La perspectiva de género y las políticas públicas

febrero 8 2018

La “derecha alternativa” es, como el populismo, una de las mayores amenazas al desarrollo democrático. El 10 de noviembre pasado la filósofa norteamericana Judith Butler –destacada teórica de la sexualidad, el feminismo y la teoría queer– fue agredida por manifestantes ultraconservadores en el aeropuerto de Sao Paulo, Brasil, lugar donde dictó una conferencia. Más tarde, un grupo de radicales quemó, a las puertas del lugar de la charla, una muñeca con la imagen de la académica.

Una semana después, en Estados Unidos, la Sociedad de la Tierra Plana [sic] realizó un congreso que reunió a cientos de creyentes en el disparate de que la Tierra no es redonda; según ellos se trata de una conspiración, un asunto de Satanás. Asimismo, en algunos campus universitarios de ese país circularon a principios de noviembre volantes invitando a la “gente blanca” a unirse en contra de la “corrección política”. Dispersa, ambigua, carente de estructura, estridente, así se presenta la “derecha alternativa” en la escena norteamericana, atomizada en numerosos grupos de ultraderecha, envalentonados por el discurso populista de su presidente. De uno de estos grupos surgió el terrorista que atropelló a una decena de opositores a una marcha racista en el estado de Virginia en agosto pasado, y como resultado murieron tres personas.

En México, los grupos ultraconservadores tienen una agenda más discreta, pero son igualmente activos. Baste recordar la movilización de un autonombrado Frente Nacional por la Familia que el año pasado hizo naufragar en el Congreso la integración a la constitución del matrimonio igualitario. En tanto, Margarita Zavala, en su afán de ganar mayores adeptos del sector conservadores, firma una carta compromiso en la que garantiza que de llegar a la presidencia, ese tema no lo impulsará. Al mismo tiempo, ya se comienzan a copiar los modelos foráneos, como muestra el creciente activismo mediático de personajes como Esteban Arce, el conductor televisivo que ha hecho de la homofobia su bandera como “motivador personal”, o Juan Manuel Dabdoub, líder de otro grupo de ultraderecha llamado Consejo Mexicano de la Familia y organizador de performances en contra del matrimonio igualitario.

El crecimiento de la llamada “derecha alternativa” en países como Brasil y Estados Unidos es una llamada de atención sobre un fenómeno que puede poner en peligro a la de por sí frágil democracia mexicana. El respeto a los derechos humanos y sociales básicos reconocidos internacionalmente debe estar por encima de cualquier criterio moral o religioso.

En el centro del debate está la idea de igualdad: entre hombres y mujeres; entre indígenas y mestizos; entre blancos y afrodescendientes. La “derecha alternativa” trabaja con ingenio para disfrazar sus tesis supremacistas y cubrir con números sus prejuicios. Para ellos los afrodescendientes son pobres porque “no se esfuerzan lo suficiente”, o las mujeres son violadas o asesinadas “por imprudentes” (como afirmó en noviembre pasado el infausto cardenal Juan Sandoval Íñiguez).

La búsqueda de una sociedad igualitaria, donde hombres y mujeres tengan el mismo acceso a oportunidades y libertad de decidir sobre su cuerpo y sus formas de convivencia, es calificado por estos grupos como “ideología de género”.

Como señala la antropóloga Marta Lamas (Proceso 29/09/17) el concepto de género se refiere “a lo que en cada cultura se considera ‘lo propio’ de los hombres y ‘lo propio’ de las mujeres”; por tanto, se trata de una categoría cambiante, que se ajusta a los tiempos y las realidades sociales. “Respecto de la sexualidad, las visiones tradicionales consideran que ‘lo propio’ de ambos sexos es tener relaciones sexuales con el sexo opuesto; la visión progresista considera que el deseo sexual no se deriva en automático de la biología”. Ambas visiones no tendrían por qué confrontarse si existe respeto a las diferencias.

La elaboración retórica de la “derecha alternativa” busca presentar como asunto ideológico lo que es, llanamente, defensa de los derechos básicos de hombres y mujeres, tanto en el terreno social como en la intimidad de sus dormitorios, sin menoscabo del respeto a todos los credos y doctrinas. Esta insistencia en calificar como ideología al género busca demeritar su aporte a la comprensión de la forma en la que nos relacionamos y, sobre todo, el consenso internacional que ha conseguido: una de las 17 Metas para el Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas es lograr “equidad de género y empoderamiento de todas las niñas y mujeres”. En contraposición, estos grupos buscan anclar y justificar la inequidad a través de una supuesta naturaleza, comprobada en la diferencia biológica entre hombres y mujeres. Para la “derecha alternativa”, cualquier intento por superar la desigualdad es un atentado contra la familia, a la que, por supuesto, reducen al modelo tradicional.

El lenguaje de odio repite una y otra vez que la “ideología de género” niega “la naturaleza”, que (cualquier campaña o programa de educación sexual, por ejemplo) convierte a los niños en homosexuales, que incrementa la tasa de suicidios, que incita al sexo adolescente, que dispara la violencia contra las mujeres… estridencias vertidas sin pudor a través de las redes sociales para lucrar con el miedo y así conservar la normalidad aparente de la visión tradicional del género. En el anonimato de Internet proliferan los agoreros de la “derecha alternativa” reclutando seguidores y buscando imponer sus verdades a gritos o cubriendo la boca a los que piensan distinto, como hizo Juan Manuel Dabdoub en uno de sus actos homofóbicos.

La propuesta del Frente Ciudadano por México no excluye la defensa de las minorías, por el contrario, implica la renovación de las instituciones y la plena observancia al marco legal que garantiza, entre otras cosas, el respeto a la diferencia sexual y la igualdad entre mujeres y hombres. Se puede convivir en democracia, respetando siempre los derechos de todas y todos, incluidos los derechos sexuales y reproductivos.

Desde el PRD impulsamos que el Frente tenga la participación de candidatas y candidatos LGBTTTI y nos preparamos con convicción para conducir en el debate del proyecto de nación los temas que históricamente han formado parte de nuestra propuesta política.

Antonio Medina Trejo

Antonio Medina Trejo

Secretario Nacional de Diversidad Sexual del PRD.
Antonio Medina Trejo

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