Desarrollismo sustentable con integración

Categoría: El punto es, EPSI24
junio 6 2016

Lamento muy profundamente que no haya podido llegar el vicepresidente de Bolivia, el querido compañero Álvaro García Linera, porque la verdad es que no es difícil, es completamente imposible intentar reemplazarlo. Es un gran dirigente político, un gran intelectual, probablemente uno de los más grandes intelectuales y políticos de América del Sur. Es el constructor de un pensamiento original, no exento de críticas, humildemente tengo algunas que me hubiera gustado poder realizárselas directamente. Pero reitero, lamento que no pueda estar y creo que a las justificaciones que ha dado es totalmente admisible, ahí donde manda capitán no manda marinero y el presidente Morales le dijo que tenía que ir a una reunión, y pues ni modo, tenía que ir. Y en todo caso me la ponen a mí bien difícil, porque ciertamente que no es fácil de reemplazar.

En los momentos que vivimos es fundamental que las fuerzas de izquierda, las fuerzas progresistas, tengamos un espacio para intercambiar y para discutir. Hay mucho para intercambiar y hay mucho para discutir y es fundamental que podamos construir los espacios que nos permitan avanzar en esa dirección, y creo que ustedes en esta ocasión nos los están brindando y realmente una vez más nuestros agradecimientos.

Yo creo que no es un misterio para nadie que las izquierdas y el progresismo vivimos en la actualidad tiempos difíciles, tiempos que requieren de una reflexión colectiva. Es cierto, el neoliberalismo se está agotando o está agotado, no es capaz de producir grandes resultados, pero ese agotamiento plantea con mucha fuerza la necesidad de contar con más izquierda. ¿Pero qué es lo que ocurre? Que al mismo tiempo las izquierdas experimentan enormes dificultades para levantar una opción efectiva. Como soy economista, voy a tratar de resumir en una simple expresión: hay una gran demanda por más izquierda, pero la oferta de izquierda es pequeña y es precaria y creo que ahí está el centro del problema.

Digamos las cosas con total franqueza, en muchos casos, y yo diría incluso en demasiados casos, las izquierdas  han terminado decepcionando. Las izquierdas han ganado elecciones con grandes promesas, pero en muchos casos han terminado ganando con puras explicaciones. Así, por ejemplo, para mirar un poco lo que ocurrió en Europa, todos celebramos con gran alegría, eso que se llamó la Ola Rosa, prácticamente en todos los países de la Unión Europea había gobiernos socialistas o socialdemócratas, y poco a poco fueron siendo derrotados y desapareciendo prácticamente, yo diría, sin pena ni gloria. A lo mejor es un balance injusto, pero no me parece, me parece que básicamente es cierto.

Se hace el esfuerzo, no va a encontrar grandes realizaciones o herencias relevantes de esa Ola Rosa, que prácticamente cubrió todo el Continente Europeo durante los noventa, pero bueno, surgió una nueva esperanza en la cual estuvimos muchos involucrados. Yo quiero decir que no hablo desde fuera, hablo desde dentro, y las cosas que voy a decir de manera crítica son también parte de mi propia autocrítica, y digo, surgió una nueva esperanza, los gobiernos progresistas, fundamentalmente los gobiernos progresistas de América del Sur. Surgió Lula, en Brasil, tremendo dirigente; en Chile, este país un tanto aburrido con una transición interminable, pero surgió Lagos, surgió Bachelet; surgió Correa en Ecuador; Chávez, en Venezuela; Kirchner, en Argentina; Morales, en Bolivia; Tabaré Vázquez, en Uruguay y no es poco. Era una gran ola de progresistas prácticamente cubriendo el conjunto de América del Sur, solamente dos países quedaron fuera de este proceso: Colombia y Perú.

