El embarazo adolescente en México: un problema de salud pública y social*

Categoría: EPSI22, Otros puntos
enero 1 2016

La película “Juno, Crecer, correr y tropezarse” nos presenta el dilema que vive la adolescente Juno MacGuff, quien a los 16 años descubre que está embarazada de su amigo Paulie Bleeker. Al inicio de la película, se describe la problemática que vive la adolescente prácticamente sola, pues ni el joven Paulie ni la familia de la futura joven madre ofrecen soluciones que le permitan tomar una decisión sobre su embarazo.

La situación de Juno es muy parecida a la que viven miles de adolescentes en México, con una diferencia importante: el entorno de Juno es radicalmente distinto, pues en la historia, la situación en la que ocurre el suceso es propicia para que la adolescente tome libremente la decisión de dar al bebé en adopción; al final no hay consecuencias, y la vida de Juno continúa donde estaba antes de embarazarse. En cambio, en nuestro país las investigaciones sobre el tema han revelado que el embarazo de las y los adolescentes, tienen amplias influencias del contexto social, desde los estereotipos positivos sobre la maternidad, los valores y normas familiares, hasta una cultura colectivista que fomenta la dependencia respecto del núcleo familiar, en lugar de la independencia del individuo. En la película, Juno regresa a la escuela después de tener a su hijo, pero en nuestro país eso no sería probable, pues sólo dos de cada 10 adolescentes embarazadas retoman sus estudios; el resto corre un alto riesgo de perpetuar el círculo de la pobreza y la desigualdad social, pues a menor nivel educativo, menor es también la posibilidad de escalar socialmente. Por si eso no bastara, cuando una adolescente se convierte en madre en esas condiciones, los hijos también son candidatos a repetir ese patrón de pobreza y miseria.

Hace algunas décadas, cuando el problema comenzó a despuntar, se consideró que existía una sola causa del embarazo adolescente: la falta de información. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Instituto Nacional de Salud Pública, 2012) la tendencia de los embarazos en adolescentes en México ha ido al alza, aun cuando el 90% de las y los entrevistados reportó tener conocimientos sobre algún método anticonceptivo. La investigación realizada por Pick (2001) muestra, sin embargo, que dichos conocimientos no son suficientes, y también revela que las explicaciones sobre el embarazo adolescente son más bien múltiples. A ese respecto, García y Barragán, Correa-Romero y García-Campos (2014) indican que hay una diferencia entre el conocimiento del uso de los métodos anticonceptivos y el correcto uso de tales métodos. Estos son apenas un par de ejemplos de los múltiples estudios que indican que el embarazo a temprana edad es un problema que tiene diversas causas: epidemiológicas, económicas, psicológicas, sociales y hasta culturales; en otras palabras, es un problema de salud pública y social.

El embarazo en adolescentes en México durante las últimas décadas

 La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la adolescencia como el periodo que ocurre durante la segunda década de la vida, entre los 10 y los 19 años, considerando dos momentos:

a) Fase temprana, que comprende adolescentes entre 10 y 14 años.

b) Fase tardía, que incluye adolescentes entre 15 y 19 años (OMS, 2014).

El embarazo en la adolescencia, entonces, es aquel que se produce en una mujer entre la fase temprana y el final de la adolescencia. El Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (2015) señala que, en 2009, México contaba con 12.8 millones de adolescentes entre 12 y 17 años, de los cuales 6.3 millones eran mujeres. Además se sabe que el 55.2% de los adolescentes en nuestro país eran pobres, y uno de cada cinco tenían ingresos familiares y personales que no alcanzaban para la alimentación mínima requerida. En este contexto adverso, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2015) incluye en sus estadísticas de embarazo adolescente a aquellas mujeres que se encuentran encintas entre los 15 y los 19 años.

Veamos otros datos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2014) reveló que el 31.2% de las adolescentes en fase tardía ya han iniciado su vida sexual; de éstas, más de la mitad (56%) han estado embarazadas. Con estas cifras, México se ubica como el primer lugar de embarazo adolescente de entre todos los miembros de la OCDE, el cual se incrementó, entre 2005 y 2011, de 30 a 37 por cada mil mujeres. Datos del INEGI (2015) muestran que en el 2007, las madres que dieron a luz entre los 15 y los 19 años representaba 16.42% de todos los alumbramientos del país. Para el 2012, esa cifra aumentó a casi el 20%, es decir, uno de cada cinco nacimientos eran de madres adolescentes.

Rafael Calzada

Fénix, acrílico s/tela, 125 x 115 cm, 2008.

