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Corea del Norte: la incertidumbre política

La República Popular Democrática de Corea (RPDC), mejor conocida como Corea del Norte, ha sido objeto constante de atención mediática internacional como el ejemplo ilustrativo de un país hostil ante un sistema mundial globalizado, interdependiente e interconectado. Mientras el mundo sigue girando, parece que Corea del Norte bajo su particular sistema comunista se ha quedado como un fósil viviente de la Guerra Fría. Mientras que la globalización parece ser la tónica del devenir internacional, Corea del Norte parece mantenerse hermético al exterior, tanto física como virtualmente. Y lo más importante, mientras los discursos de paz y las negociaciones para solucionar conflictos armados tienen un lugar importante en el imaginario mundial, Corea del Norte continúa con su carrera armamentista en el desarrollo y prueba de armas nucleares y misiles de mediano y alto rango, pasándose por alto las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y los exhortos de líderes mundiales, organizaciones, países vecinos y otros actores que conforman la comunidad internacional.

Así, la imagen de Corea del Norte es preponderantemente negativa. Paralelamente, su reputación como país amenazante e incumplido con los tratados internacionales e incluso con sus pactos con los países vecinos tampoco hace que se le tome en serio. Para la prensa internacional, Corea del Norte puede ser el origen de la III Guerra Mundial bajo su liderazgo dinástico de tres generaciones, ahora dirigido por Kim Jong-un, conocido por sus intensos discursos que amenazan atacar a los Estados Unidos y “reducirlo a cenizas”, respaldados por la continuidad del desarrollo nuclear del régimen y sus pruebas nucleares y de lanzamientos de misiles.

En el plano interno, por otra parte, a Corea del Norte se le describe como un régimen socialista totalitario con un alto grado de control estatal hacia su población bajo justificaciones ideológicas-nacionalistas tales como la ideología Juche o de autosuficiencia o bien la política songun de priorización a la militarización, complementados con el culto casi religioso a la personalidad de sus líderes o suryong. Asimismo, otro de los discursos centrales entre la prensa internacional y organizaciones humanitarias es la afirmación que entretanto las elites del poder gozan de lujosos estilos de vida, el grueso de la población vive en permanente estado de pobreza, desnutrición, explotación, represión, etcétera.

No obstante, desde su fundación en 1948 hasta la actualidad, el sistema anacrónico norcoreano continúa de pie, rebasando las expectativas de aquellos que aseguraron su colapso en múltiples ocasiones. La primera vez, se presagiaba el fin de la dinastía Kim como parte del efecto dominó provocado por la caída, a principios de los noventa, del mayor de sus patrocinadores, la Unión Soviética; cuando uno por uno los países socialistas fueron desapareciendo del mapa para dar entrada a otro tipo de sistemas. Después, durante la mayor parte de la década de los noventa, la caída del régimen se visualizaba a raíz de los acontecimientos que siguieron a la muerte del fundador y “gran líder” Kim Il-sung, como el ascenso al poder de su hijo Kim Jong-il; una hambruna que tuvo altas pérdidas humanas;1 la insostenibilidad del sistema de distribución del Estado ante la hambruna y el paso eventual al pragmatismo ideológico-administrativo. Finalmente, la muerte de Kim Jong-il a finales de 2011 y la tercera transición dinástica a favor del entonces veinteañero Kim Jong-un, hijo menor del “querido líder” pusieron en alerta a los observadores del país, quienes miraban de cerca el desempeño del nuevo dirigente, quien no exento de pugnas de poder y una que otra purga de funcionarios de alto nivel, ha demostrado que el régimen continuará en pie bajo su mando quizás por mucho tiempo.

Entonces, los sucesos anteriormente descritos evidencian que más allá de ser una incertidumbre política, Corea del Norte demuestra ser un actor racional cuyo liderazgo ha dado certidumbre a la supervivencia del país ante contextos desfavorables, tanto nacionales como internacionales, que ya han cobrado la vida útil de otros regímenes similares en forma. Es por eso que “más allá de caer en estereotipos sobre el Estado norcoreano y preservar una versión simplificada e incluso distorsionada” (Lankov, 2015) de la realidad del llamado ‘reino ermitaño’, es necesario entender lo que hay detrás de la lógica de ese Estado a través de dos marcos de análisis: el del plano internacional y el del ámbito interno.