¿Cuál es el balance de estos gobiernos? Creo que fueron gobiernos que protagonizaron sin lugar a dudas el mejor ciclo de la historia de América Latina. Nuestros países eran conocidos básicamente por conformar un Continente violento, por ser un Continente más bien instalado en el estancamiento económico, un Continente caracterizado por las inflaciones crónicas que derivaban muchas veces en hiperinflaciones, con una pobreza persistente, unas tremendas desigualdades y cosa también que ustedes los mexicanos conocen bien, las crisis de endeudamiento externo recurrentes. Ese era básicamente el panorama anterior de América Latina. Es mérito de los gobiernos progresistas haber conducido un proceso que cambió radicalmente estas tendencias, y del estancamiento pasamos a un crecimiento importante, 10 años de alto crecimiento, 4 o 4.5 %, según los países, pero en promedio un crecimiento alto, bastante por sobre el crecimiento de la economía mundial.

Cosa muy importante, desde la hiperinflación, desde las altas inflaciones, pasamos a unas inflaciones controladas, las cuentas fiscales se ordenaron, pasamos a ser, en la mayoría de los casos, países de inflación de un dirigir, cosa que estaba completamente también muy fuera de lo que habían sido nuestras prácticas.

Punto muy importante y quizás el más relevante, éramos un Continente en donde los niveles de pobreza estaban en torno al 40 por ciento, es decir, cuatro de cada 10 latinoamericanos vivían en pobreza, y esta se redujo de manera también muy sustancial. Una cantidad muy importante, si no me equivoco, más de 100 millones de latinoamericanos dejaron la pobreza. Hay que saber lo que es estar en la pobreza para valorar el poder salir de ella.

E incluso en varios países desde la tradicional posición de deudores respecto del mundo, se pasó en algunos casos a ser acreedores del mundo, es decir, no solamente deudores, sino países que a través de fondos soberanos participaban también en el financiamiento de las actividades de la economía mundial, más allá de sus propias fronteras. Se bajó de manera muy importante el nivel de deuda externa y, como digo, muchos países se pasaron incluso a tener a través de fondos soberanos, una posición acreedora.

Creo que son gobiernos, y es todavía parte de la discusión actual y del balance actual, son gobiernos que introdujeron cambios fundamentales, cambios que sin lugar a dudas llegaron para quedarse. Algunos ejemplos: Bolivia. Bolivia no solamente hizo un cambio, yo creo que hay que decirlo fuerte y claro, Bolivia hizo una revolución, o sea, traspasar el poder de las minorías blancas a las mayorías indígenas y refundar a la nación es una revolución, es un cambio muy profundo y creo que ese cambio, independientemente de lo que pueda pasar políticamente en Bolivia, creo que ese cambio no tiene marcha atrás, es un cambio irreversible.

Argentina. A partir de la elección de Néstor Kirchner, recuperó su autoestima y puso en práctica políticas sociales también muy profundas que tienen también muchos elementos de irreversibilidad, más allá de la contingencia política.

Creo que hay que decir también con mucha claridad que en Venezuela los pobres fueron por primera vez incorporados a la distribución de la renta. Cuando se hace la crítica ante el chavismo muchos dicen: “Estas son políticas clientelares, se utiliza la renta petrolera para financiar programas sociales”. ¿Y qué? Antes lo que se hacía históricamente era distribuir la renta petrolera entre los sectores más adinerados. Venezuela era un país rico con unos tremendos niveles de pobreza, creo que fue mérito del presidente Chávez de haber introducido un cambio muy importante en esa dirección y creo que, más allá también de la contingencia venezolana, ese es un cambio probablemente irreversible.

Y sigamos. Ecuador, con el presidente Correa, conoció una estabilidad política que había perdido hacía muchos años, al paso que mejoraron sustancialmente las infraestructuras y las políticas sociales, y es cosa de ir a Quito, es cosa de ir a Guayaquil para darse cuenta.

Chile, bajo la presidencia del presidente Lagos, afirmó la autoridad presidencial frente a los rezagos no pequeños que todavía existían de la dictadura militar del régimen de Pinochet; y bajo el primer gobierno de Michelle Bachelet se realizó un esfuerzo social también de gran envergadura. Eso es lo que le permitió a ella terminar su primer periodo de gobierno con altísimos niveles de aprobación, 70 u 80% niveles absolutamente inéditos en la historia política de Chile y probablemente también de América Latina.