Impacto en la salud física de las adolescentes

Las repercusiones del embarazo sobre la salud física y mental de las adolescentes no es tampoco menor. En los países en desarrollo, las complicaciones durante el embarazo y el parto son la principal causa de muerte en mujeres entre 15 y 19 años (Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia –Unicef-, 2015a). En México, en los últimos 10 años, tales complicaciones pasaron de ser la causa número 21 de muerte, a ocupar la posición 16 para ese grupo de población (INEGI, 2015). Además de lo anterior, existe una relación entre el embarazo adolescente y una nutrición deficiente: la malnutrición de las jóvenes madres puede producir anemia nutricional, lo que aumenta el riesgo de aborto espontáneo, mortinatalidad, nacimiento prematuro y muerte materna (Ransom y Elder, 2003).

Existen múltiples factores que detonan estas complicaciones, como son: la edad de la adolescente y su inmadurez física, la falta de acceso a la atención obstétrica, el nivel económico de la familia de origen (bajo, generalmente), o bien un desconocimiento acerca del tratamiento adecuado durante el embarazo por parte de la adolescente y su red social cercana. Así, los problemas de salud son más probables si la niña queda embarazada en los dos años posteriores a su primera menstruación o cuando su pelvis y canal de parto todavía están en crecimiento (OMS, 2014). Y es que las madres primerizas que son físicamente inmaduras son particularmente vulnerables a un trabajo de parto prolongado y obstruido, lo que a su vez genera una fístula obstétrica, una enfermedad debilitante que causa incontinencia en la mujer, y en la mayoría de los casos la muerte del bebé en la primera semana de vida.

Otra importante causa de muerte es el aborto en condiciones de riesgo. En comparación con las mujeres adultas que abortan en las mismas circunstancias, las adolescentes son más proclives a tener complicaciones tales como hemorragias, septicemia, lesiones en órganos internos, tétanos, esterilidad, e incluso la muerte (Fondo de Población de las Naciones Unidas, 2013). Además de lo anterior, no es un secreto para nadie que muchas adolescentes intentan abortar para evitar el rechazo social y familiar, y que esos intentos ocurren en condiciones insalubres y poco seguras para ellas, lo que produce sangrados intensos e infecciones, que ponen en riesgo sus vidas. Otro factor que afecta la salud de las adolescentes embarazadas son las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS),  y es que las y los adolescentes tienen las tasas más altas de ese tipo de padecimientos, las cuales pueden causar esterilidad, enfermedad inflamatoria pélvica, embarazo ectópico, cáncer y dolor debilitante en la pelvis en mujeres. Agreguemos a la lista el bajo peso del bebé al nacer, los partos prematuros, y enfermedades físicas y neurológicas permanentes para los niños nacidos de madres con ITS (Instituto Nacional de Salud Pública, 2012).

Por si todo lo anterior no bastara, los riesgos para la salud de los hijos de madres adolescentes están bien documentados. La mortinatalidad y la muerte del recién nacido son un 50% más altas entre hijos de madres adolescentes que entre hijos de madres entre 20 y 29 años de edad (OMS, 2014). Así, alrededor de un millón de niños que nacen de madres adolescentes no llegan al primer cumpleaños o bien son más proclives a tener un bajo peso desde el momento de su nacimiento.

Impacto social

De acuerdo con García y Barragán, Correa-Romero y García-Campos (2014), el embarazo adolescente no sólo es un problema de salud materno-infantil (por los riesgos que implica para la madre y para el niño o la niña), sino que es, sobre todo, un tema de salud pública. Sin embargo, como se reporta en el informe “Embarazo adolescente y madres jóvenes en México: Una visión desde el Promajoven” (SEP, 2012), en el aspecto social también existen situaciones que modifican la vida de los jóvenes. Entre los efectos del embarazo a temprana edad, destacan los siguientes:

– Rechazo social.

– Abandono.

– Falta de ingresos propios.

– Consecuencias psicológicas.

– Problemas de salud.

– Conflictos familiares.

– Problemas para conformar un proyecto de vida.

Como resultado de todo lo anterior, es altamente probable que las madres adolescentes sufran estigma social, así como un descenso en su bienestar subjetivo y su salud mental. En ese mismo sentido, los datos del Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, 2015b) reportan que el embarazo a temprana edad, al ser inesperado, crea una presión social que motiva uniones conyugales inestables, donde la mayoría de las veces los padres no se hacen cargo del hijo, observándose un incremento de madres solteras.

Además, un embarazo durante la adolescencia provoca un desajuste en la familia de origen, pues por su condición de vulnerabilidad, es probable que se convierta en una situación con alto riesgo, lo que implica costos altos en términos económicos, y de requerimientos de recursos de apoyo para el cuidado de la adolescente. Además, si el embarazo llega a término, la familia acaba solventando los gastos de la madre, y también los del recién nacido, con un importante impacto para los padres y hermanos, al ver multiplicado el tamaño del grupo familiar, y mermados sus recursos económicos.

