El Tratado T-MEC, en medio de una globalización mucho más agresiva

febrero 25 2019

Introducción

Después de 13 meses de negociaciones y ocho rondas de discusión, México, Estados Unidos y Canadá lograron ponerse de acuerdo en los términos del tratado comercial que reemplazará al TLCAN. Canadá se incorporó a las discusiones apenas en septiembre y los términos comerciales que propone se incorporarán como Anexos del tratado. En octubre de 2018, cambió de nombre de USMCA a T-MEC. Con 34 capítulos y 12 cartas adjuntas, lo firmó el presidente Peña Nieto al término de su mandato, en noviembre de 2018.

Así, se actualiza el tratado comercial, mediante un largo y complicado proceso en el que grandes intereses comerciales de las principales industrias y servicios globales que operan en nuestro país y el resto de América del Norte, vieron asegurarse el mediano plazo del comercio exterior y la inversión que les beneficia. Pero, hay que tener presente no sólo sus (des)ventajas globales, sino los efectos, costos y riesgos que este nuevo tratado representa, especialmente al firmarse durante quizá la más agresiva etapa de la globalización, que ha llenado de desasosiego los tiempos que estamos viviendo y es tema de las siguientes reflexiones.

Octavio Urbina

Abstracto. Fecundidad orgásmica V, acrílico sobre tela, 100 x 100 cm.

El T-MEC, esperanza y desafío para México

En el contexto de un proteccionismo progresivo, después de la firma del T-MEC, son necesarios varios meses más antes de que los respectivos Congresos de cada uno de los tres países den su aprobación final, por lo que el tratado será legal en 2019. Y, si la integración de América del Norte ya era un hecho, ahora necesita mirarse con mucho cuidado porque no pueden tomarse a la ligera medidas de reciprocidad “obligatorias”, que tanto afectan la soberanía nacional de los países firmantes, tal como lo pusieron de relieve las dificultades que enfrentó el secretario Guajardo, como el reiterado rechazo al proceso y la inconformidad constante de Canadá.

La firma del nuevo tratado comercial trilateral de América del Norte, más que un logro, representa un alivio para México, porque se logró evitar una guerra comercial a corto plazo con los principales socios comerciales del país (Zepeda, 2018: 2). Es ventajoso, además, que estarán vigentes gran parte de los contenidos ya conocidos del TLCAN, de tal manera que todavía será factible aprovechar esos términos anteriores, así como las avenidas de intercambio comercial que fueron establecidas, hasta tres años más.

De acuerdo con el doctor Roberto Zepeda (2018: 10), este tratado hace cambios notables en las medidas de acceso al mercado regional para los automóviles y los productos agrícolas, así como en cuanto a reglas de origen e inversión, las compras gubernamentales y los derechos de propiedad intelectual. También se incluyen nuevos temas importantes como el comercio digital, empresas estatales y control de cambios –y otros aspectos riesgosos para mantener la soberanía de las decisiones en materia de la política pública de México–; y no pueden dejar de notarse las sorpresivas advertencias para establecer relaciones con economías que no son de libre mercado.

No obstante los efectos benéficos de la relación comercial trilateral, las modificaciones del T-MEC estarán en vilo y pueden representar un retroceso al compararlo con el TLCAN. Por lo que hay lecciones de esta experiencia que sugerirían a México no demorarse en diversificar sus mercados/redirigir sus relaciones comerciales hacia otros países y regiones del mundo, de tal manera que logre reducir su dependencia con Estados Unidos. Además de explorar que estos otros rumbos del comercio sean factibles de concretarse en el corto plazo.

Esta manera de hacer frente a los desafíos que representa la nueva fase mucho más agresiva de la globalización, habrá de fortalecer –a corto y mediano plazos– la industria y el mercado internos, además de promover tanto al sector cibernético de avanzada como a los sectores agrícola y extractivos tradicionales, y aumentar la masa de inversión como motor de crecimiento y desarrollo económico propios. Esto significa dar gran aliento a las capacidades productivas, no sólo a las de consumo, del país.

El reto de lograr integración económica nacional y, con base en esta prioridad estratégica, avanzar hacia una integración con el resto de América del Norte y del mundo, es difícil. También es algo inevitable de muchas maneras, porque para participar en las líneas comerciales del tratado con Estados Unidos y Canadá, México ha de resolver las enormes diferencias económicas, políticas y sociales que lo mantienen colonizado y rezagado.