Y es bien conocido que con el presidente Lula, con el gobierno del Partido de los Trabajadores, Brasil hizo muchos avances y quizás el más importante: 40 millones de brasileños dejaron de ser pobres, y ese es un logro también importantísimo.

Ahora, ¿qué es lo que ocurre? Que este gran ciclo, este ciclo de oro, desgraciadamente terminó. Hoy día estamos en un cuadro distinto, se ha abierto un nuevo ciclo que está motivado, para decirlo muy rápidamente y probablemente aquí vamos a tener comentarios y orientaciones importantes por parte de nuestra amiga de la Academia Ciencias de China, digo, muy especialmente este cambio de ciclo está motivado por la desaceleración de la economía de China y la persistencia, en segundo lugar, del estancamiento europeo. Eso nos está golpeando muy fuerte.

¿Cuál es el principal efecto? En muchos de estos países, la caída del precio de las materias primas. Ustedes lo están viendo con el petróleo en México, lo están viendo en muchos países con la soya, las hojas, en Argentina, en Brasil y en Uruguay y se ve también con brutalidad en un país como Chile, en donde el precio del cobre también ha caído a más del 50 por ciento. Hace cuatro o cinco años atrás el precio del cobre estaba a cuatro dólares la libra, hoy día está en torno a dos dólares la libra, ustedes comprenderán el efecto que eso significa desde el punto de vista de las finanzas públicas, del punto de vista de las exportaciones, etcétera.

Adicionalmente a esta caída del precio de las materias primas, tenemos este proceso llamado de normalización financiera, en Estados Unidos, que es el alza de tasas de interés, y todo lo que hace es que los flujos financieros tengan más interés en volver hacia los Estados Unidos, en centrarse en los Estados Unidos, y se produce también una cierta caída en la intensidad de los flujos financieros que vienen a nuestros países.

Está en consecuencia en un nuevo cuadro, este es un cuadro bastante delicado, un cuadro en donde caen la inversión y el crecimiento, disminuyen los ingresos de fiscales y se hacen mucho más masivas las protestas de estas nuevas capas medias. Todos los sectores que abandonaron la pobreza se han constituido como nuevas capas medias, y son capas medias más demandantes. Ya no demanda simplemente educación, demandan educación pero de calidad. No les basta simplemente acceso a los servicios de salud, demandan calidad en los servicios de salud, demandan transporte en mejores condiciones. Son sectores que ya no son pobres, pero esto es muy importante agregarlo, siguen siendo sectores altamente vulnerables, tienen la pobreza aquí atrás, quizás respirándole en el cuello, en cualquier momento si el ciclo cambia, si las condiciones económicas se deterioran, son sectores que pueden volver a caer en situaciones de pobreza, y esto es un trago muy fuerte que está planteado hoy día en muchos de nuestros países en la medida en que caigan fuertemente las tasas de crecimiento y las políticas sociales no tengan el respaldo fiscal necesario.

El Punto Sobre la i, Paul Achar

Cosmos, acuarela/papel, 31 x 42 cm.

Como decía, son nuevas capas medias que presentan nuevas demandas que son difíciles de satisfacer en las condiciones más estrechas que hoy día estamos viendo, y esto hace que se amplíe el descontento. En muchos de estos países el descontento no es el descontento propiamente popular, no es el descontento de los más pobres. De lo que yo conozco en Brasil, el descontento en Brasil no es de los habitantes de las favelas, son más bien de los sectores de capas medias. Las movilizaciones que, por ejemplo, que tuvieron lugar en Chile en 2011 y que fueron movilizaciones masivas que nos sorprendieron a todos, no eran la movilización de los más pobres, eran las movilizaciones de los estudiantes, eran las movilizaciones de los padres de los estudiantes y de los abuelos de los estudiantes que estaban ahí pidiendo educación pública de calidad y gratuita, y no eran exactamente los más pobres.

