TTP: Acuerdo transpacífico de asociación; altísimos costos, nulos beneficios

Autor: Aline Magaña
abril 13 2016

El 4 de febrero pasado el secretario de Economía, Idelfonso Guajardo Villareal, firmó en Nueva Zelanda y en representación del gobierno de México el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés[1]). Esto ocurre cuatro meses después (5 de octubre de 2015) de que concluyeran las negociaciones que tuvieron una duración de más de 10 años. Los países que conforman el acuerdo son: Estados Unidos (EU), Japón, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Singapur, Brunei, Malasia, Vietnam, Perú, Chile y México. El TPP es el mayor acuerdo económico regional de nuestra historia, va mucho más allá de ser un simple tratado comercial, y es el primero de tres grandes tratados económicos de próxima generación que están por aprobarse bajo el impulso de EU y que tienen como propósito no sólo reescribir las reglas de la economía global bajo la égida de este país, sino también crear un nuevo marco legal internacional. Los otros dos tratados son el TISA (Acuerdo en Comercio de Servicios) que abarca 52 países y la TTIP (Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión), entre EU y la Unión Europea. El TPP, el TISA y la TTIP son conocidos como los “Tres Grandes T”.

El proceso mediante el cual se llevaron a cabo las negociaciones del TTP no solamente es altamente cuestionable sino que es inaceptable en un marco democrático. El proceso, además de haber sido comandado abiertamente por la agenda de EU, se caracterizó por el secretismo, la falta de transparencia, por diferencias en el nivel de intervención de sus miembros, etc. Es decir, fue un proceso profundamente antidemocrático y excluyente.  En ningún momento de los 10 años que duró la negociación se contó con la participación y el escrutinio de la población de los países participantes. De hecho, el hermetismo fue tal, que ni los congresos nacionales tuvieron acceso a conocer el proceso ni los avances de la negociación, ya no digamos a participar en ella. Sin embargo, sorprendentemente, los que sí estuvieron presentes en las discusiones, hicieron propuestas, rechazaron planteamientos e hicieron modificaciones fueron los representantes de más de 600 corporaciones transnacionales, los denominados stakeholders, quienes cuidaron que el acuerdo se llevara a cabo en función de sus propias necesidades de rentabilidad y que sus intereses estuvieran salvaguardados.

La ycaro negra con sombrero, ROMGO.

En octubre de 2012, México se integra a las negociaciones, por invitación directa de EU, y lo hace bajo condiciones que lo colocan como miembro de segunda clase: sin posibilidad de reabrir los capítulos cerrados (es decir, renunciando a incidir o proponer alguna modificación en dichos capítulos) y sin poder poner oposición o agregar alguna cláusula o excepción en los capítulos aún abiertos si los miembros más antiguos alcanzaban acuerdo. Es decir, México llega tarde, en los hechos, sólo a avalar lo negociado por otros.

El tema de los 30 capítulos que componen el TTO y el contenido de cada uno de ellos no se hicieron públicos sino hasta el 5 de noviembre de 2015, un mes después de concluidas las opacas y asimétricas negociaciones, y eso únicamente porque así lo exige la legislación estadunidense. Hasta antes de esa fecha, la única información que se conocía era parte del contenido de tres capítulos a negociación que Wikileaks había logrado filtrar a la opinión pública. Desafortunadamente, la publicación final del documento no hizo sino confirmar los peores temores adelantados por las filtraciones, esto es: se trata de un acuerdo leonino que en nada beneficia a los países más débiles, ni a la población de ninguno de los países firmantes.

¿Cuál es el carácter del TPP?

El TPP, como ya se advirtió, es mucho más que un tratado económico (comercial y de inversión) en la medida en que se trata de un acuerdo multilateral con claras intencionalidades políticas. En los hechos, es un acuerdo geopolítico de alianzas en torno a EU, que apuntala la hegemonía de este –y de su aliado regional, Japón– mediante el control económico, y, por extensión, político y militar, de la zona natural de influencia de China, el gigante asiático. Más aún, si analizamos al TPP junto con los otros dos grandes tratados (el TISA y la TTIP), salta a la vista que no sólo China está excluida, sino también Brasil, Rusia, India y Sudáfrica, los denominados BRICS. Estos países emergentes han quedado deliberadamente fuera y queda claro que no formarán parte en el dictado de las nuevas reglas del juego mundial.