En esta fase post-TLCAN, que es realmente mucho más competitiva y necesita ser también más ventajosa para México1, hay que prolongar las fortalezas de nuestro país hacia el exterior –y no al revés, como se ha hecho, volviéndolo enclave de transnacionales extranjeras–. Ello requiere una visión que primero lo fortalezca en lo interno y, con base en esa experiencia, avance hacia lo externo. Es decir, que haya con qué poner por delante lo que más nos conviene a los mexicanos, para desarrollar relaciones comerciales ventajosas para México con el resto del mundo.

La globalización es antigua, no está exenta de altibajos y fisuras

Como se sabe liberalismo y proteccionismo, apertura o cierre de los mercados, no son fenómenos nuevos, sino expresiones cíclicas de los altibajos de la economía mundial y de las fisuras de su hegemonía en las más diversas escalas geográfico políticas del desarrollo. Estos procesos remontan por lo menos al siglo XVII, con las ya globales “Compañía de las Indias Holandesas y la Compañía de las Indias Orientales Inglesa; incluso, algunos sitúan sus orígenes desde los tiempos de la Liga Hanseática y el comercio que se extendía de Londres hasta Nóvgorod (Rusia) en 1157” (Castañeda, 2016: 1).

El proceso de mundialización es muy antiguo y resistente a cambios políticos, económicos y sociales seculares. Pero no deja de ser frágil especialmente en los ámbitos políticos, ideológicos que dirimen resistencias2 e intersubjetividades, antagonistas o recogidas por la globalización. Las guerras mundiales, la Gran Depresión de 1929-1933 (Castañeda, 2016: 1), así como las dificultades progresivas de la última década de 2008 a 2018, abiertas por la gran crisis financiera mundial, ponen de relieve que liberalismo y proteccionismo son dos caras de la misma política comercial dirigida a encontrar salidas a las dificultades que provocan tanto la crisis de estructura como las crisis periódicas del capitalismo.

Así, en busca de soluciones a fenómenos cíclicos del capitalismo, como la desigualdad que provoca su desarrollo entre países y personas, el siglo XX posterior a la segunda posguerra fue un período de ensayos y errores. Estos ajustes en la globalización mantuvieron la hegemonía capitalista y, en sentido contrario, impulsaron afanes socialistas y descolonizadores que trataban de alcanzar el desarrollo a partir de sus propias economías liberadas de la imposición de las metrópolis del mundo “pan-europeo”.

Si desde los años setenta, junto con el shock petrolero,

se produce un desgaste de este modelo y una arremetida simultánea de los teóricos del libre mercado y de la apertura capitalista. El paradigma del desarrollo cambió entonces, una vez más, con un giro de 180º. Sólo a fines de los años noventa, y como producto de la crisis de los mercados asiáticos, quedaron a la vista las fisuras de la nueva Globalización…” (Wallerstein, 2006:1),

que la sociocibernética modifica radicalmente y que amenazan, de nueva e inusitada forma, la aparente solidez que había en los “acuerdos” mundiales, incluso hasta con el Presidente Obama.

Estos fenómenos, lejos de configurar procesos de desglobalización,

constituyen manifestaciones, como siempre contradictorias, de una nueva fase de la globalización más dramática, excluyente y peligrosa para la convivencia democrática, si es que no implican su fin. Algunos de ellos, contrariamente a las apariencias, son afirmaciones de la lógica hegemónica de la nueva fase, mientras otros constituyen una intensificación de la resistencia a esa lógica.” (De Souza, 2018: 2).

La globalización contemporánea ya no sólo es comercial, sino fundamentalmente una fase de globalización de/por el conocimiento.

Octavio Urbina

Tintan. El rey del Barrio, óleo sobre macopan, 50 x 40 cm.

¿Reversión de los procesos de mundialización de los últimos 50 años?

Se menciona con frecuencia que estamos entrando en un periodo de reversión de la mundialización que dominó los pasados 50 años. Esta perspectiva supone que el proteccionismo afectará disminuyendo la intensidad de las interacciones trasnacionales protagonizadas por agentes económicosociales operando en los ámbitos más diversos y que, implícitamente, aumentaría la función reguladora de los grandes Estados nacionales.

