ción ambiental y cree que el trabajo sustentable incide directamente en la participación social y económica de las poblaciones, concibe el activismo ambiental como una herramienta integral.

A través de un proyecto nacional de evaluación y una serie de estudios regionales, se ha identificado y contactado con unas 300 organizaciones que se dedican, de una manera u otra, en la educación ambiental no formal, pero están en extrema necesidad de redirección, motivación renovada y asistencia técnica.

En el caso mexicano, para los microempresarios, se ha impulsado que adopten el modelo de los dueños de los corporativos de oligopolios mundiales. Por el contrario, un emprendedor social ubica un problema colectivo para darle solución, es un ganar-ganar para la comunidad.

En México algunas instituciones educativas han entendido e impulsado el modelo de emprendedor social. La Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México ofrece un diplomado en creación de empresas sociales, otras más ofrecen cursos para emprendedores sociales. Periodistas y activistas hablan frecuentemente del tér­mino, hay una razón para que esto ocurra y es el hecho de que los proyectos y los emprendimientos sociales tienen un impacto tangible y duradero con beneficios colectivos de bienestar.

 

 

1  Fundador de Ashoka. Premio Príncipe de Asturias en Cooperación Internacional.

2 Conceptos de Desarrollo, catedra UNESCO en Tecnología, Universidad Politécnica de Catalunya.

3 Sachs, Wolfgang; Planet Dialectics – Explorations in Environment & Development; Londres: Zed Books, 1999.

4 Rudy Aernoudt, profesor belga, escritor, filósofo, economista y político.

5 Forbes México, Cynthia E. Santiago Franco, julio 11, 2013.

6 Perfil y datos completos en www.ashoka.org.

7 http://www.ncpedp.org

8 http://www.changemakers.com/es/users/francesco-piazzesi

9 Soy Entrepreneur, 10 minutos con Piazzesi, Por Ilse Maubert Roura, Junio 11, 2011.

10 http://www.casadelapaz.cl

Miroslava García Suárez

Miroslava García Suárez

Economista, asesora y ex Diputada Federal en la LVIII Legislatura. Maestra en Auditoría y Profesora de Posgrado en la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM.
Miroslava García Suárez
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