El TPP, más que una simple “asociación” para el desgravamen arancelario y la libre circulación de mercancías y capitales, es uno de los componentes en la política estadunidense de contención de la ascendente China[2], aun cuando hoy su economía esté ralentizada. Pero, ¿México qué intereses puede tener en esta lógica?, ¿por qué México debe atarse a un acuerdo con reglas sumamente estrictas para apuntalar intereses ajenos?

El TPP, en el mismo sentido pero en otro hemisferio, también busca debilitar los procesos de integración sudamericanos que han sido comandados por países que en los últimos lustros no se han sometido a los dictámenes de Washington, al consolidar las alianzas estadunidenses en el subcontinente[3]. Se trata pues, de integrar a América Latina más a EU y apartarla de Brasil, y de paso, de cualquier país no afín a los intereses del país del norte. Nuevamente, ¿a México en qué le beneficia esto?

Ycara sentada en perro, Mario Romero González, ROMGO

Desde luego, en el marco de la lucha geopolítica, el TPP tiene objetivos económicos claros, en donde los intereses de los corporativos transnacionales son la prioridad fundamental[4], y para conseguirlo necesita redefinir no sólo las relaciones económicas y comerciales, sino también las políticas y jurídicas, entre las naciones de esta enorme zona del Pacífico y, además, modificar la forma en que las unidades políticas interactúan con las fuerzas del mercado.[5]

Así, el TPP fija reglas estrictas a las actividades económicas de carácter doméstico, imponiendo normas al interior de las naciones en temas tan dispares como la actividad de empresas estatales, las políticas ambientales y las regulaciones ecológicas, las legislaciones laborales y sus derechos, la observancia de los derechos de propiedad intelectual y la penalización a sus transgresiones, la solución de diferencias entre los Estados y las grandes corporaciones transnacionales, así como el intercambio comercial y la inversión[6].

La entrada en vigor del TPP (que se estima será dentro de dos años, una vez que los congresos nacionales de todos los países lo ratifiquen[7]) traerá consecuencias importantes en la economía política interna de los países participantes –además de incidir en las estructuras políticas y jurídicas–, cuyo impacto será diferenciado y dependerá de la estructura productiva de cada uno de ellos, del tamaño de sus corporaciones y sobre todo, del nivel de internacionalización de estas. Como en el TPP participan países muy heterogéneos entre sí (por su tamaño, dinamismo y composición), y no se tomaron en cuenta –o sólo muy superficialmente– las diferencias en los niveles de desarrollo, los beneficios serán cosechados por los países de capitalismo avanzado, y más concretamente por sus grandes corporaciones, pues en ningún caso la población general se verá beneficiada.

El acuerdo más que ser un juego ganar-ganar, como insistentemente lo quieren mostrar las autoridades mexicanas, es un juego de suma cero, en donde lo que unos ganan, los otros lo pierden. México, desde luego, se encuentra entre los perdedores. En las siguientes líneas se tratarán de enunciar algunos de los altos costos que el tratado tendrá para nuestro país en el probabilísimo caso de ser ratificado por el senado mexicano.

Los efectos negativos del TPP

El acuerdo transpacífico no atiende las necesidades de desarrollo interno de los países como México, en la medida en que está diseñado con la poco disimulada intención de beneficiar a las grandes empresas transnacionales, con matrices en los países de capitalismo avanzado. De hecho, el acuerdo ni siquiera beneficiará a las empresas nacionales (ni a las grandes y mucho menos a las medianas y pequeñas), en la medida en que no facilitará los flujos comerciales de estas. El TTP, lejos de establecer una regulación de competencia que limite el dominio de los monopolios y reduzca el poder de las grandes corporaciones, es un texto que afianza la perpetuación del control de los mercados por parte de estos gigantes, al defender a ultranza sus intereses; no sólo por sobre las posibilidades de desarrollo del resto de las unidades productivas, sino incluso por sobre el interés de la sociedad toda, el medio ambiente e incluso el más elemental acceso a la salud.

No menos grave es el hecho de que el TPP instala a las empresas transnacionales en la misma categoría que los estados soberanos. El acuerdo contempla en su capítulo 28, llamado Solución de Controversias, paneles de solución de diferencias (tribunales, en los hechos) integrados por abogados corporativos, cuya resolución es vinculante y que permiten evitar los tribunales nacionales y anular la voluntad del parlamento. En estos paneles, los empresarios podrán presentar demandas contra los Estados si alguna de sus acciones (aun cuando sean democráticas y donde prive el interés común) llegara a afectar las ganancias presentes o esperadas. Esto no sólo pone los intereses de rentabilidad de los corporativos por encima de los intereses de la sociedad, sino que elimina una parte importante de la soberanía nacional, puesto que ni las leyes ni los tribunales internos serán los que puedan dirimir diferencias y emitir sentencias.