Pero, más que retirada de la globalización neoliberal, es posible que estemos frente a otras de sus manifestaciones más acentuadas, más peligrosas, patológicas y contradictorias. Como la hegemonía capitalista mundial, inseparable de la autorregulación global del capital financiero –lograda después de la Segunda Guerra Mundial, quizá sobre todo a partir de los años de 1960-1970–, extiende el tiempo entre periodos de globalización al aumentar comercio e inversión mundiales. Se supone que si estos procesos se contraen se debilita la interdependencia e integración entre Estados nacionales, países, regiones o lugares del mundo.

Lo cierto es que si grandes intereses económicos se han expandido por todo el mundo, lo han logrado efectivamente sirviéndose de la mayoría de los originalmente plurinacionales Estados nacionales,3 así como de los países y regiones más atrasados, al extremo de que hace varias décadas que los Estados nacionales de Europa, América y África, han recortado a tal grado su soberanía, que éstos ya no son más que uno de los actores de la regulación social, una firma más entre las que dictan acuerdos internacionales o, incluso, entre las que suscriben la creación de organismos mundiales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.4

Estas características de la globalización de la economía, con su explícita liberalización y privatización –que no pueden ser más desnacionalizada todavía, porque, como el propio capital, nunca han tenido nacionalidad–, continúan intensificando las facultades de los sectores más internacionalizados del capital5 que son, a la vez, los más inmunes a las regulaciones nacionales, tal como se ha visto con los tratados de libre comercio en curso,6 incluyendo al reciente T-MEC, firmado en reemplazo del TLCAN.

Esta multiplicidad de lazos e interconexiones, que trascienden a los Estados nacionales, rebasan a las propias sociedades civiles que los forjan. Las redes de flujos de información, personas y mercancías ya son tan complejas que definen actividades y toma de decisiones que provocan drásticas consecuencias indeseadas e inesperadas sobre personas, grupos y comunidades en las naciones y lugares más apartados; como se nota en las desigualdades que se acentúan al interior de todo el subcontinente de América del Norte.

Sucede que junto con fuerzas comerciales que operan secuencialmente, emergen otras nuevas fuerzas de la globalización que se despliegan de maneras distintas de las conocidas y más allá de la volatilidad macroeconómica y financiera: “bajos precios de productos primarios y menores tasas de crecimiento son sólo algunas de las causas que debilitan la conexión meramente comercial entre China y América Latina y el Caribe” (Beliz, 2016: 3). No sólo se prevé que ahora será difícil obtener beneficios de la integración comercial que antes se conseguían de forma individual, sino que se hará necesaria mayor negociación, estrecha cooperación entre los países que ocupan lugares prioritarios en la agenda mundial (Beliz, 2016: 2), inclusive, cambiando los términos de la diplomacia.

Aun así, más que de reversión de la apertura mundial, con el proteccionismo progresivo posiblemente se trate de otra fase de la globalización, basada en el conocimiento más que en el comercio. Como se busca mostrar a continuación, el problema crítico para el propio capitalismo financiero actual no es para nada un asunto que se resuelva con el simple aislacionismo proteccionista ni siquiera al más puro estilo “trumpista”.

El problema de esta fase de la globalización, sigue centrado singularmente en “la globalización del mercado y [del] libre comercio en lugar de [en] la globalización de la productividad” (Indacochea, 2017: 1) y menos, en la socialización de los beneficios del desarrollo. Fenómenos que no sólo “privilegian la visión de un mundo en el que se enfrentan los países desarrollados y los países emergentes” (Indacochea, 2017: 1), sino que comprende cómo dicha confrontación es protagonizada fundamentalmente por las propias empresas transnacionales.7

Conclusión

Al referirme al T-MEC, que acerca procesos y actores de América del Norte, se han mencionado los procesos de expansión y contracción económica mundial, de apertura/ proteccionismo comercial, que son inseparables de las resistencias sociales que acarrean, mismas que se ha intentado poner en el contexto de la nueva fase de globalización del conocimiento que se ha venido anunciando a lo largo de la última década de la gran crisis financiera del 2008-2018. Se ha sugerido que esta fase posee características distintas a las previas y que por lo tanto, hay que darle otro enfoque diferente.

Además se plantea que si México participa activamente entre las fuerzas que despliega la globalización actual, por medio del mega-acuerdo regional del T-MEC, será evidente que la negociación y la cooperación entre los países de América del Norte, ocupa lugares prioritarios en la agenda (Beliz, 2016: 4). Lo evidente es que causas y consecuencias de este proceso están moviendo al mundo hacia un proteccionismo avanzado que parece dirigirse en contrasentido de lo hecho durante las últimas cuatro o cinco décadas de apertura neoliberal mundial.