Creo que en este cuadro se han producido efectos políticos muy importantes y la verdad que muy negativos. Contra todo pronóstico triunfa Macri y la derecha en Argentina. Y no sé si contra todo pronóstico, creo que no, creo que era más bien anticipable, pero la derrota que sufre el presidente Maduro en Venezuela, en las últimas elecciones legislativas es una derrota dura, estrepitosa, diría yo. En el caso de Brasil tenemos una presidenta que registra hoy días niveles de aprobación que están por debajo del 10 por ciento.

Para hablar de mi país, que es lo que más conozco, la presidenta Bachelet, tomen nota ustedes, ganó en segunda vuelta, en diciembre del 2013, con 62% de los votos. Nunca antes un presidente de Chile había alcanzado ese resultado. En dos años, hoy día la aprobación de la presidenta Bachelet nos sube del 25% y el rechazo puede llegar al 65 o 70%. Esa es la situación que enfrentamos hoy día y esa es la razón por la cual yo también hablo de que vivimos tiempos difíciles, tiempos que vienen difíciles.

En el caso de Chile permítanme una pequeña digresión, no hay solo un factor para explicar este resultado, es una conjunción de cosas que produjeron una especie de tormenta perfecta. Hubo, a mi juicio, a mi humilde juicio, mucha improvisación programática, se retomaron las banderas de la calle, se retomó con mucha fuerza esta idea de educación pública de calidad y gratuita, pero la ingeniería de detalle para llegar a ese objetivo fue una ingeniería, a mi juicio, muy precaria y muy desprolija.

El mismo ejemplo con la reforma tributaria, la reforma tributaria, una de las cuestiones importantes para poder generar una mayor recaudación que permita a su vez un financiamiento sólido de las nuevas reformas, se discutió y se aprobó una reforma fiscal finalmente con el concurso de todas las fuerzas políticas, de izquierda, centro y derecha. ¿Ahora qué es lo que ha ocurrido? Que antes de entrar en aplicación ha tenido que ir nuevamente a una modificación al Parlamento, porque ese sistema que surgió era tan engorroso que se hacía prácticamente inaplicable.

Creo que ha sido consecuencia evidente, y no tengo tiempo para detenerme en ello, es la dificultad de la reforma educacional, una reforma que hoy día genera más rechazo que aprobación. Es también evidente, a mi juicio, la falta de coherencia que ha tenido o que tiene la propuesta si ustedes quieren fundamental, la madre de todas las reformas: la nueva Constitución. Es evidente que durante el gobierno de la presidenta Bachelet no habrá nueva Constitución, se podrá quizás iniciar un proceso constituyente que parte, a mi juicio, con augurios relativamente modestos.

Creo que el proceso todavía está abierto, se cumplen ahora en marzo dos años, la mitad de periodo del gobierno de la presidenta Bachelet. Han intervenido también fuertemente en este cuadro negativo el estallido de problemas del tráfico de influencias, de financiamiento ilegal de campañas y de corrupción, que también están generando un cuadro de desánimo, un cuadro de molestia y un cuadro de enojo en la sociedad.

Yo espero en todo caso que estas situaciones puedan revertirse en los recursos de los dos años que vienen, pero no es fácil. A mí me preocupa que en el caso de Chile no solamente podamos tener una derrota electoral, es propia la democracia, se pueden sufrir derrotas electorales; lo que sería mucho más grave es que suframos una derrota política, una derrota ideológica y una derrota cultural. ¿Qué es lo que significa esto? Que la idea misma es el cambio, que la idea de la transformación profunda de  la sociedad, sea derrotada, sea porque hay algunos que piensan que esos cambios son inconducentes u otros que creen que esos cambios son muy necesarios, pero que las fuerzas de derecha, las fuerzas conservadoras, son tan poderosas que finalmente siempre terminan por impedirlos, y si por una u otra razón, esa idea termina imponiéndose podemos tener gobiernos conservadores por un tiempo largo en nuestro país.

