Elecciones en Colombia. Los lentos cambios de una sociedad con miedo

Introducción

Después de dos vueltas presidenciales, Colombia decidió mantener un gobierno que guarde las tradiciones políticas y económicas de la que puede ser la sociedad más sui generis de la región: ha padecido de una larga guerra, que no termina sólo con el desarme de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), son varios los actores armados en el conflicto que siguen siendo una amenaza a la esperada paz. Tiene una élite que no solo ha promovido el conflicto, sino que es disciplinada frente a las directrices de los organismos multilaterales y el miedo cunde en una sociedad que por años ha estado militarizada, donde es la eliminación física de los otros lo que ha primado en las divergencias. Una sociedad que apenas comienza a conocer la democracia, aunque se dice que es la más antigua y estable del Continente (Melo, 2017).

Desde Antaño, alto relieve en resina acrílica, 25 x 20 cm.

En efecto, el análisis del proceso electoral en Colombia se distancia de lo que ha sucedido en otros países; tal vez México puede ser el caso más similar. Mientras los demás han experimentado dictaduras, gobiernos de derecha, socialdemocracias, incluso de izquierdas, Colombia se ha mantenido en un pacto de las élites para mantener el poder y bloquear cualquier iniciativa distinta a sus intereses. A esto, los movimientos sociales, de centro o de izquierda, no han sido capaces de reaccionar y siempre han acudido dispersos a las elecciones presidenciales, han podido más las vanidades personales que una puesta en común del país que se quiere construir.

El proceso electoral que recién culminó es una muestra clara de estas características. Y como era de esperarse, la élite, con las más variadas personalidades, aún sin mediar condicionamientos éticos, ideológicos o morales, se unió y con base en el miedo, emprendió una campaña que la mantendrá por los próximos cuatro años no sólo en la presidencia sino en el control del Congreso y  probablemente de los principales órganos de control del Estado. En el próximo apartado se presentarán los resultados de las elecciones presidenciales. Posteriormente se realizará un análisis del proceso político electoral en Colombia y, por último, se discutirán los retos que tienen los movimientos alternativos o de oposición en el País.

Los resultados: los que ganaron no vencieron

La segunda vuelta presidencial se realizó el día 17 de junio entre dos candidatos; el primero, Iván Duque,  un joven político sin mayor experiencia, pero avalado por el Centro Democrático, partido que lidera el expresidente Álvaro Uribe Vélez y al que se unieron las más variadas fuerzas políticas, entre conservadores, liberales, cristianos, evangélicos, expresidentes, pero también exconvictos y políticos investigados por temas que van desde el paramilitarismo hasta la compra de votos. Su fórmula vicepresidencial, Marta Lucía Ramírez, es una política experimentada, de tendencia conservadora que ha sido ministra en varias ocasiones y cuenta con el respaldo político del expresidente conservador Andrés Pastrana.

De otro lado, Gustavo Petro, un político de experiencia, exguerrillero, constituyente en 1991, congresista y alcalde mayor de la ciudad de Bogotá. Llegó por el Movimiento Colombia Humana, al que se unieron algunos líderes importantes de centro, pero que tuvo en otros de gran relevancia política una oposición rotunda. Su fórmula a la vicepresidencia fue Ángela María Robledo, una académica con experiencia en el sector público y como congresista por el partido político Alianza Verde.

Los resultados generales fueron: Duque obtuvo 10 millones 373 mil 080 votos, el 53.98 %; Petro: 8 millones 034 mil 189 votos, que representan el 41.81 %. Los votos en blanco fueron 808 mil 368 (4.20 %). La participación fue significativa en la historia del país, el 53.04% del censo electoral (Registraduría Nacional del Estado Civil, 2018).

La diferencia entonces entre los dos candidatos fue de 12.09 puntos porcentuales, es decir, 2 millones 338 mil 891 votos. En la primera vuelta, la diferencia entre estos dos candidatos, siempre a favor de Duque fue de 2 millones 718 mil 439 votos, equivalentes a 14.06 puntos porcentuales.

Los resultados distan entonces de aquello que la derecha, al unirse toda alrededor de un candidato, pensó que iría a suceder: arrasar para que no existiera duda alguna de la opción del país por las ideas defendidas desde el Centro Democrático.

El país dio así una demostración de empezar a desligarse de los miedos, que no alcanzó obviamente para el triunfo de Petro, pero que sí representa un voto autónomo creciente, lo que se está llamando ahora el voto de las ciudadanías libres. Lo sucedido en las distintas regiones del país da cuenta de los nuevos escenarios políticos.