Se han mencionado factores que afectan las conexiones comerciales no sólo entre los países firmantes del T-MEC, sino con respecto de América Latina y el resto del mundo, pero hace falta incluir especialmente a China, que con su One belt, One Road, propone una visión alternativa de fronteras abiertas y fomento a la cooperación. En este sentido está pendiente el relevo de la representación de los intereses de los países y clases subordinadas a la hegemonía estadunidense mundial, tema del que sólo se hizo mención entre las resistencias a la globalización.

También se señalaron estrategias y alcances de esta fase de la globalización para confirmar que la integración mundial política, económica, social, cultural y fundamentalmente tecnológica, resultó de la consolidación del capitalismo por medio de la expansión de los flujos comerciales mundiales como de grandes avances tecnológicos. Lo que hace que vivamos una época de intensas interconexiones que sí siguen siendo comerciales, pero que sobre todo, forzadas por la financiarización, ceden su impulso a una profunda globalización del conocimiento.

Por lo visto, no habría que confundir las medidas proteccionistas que cifraron las distintas fases previas de la globalización hegemónica, con las agresivas medidas también proteccionistas, que se intentarán poner en marcha de ahora en adelante. Probablemente serán inoperantes porque la globalización basada en el conocimiento, ya no en el comercio, hace converger otras integraciones en tiempo y espacio. Precisamente por esto es muy posible que tal desfase histórico y conceptual haga que veamos acusarse todavía más la agresividad comercial, la violencia económica y las contradicciones de la época.

No puede dejar de destacarse que, al mismo tiempo que están en marcha estos procesos destructivos, semejantes tensiones probablemente también están dando curso a otro tipo de cambios y que se encuentran en pleno desarrollo alternativas insospechadas. Sin saber, por el momento, si hemos aprendido de la historia y aprovechado esfuerzos anteriores, es posible que ahora se abran paso otros tipos de relaciones mundiales de cooperación, igualdad y libertad económicas.

Se puede afirmar finalmente, que esta misma fuerza sociocibernética mundial traerá consigo distintos desenlaces. Los avances previsibles de las medidas comerciales proteccionistas, de grandes gobiernos interiores y proteccionismo económico exterior no alcanzan a resolver los pendientes que dejó la gran crisis financiera del 2008-2018, por lo que difícilmente podrán detener o cambiar el impacto progresivo de esta fase de mayor globalización basada ya no sólo en la integración del comercio sino, sobre todo, en la interconexión mundial por el conocimiento

 

Octavio Urbina

Tronco caído, 4° dinamo, óleo sobre tela, 30 x 40 cm.

1 Desarrollar este potencial implica vencer muchos problemas como los mencionados por Olmo Barragan: la poca apreciación de la enorme diversidad y gran fortaleza de las culturas de nuestro país; la muy mala calidad de la educación pública (excepto para algunos campos universitarios); la desigualdad de la distribución del ingreso que para mantener las ventajas competitivas necesita abundante mano de obra barata, escasamente calificada; la excesiva dependencia del comercio con Estados Unidos; la corrupción del sistema político y gubernamental “que tiende a torcer la ley a favor de la desigualdad y retiene los privilegios de la clase más rica; [que] no hay un proyecto de nación y hay una falta de liderazgo en la clase política… Hay nula responsabilidad por actos de corrupción” (Barragan, 2017: 2); la “falta de respeto por la mujer y la naturaleza… México está causando una severa degradación de sus recursos naturales y sus ecosistemas. Los hábitos o patrones de consumo están emulando a los de los EU. Es decir, se trata de un poderoso control social que se ejerce sobre la población, pero tiene un alto costo en la naturaleza basado en un malentendido o una idea errónea de la felicidad” (Barragan, 2017: 2); además no faltan los problemas de salud pública, de seguridad, pues no hay suficiente oferta de desarrollo ciudadano y protección civil ni de los derechos al trabajo. Los beneficios que reciben el contribuyente promedio casi no son visibles. “Todo es relativamente caro para los salarios locales: transporte, comida, medicina, vivienda, gasolina, electricidad, etc. No hay sesgo racial en México, al menos no uno fuerte. Existe cierta preferencia por la sangre de los conquistadores, pero existe una discriminación basada principalmente en la clase social.” (Barragan, 2017: 1, 2.)