Pero bueno, no quiero seguir hablando sobre Chile, quiero volver a una reflexión un poco más general y es que quizá es esta la afirmación principal que yo quisiera hacer. Luego unos progresistas hicieron sin lugar a dudas unas cosas que son muy importantes, yo hice una rápida pasada, creo que también es parte del esfuerzo intelectual que se debe realizar durante este tiempo, hacer un buen inventario de todas las cosas positivas que se hicieron durante este periodo, estos últimos 10 o 15 años, pero, insisto, esto es lo fundamental y este es el pecado, creo yo, de los gobiernos progresistas: no removieron, no fueron capaces de enfrentar con fuerza los obstáculos más estructurales que permiten o que impiden que nuestros países puedan efectivamente desarrollarse, este es el punto, a mi juicio, de fondo.

¿Cuáles son estos obstáculos estructurales? El principal, se mantuvo el mismo modelo de desarrollo, es decir, el mismo modelo de desarrollo con los mismos patrones de consumo y la misma base productiva. Este es un punto fundamental. Incluso yo diría más, curiosamente no sólo no se avanzó en una transformación productiva, en la dirección de más valor agregado, en la dirección de una utilización mucho más intensiva del conocimiento, la agregación de valor segunda fase de nuestros desarrollos soportadores, sino por, el contrario, en muchos casos se primarizó más, se primarizaron aún más las economías.

Algunos ejemplos, Brasil, que era una potencia industrial relativamente importante, han conocido un fuertísimo, un intensísimo proceso de desindustrialización. En el caso, por ejemplo, de Chile, la enorme dependencia que manteníamos del cobre ha terminado incluso agudizándose, somos hoy día más de dependientes de lo que éramos del cobre hace 10 o 15 años atrás, y comprenderán ustedes el efecto devastador que tiene una caída del 50% en el precio del cobre en un país que es cada día o que ha sido cada vez más dependiente de ese recurso natural.

En eso, hay que decirlo, somos bastante burdos. Este tema no es nuevo. En el caso de América Latina y particularmente de Chile, un gran economista –probablemente algunos de ustedes han escuchado nombrar– Miguel Pinto que fue uno de los grandes economistas junto con Raúl Precht, fundadores de la Comisión Económica para América Latina, por ahí del año 55, hace 60 años atrás, publicó un libro que es un clásico y se llama: Chile, un caso de desarrollo frustrado. ¿De qué es lo que hablaba ese libro? Del gran auge del salitre a finales del siglo XIX y cómo ese auge finalmente se desperdició, y algo de eso nos ha ocurrido recientemente cuando el tremendo auge del precio del cobre y la incapacidad que hemos tenido para transformar nuestra estructura productiva.

Creo que este es el tema de fondo y sobre esto tenemos que discutir y muy intensamente cómo avanzar en una transformación productiva efectiva. Y esto no fue lo único, adicionalmente tampoco se renovaron los sistemas políticos, se profundizó en muchos casos la crisis de legitimidad, particularmente en las instituciones más propias de la democracia: la crisis de legitimidad de los partidos políticos y la crisis de legitimidad de los parlamentos.

Yo escuchaba al presidente Lula hablar, por ejemplo, de que el sistema político brasileño no solamente es malo, es un sistema político indecente. En el caso de Chile es evidente el deterioro de la percepción ciudadana respecto del parlamento y respecto de los partidos políticos. El nivel de aprobación del Parlamento no supera el 10 por ciento en Chile. Decirle a una persona que uno es parlamentario o decirle a alguien si quiere ser parlamentario es casi como insultarlo. Tenemos en consecuencia una base productiva que no se cambió y tenemos un sistema político que no se legitimó, y creo que ahí está la base, ahí están las raíces de los problemas que enfrentamos.

Yo agregaría también que en este proceso se fueron erosionando  o deteriorando los propios liderazgos políticos que han estado a la base de este proceso. Y lo digo con mucho respeto, pero creo que el presidente Maduro no es Chávez, y también con mucho respeto Dilma no es Lula. Creo que estos son los problemas de fondo que una opción al neoliberalismo tiene que enfrentar, ver cómo se transforma la estructura productiva, ver cómo se represtigia la política, cómo se mejora la calidad de las instituciones y cómo se recompone los liderazgos, esa es la tarea. Hay que cambiar de modelo.