Antioquia y el viejo Caldas, la región cafetera tradicional, ha sido históricamente de derecha, ha votado en su mayoría por candidatos del partido conservador; situación paradójica a sus condiciones de desarrollo industrial y tecnológico. Esta región, compuesta por los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío, le sumó a Duque 2 millones 442 mil 187 votos, aportándole a la diferencia con Petro 1 millón 547 mil 480 votos, es decir el 66.16 % de la diferencia total de votos (Santana, 2018). Sólo en el departamento de Antioquia la diferencia aportada fue de 1 millón 185 mil 513 votos, el 50.67 % del margen. Sin embargo, es de resaltar que, entre la primera y la segunda vuelta de elecciones, el aumento de Petro en los departamentos cafeteros fue mayor al de Duque, algo que se deberá canalizar de manera adecuada en el futuro.

El otro departamento con diferencia significativa fue Norte de Santander, localizado en la frontera con Venezuela, donde el aporte a la diferencia fue del 15.97 %. Santander, que ha soportado parte del peso de la migración venezolana, aportó 246 mil 490 votos a la diferencia; y Cundinamarca, otro departamento de votación tradicional, el aporte a la diferencia de votos fue de 205 mil 905. Visto así, estos siete departamentos –de los 32 que componen el territorio nacional– le significaron a Iván Duque la elección.

Caso contrario sucedió en la región de la Costa Caribe, donde han sido las maquinarias políticas (a las que hoy se les llama empresas electorales) las que han movido las votaciones e incluso han marcado las pautas para la definición del ganador. Las diferencias fueron mínimas e incluso en dos departamentos: Atlántico y Sucre, Gustavo Petro estuvo por encima de la votación obtenida por Iván Duque

La región del Pacífico colombiano, caracterizado por la pobreza, la violencia guerrillera y paramilitar, así como por el abandono estatal, votó en su totalidad a favor de Petro. Sobresale también el Valle del Cauca, pero en especial Cali, una de las grandes ciudades del país y que en apariencia era un fortín para Duque, pero que terminó respaldando mayoritariamente a Petro (Revista Semana, 2018).

En Bogotá, la ciudad capital donde Petro fue alcalde, con una rasera oposición de los medios, de las élites, que lo mantuvieron entre procesos disciplinarios, una destitución temporal y algunas demandas millonarias, obtuvo el 53.35 % de los votos (1 millón 884 mil 869), mientras que Duque contabilizó 1 millón 447 mil 685 votos, para el 40.98 por ciento.

En Bogotá se presentaron 200 mil 79 votos en blanco, el 24.75 % de la votación en blanco en el país, voto que promovieron dos fuerzas políticas: una de izquierda, encabezada por Jorge Robledo, con gran presencia en Bogotá, y la otra de Centro, liderada por Sergio Fajardo, y con mayor impacto en Antioquia, y donde la votación en blanco fue de 139 mil 598. Esta que fue una estrategia de estos políticos que se negaron a apoyar a Gustavo Petro, les representó un traspié. Acá también se demostró que los electores obran con libertad y los votos no necesariamente se endosan a otras alternativas de votación.

Como se aprecia, lo resultados fueron apretados. Sólo unos pocos departamentos de tradición conservadora marcaron la diferencia, por lo demás la votación en el país estuvo cerrada a favor de uno y otro candidato donde las distancias no fueron sustanciales.

De un Pasado Enigmático, resina y Acrílico, 73 x 44 x 30.

El proceso: un camino tortuoso

La historia de Colombia no ha sido fácil. Desde el siglo XIX las guerras internas han marcado las configuraciones regionales, que más allá de la geografía, han dejado poderes regionales que encontraron en el control de la tierra su mayor característica.

A mediados del siglo XX, un período electoral fuerte estaba conduciendo a Jorge Eliecer Gaitán a la presidencia (aun con el estigma del populismo), pero fue asesinado. Esto llevó al país a una época oscura de violencia partidista, la cual fue, en apariencia, trascendida tras un acuerdo de las élites al que se le dio el nombre de Frente Nacional. Éste debía durar 16 años, tiempo en el que los dos partidos (liberal y conservador) se rotaron la presidencia y compartieron el gobierno con el otro partido, generándose así una extraña alianza que bloqueó cualquier posibilidad a otras fuerzas políticas.

A esta conclusión y tras el aparente robo electoral en 1970, se llegó por un grupo de militantes de la Anapo y de otras posiciones que los llevó a la creación del movimiento guerrillero M19, ampliando el espectro de la izquierda, hasta el momento caracterizado por las corrientes marxistas, leninistas y maoístas. Este mismo grupo después lideraría la constituyente de 1991 tras haber firmado un acuerdo de paz y haber entrado a la vida civil. Gustavo Petro emergió entonces como un líder político, un excombatiente del M19, que va a lograr posicionarse como un responsable senador y después como alcalde de Bogotá, vilipendiado por los medios y las élites, pero avalado por los votantes. Sólo un ejemplo más de la oposición de las derechas a los gobiernos de izquierda o progresistas en América Latina, donde más que debate político han sido las mentiras y el desprestigio los instrumentos utilizados (Rendón, 2016).

