Debemos romper la lógica de hablar en abstracto

Categoría: El punto es, EPSI24
junio 7 2016

Ustedes saben bien que los duros esfuerzos de la comunidad internacional para constituir un sistema justo, alcanzar un mayor equilibrio entre los países y mayor bienestar entre nuestras sociedades, no ha alcanzado todavía ni las soluciones éticas ni contractuales que todos hubiéramos deseado. Mis palabras tendrán que ver también con cómo es nuestro esfuerzo por el desarrollo y cuál es el esfuerzo que debemos hacer para sistematizar y fortalecer nuestras políticas sociales. Esto no va a ser una arenga política, sino una simple y reflexiva opinión política.

Los principales instrumentos para generar condiciones de liberación nacional y de izquierda en nuestro continente son definitivamente la democracia y la más plena vigencia de los derechos humanos, entendiendo el funcionamiento de la democracia y la promoción de los derechos humanos desde un esquema de libertad plena. Es imposible construir sociedades más justas, e imposible construir socialismo e imposible construir izquierda sin pensar en sistemas de plena vigencia de derechos humanos, aportando garantías efectivas para todos y garantizando a todos el acceso a derechos.

Es una falacia que estos derechos deben ser solamente económicos y sociales, entre otras cosas, porque la inequidad en el acceso a derechos económicos y sociales se puede relacionar con la inequidad en el acceso a derechos políticos, de expresión, de asociación. La interdependencia entre los derechos humanos y el acceso a aquellos definitivamente es una consideración que, desde nuestra postura política, debemos ir profundizando, porque eso es lo que permite los objetivos, nos da los instrumentos, nos da las armas como para avanzar en todas las dinámicas que nos permiten acercar los derechos económicos y sociales a la gente y garantizar el acceso a derechos a la gente.

La participación de la sociedad civil también es fundamental para establecer bases sólidas en la compleja tarea de edificar democracia y de edificar un sistema más justo. En el mismo sentido, lo peor que podríamos hacer es concebir la idea de que los problemas de los pueblos pueden ser resueltos desde un escenario sin protagonismo social y civil.

La presencia e incidencia de la sociedad civil contribuye al cambio de la democracia. El alejamiento de ella nos llevará a la repetición de errores del pasado. Esto no significa no reconocer la legitimidad de todas las variables y formas que nos llevan a la representación en la democracia, pero en el ejercicio de gobierno no podemos desconocer la importancia del entramado del poder económico y del poder social específicamente y cómo el mismo surge desde la gente.

Los valores éticos y morales que desarrollamos y conceptualizamos no significan nada para los millones de pobres en el mundo, o para que los miles y miles y miles que existen todavía en nuestros países puedan resolver sus necesidades. Tenemos que entregar resultados. Cuando la izquierda gobierna en países en donde más ha aumentado la pobreza es porque tenemos dificultades para sostener el discurso en los hechos. No obstante, decir derechos es decir trabajo, vivienda, dignidad, educación, la felicidad, la de hombres y mujeres concretos y concretas, y que hablarán cuando las propuestas son distribuidas la miseria o nuestras políticas incluso pueden llevar a la creación de todavía más pobreza.

No es el camino echarle la culpa de la marginación y la exclusión al sistema, en un sentido abstracto. Son los gobiernos los que con sus leyes y regulaciones intentan construir arreglos institucionales y armisticios sociales para resolver los conflictos de poder. Ser de izquierda no es echarle la culpa al sistema; ser de izquierda es trabajar para incluir a los excluidos en los armisticios sociales implícitos en las reglas de juego de cada país.

Todo acto económico, social o político lleva implícito una escala de valores, y ser de izquierda significa luchar por la reducción y eliminación de la inequidad y de la exclusión o discriminación de ninguna persona o grupo social, en cuanto al acceso al ejercicio de sus derechos.

Señalábamos que nunca podemos trabajar prescindiendo de producir resultados concretos. Desde nuestra posición política debemos romper la lógica de hablar en abstracto, es la peor manera de responder a los problemas de la gente. Sería casi como decirle que no importa, sería peor que eso, sería haber prescindido del hecho concreto de trabajar para resolver sus necesidades. No se trata de un salvamiento al simple pragmatismo, es simplemente quizás aquella vieja frase que “mejor es hacer que decir”.

Justamente en la convocatoria de una construcción política, arraigada en profundos valores ideológicos y en ejes de justicia social que nos animan y que deben ser los mismos en toda la vida, esos deben ser nuestros trabajos.