Ayer el presidente del PRD, Agustín Basave, hacía una propuesta interesante. Él decía: “Pensemos en una cuarta socialdemocracia”, por lo demás del título de un libro que acaba de publicar. Desgraciadamente no está aquí, inicié una discusión antenoche con él, y yo creo que es una propuesta atractiva, pero una propuesta que no es viable. Seamos francos, si uno analiza lo que está ocurriendo en Europa puede llegar rápidamente a la conclusión de que en Europa lo que se está haciendo es de alguna manera dejar atrás el modelo socialdemócrata. Si esto es así, si Europa está dejando atrás el modelo socialdemócrata, surge inmediatamente la reflexión: ¿Tiene sentido pensar que el futuro de América Latina pueda ser el pasado de Europa? Yo les digo, francamente no, no creo. En todo caso es una discusión y una discusión muy pertinente, porque estoy totalmente de acuerdo con Agustín en cuanto a reconocer que la socialdemocracia construyó el proyecto económico y social de mayor envergadura y de mayor calidad que conoce la historia de la humanidad, pero no por eso tendría que seguir siendo nuestro modelo de referencia. Creo que el modelo socialdemócrata se basó en niveles muy altos de consumo y se basó también en estructuras productivas que hoy día son poco sustentables. A la socialdemocracia no le importaba mucho la sustentabilidad, eran modelos muy intensivos en hidrocarburos con una fuerte dependencia ante el petróleo.

A mí me parece que lo que está planteado hoy día en nuestros países es la necesidad de un nuevo paradigma. Tenemos que crear, tenemos que generar, tenemos que producir algo que se asiente en las tradiciones, se asiente en la historia, pero que sea también algo nuevo. Y en eso el vicepresidente Sendic hablaba ayer de algo muy interesante, esta idea de cómo el hombre va siguiendo el amanecer del sol, y es una búsqueda distinta, es una búsqueda de algo que no está preestablecido, es algo que tenemos que ir construyendo día a día.

En ese sentido, todo el debate que he planteado hoy día y que es un tremendo debate respecto del cambio climático, ayuda mucho. Hoy día esto del ecodesarrollo o del desarrollo verde comienza a ser un pensamiento político ya no marginal. Los grandes países y el mundo comienza a hablar de esto, si la temperatura del mundo continúa subiendo, si de aquí al 2050 se superan los dos grados de aumento respecto de la temperatura promedio en la época industrial, el mundo estaría enfrentado a muy grandes catástrofes, y por lo demás lo estamos viendo, los cambios climáticos son intempestivos, las inundaciones, los huracanes, todo eso lo estamos viendo hoy día. Entonces esto ya no es el tema o la preocupación de grupos iluminados pero marginales; es un tema de preocupación mundial. Por algo se juntó el presidente chino con Obama para buscar resolver este problema, por algo tuvimos una COP21 y fue una COP21, la de París, importante en esta dirección. Hay condiciones para avanzar las cosas de manera distinta. No es una utopía propia de pequeños grupos marginales iluminados.

Paul Achar, El Punto Sobre la i

Desnudo abstracto, acuarela/papel, 27 x 21 cm.

Para esto es fundamental nuestra formación productiva, toda esta idea de un uso mucho más racional de los recursos naturales es una idea que se va abriendo camino. Necesitamos nuevos patrones de consumo, patrones de consumo más austeros. Creo que se requiere, por así decirlo, para hablarlo en el lenguaje antiguo, una especie como de nuevo desarrollismo, ese que permitió la industrialización de nuestros países en los años 30, 40, 50, pero este nuevo desarrollismo tiene que ser un desarrollismo sustentable y creo que tiene que ser también un desarrollismo que no tenga bases en un solo país solamente, creo que es imperativo avanzar en los procesos de integración.

