¿Para qué el frente?

Categoría: Editorial, EPSI34
febrero 6 2018

¿Para qué podría ser útil la constitución del Frente Ciudadano? ¿Para qué podría ser útil la formación de la coalición electoral que conformaron el PAN, el MC y el PRD? ¿Para qué podría servirle al país que Ricardo Anaya triunfara en los comicios de julio y como resultado de ello asumiera la Presidencia de la República?

En realidad, de nada serviría todo lo anterior, si tal gobierno no pusiera en práctica un verdadero proyecto de cambio y de transformación profunda del actual estado de cosas.

Anaya –veámoslo desde esta perspectiva– podría ser otro Vicente Fox; es decir, un panista que desplazó al PRI del poder de la presidencia, aunque ello no significara cambio alguno en la vida cotidiana de las y los mexicanos.

En el sexenio de Fox se fingieron los cambios; se realizaron solo en la superficie, pero en lo sustantivo se preservó el modelo económico, y el gobierno continuó bajo la hegemonía política del régimen priista.

Anaya podría ser otro Calderón, quien, asumiendo la Presidencia de la República, logró generar grandes expectativas de mejoría entre la población, pero que se esfumaron pronto, ya que se preservaron los mecanismos corporativos de control político característicos del sistema priista; pero además, involucró al país entero en un absurda guerra cuyo resultado ha sido un espeluznante crecimiento de la violencia, la misma que afecta a toda la población, pero principalmente a los jóvenes, hombres y mujeres, a quienes se les ha despojado de su futuro.

Anaya podría ser, desde la Presidencia de la República, otro Peña Nieto, es decir, un político que intentó abordar, como lo hizo con el Pacto por México las grandes reformas estructurales, pero que, en ese propósito, fue incapaz de enfrentar y vencer los grandes intereses económicos y políticos que son los que, aún mantienen a México en la condición de país subdesarrollado, y a gran parte de la población viviendo en condiciones de pobreza.

O Anaya, conociendo la desigualdad, la pobreza, la inseguridad, la corrupción, podría ser, desde la candidatura presidencial, otro López Obrador, recorriendo el país para engañar a la gente ofreciendo hacer de México la “tierra del pan y la miel”; prometiendo que con “su magia” hará desaparecer, nomás pise Palacio Nacional, todos los males habidos y por haber que padece el país, y nomás se cruce el pecho con la banda presidencial, “quitará los pecados del mundo”.

Sí, Anaya podría ser una grotesca copia de Fox, de Calderón, de Peña Nieto o de López Obrador, pero también, y en sentido radical y sustantivamente diferente, Anaya puede ser, durante la campaña y durante el ejercicio del poder presidencial, un hombre de Estado que, siendo capaz de dejar de lado intereses de grupo, de partido, pueda representar leal y genuinamente los intereses del país y de la gente en su conjunto.

Eso significaría que Ricardo Anaya enarbole un programa de gobierno que necesariamente contemple las profundas reformas que el País requiere en el ámbito de la economía y del ejercicio del poder político.

Terminar con el régimen político priista es la piedra angular del programa de transformaciones urgentes y estratégicas para la sustantiva mejoría de las condiciones de vida de la sociedad mexicana.

Con un nuevo régimen político, el Congreso de la Unión, el poder Ejecutivo y la Corte podrán hacer posible la construcción de un nuevo y eficaz sistema de procuración e impartición de justicia, ello en lugar de predicar el perdón de los pecados y… de los delitos, como hace López Obrador.

Un nuevo régimen político y un gobierno de coalición crearán las condiciones para terminar con la corrupción que ha invadido el cuerpo social. No se tratará de milagros, sino de acciones gubernamentales tangibles que podrán superar aquellos cotos de poder político y económico que por décadas propiciaron la perversión de la justicia y alentaron la impunidad.

Con un nuevo régimen político se tendrán las condiciones y la mayoría legislativa para impulsar un modelo de desarrollo y crecimiento de la economía que garantice estabilidad y política, pero que, sobre todo, logre la superación de la pobreza que ahoga a la gran mayoría de las y los mexicanos.

El Frente, por medio de un programa de cambio verdadero y con la ley, podrá terminar con el cáncer de la violencia que engendran el crimen organizado y el gran negocio del tráfico ilegal de drogas y armas. Una nueva mayoría legislativa y un presidente progresista y modernizador serían capaces de reconocer que la acción exclusivamente punitiva ha sido insuficiente para terminar con el crimen y la violencia, y que más allá de esto se requieren de medidas preventivas, innovadoras, contemporáneas, audaces para lograr la paz en la nación y la seguridad para las familias.

El contenido del programa de gobierno será la diferencia entre un gobierno verdaderamente transformador o un gobierno que, con el gatopardismo de por medio, mantenga en esencia el anacrónico sistema priista

Jesús Ortega Martínez
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Jesús Ortega Martínez

Fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue Presidente Nacional del Partido de la Revolución Democrática. Ha sido Diputado Federal y Senador de la República. Director General de la Revista El Punto Sobre la i
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