El rockmural de Jorge Manjarrez como una voz de la urbanhistoria

agosto 1 2018

La generación llamada X, nacimos con la cultura de la televisión. En los mejores de los casos relacionamos nuestros recuerdos con series televisivas,  música e historietas que bordaron una época. Imagen y sonido que nos remontan a ciertos pasajes de nuestras vidas. La mayoría de estas series –—por lo menos en el contexto mexicano— que más tuvieron aceptación provenían de los Estados Unidos e incluían un narrador para introducirnos a lo que íbamos a ver y a experimentar. Series épicas como Los intocables; La dimensión desconocida o Un paso al más allá. Programas que, en muchos de los casos, se basaban en la literatura donde el narrador funcionaba como un elemento que, nosotros como televidentes, tomamos como elemento de repetición al transformarnos en narradores de los propios programas ligados a nuestras vivencias. La mayoría de las series con más audiencia poseían implícito la aventura y la épica de los antiguos mitos occidentales –aunque no dejaban fuera los orientales, sólo que estos tomaron más fuerza en las series anime en los años noventa y principios del siglo XXI– como en la serie Star Trek, conocida en México como Viaje a las estrellas –¿Quién podría olvidar al señor Spock?–; Perdidos en el espacio donde el señor Smith y el robot mantenían el conflicto para que una nueva historia comenzara a surgir, Combate con el aguerrido sargento Saunders como el héroe que se opone al destino, Tierra de gigantes con el conflictivo señor Fitzhugh o El túnel del tiempo donde Tony Newman y el doctor Douglas Phillips se introducen en otras realidades dentro del laberinto del tiempo. La música incluida en las series televisivas de estos años nos guían a revivir nuestras propias aventuras de niñez y juventud al escucharlas nuevamente ¿Quién no recuerda algo al escuchar Hawai 5-0 tocada por The ventures? O ¿escuchar el tema de Bonanza compuesto por Ray Evans y Jay Livingston o el Tema de La pantera rosa con Henry Mancini?

Dentro de la cultura de la generación X también se incluye la historieta con un reducido número de revistas provenientes del extranjero que contrario a la televisión las mexicanas contiene más fuerza en los espectadores. Historietas como Kalimán; Fantomas, Lágrimas, risas y amor, El carruaje del diablo o Tradiciones y leyendas de la colonia y la fotonovela o revista gráfica, en su nueva época, Santo de José G. Cruz, entre otras. Sin embargo también comenzaron a surgir otras con una consciencia política y social más contextualizadas a la realidad de la época como La garrapata donde participaron los caricaturistas Helio Flores, Jis, Magú y Rogelio Naranjo, o la clásica: Los súpermachos creada por un escritor pero también caricaturista, Rius. Todos estos elementos crean una cultura de la narración, sólo que en el caso mexicano es un entramado del estilo estadounidense con el nuestro que son distantes por cuestiones socioeconómicas y de idiosincrasia, sin embargo, define una época. Está dinámica va también conectada con una cultura del rock, por los tiempos en que confluyeron, la cual comienza a tomar consciencia para los años setenta y ochenta que retoman de la narración el lenguaje urbano y que podemos verificar en discos como Hurbanistorias de Rodrigo González, disco realizado en el underground mexicano que contiene un lenguaje distinto a lo que se escuchaba comúnmente en las radiodifusoras nacionales:

Pónganse de frente a la pared tírense al suelo

y no la hagan de tos pues los podemos tronar

pues con la 45 que le bajé a mi abuelo

si acaso parpadean la de hueso les vamos a volar…

 

Fotografía: Cecilia Morales Q.