Los altos estándares de protección a la propiedad intelectual (capítulo 18) y de autor que impone el TPP, anteponen los derechos de exclusividad del autor por sobre las excepciones de éstos (como su uso en la investigación) que tengan la finalidad del desarrollo científico tecnológico doméstico y que puedan derivar en un beneficio común. El acuerdo en este sentido limita fuertemente el acceso al conocimiento y con ello, la innovación tecnológica –premisa fundamental para superar el atraso– queda aún más fuera de nuestro alcance, por no decir cancelada.

Por su parte, las excesivas reglas y sanciones a la transgresión de los derechos de propiedad intelectual contenidos en el mismo capítulo no solo atentan contra el derecho a la cultura, la información y el conocimiento, sino que impondrán un alto costo en los sistemas civiles y penales encargados de la persecución de los presuntos infractores, incluso cuando estos sean los consumidores finales. Esto es, se criminalizará y se podrá procesar penalmente a aquellos usuarios que, sin fines de lucro ni comerciales (es decir que no obtengan beneficio alguno) accedan a algún contenido con derechos de propiedad intelectual, sea esta una obra artística, cultural, científica, de entretenimiento, etcétera.

La extensión de patentes que se desarrolla también en el capítulo 18 incluye ahora ya no sólo los medicamentos químicos como tradicionalmente había sido, sino que contempla además a los medicamentos biológicos, que son resultado de la utilización de sustancias que se encuentran en los organismos vivos, animales o vegetales, como puede ser el caso de las vacunas, o la utilización tradicional por parte de pueblos originarios de alguna planta endémica. Esta extensión se establece mediante una regla ambigua que permite ampliar las patentes casi indefinidamente por «condiciones de mercado». Esto no sólo extenderá el monopolio de las grandes farmacéuticas globales, sino que pondrá en riesgo la producción de medicamentos genéricos, elevará los costos y con ello, el acceso de la población a medicamentos básicos se restringirá todavía más y en algunos casos se cancelará. La entrada en vigor de esta cláusula encarecerá sustancialmente los sistemas de salud públicos mexicanos, debido a que estos quedarán inhabilitados para comprar los genéricos que desde hace ya varios años adquieren por ley.

Por el lado comercial, las áreas sensibles para el país son la industria automotriz y de autopartes, los electrónicos, el sector textil, los productos lácteos, la agricultura y los alimentos. La tasa cero en aranceles en la mayoría de los mercancías afectará la producción primaria, pues se extenderá de inmediato a productos que tienen una tasa arancelaria actualmente de entre cinco y 254%[8]. El sector automotriz–autopartes se verá afectado por la flexibilización de las reglas de origen, y resultará beneficiado Japón e incluso países que están fuera del TPP que no tienen que ajustarse a las estrictas reglas del acuerdo. También es probable que en algunos ramos (como el textil y de confecciones) haya un desplazamiento del producto mexicano por el de Vietnam, Malasia y Singapur. En síntesis, hay un riesgo alto para México, en la medida en que se tendrá que competir con países que son sensiblemente más competitivos y que, en algunos casos, basan su competitividad en los bajos salarios, por lo que se teme que esto pueda tener un impacto negativo en los salarios mexicanos e incluso en los niveles de empleo[9].

Estos son apenas algunos de los costos que con alta probabilidad sufrirá nuestro país con la entrada en vigor del TPP, pero no son todos, hay muchos más que por razones de espacio no se pueden exponer,  tan solo con estos podemos calificar el acuerdo como perjudicial. Entonces, si los costos son tan altos ¿a cambio de qué estamos dispuestos a pagarlos?

¿Tiene beneficios el TPP que justifiquen sus altísimos costos?

México ya cuenta con acuerdos comerciales con cinco de los restantes 11 países que conforman el TPP: EU, Canadá, Chile, Japón y Perú, mientras que con los demás países miembros tendrá acceso a nuevos mercados escasísimos, por no decir nulos. Ello, en la medida en que nuestro comercio con esos seis países (Australia, Brunei, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam) es insignificante[10]. Evidentemente esas relaciones no son estratégicas y no se ve por ningún lado que esos pequeños mercados potenciales merezcan el sacrificio que significará obedecer las reglas leoninas del TPP.

Además, estos países tienen una estructura productiva similar a la mexicana en términos de su composición, por lo que es difícil advertir qué les vamos a poder vender o incluso comprar. Tal vez podamos comprar algunos productos primarios e intermedios a aquellos países que basan su competitividad en los bajos salarios, con lo que solo se logrará perjudicar a los productores mexicanos y al mismo tiempo se presionarán aún más los salarios hacia la baja. Eso, desde luego, no es ningún beneficio, por más que traten de presentarlo como tal.