Por ello, la continuidad del armamentismo norcoreano, su misma supervivencia y su facilidad para emitir discursos provocadores sin que se desate con ello un conflicto armado a gran escala no pueden ser entendidos sin tener presente su posición geográfica, que ha sido un arma de doble filo a través del tiempo. Por un lado, la división de la península coreana en dos países bajo diferentes sistemas a partir de 1945 fue designio de las potencias mundiales de aquel entonces: la Unión Soviética y Estados Unidos. De la misma manera, en la guerra de Corea (1950-1953) intervinieron las potencias ya mencionadas y se les sumó China (en favor de Corea del Norte) y el ejército de la ONU (liderado por Estados Unidos en favor de Corea del Sur). Por otro lado, la RPDC ha sabido capitalizar muy bien su ubicación a través de su habilidad diplomática para subsistir entre dichas potencias y con ello ganar legitimidad interna a través de su ideología Juche o de autosuficiencia.2

Es también la ubicación geoestratégica de la RPDC lo que impide que sucedan escenarios similares a los de otras partes del mundo a través de la historia, como puede ser una intervención armada internacional con el fin de “neutralizar” a Pyongyang y así evitar que su desarrollo de armas de destrucción masiva sea una amenaza a la estabilidad regional y mundial, como sucedió con la intervención de Estados Unidos en Irak en 2003.

El escenario descrito anteriormente es poco probable, debido a que cualquier movimiento de alguna potencia en o ante Corea del Norte implicaría inexorablemente un conflicto con otra potencia o potencias. Un ejemplo claro es la instalación reciente por parte de Estados Unidos de la Terminal Área de Defensa de Alta Altitud (THAAD por sus siglas en inglés), un escudo antimisiles, en territorio de Corea del Sur como mecanismo de defensa ante el aumento de pruebas de misiles de alto alcance por parte de la RPDC, que ya suman 12 en este año (Nuclear Threat Initiative, 2017).

Este movimiento de Estados Unidos con respaldo de Corea del Sur no sólo generó polémica entre la ciudadanía surcoreana, más preocupada por las secuelas ambientales de dicho escudo en su territorio que por la “amenaza” norcoreana sino que también desató la enérgica protesta de China, que percibió el movimiento como una intrusión norteamericana a su propia soberanía, ya que el alcance del THAAD abarca parte del territorio chino y como medida de presión para evitar el despliegue de dicho escudo antimisiles Beijing ha impuesto un veto comercial, turístico e incluso cultural no oficial a Corea del Sur, con quien hasta no hace mucho tenía una relación cordial y de alta interdependencia comercial. De la misma manera, Rusia ha secundado a China en su protesta por la instalación del THAAD, ya que el alcance de acción del escudo antimisiles también abarca parte de la soberanía rusa y se cree que contrario a limar asperezas, el THAAD sería un elemento de escalada de tensiones.

Por lo anterior, la presencia del THAAD ya en operaciones en Corea del Sur, complementada con las fuertes movilizaciones de carácter militar que anualmente –entre los meses de marzo y abril– Estados Unidos realiza en conjunto con Corea del Sur a lo largo de la frontera con Corea del Norte (los llamados ejercicios militares Foal Eagle) constituye otra de las razones por las que la RPDC no abandona su economía de guerra, que se calcula asigna aproximadamente el 27% de su Producto Interno Bruto (PIB) en gastos militares (León en El Canal del Congreso, 2017), posee actualmente de 13 a 30 armas nucleares, con capacidad de elaborar de 3 a 5 al año (Albright, 2017) así como más de mil misiles de distinta magnitud, incluyendo de largo alcance, de hasta un radio más de 5 mil 500 kilómetros, que presumiblemente podrían bombardear a los Estados Unidos (BBC, 2017).

Otra perspectiva de las bajas probabilidades de la intervención de alguna potencia en territorio norcoreano se centra en las implicaciones que tendría una guerra nuclear, cuyo campo de batalla en el noreste asiático afectaría directamente no sólo a los dos países que conforman la península coreana sino a los territorios chino, ruso, estadunidense y japonés. Las pérdidas materiales y humanas serían irreparables en una región con un dinamismo comercial creciente y con alto énfasis en crecimiento económico, donde convergen de las principales economías del mundo. Por lo mismo, las potencias no buscan una guerra sino la disminución de tensiones. Sin embargo, irónicamente sus maneras de buscar esta disminución se han centrado en destinar más recursos a su militarización y al reforzamiento de sus ejércitos, al grado de ser una de las regiones más militarizada del mundo.

