Presente y futuro de la juventud

abril 9 2018

Podemos encontrarlos en las aulas universitarias y de bachillerato, en los laboratorios, en las bibliotecas; en museos y festivales culturales. Son activistas de colectivos y organizaciones de la sociedad civil que defienden los derechos humanos, la equidad de género, los derechos de la niñez, que protegen a los animales o generan conciencia y formulan alternativas ante el cambio climático.

Están inmersos diariamente en las redes sociales, generando contenido y vertiendo sus opiniones, posicionando temas diversos, denunciando injusticias o arbitrariedades.

También están en el campo, en los puertos pescando. Forman parte de comunidades indígenas y se encargan de mantener vivas sus tradiciones y la riqueza cultural de nuestro país. Sus rostros pueden verse en las calles; ellos tratan de ganarse la vida en el comercio ambulante o pueden, desafortunadamente, encontrarse delinquiendo, formando parte de alguna pandilla.

Podemos verlos practicar diversos deportes en espacios poco apropiados o bien, logran ser ejemplo para muchos con sus éxitos en competencias internacionales.

Lo mismo son hijos, que madres y padres, tratando de mantener y educar a un menor de edad.

Ellas y ellos son la juventud mexicana: 30. 6 millones de personas entre los 15 y 29 años; es decir, un 25.7% del total de la población de nuestro país, de acuerdo con cifras del INEGI. Y lo que hemos descrito no es más que una mínima parte de la diversidad y contrastantes realidades de las y los jóvenes en el país.

Para referirnos a las problemáticas de la juventud y las alternativas que debemos ofrecerles, es necesario que primero ubiquemos en su justa dimensión nuestro objeto de análisis, que partamos de su heterogeneidad no sólo etaria sino de circunstancias, y que reconozcamos que su desarrollo se enmarca en un sistema y sociedad que les excluye.

Las cifras nos dicen mucho de cuál es el presente de las y los jóvenes mexicanos y en qué condiciones construyen su futuro: 15.2 millones viven en pobreza por ingreso; 10.1 millones de jóvenes asiste a la escuela; 7.5 millones son jóvenes que no estudian ni trabajan.

¿Cómo se ha llegado a esta grave situación? Hay que considerar que las problemáticas de la juventud no son generadas por ellos mismos de manera aislada, sino que devienen de la situación del entorno en donde han crecido, como sus hogares, y de las propias oportunidades que sus padres o quienes los han criado han generado y cómo ha repercutido en ellos.

Los jóvenes que no acceden a la educación superior tienen menos posibilidad de inserción laboral y de caer en empleos informales; sin embargo, quienes egresan de licenciaturas o especialidades técnicas, son rechazados de puestos importantes por no encontrarse debidamente capacitados o se topan con salarios insuficientes y precarias condiciones laborales. Lo cual nos lleva a la reproducción de ciclos en donde la constante es un desarrollo limitado y una vida poco digna, en una etapa tan significativa y formativa para los seres humanos. Y a pesar de conocer las cifras antes mencionadas y de convivir diariamente con las y los jóvenes que están detrás de esas cifras, les seguimos excluyendo, no les damos una primera oportunidad laboral, les estigmatizamos, criminalizamos o minimizamos su capacidad.

En este análisis no podemos dejar de lado la crisis de legitimidad de la política y del servicio público, como un factor que repercute en la participación y desarrollo de la juventud mexicana. También, es momento de dejar de echarles en cara su actitud individualista, pues su espíritu colectivo y de su solidaridad ha sido protagonista en diversos y muy recientes momentos de la historia de nuestro país.

Hoy que tratamos de incentivar la participación política de las y los jóvenes, y que nos preguntamos el porqué de su resistencia a asistir a las urnas a emitir su voto, debemos considerar que no es ausencia de proactividad ni apatía, sino una falta de condiciones para su participación y la oferta misma que generamos; pensemos también en sus carencias y en que podemos lograr que su indignación se transforme en aliciente para el cambio de rumbo de México.

La mejor manera de demostrar nuestro compromiso con las y los jóvenes es, por principio, garantizar y respetar su derecho al libre desarrollo de su personalidad e identidad; lo es también abrir la brecha para su inclusión en distintos aspectos de la vida colectiva, partiendo del reconocimiento de su potencial y sus capacidades, y saber que son sujetos activos en ese proceso de construcción de políticas públicas, por lo que debemos aprovechar su ímpetu, iniciativa, creatividad y fortaleza.

Si México hoy se encuentra en un punto definitorio para su futuro como país y como Estado democrático, necesariamente tenemos que poner esos puntos sobre las íes en las preguntas, cuestionamientos, retos y señalamientos que nos hacen los jóvenes. Tenemos que ofrecer respuestas, sí, pero considerando la apertura a los mismos que las piden. A esos que día con día nos demuestran su capacidad de organización, de iniciativa, de liderazgo, de ingenio; a esos que diariamente con sus acciones nos demuestran que, al no tomarlos en cuenta, sólo estamos desaprovechando la oportunidad de ser una sociedad más incluyente, justa y avanzada.

 

Jesús Ortega Martínez
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Jesús Ortega Martínez

Fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue Presidente Nacional del Partido de la Revolución Democrática. Ha sido Diputado Federal y Senador de la República. Director General de la Revista El Punto Sobre la i
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