Así mismo lo podemos verificar en historietas que comenzaron a circular, en un principio, en las tocadas de rock también conocidas y bautizadas por Parménides García Saldaña como hoyos funkys. Revistas que comenzaron a circular en fotocopias que contenían historias más cercanas a la realidad de la juventud de los años setenta y ochenta como Simón Simonazo y Chiss. Historieta que posee como protagonistas a tres adolescentes que visten de chamarra y pantalón de mezclilla como los rokeros de conocidas y bautizadas por Parménides García Saldaña como hoyos funkys. Revistas que comenzaron a circular en fotocopias que contenían historias más cercanas a la realidad de la juventud de los años setenta y ochenta como Simón Simonazo y Chiss. Historieta que posee como protagonistas a tres adolescentes que visten de chamarra y pantalón de mezclilla como los rokeros de Fotografía: Cecilia Morales Q. la época, donde Simón, el Patas y el Enano se introducen en el movimiento de la ciudad para crear historias más próximas a los jóvenes donde el lenguaje es más abierto y natural y que se deconstruye por medio de dibujos que salen de sus bocas para comunicarnos groserías sin necesitar de las palabras, parecidos a los emoticones y emojis que se utilizan actualmente en los símbolos de las redes sociales. Simón Simonazo y Chiss rompe con un paradigma de la narración de su época que introduce el contexto regional de la Ciudad de México para hacer a un lado el discurso que provenía de los Estados Unidos. Jorge Flores Manjarrez en sus murales sobre el rock universal —en el Metro Auditorio— y rock mexicano urbano —en el metro Chabacano— y en su libro ilustrado Apuntes eróticos, retoma estos elementos semánticos discursivos de la Ciudad de México y los elementos de la imagen y el texto de las historietas y las reminiscencias televisivas intercaladas con la tradición mexicana, en este caso la urbana para narrarnos un conjunto de historias que son parte de una tradición urbana retomada de la generación de la Onda, los Infrarrealistas en la poesía y el símbolo intrínseco que propusieron aquellos muralistas citadinos que constituyeron el Arte acá de Tepito, no en el contexto del lugar, sino del lenguaje de la ciudad y su movimiento. Retoma el lenguaje como un lugar donde se puede mover y que es parte de la misma condición de ser citadino o chilango y que ofrece una pertenencia, una identidad como lo hizo Ricardo Castillo en el poemario El pobrecito señor X, que en el título ya está identificando al nacido en la generación X, y también a aquel ser anónimo que es desconocido por todos pero a la vez es todos. Voz que en el poema Las nalgas resuena en el papel con un lenguaje coloquial que habla del amor y la mujer —como lo hace Manjarrez en sus historias— de una manera honestamente visceral:

El hombre también tiene el trasero dividido en dos

pero es indudable que las nalgas de una mujer

son incomparablemente mejores que las de un hombre,

tienen más vida, más alegría, son pura imaginación;

son más importantes que el sol y Dios juntos,

son un artículo de primera necesidad que no afecta la inflación,

un pastel de cumpleaños en tu cumpleaños,

una bendición de la naturaleza,

el origen de la poesía y del escándalo.

Poema que se introduce en uno de los cuentos escritos por Jorge y que no es por casualidad sino que es parte del lenguaje de la ciudad –aunque todos los hombres del mundo hablan de la misma cosa, sólo que con un lenguaje e idioma que les pertenece–. Lenguaje que nos habla de una condición de ser chilango y que Manjarrez, retomando el mismo tema que Castillo, lo expresa desde su visión personal que no deja de ser citadina:

El alto aún parpadea, las calles del centro en demasía de curvas. Un carro pasa soplándome una ardiente fragancia: miro su cabellera flamear en el hastió de la tarde cuando el ultimo rayo de sol es absorbido por el cuero de su falda. Los recuerdos se agolpan en mi cabeza, escojo uno con delicadeza pero de pronto es atropellado por la urgencia de los pendientes: Sacar el duplicado de las llaves, terminar el par de cuadros que están colgados esperándome con paciencia infinita, realizar los trámites del carro, la luz, el teléfono, la cita en la imprenta y la náusea que se apodera de mis sentidos por un instante, pero… ¡qué par de nalgas vienen a salvarme!.

Series televisivas estadounidenses, historietas y rock and roll entretejidos con el Arte Acá, la poesía infra y las urbanistorias rockdrigueras son las influencias que emergen de la pluma y el pincel de Jorge Flores Manjarrez, híbrido con el cual está construida cierta parte de la sociedad urbana de la Ciudad de México y que es parte de nuestra condición. El trabajo tanto pictórico como literario de Jorge Manjarrez pertenece a esta tradición urbana que identifica al chilango donde la poesía dentro del salitre de las paredes se desprende para que podamos reconocernos en esos murales pintados por Manríquez, en aquellos ecos que vibran en la música del Haragán, de Rodrigo González o de Álex Lora y se instalan en el ceniciento viento de la ciudad para que ingresemos, de una manera onírica y a la vez en vigilia, a una nueva historia al aprisionar un boleto de metro en sus torniquetes.

 

 

Obed González

Obed González

Escuela de Artes, Universidad Anáhuac México.
Obed González
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