Muchos me dirán: “Mire, qué discurso más antiguo”, y es cierto, los temas de la integración particularmente de América Latina y de América del Sur son temas antiguos.

Partimos prácticamente al mismo nivel e incluso más arriba que los europeos a nivel en los años 50 del siglo pasado. Hoy día nuestra integración lleva ya mucho tiempo estancada, son pocos los avances que se han podido realizar o los que ya se realizaron en el campo comercial, y no han podido continuar profundizándose. Pero a mí me parece que, con todas sus dificultades, la cuestión de la integración es insoslayable, que no hay soluciones individuales incluso para un pez tan grande como Brasil. El caso de México es distinto, lo hemos dicho ya muchas veces, los mexicanos son muy latinoamericanos en muchos aspectos, nos queremos mucho, pero una parte muy importante de los intereses de México viven al norte, y es una realidad, el mundo es una realidad con la cual tenemos que convivir.

En América del Sur es fundamental que nos integremos, si no nos integramos simplemente valemos muy poco y todo lo que estamos diciendo puede terminar siendo letra muerta.

Junto con nuestra formación productiva se requieren reformas políticas profundas, necesitamos sistemas políticos más flexibles, más horizontales, y aquí hay algo que recurrentemente aparece en la discusión, pero que finalmente no ha tenido una gran significación. A mí me parece que el libre presidencialismo que impera en nuestros países es el que termina matando a la democracia, es un libre presidencialismo ineficiente. En las condiciones del mundo contemporáneo y la complejidad de los temas hacen totalmente imposible que una persona, un hombre o una mujer, puedan resolver todos los problemas. En el sistema presidencial se toma un conjunto de decisiones a nombre del presidente o de la presidenta, pero finalmente son la burocracia, son instituciones que no reposan en la soberanía popular las que terminan tomando esas decisiones.

Las jaras, mixta óleo acrílico, oro de hoja y textura/madera, 60 x 40 cm.

A mí me parece que así como en las empresas ha ido quedando definitivamente atrás el modelo de la gestión familiar, del padre de familia que manda en el conjunto de la empresa, creo que también debiéramos en los países avanzar en la dirección de gobiernos más colectivos, de estructuras menos verticales y más horizontales, y en ese sentido yo creo que habría que plantearse seriamente la interrogación respecto de la necesidad de superar este libre presidencialismo, que finalmente es una herencia del caudillismo latinoamericano, o es una mala herencia del caudillismo latinoamericano. Yo creo que haríamos bien en iniciar estas reflexiones de que debiera ser un tema muy importante del mundo progresista, el interrogarse respecto de si en las condiciones del siglo XXI tiene sentido que el destino de los países repose finalmente sobre la voluntad y las cualidades de un hombre o una mujer, o si no se requieren direcciones más colectivas. Si uno se equivoca con un presidente o con una presidenta genera una crisis que es traumática. Si uno se equivoca con un primer ministro lo cambian, va al parlamento y lo cambian. Creo que hay muchas ventajas y muchas virtudes en pensar un cambio de régimen político.

Voy concluyendo. Cuando vi el programa vi que estábamos con Álvaro García Linera entre 10:30 y 11:30, no se los dije al principio, pero no se preocupen, hora y media no voy a hablar y ustedes tampoco me soportarían, así que voy concluyendo.

Yo creo que es necesario y posible construir una opción frente a la crisis del neoliberalismo, que es una crisis efectiva. Tiene que ser, a mi juicio, una opción que vaya más allá de los postulados de las izquierdas tradicionales. Es muy corriente, yo creo que todos escuchamos prácticamente día a día a gente que nos dice: “Miren, el mundo del siglo XXI es un mundo muy complejo, es un mundo en donde esto de las derechas y las izquierdas perdió toda relevancia, este es un discurso muy corriente”. Yo les puedo afirmar que todos los que dicen eso son de derecha. Sigo pensando que la distinción entre derecha e izquierda sigue siendo una distinción pertinente.