Mucho se ha dicho también sobre las ventajas que el TPP ofrecerá a México en la búsqueda de diversificar sus mercados de destino. Sin embargo, México es uno de los países que tiene más tratados comerciales (con 45 países) y eso no ha logrado dicha diversificación. Lo que sí se ha logrado, en los últimos 15 años, es desconcentrar el origen de nuestras importaciones, pero lo curioso es que ha sido por la creciente importancia de nuestras compras a China, país con el que no tenemos acuerdo comercial. México sigue vendiendo la inmensa mayoría de sus productos de exportación a EU y le compra más del 50% de sus productos importados. Esto muestra que el impacto en la diversificación comercial debido a los tratados comerciales ha sido nulo. ¿Por qué la entrada en vigor del TPP tendría un resultado distinto al de los otros acuerdos?

También se ha dicho que la triangulación con EU diversificaría indirectamente nuestro comercio. Es decir, a través de proveer insumos al país del norte para que éste, a su vez, exporte productos manufacturados a los países asiáticos. Sin embargo, esto también es poco probable pues el comercio estadunidense con el resto de los países del TPP es marginal. La racionalidad económica pues, cosa en lo que los tecnócratas insisten constantemente, no es clara, por donde quiera que se le mire.

El saldo

Con la entrada en vigor del TPP, México verá mermada su soberanía y será obligado a entrar a un sistema de normas excesivamente estricto, que al estar en función de intereses monopólicos inhibe la innovación tecnológica doméstica e implica altos costos en su implementación. A esto se suma que se pondrá en riesgo el sistema de salud pública y el acceso a medicamentos; además, se expondrá aún más a los productores primarios, los salarios industriales serán presionados a la baja y el desempleo tenderá a aumentar. Todo esto –entre otros temas como el impacto ambiental, la regulación laboral y los derechos digitales– a cambio de una apertura insignificante y totalmente marginal de mercados. El sacrificio no vale la pena. El saldo costo-beneficio para México es absolutamente negativo.

 

[1] Trans-Pacific Strategic Economic Partnership Agreement.

 

[2] Sobre esto véase: Sakai, Tanaka (2011). «Why the New ‘Emphasis on Asia'» in U.S. Policy? The Asia-Pacific Journal, Vol. 9, 49 No 1, Diciembre.

 

[3] Chile y Perú son miembros originales del Acuerdo Transpacífico y se busca que una vez entrado en vigor se incorpore Colombia.

 

[4] No hay que olvidar que EU es un Estado corporativo, con un gobierno dominado por las corporaciones, las cuales sí tienen claro que garantizar su rentabilidad pasa por imponer un realineamiento que va más allá de las relaciones económicas.

 

[5] Sobre esto véase: López Aymes, Juan Felipe (2013) La integración económica en Asia Pacífico: implicaciones de la posible firma del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica. Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM.

 

[6] Para conocer la lista completa de los capítulos y los temas del acuerdo visite el sitio web de la Secretaría de Economía: http://www.economia.gob.mx/comunidad-negocios/comercio-exterior/tlc-acuerdos/asia-pacifico/tpp

 

[7] Es importante advertir aquí que las cámaras nacionales no están facultadas para sugerir modificación alguna al acuerdo, sólo podrán ratificarlo tal cual fue firmado o rechazarlo y retirar al país en cuestión del acuerdo.

 

[8] Hay un listado de casi 400 páginas en donde se enlistan los productos que el gobierno mexicano negoció. La mayoría de ellos quedarán desgravados de inmediato, otros productos tendrán una desregulación para darse en tres etapas y muy pocos mantienen una prohibición de importación (como la cannabis).

 

[9] Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía, ha advertido reiteradamente sobre el peligro que el TPP implica en el aumento del desempleo en nuestro país. Por su parte el Instituto de Estrategia Económica de Washington considera que en México se podrían perder hasta 30 mil empleos.

 

[10] Las relaciones comerciales que nuestro país tiene con los países del TPP  con los que no tiene acuerdos comerciales representan los siguientes porcentajes sobre el total: Australia 0.19%; Brunei 0.00032%; Malasia 0.85%; Nueva Zelanda 0.056%; Singapur 0.15% y Vietnam 0.28%. Porcentajes obtenidos con los datos del Banco de México para 2014, disponible en la página de la Secretaría de Economía.

 

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