Según un estudio del Banco Mundial (Chaaban y Cunningham, 2012), existe un costo de oportunidad relacionado con el embarazo en adolescentes; dicho costo se mide calculando la pérdida de ingresos anuales durante toda la vida de la madre. Y es que, al abandonar la educación media superior, una persona en México deja de percibir en promedio el 50% de lo que gana una persona con estudios de bachillerato y hasta un 100% menos con respecto a lo que gana una persona con estudios universitarios.

Posibles explicaciones psicosociales al fenómeno.

Como ya se ha dicho, el embarazo adolescente es un fenómeno multifactorial, y son diversos los elementos que se han relacionado a esa condición. Entre ellos están:

1) Factores sociodemográficos, tales como: bajo nivel económico, baja escolaridad, ser residente de áreas rurales, desempleo de la adolescente.

2) Factores biomédicos: madurez reproductiva, inicio temprano de las relaciones sexuales.

3) Factores psicológicos: abuso, maltrato físico o psíquico.

4) Factores familiares: disfunción familiar, ser hijo de madres solteras, ausencia de educación en valores.

5) Factores culturales: en grupos sociales tradicionales, por ejemplo, se le da un gran valor a la fertilidad, sin considerar la edad de la madre o las implicaciones para su desarrollo físico y social (Fondo de Población de las Naciones Unidas, 2013).

Al respecto, Correa-Romero, Saldívar-Garduño y García y Barragán (2013) señalan que existe una alta valoración e idealización cultural hacia la maternidad, lo cual hace del embarazo adolescente no sólo una práctica socialmente aceptada, sino culturalmente deseada. Por último, Correa-Romero y García y Barragán (2014) indican que una evaluación positiva hacia la maternidad disminuye la intención de las adolescentes para seguir estudiando, pues ésta se convierte en un plan de vida; por el contrario, la actitud negativa hacia la maternidad es un factor protector que aumenta la intención de continuar con los estudios y es una alternativa de prevención para los embarazos a edades tempranas.

Alternativas de prevención

En este punto, es evidente que el embarazo adolescente no es sólo una decisión personal, sino un tema social que por sus características cae en la categoría de problema de salud pública. Pero, ¿qué es la salud pública? Según la OMS (2014), la salud no es la ausencia de enfermedad, sino que principalmente es el estado de bienestar somático, psicológico y social del individuo y de la colectividad. Este enfoque acentúa y subraya que las intervenciones del sector salud deben incluir no solo los servicios clínicos que se centran en su mayor parte en lo somático y psicológico, sino que también deben considerar los factores sociales.

En ese sentido, existen tres niveles de intervención para cualquier fenómeno que ponga en riesgo el bienestar de las personas y el colectivo al que pertenece:

– Intervención Preventiva Primaria (IPP). Es la que se produce antes de que se rompa el equilibrio somático y psicológico de la persona. Normalmente, se encuentran encaminadas a proteger a los grupos vulnerables. Actualmente, el inicio de la vida sexual sucede justamente en la etapa de la adolescencia tardía; por lo tanto, una IPP debe fomentar las acciones relacionadas con el retraso de la vida sexual.

– Intervención Preventiva Secundaria (IPS). Está encaminada a intervenir en la fase presintomática o silenciosa de la enfermedad. Como se mencionó, la mitad de las adolescentes que han iniciado su vida sexual han estado embarazadas en algún momento de su vida, de modo que una intervención en este nivel implica las acciones que lleven a reducir las conductas sexuales de riesgo.

– Intervención Preventiva Terciaria (IPT). Busca reducir el daño, una vez que ha sucedido el embarazo, lo cual implica una atención y/o toma de decisiones que permitan mantener el bienestar físico, mental y social de la joven madre.

El primer tipo de intervención es el más económico, pues previene que suceda el fenómeno. Sin embargo, dados los altos niveles de embarazo adolescente en nuestro país, es necesario desarrollar intervenciones preventivas secundarias y terciarias, con un enfoque multidisciplinar.

Una vez reconocido el embarazo adolescente como un problema de salud pública que afecta de manera importante a la sociedad y en el que ésta debe participar de manera activa, el Fondo de las Naciones Unidas para la Población (2013), en su informe Maternidad en la niñez. Enfrentar el reto del embarazo en adolescentes sugiere ocho acciones para prevenir el embarazo a temprana edad:

Intervenciones preventivas primarias en niñas de 10 a 14 años.

–  Eliminar el matrimonio de menores de 18 años, prevenir la violencia y coacción sexual.

 Crear recursos globales para mantener a las niñas sanas y seguras, además de reafirmar su trayectoria de vida.

Proteger los derechos a la salud, educación, seguridad y libertad frente a la pobreza.