Este año, con la llegada al poder de Donald Trump en los Estados Unidos y Moon Jae-in en Corea del Sur hay altas expectativas del regreso a los tiempos en los que había diálogo con la RPDC a cambio de ciertas concesiones de la misma con el fin de desnuclearizar al país. Sin embargo, hasta el momento dichos diálogos no han empezado y mientras Trump mantiene posturas contradictorias ante el régimen de Kim Jong-un (a veces favoreciendo el diálogo y a veces la escalada armamentista), Moon en Corea del Sur en una clara muestra de cambio de postura respecto a administraciones anteriores, ha manifestado su determinación para relajar tensiones con la RPDC y lograr la suspensión de las pruebas nucleares y de misiles de su vecino, al grado de proponer ajustar o suspender los ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos e incluso visitar Corea del Norte si es necesario. Corea del Norte por su parte se ha mostrado abierto al diálogo si las condiciones necesarias se presentan (Moon, 2017; Wu, 2017).

El plano nacional: las reformas bajo Kim Jong-un

Hasta hace algunos años poco se sabía de la situación interna del régimen, es decir, cómo vive la población civil en su cotidianidad ante un régimen altamente controlador con una economía raquítica3 y altamente militarizada. Aunque las visitas turísticas hacia Corea del Norte son permitidas y abundan documentales sobre “el reino ermitaño” es bien sabido que el régimen es muy cuidadoso del contenido que de su país se muestra al exterior y por tanto es muy difícil captar la vida cotidiana del ciudadano de a pie y no de los prósperos, exitosos, felices y nacionalistas ciudadanos que salen a modo en los documentales sobre la RPDC. Incluso la aparente apertura al exterior del régimen se demuestra con la presencia del gobierno en su cuenta oficial “uriminzokkiri” en plataformas como YouTube y Twitter, donde se muestra contenido propagandístico del país y su postura hostil hacia Estados Unidos, por ejemplo.

Sin embargo, el país bajo Kim Jong-un ha estado implementando reformas que más allá de los documentales y el contenido web, poco a poco dejan entrever el estilo de vida de la población después del colapso del sistema de distribución estatal a raíz de la hambruna de la década de los noventa, que hizo insostenible el suministro de alimentos y recursos a la población por parte del omnipresente Estado.

Las reformas, así como recuentos de la vida en la RPDC por desertores del régimen que ahora residen fuera del país, así como las vías de comunicación que gracias a la tecnología se han podido establecer entre los habitantes de Corea del Norte y el exterior (el estar rodeado de países altamente conectados permea en las vidas de los residentes del país comunista, a pesar de los filtros de control estatal que parecen debilitarse a través del tiempo) muestran cambios graduales de fondo que dirigen a Corea del Norte a una progresiva integración a la dinámica internacional y por tanto la eventual salida de la cortina de hierro que Pyongyang se ha resistido a derribar.

En el rubro de las reformas, se dice que a partir de 2016 el gobierno de Kim Jong-un implementa un conjunto de políticas conocidas como “30 de mayo” que dan velocidad a las llamadas reformas del “28 de junio” implementadas en 2012 (Lankov, 2015). Dichas reformas flexibilizan el férreo control estatal y dan paso a medidas de libre mercado. Por ejemplo, a los agricultores se les permite la propiedad privada del 60% de sus cosechas, cuando en 2012 la medida inició con cederles el 30% (Lankov, ibíd). Contrario al colectivismo, en la actualidad el llamado “pequeño equipo de producción” compuesto por dos hogares se ha convertido en la principal unidad de producción agrícola (Lankov, ibíd).

En la industria, se ha hecho universal el llamado “sistema de responsabilidad de director” un programa inicialmente experimental en el que al “director de fábrica” se le adjudican responsabilidades propias de un director ejecutivo en la jerga corporativa. El director de fábrica tiene derecho a comprar de cualquier proveedor piezas de repuesto y materias primas y vender los productos terminados sin la necesidad de pedir permiso y autorización del Estado, así como gestionar su fuerza de trabajo, incluyendo el hacer contratos y despidos de personal (Lankov, ibíd.)