La escena política de Colombia ha estado mediada por un líder como el expresidente Álvaro Uribe Vélez y su grupo Centro Democrático. Este país apenas empieza a conocer el tema de la oposición, y este grupo con su líder la ha realizado a fondo, aunque sea de una forma bastante visceral, tanto frente al gobierno (en especial frente al tema de la paz), como ante quienes piensen diferente. Las mentiras y los mensajes engañosos han sido parte de las estrategias políticas, tanto en los debates como en los diferentes procesos electorales, y sí que le han dado resultado. De hecho de su autoría fueron acusaciones como: el castro chavismo que reinaría en Colombia, el que con el proceso de Paz se le entregaba el país a las FARC, que nos obligarían a volvernos homosexuales, que seríamos otra Venezuela, que toda la inversión se iría de Colombia, en fin, una serie de alarmas que hacían eco a través de redes sociales, iglesias cristianas, evangélicas, católicas, empresarios e incluso medios de comunicación. Ya sin el enemigo interno de las FARC, el Centro Democrático buscó por doquier otros miedos y los encontró: el enemigo externo sigue siendo Venezuela, que más allá de su crisis social, política y económica, terminó siendo perfectamente funcional a los intereses de Uribe-Duque (Rosado, 2018).

En este escenario, Uribe-Duque se fueron solos a la carrera presidencial, en el camino realizaron una consulta con otras personalidades políticas de la derecha, la cual ganó Duque (se daba por descontado) y en segundo puesto la que fue su fórmula vicepresidencial.

Serenata, acrílico sobre tela, 70 x 50 cm.

A la primera vuelta llegaron otros candidatos: Germán Vargas Lleras, quien en apariencia tenía el control de las maquinarias, fue vicepresidente durante el gobierno de Santos, con una gran capacidad de gasto en viviendas y obras públicas. El resultado que obtuvo fue fatal, aunque él siempre se sintió ganador. El tradicional Partido Liberal cometió en el proceso innumerables errores que llevaron al fracaso a su candidato Humberto de la Calle, quien lideró el equipo negociador con las FARC, pero que no recibió mayor apoyo por la ciudadanía e incluso por su mismo partido que ha caído en una profunda crisis.

Sergio Fajardo fue el candidato revelación. Llegó en una alianza con sectores de izquierda (Jorge Robledo-Polo Democrático) y de centro-izquierda (Partido Verde), así como de su propio movimiento (Compromiso Ciudadano), que ya lo había llevado a ocupar la alcaldía de Medellín, la gobernación de Antioquia y a mantener en estos sitios una fuerza política y burocrática relevante. Aún con los buenos resultados, no logró pasar de primera vuelta. (Corcho, 2018).

Desde su salida de la alcaldía de Bogotá, Gustavo Petro asumió la tarea de construir un movimiento nacional: Colombia Humana. Pretendió unirse o hacer coalición con el partido Liberal (De la Calle) y con sectores progresistas como Fajardo (y los que le hicieron coalición), Clara López, quien terminó como fórmula vicepresidencial de Humberto De la Calle, y Carlos Caicedo, un joven político con alta presencia en la región Atlántica. Sólo Caicedo aceptó, en últimas, hacer consulta con Gustavo Petro; los demás lo consideraron tóxico, en particular porque Uribe había diseñado toda la campaña en contra de Petro, y ese fue su gran acierto, al polarizar el debate entre su candidato Duque y Petro, quien representaba todos los males previstos, logró concentrar en ellos dos la campaña y hacer trizas al centro. Petro entonces quedó solo, contra el Centro (Fajardo y De la Calle) y contra los candidatos de derecha (Duque y Vargas).

La segunda vuelta presidencial, que se debió realizar al no tener ningún candidato en la primera vuelta la mitad más un voto, se realizó entre Duque y Petro, con los resultados comentados en el apartado anterior. Para esta última parte de la campaña, a Duque se le unió el establecimiento en pleno, sin mayores comentarios o exigencias, todas las élites, el empresariado (jamás el Consejo Gremial había dado su voto público a un candidato), las iglesias, y los partidos tradicionales, se unificaron en torno al candidato. El miedo se generalizó al plantear que si el candidato Petro llegaba a la presidencia, se iría la inversión del país y Colombia caería en una crisis como la de Venezuela.