 Lograr que las niñas asistan a la escuela y apoyarlas para mantenerse en ella el mayor tiempo posible.

Involucrar a que los hombres y niños sean parte de la solución.

– Ampliar información adecuada a la edad, ofrecer servicios de salud para adolescentes.

Promover un desarrollo equitativo entre hombres y mujeres.

Con ello, el Fondo de las Naciones Unidas pretende lograr los siguientes objetivos:

Mejorar la salud materna e infantil, pues al postergar la edad del primer embarazo se tienen mejores condiciones para la madre y el hijo.

Aumentar el nivel educativo de las niñas, como un factor protector que ayuda a retrasar la edad del embarazo, pero que también permite desarrollar destrezas y estatus social de las mujeres.

– Conseguir la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y varones.

 Aumentar la productividad económica y el empleo de las adolescentes, desarrollar su potencial financiero y sus ingresos futuros.

– Desarrollar al máximo el potencial de las adolescentes.

Opciones de futuro para las y los jóvenes

Como puede apreciarse, el embarazo adolescente es un tema complejo que convoca la intervención de los distintos sectores de la sociedad para su prevención y atención. Ya hemos mostrado cómo este evento trastoca de manera importante la vida de las y los jóvenes (especialmente de las mujeres), y sus posibilidades de futuro. Por otra parte, la información como única medida para retardar la decisión de procrear ha resultado ser costosa e ineficaz; por esta razón, los enfoques multidisciplinarios y las medidas tendientes a promover una vida sana, y en condiciones equitativas, parecen ser una alternativa que ofrece un panorama más optimista en relación con la salud física y mental, el bienestar y la calidad de vida de los individuos y sus entornos. La propuesta es: eduquemos y formemos jóvenes sanos, y tendremos no sólo ciudadanas y ciudadanos más responsables y saludables, sino que estaremos colocando los pilares de una sociedad mejor para las siguientes generaciones.

Bibliografía

Chaaban, J. y Cunningham, W. (2012). Measuring the Economic Gain of Investing in Girls: The Girl Effect Dividend. The World Bank. Recuperado de http://tinyurl.com/hl86opw

Correa-Romero, F. E., Saldívar-Garduño, A. & García-YBarragán, L. F. (2013). Estereotipo de paternidad e identidad de género en adolescentes de la Ciudad de México. Revista iberoamericana de psicología: ciencia y tecnología, 6(1), 41-50.

El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (2015). Día internacional de la juventud (12 de agosto). Estadísticas a propósito de. Recuperado de http://tinyurl.com/h5254em

Fondo de Población de las Naciones Unidas (2013). Maternidad en la niñez. Enfrentar el reto del embarazo en adolescentes. Recuperado de http://tinyurl.com/hpgq2lq

Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (2015). Fecundidad y planificación de la familia. Recuperado de http://tinyurl.com/jh5zgqx

Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (2015b). UNICEF México: La Infancia. Recuperado de http://tinyurl.com/htmnsth

García y Barragán, L.F., Correa-Romero, F. E. & García-Campos, T. (2014). El embarazo adolescente desde la Psicología

Social, en T. García-Campos, J. A. Barradas, L. Chacón, F. E. Correa-Romero, L. F. García-Y-Barragán & A. D. López-Suárez. Emoción y salud (pp. 61-74). Guanajuato: McGraw Hill

Instituto Nacional de Salud Pública (2012). Encuesta Nacional de Salud y Nutrición: Resultados Nacionales 2012. Recuperado de: http://tinyurl.com/zbl39pe

Organización Mundial de la Salud (2014). Embarazo adolescente. Centro de prensa. Recuperado de http://tinyurl.com/ocsu68p

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (2014). Family and children. Recuperado de http://www.oecd.org/els/family

Pick, S. (2001). Educación para la salud y la vida familiar: desarrollo de un modelo dirigido a la población mexicana, en N. Calleja & G. Gómez-Peresmitré (comp.), Psicología social: investigaciones y aplicaciones en México, (pp. 229 – 265). México: FCE

Ransom, E., & Elder, L. (2003). Nutrition of women and adolescent girls: Why it matters. Population reference Bureau. Recuperado de http://tinyurl.com/jyf4wcz

Secretaría de Educación Pública (2012). Embarazo adolescente y madres jóvenes en México: una visión desde el Promajoven. Recuperado de http://tinyurl.com/zbw36jc

Artículo escrito por Fredi Everardo Correa Romero & Alicia Saldívar Garduño

 

Alicia Saldivar Garduño

Alicia Saldivar Garduño

Doctora en Psicología egresada de la Universidad Autónoma de México. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma de Metropolitana – Iztapalapa
Alicia Saldivar Garduño
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