Entonces, la cada vez menos eficaz habilidad estatal de controlar la economía y los designios del mercado han llevado a la existencia cada vez más frecuente de actividades fuera del control estatal que se han convertido en instrumentos para introducir reformas e impulsar cambios políticos dentro de la RPDC, en desafío directo e indirecto de la capacidad del Estado de imponer su voluntad a sus habitantes (Snyder y Park, 2013: 276). Dicho sea de paso, mucha de la propaganda estatal centrada en la autosuficiencia del exterior y en la habilidad de las clases gobernantes en proveer a la población de los recursos suficientes para sobrevivir ya no tiene credibilidad entre el grueso de los 25 millones de habitantes del “reino ermitaño”.

En un reporte del diario hindú The Economic Times (2017), los cambios desde dentro de la RPDC documentan a través de datos la pujante transición norcoreana. En principio, se estima que la economía del país podría estar creciendo entre el 1% y 5% anual, gracias a la expansión de los mercados, tanto los oficiales aprobados por el régimen como de los informales. En línea con la apertura, se calcula que al menos el 40% de la población está involucrada de alguna manera en el sector privado. Asimismo, a través de la empresa estatal Koryolink ya hay más de 3 millones de usuarios de teléfonos celulares. No obstante, según dicho reporte, a pesar de los indicios de cambio dentro del régimen aún queda un largo camino por recorrer. A pesar de que la hambruna ya fue superada, problemas como la desnutrición en la población persisten.

Reflexiones finales

Según se documenta en este escrito, tanto los planos interno como internacional parecen favorecer a la inserción del “reino ermitaño” en el sistema internacional del siglo XXI. La velocidad con la que Corea del Norte se integra no es rápida pero tampoco se espera que lo sea, ya que el proceso de apertura en la RPDC no depende únicamente del país sino de los países vecinos. Mientras que Corea del Norte continúa con su programa de desarrollo nuclear y de misiles, las cancillerías de los países vecinos —en especial las recientes inauguradas administraciones en los Estados Unidos y Corea del Sur—así como otros actores internacionales evalúan las formas de recomponer los vínculos que con Corea del Norte se han roto a través del tiempo y redefinir sus posturas hacia el régimen. Corea del Norte se presenta ambigua al diálogo.

Sin embargo, como señala el coreanista Andrei Lankov (2015), es importante tener en cuenta lo que se puede y no se puede esperar de la dictadura desarrollista que aparentemente está emergiendo en Pyongyang. Según Lankov, en el plano interno no se puede esperar que las reformas en la RPDC se liberalicen más de lo que ahora están, a pesar de que la transición del comunismo a la economía de mercado en países como China y Vietnam llevó consigo una relajación gradual pero dramática del control social. En Corea del Norte no se puede debido a la existencia de su vecino Corea del Sur como sistema contradictorio que goza de éxito y riqueza (Lankov, ibíd). Así, para evitar el “descontrol”, el gobierno de Kim Jong-un tendrá que permanecer altamente represivo. “Mientras llena los vientres de la gente con comida, tendrá que seguir llenando los corazones de la gente de miedo” (Lankov, ibíd).

En el plano internacional, por otra parte, Lankov señala que tampoco se debe esperar que la RPDC esté dispuesta a abandonar su programa nuclear y de misiles, ya que esto implicaría liberar el obstáculo que significa el poseer armas nucleares ante las potencias regionales que rodean a la península.

El liderazgo en Pyongyang es plenamente consciente del lamentable destino que tuvo el único dictador que aceptó intercambiar su capacidad de armas de destrucción masiva por la ayuda occidental y la asistencia económica. El fantasma del coronel Gadafi persigue los corredores de poder al norte la zona desmilitarizada (Lankov, 2015).

Para Lankov, también es improbable que Kim Jong-un y su aparato estatal abandonen su retórica beligerante y “provocativa” de “atacar a los Estados Unidos” o bien convertir a Corea del Sur en un “mar de fuego”, así como declarar reiteradamente la invalidez de los tratados antes alcanzados tanto con Estados Unidos como con Corea del Sur y otras potencias y decir también que “la guerra en la península es inevitable”. Lankov afirma que este tipo de discursos son una forma de mantener entre su población la percepción de una amenaza externa plausible y como resultado mantener su población unida y llena de orgullo nacional, con la capacidad de hacer frente a las “amenazas” de los países enemigos.4

Lo que sí se puede esperar, sin embargo, es la continuidad de las reformas que impactarían positivamente en la economía nacional y por tanto en la calidad de vida de los norcoreanos (Lankov, ibíd). Aunque según Lankov, la población aún no podría atreverse a expresar cualquier opinión personal sobre política, arte, o la realidad en general que contradiga lo que el discurso oficial señala.