 

Petro, por otra parte, y tras reuniones y actos de compromisos, recibió la adhesión de importantes sectores de centro izquierda, pero también la negación pública con la decisión de votar en blanco de Jorge Robledo y Sergio Fajardo. Aspecto que también utilizó la derecha para defender el voto en blanco como opción democrática. Ante las circunstancias de la contraparte, no era el momento para seguir profundizando las diferencias y las vanidades políticas que no permitieron una puesta en común de una propuesta política que se enfrentara a la derecha.

Los retos: construir oposición democrática y sensata

El mismo día de las elecciones, y tras reconocer el triunfo de Iván Duque como nuevo presidente de Colombia para los próximos cuatro años, Gustavo Petro manifestó su decisión de asumir la curul en el Senado, que es un derecho al haber obtenido el segundo puesto en las elecciones. Esto además es el preámbulo para asumirse como líder de la oposición en el congreso, pero también, como lo planteó, en la calle, con la movilización ciudadana.

Ahora, la votación obtenida no necesariamente es de Petro; creerse esto podría ser un error nefasto que lo llevaría al fracaso. Allí también hubo votación en contra de Uribe-Duque, reacciones en contra de las mentiras o de las propias posiciones de las élites y de los medios. La composición del congreso en sus dos partes, Senado y Cámara, es una oportunidad para ir tejiendo la oposición. Los sectores que defienden el proceso de paz son mayoría, pero después de las presidenciales habrá que esperar a ver qué sucede con la conformación de las alianzas y compromisos.

El nuevo presidente, quien planteó un discurso duro frente a los acuerdos de paz, tendrá que enfrentarse a los deseos de su partido por hacerlos trizas o al menos realizar ajustes profundos, y dar cuenta a la comunidad internacional quien le apostó seriamente a la paz en Colombia. También deberá enfrentar reformas fuertes, en especial a la protección social, en tributación y en el mercado laboral, aspectos sensibles socialmente, y con los cuales también está comprometido con el empresariado (Rendón, 2018). Esto sin duda marcará hitos políticos y oportunidades de movilización y debate público que deberán manejarse con inteligencia y con agendas claras que posibiliten propuestas alternativas a los temas.

Asimismo, vienen dos procesos electorales que no serán fáciles: el primero es una consulta anticorrupción, que tiene el peligro de no lograr los umbrales, pero también la oportunidad de los sectores en oposición para realizar acuerdos y encontrar caminos conjuntos. El segundo se trata de las elecciones locales (alcaldes y gobernadores), todo un reto de llegar con alternativas comunes y lograr afianzar los territorios que votaron en contra de las propuestas tradicionales.

No serán fáciles los días ni los caminos, en especial porque ya el país ha empezado a soportar un recrudecimiento del asesinato a dirigentes sociales, que, si bien se venía dando desde los acuerdos con las FARC, a partir de las elecciones se han incrementado, en especial con dirigentes locales de la campaña de la Colombia Humana.

Los dirigentes políticos de centro izquierda en Colombia deberán, ante todo, asumir una posición de mayor nobleza, deponer egos y vanidades para posibilitar encuentros, acuerdos que faciliten estructurar una oposición seria, propositiva, que genere procesos políticos virtuosos para construir la tan anhelada democracia en este país, que apenas empieza a abandonar los miedos para poder, por fin, construir ciudadanías libres en un país en paz.

Bibliografía

– Corcho C. (2018). “Las lecciones del proceso electoral de primera y segunda vuelta en Colombia”. Revista SUR, 26 junio, 2018. https://bit.ly/2N49NSB

– Melo, J. (2017). Historia mínima de Colombia. Bogotá: Turner.

– Santana, P. (2018). “Colombia: el triunfo de la derecha”. Revista SUR, 18 junio, 2018. https://bit.ly/2JaAcM7

– Rendón, J. (2018). “La economía de Duque. ¡Unas expectativas incómodas!”. Revista SUR, 26 junio, 2018. https://bit.ly/2N452IX

– Rendón, J. (2016). “Rehacer los caminos para otros mundos posibles”. Pensamiento al margen. Número 4. Primavera-verano 2016. Políticas económicas alternativas al neoliberalismo. ISSN: 2386-6098. https://bit.ly/2jrk5iW

– Registraduría Nacional del Estado Civil. Resultados elecciones 2018. https://bit.ly/2kt4AHJ

– Revista Semana (2018) “El Pacífico”, fortín de Petro. https://bit.ly/2J9dWCo

– Rosado, J. (2018). “El otoño de los patriarcas”. Semanario Virtual. Edición 594 – Semana del 29 de junio al 5 de julio de 2018. https://bit.ly/2KLJAvg

 

 

 

Jaime Alberto Rendón Acevedo

Jaime Alberto Rendón Acevedo

Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, Universidad Complutense de Madrid. Docente investigador de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad de la Salle, Bogotá, Colombia.
Jaime Alberto Rendón Acevedo
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