2 “Las resistencias tienen señales políticas diferentes, pero a veces asumen formas semejantes, lo que está en el origen de la llamada crisis de la distinción entre izquierda y derecha. De hecho, esta crisis es el resultado de que alguna izquierda haya aceptado la ortodoxia neoliberal dominada por el capital financiero y hasta se haya autoflagelado con la idea de que la defensa de los servicios públicos era populismo. Esta es una política de derecha, particularmente cuando ésta puede atribuirla con éxito a la izquierda. Residen aquí muchos de los problemas que enfrentan los Estados nacionales. Incapaces de garantizar la protección y el mínimo bienestar de los ciudadanos, responden con represión a la legítima resistencia de los habitantes.” (De Souza, 2017: 1).

3 “Incluyen pueblos de diferentes nacionalidades etnoculturales y lingüísticas. Fueron declarados nacionales por la imposición de una nacionalidad sobre otras, a veces de modo muy violento. Las primeras víctimas de ese nacionalismo interno arrogante, que casi siempre se tradujo en colonialismo interno, fueron el pueblo andaluz después de la llamada Reconquista de Al-Ándalus, los pueblos indígenas de las Américas y los pueblos africanos después del reparto de África. Fueron también ellos los primeros en resistir. Hoy, la resistencia junta a las raíces históricas el aumento de la represión y la corrupción endémica de los Estados dominados por fuerzas conservadoras al servicio del neoliberalismo global. A ello se añade el hecho de que la paranoia de la vigilancia y la seguridad interna ha contribuido, bajo pretexto de la lucha contra el terrorismo, al debilitamiento de la globalización contra hegemónica de los movimientos sociales, lo cual dificulta sus movimientos transfronterizos. Por todo esto, la globalización hegemónica se profundiza usando, entre muchas otras máscaras, la de la soberanía dominante, que académicos desprevenidos y medios de comunicación cómplices toman por des-globalización.” (De Souza, 2018: sin página, con base en Cubadebate).

4 “Sean los tratados de libre comercio, la integración regional, de la que la Unión Europea es un buen ejemplo, o la creación de agencias financieras multilaterales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional” (De Souza, 2018: 1).

5 “Los datos que son de conocimiento público resultan alarmantes: 28 empresas del sector financiero controlan 50 trillones de dólares, esto es, tres cuartas partes de la riqueza del mundo contabilizada (el PIB mundial es de 80 trillones y además habrá otros 20 trillones en paraísos fiscales). La gran mayoría de esas instituciones está registrada en América del Norte y en Europa. Su poder tiene también otra fuente: la rentabilidad de la inversión productiva (industrial) a escala mundial es, como máximo, de 2,5 por ciento, en tanto que la de la inversión financiera puede llegar a 7 porciento. Se trata de un sistema para el cual la soberanía de 200 potenciales reguladores nacionales es irrelevante.” (De Souza, 2018: 3). 6 “La Unión Europea acaba de acordar con Canadá un vasto tratado de libre comercio, el cual, entre otros temas, expondrá la alimentación de los europeos a productos tóxicos prohibidos en Europa, pero permitidos en Canadá, un tratado cuyo principal objetivo es presionar a Estados Unidos para que forme parte. Fue ya aprobada la Alianza Transpacífica, liderada por Estados Unidos, para enfrentar a su principal rival: China. Y toda una nueva generación de tratados de libre comercio está en curso, negociados fuera de la Organización Mundial del Comercio, sobre la liberalización y la privatización de servicios que en muchos países hoy son públicos, como la salud y la educación. Si analizamos el sistema financiero, verificaremos que estamos ante el sector más globalizado del capital y más inmune a las regulaciones nacionales.” (De Souza, 2018: 2).

6 “La Unión Europea acaba de acordar con Canadá un vasto tratado de libre comercio, el cual, entre otros temas, expondrá la alimentación de los europeos a productos tóxicos prohibidos en Europa, pero permitidos en Canadá, un tratado cuyo principal objetivo es presionar a Estados Unidos para que forme parte. Fue ya aprobada la Alianza Transpacífica, liderada por Estados Unidos, para enfrentar a su principal rival: China. Y toda una nueva generación de tratados de libre comercio está en curso, negociados fuera de la Organización Mundial del Comercio, sobre la liberalización y la privatización de servicios que en muchos países hoy son públicos, como la salud y la educación. Si analizamos el sistema financiero, verificaremos que estamos ante el sector más globalizado del capital y más inmune a las regulaciones nacionales.” (De Souza, 2018: 2).