También se espera que el régimen, sin abandonar su recurso nuclear y militar, sea menos propenso a involucrarse en la proliferación nuclear, manteniendo sus pruebas nucleares y de misiles, así como su discurso beligerante en límites claros, con el fin de no ahuyentar a inversores potenciales (Corea del Norte ya tiene inversión extranjera, principalmente de empresas chinas pero también de otros países, como Egipto) (Lankov, 2015).

Para Lankov, pase lo que pase, incluso si el régimen de Kim Jong-un llegase a perder un día el control del país, es probable que, de acuerdo al devenir actual, un país más desarrollado esté presente en la parte norte de la península coreana.

Finalmente, como señala el coreanista José Luis León Manríquez (Canal del Congreso, 2017) la situación en la península coreana en general, más allá de ser el último rescoldo de la guerra fría, es más bien una prueba de lo que será el orden mundial en el siglo XXI.

 

Albright, David (2017) “North Korea’s Nuclear Capabilities: A Fresh Look”, Institute for Science and International Security, reporte publicado el 28 de abril de 2017, consultado en http://tinyurl.com/ycc8bqqw
Canal del Congreso (2017) “Vértice Internacional: Incertidumbres en la Península Coreana”, conducido por Rina Mussali, 16 de Mayo de 2017, recuperado de http:// tinyurl.com/ybm6vj8u
Lankov, Andrei (2015) “Change is in the Air in North Korea”, capítulo 12, Daily Life in North Korea, NK News editorial, 1era edición Amazon Kindle.
Moon, Chung-in (2017) “A path for diplomatic success”, Korea Joongang Daily, publicado el 22 de mayo de 2017, consultado en http://tinyurl.com/yanlcmw7
Nuclear Threat Initiaive (2017) “The CNS North Korea Missile Test Database”, publicado el 22 de mayo de 2017, consultado en http://nti.org/6928A
Park, Kyung-ae y Snyder, Scott (2013) “North Korea in Transition: Evolution or Revolution?” en North Korea in Transition: Politics, Economy and Society, editorial Rowman & Littlefield Publishers Inc, pp. 275-293.
The Economic Times (2017) “Ever wondered how North Korean economy is growing under Kim Jong-un”, publicado el 6 de mayo de 2017, consultado en http://tinyurl. com/qkjfqd9
The World Factbook (2017) datos económicos de Corea del Norte y Corea del Sur, Central Intelligence Agency, consultado el 28 de mayo de 2017, en http://tinyurl.com/2h2e3k
Wu, DD (2017) “China Gains Russia’s Support on North Korea Issue”, The Diplomat, publicado el 27 de mayo de 2017, consultado en http://tinyurl.com/qtcg7v7

 

1 Presumiblemente entre 600 mil y 2 millones de personas fueron víctimas mortales de la hambruna, considerada como una de las grandes catástrofes alimentarias de los últimos tiempos (León en El Canal del Congreso, 2017).
2 A decir del coreanista José Luis León (2017, Canal del Congreso), la RPDC siempre reivindicó ser un país autónomo y autosuficiente, incluso por fuera de la Unión Soviética y de China. Sin embargo, su fundamento ideológico se veía opacado por la realidad del país comunista hasta poco antes de la década de los noventa, cuando tenía la habilidad diplomática para extraer alternativamente recursos o fondos tanto de China como de la Unión Soviética, que favorecían a su permanencia y en la práctica no lo hacían totalmente autosuficiente.
3 Como un indicador del estado de la economía norcoreana, el PIB per cápita de la RPDC es de aproximadamente mil 800 dólares, un dato que se queda muy corto si se le contrasta con el de Corea del Sur, de 37 mil 900 dólares (CIA World Factbook, 2017).
4 No es coincidencia que año con año, las subidas de tono de las amenazas del Norte se den en el marco de dos importantes aniversarios, el que conmemora el ascenso del fallecido Kim Jongil al poder el 9 de abril y el del cumpleaños del fundador de Corea del Norte, Kim Il-sung, el 15 de abril. Qué mejor para el aparato de propaganda norcoreana el celebrar dichos aniversarios con enormes despliegues de poderío militar ante un escenario real de guerra.

Cintli A. Cárdenas Barajas

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Universidad de Colima.
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