El combate de las izquierdas es por la igualdad, es un combate que mantiene toda su relevancia, toda su significación, toda su pertinencia. Ahora, ocurre, sí, que no es el único. Junto a las grandes luchas por la igualdad han surgido nuevos desafíos. Está el desafío de la diversidad, y en eso las izquierdas tradicionales no han hecho un gran aporte, muchas izquierdas tradicionales son machistas, tienen una mirada más bien distante y sospechosa respecto de las minorías sexuales, no son sectores que puedan ponerse a la vanguardia y en muchos casos las izquierdas tradicionales son también izquierdas conservadoras.

Hay que asumir el desafío, lo decía el diputado que intervino anteriormente, el desafío de la innovación. Las izquierdas, el progresismo, tienen que reconciliarse con la innovación, tienen que reconciliarse con el desprendimiento, tiene que haber un encuentro entre el progresismo y la empresa. La empresa es el lugar donde se crea riqueza, y no es solamente el lugar donde se produce la explotación; la empresa es también un lugar en donde se establecen relaciones de cooperación, y creo que es muy importante que el progresismo construya un pensamiento más estructurado respecto de qué es lo que significa la empresa en el siglo XXI.

Y en los temas económicos, creo que es fundamental que el progresismo y que las izquierdas tengan una idea o una propuesta para avanzar y para salir del estancamiento, una propuesta que nos permita crecer de manera sustentable, y creo que en esto hay que decirlo derechamente, hay que asumir la importancia del mercado. El mercado es anterior al capitalismo, más aún y a riesgo de ser polémico, yo afirmaría que no hay democracia sin mercado. Cuando se ha intentado sacar al mercado del juego se termina en lo que han denominado: la dictadura sobre las necesidades. Es un señor, una señora, un planificador o una planificadora que le dice a las personas: “Usted va a consumir esto, usted se va a poner un traje verde y, si no le gusta, no le gusta”.

En ese sentido, el mercado es un instrumento importante, pero, ojo, una cosa es una economía de mercado y otra cosa muy distinta es una sociedad de mercado. Hay un conjunto de bienes que tienen que ser necesariamente bienes públicos. La educación no puede ser necesariamente un negocio, como es en muchos de nuestros países. La salud no puede ser esencialmente un negocio como hacen muchos países. La previsión social, como en el caso de Chile, no puede ser necesariamente un negocio. Hay que estrechar una línea muy clara entre economía de mercado y sociedad de mercado. Creo que es propio del mundo progresista, del mundo de la izquierda, el trazar esa muralla China entre economía y sociedad de mercado.

Creo que también tenemos que reconciliarnos con el rigor macroeconómico. Lo hemos ido haciendo, pero todavía con dificultades, todavía hay gente en el mundo progresista que piensa que las cuentas fiscales ordenadas y que absorber los déficits fiscales son temas de derecha, y no, son temas a esta altura de sentido común. Los países finalmente no pueden vivir gastando permanentemente más de lo que producen. Se requiere rigor macroeconómico, y todos creo que lo hemos aprendido. La inflación es quizás el principal castigo que se le puede infringir a los salarios de los pobres. El rigor macroeconómico no es en consecuencia algo de derecha, es algo que también los progresistas tenemos que asumir, y lo mismo con la apertura del mundo. La autarquía no es lo propio de la izquierda; es propio más bien de las izquierdas y el progresismo el confrontarse con el mundo, en abrirse con el mundo, en cooperar con el mundo, y no encerrarse respecto al resto del mundo. Decía, hay que asumir el desafío de la innovación, reconciliar el progresismo con la empresa y respetar las minorías sexuales, todo esto sin lugar a dudas seguirá, es muy difícil, cierto que es muy difícil.

Y termino diciendo esto, creo que no hay alternativa. Es difícil, tenemos que reunir las condiciones políticas que permitan avanzar en esa dirección, porque de otra forma podemos terminar instalándonos en la mediocridad y en una gran marginalidad internacional, y creo que no es propio de los progresistas resignarse a ese destino tan mediocre.

 

Carlos Ominami

Carlos Ominami

Presidente de la Fundación Chile 21.
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