7 De acuerdo con Indacochea: “Como afirma Susan Strange: “Si las empresas ya no son por sí solas ˈmotores de crecimientoˈ de las economías nacionales, por así decir, y si las redes trabajan trascendiendo las fronteras estatales, entonces el vínculo entre el Estado-nación y la empresa nacional queda sustancialmente debilitado”. (Strange Susan. 1996. “La retirada del Estado: la difusión del poder en la economía mundial”, Estados Unidos: Cambridge y Barcelona: Icaria editorial (2001), pp. 104-105). Adicionalmente, Strange cita como ejemplos de autoridades no estatales (“actores” otrora considerados secundarios en el sistema internacional) a las consultoras o firmas de consultoría (e.g., Price Waterhouse, Peat Marwick McClintock, Coopers & Lybrand, Ernst & Young, Deloitte, Touche Tohmatsu y Arthur Andersen), los gestores de riesgos, las organizaciones criminales transnacionales, los cárteles transnacionales de empresas, las organizaciones internacionales, las organizaciones no gubernamentales, las empresas de telecomunicaciones, las empresas transnacionales, las autoridades deportivas transnacionales, las organizaciones políticas transnacionales, las autoridades religiosas, los bufetes transnacionales, los grandes productores de fonogramas (e.g., Philips, Sony-MCA, Time-Warner y Bertelsmann), las grandes empresas de subasta de arte (Sotheby’s y Christie’s) y los centros de investigación, escuelas médicas y hospitales cuya reputación les otorga una autoridad que trasciende fronteras (pp. 135 y ss.).” (Citado por Indacochea, 2017: 4).

Bibliografía

Beliz Gustavo. 2016. “Convergencia o desglobalización”, BID. Integración & Comercio, número 40, junio, en https://tinyurl.com/y7p9za2q

Barragan Olmo. 2017. “What are the biggest problems facing Mexico?”, enero, en https://bit.ly/2RWy2Z3

– De Sousa Santos Boaventura. 2018. “¿Desglobalización?”, La Jornada, en https://bit.ly/2DnC4lb

– Carstens Agustín. 2018. “Overview panel remarks”, Gerencia general, Bank for International Settlements, <42° Simposio de Política Económica>, Jackson Hole, Wyoming, 25 de agosto, en https://bit.ly/2RYTEUB

– Wallerstein Immanuel. 2006. “Después del desarrollismo y la globalización, ¿qué?”, Polis. Revista Latinoamericana, número 13, en https://journals.openedition.org/polis/5405

– Department of Sociology. 2013. “The Sociology Project”, Estados Unidos: New York University/Pearson.

– Erixon Fredrik, Sally Razeen. 2010. “Trade, globalization and emerging protectionism since the crisis”, ECIPEWorking Paper.02/2010, en https://bit.ly/2W3kIRO

– Indacochea Juan Manuel. 2017. “¿Desglobalización o simple aislacionismo?”, Dipublico, 12 de marzo, en https://bit.ly/2FKU7Dw

– Song Aly. 2017. “US protectionism won’t work. This is why. Trump’s protectionist policies are an impediment to trade and growth”, World Economic Forum, 13 de febrero, en https://www.weforum.org/agenda/2017/02/us-protectionism-wont-work-this-is-why/

– Yan Isabel. 2017. “Globalization to withstand protectionist challenges”, City Business Magazine, Primavera, pp. 15-19, en https://bit.ly/2Mm09LV

– Roberto Zepeda. 2018. “Hacia a dónde va América del Norte”, presentada en el “Coloquio internacional: del TLCAN al USMCA: procesos, actores y coyuntura en la integración de América del Norte”, organizado por el CISAN, el 24 de octubre de 2018.

– Castañeda Diego. 2016. “Un Bretton Woods para el siglo XXI. La globalización ha trabajado a favor de ciertos grupos; ahora hay que hacerla trabajar para la mayoría, en el mismo espíritu de Bretton Woods”, Forbes México, 5 de julio, en https://bit.ly/2RIiI2P

 

 

 

Margarita Camarena Luhrs

Margarita Camarena Luhrs

Investigadora T. C. Titular B. Doctorado en Ciencia
Política, Universidad Nacional Autónoma de México..
Margarita Camarena Luhrs

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