La democracia, con todas las dificultades que implica siendo gobierno o siendo oposición; la libertad, porque sin ella no podemos ejercitar las conciencias de las causas de las que debemos producir mejores condiciones de vida para las personas: la vivienda digna, el trabajo, el acceso a la educación, la salud, la seguridad, el acceso equitativo a la justicia, que todos sean iguales ante la ley no sean un eslogan.

La falta de justicia social es la primera razón del fracaso que puede haber en una sociedad. Este pensamiento, que es de José Antonio Marina, habla que el triunfo de la inteligencia personal es la felicidad, el triunfo de la inteligencia social es la justicia. Ambas están unidas por parentescos casi olvidados, son inteligentes las sociedades justas y estúpidas las sociedades injustas, puesto que la inteligencia tiene como meta la felicidad, privada o pública, todo fracaso de la inteligencia entraña desdicha en nuestra dinámica política. La desdicha privada, la desdicha pública, el mal decirle injusticia, una condición de la justicia es elegir bien el marco al que se le adjudica mayor jerarquía.

Esa es la dimensión ética del compromiso que tenemos que tener con el pueblo, hasta donde también marcar que la liberación del pueblo es rector del desarrollo. La libertad puede ser entendida desde una conceptualización política y social casi tan necesaria como la conceptualización política e individual.

La liberación, la libertad, constituye al primer instrumento para construir una sociedad y una conciencia social inteligente. Cuanto más libertades nos demos, mayores serán nuestras responsabilidades y más eficiente la protección del derecho de todos. Otorgar derechos y protegerlos es la palanca fundamental para cambiar las condiciones de vida de aquellos que todavía no gozan con plenitud de sus derechos, es la palanca fundamental del desarrollo.

El desarrollo se juega en la dimensión humana y es ahí donde debe resolver su propia dialéctica histórica, la del sistema que brinda a cada persona la garantía de recuperar y conservar sus derechos políticos, sociales y culturales y que sea esencialmente justa en cuanto a las obligaciones y responsabilidades, y una mayor libertad implica una mayor responsabilidad.

Nuestra sociedad debe resolver los problemas sociales en términos de igualdad y de acceso a derechos. No solamente debemos hablar de redistribuir riqueza, el objetivo fundamental y esencial es devolver a la gente dignidad, y dignidad perdida muchas veces. El objetivo fundamental es darnos en nuestra conciencia principios y valores fundamentales. Nuestra conciencia como gente de izquierda es definitivamente evitar la lumpenización de la política, evitar que la política se hunda en un charco sin principios y sin valores fundamentales, de los cuales debemos ser rectores y de los cuales debemos asegurar en las dinámicas del funcionamiento político.

No estamos en condiciones de dilatar soluciones en el tiempo. Este es el continente más desigual de todos, es el continente que produce mayor inequidad. Hemos visto cómo se necesita una acción inmediata y urgente resolviendo los problemas inherentes a la pobreza, a la falta de libertad, a los impedimentos del pleno goce de derechos económicos, sociales y culturales. A ponernos lejos de la violencia, a ponernos lejos del crimen organizado, a ponernos lejos de los esquemas de corrupción. Definitivamente trabajar con principios y valores en la política es el instrumento esencial que debemos enmarcar en nuestra acción a mediano y a largo plazo, pero esto también es en el día a día. Nuestra credibilidad política se juega específicamente en cada día.

Los esquemas de pobreza han variado poco en los últimos 200 años de historia independiente de nuestro continente. Hace 200 años exactamente Artigas hizo el reglamento provisorio para la campaña en lo que era la banda oriental en ese momento. Lo fundamentó en un marco de trabajo que era que los infelices fueran los más privilegiados, y privilegió y dio prioridad a aquellas personas que estaban más marcadas por la pobreza y por la desigualdad: las viudas con hijos y la discriminación obviamente que había a negros, mulatos e indios. 200 años de historia después, Uruguay tiene el mismo esquema de pobreza, las madres solteras con muchos hijos y a cargo de todos ellos, y la afrodescendencia que en un país que tiene un 16% aporta un 40% a la pobreza. Es una verdad simple, pero vale la pena recuperar el sentido y el valor de las cosas sencillas y palabras sencillas para que permeen más fuertemente, para que definitivamente sean aquellos que tocan el sufrir de los pueblos.

Las políticas de derecha uno puede pensar que son arreglos institucionales en los que las élites dominantes pueden pesar más, pero en las políticas de izquierda eso es imperdonable.

 

Luis Almagro Lemes

Luis Almagro Lemes

Secretario General de la
Organización de Estados
Americanos.
Luis Almagro Lemes

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