Cambios urgentes en la política económica de México

febrero 7 2018

El fracaso neoliberal

Desde el inicio del modelo de apertura comercial globalizadora, muchos economistas advirtieron que, en el caso de México, solo conduciría a una total dependencia con EU y a una desindustrialización nacional e insuficiencia alimentaria, que a su vez generaría altas tasas de desempleo, miseria, inseguridad social, delincuencia y narcotráfico y desde luego, lo que no les gustó a los EU, migración masiva hacia donde había trabajo bien pagado.

Desde su implementación en México a partir de 1982, el modelo neoliberal fondomonetarista fue creando paso a paso enormes desequilibrios sociales cuyos costos eran imputados a los sectores más débiles de la sociedad y fue instrumentado a través de los llamados “programas de ajuste” dirigidos por el Fondo Monetario Internacional y su correligionario el Banco Mundial y bajo la supervisión de la Embajada de EU y otros de sus organismos de control.

Lo más sobresaliente de dichos programas de ajuste fue lo siguiente:

1 Reducción del gasto público, especialmente de tipo social y de apoyos al campo a la industria y a la educación.
2 Adelgazamiento del Estado aumentando la jornada de trabajo y reduciendo salarios (eliminación de muchas plazas de trabajo).

3 Apertura económica al exterior rápida e indiscriminada a través del ingreso al GATT en 1985 y posteriormente y mal negociado Tratado de Libre Comercio con EU y Canadá.

4 Priorización al pago de la abultada deuda externa, la cual creció a pesar de que se contrajo la economía para poder pagar dicha deuda.

5 Privatización indiscriminada de las empresas nacionales así como bancos que fueron a parar a empresas extranjeras, incluyendo el petróleo cuya desnacionalización va avanzando. La banca comercial se extranjerizó.

6 Total apertura a las mercancías del exterior que compitieron deslealmente con el productor nacional hasta quebrarlo, u obligarlo a vender sus empresas. Era el poder del más fuerte en la BMV.

7 El capital y los monopolios extranjeros, los hijos predilectos del régimen. La inversión extranjera tanto directa como en forma de deuda no solo es aceptada sino atraída a través de enormes facilidades y exenciones de impuestos. El presidente que más inversión atrae es el mejor. Obviamente en detrimento del capital nacional que, salvo unas cuantas empresas muy fuertes, no logra resistir la discriminación por su origen.

8 Este fenómeno convierte a México en un país maquilador que compite con los más bajos salarios del mundo y prestaciones mínimas. Mientras en EU pagan a 10 dólares la hora, en México pagan cuatro dólares por ocho o 10 horas. El ritmo de explotación aumenta.

Toda esta política, implementada desde 1982 a 2018 tendría que llegar a un límite en el que solo se puede imponer por medio de la represión, el fraude electoral y los medios de difusión vendidos al sistema. Elevada deuda, y bajo crecimiento del PIB, 2% en promedio. Crecimiento mediocre o estancamiento.

Sin embargo, esta política tiene la característica de haber encumbrado como nunca a los dueños del capital local y extranjero que con el apoyo de EU manejan como grandes triunfos lo que ha sido un terrible fracaso para la nación en su conjunto. Es decir los poderosos nunca hablan de un fracaso del modelo sino al contrario. Envueltos en una demagogia tecnocrática e inentendible para la población, disfrazan los fracasos y sus corrupciones a través de sus distintas formas de cubrirse entre ellos mismos. Todos sabemos que son, corruptos pero no hay manera de demostrarse desde el punto de vista legaloide. Sus abogados son invensibles.

El populismo: término mal manejado por ellos para desvirtuar cualquier cambio que amenace sus intereses

¿Qué entienden por populismo?

Queda muy claro que es una amenaza a sus intereses de grupo en el sentido de un cambio de política que dé marcha atrás o revise o discuta sus negocios privados en el que están utilizando en beneficio propio los bienes de la nación

A esta política contra sus privilegios, en una época atrás, la llamaron “comunismo”, difundiendo películas de terror en cuanto a este concepto, al que deformaron conjuntamente con los EU y sus revistas y periódicos a sueldo. Ahora el comunismo ya no existe, y al ataque a sus intereses y corruptelas prefieren llamarle “populismo”.

El pavor al populismo es que se den cambios que frenen un libre mercado y libre comercio en el que solo existe la ley del más fuerte o el más corrupto. La libertad económica es deseable pero falsa. Es un ideal que solo ha existido en los discursos y en los escritos a sueldo. Siempre el más fuerte abusará del más débil, por ello son impostergables los cambios en la política económica en la que un Estado fuerte y apoyado por la inmensa mayoría del pueblo, logre poner orden en los abusos de las libres fuerzas del desastre.

Son antimexicanos y reprueban el nacionalismo y la producción nacional, la mano de obra mexicana, nuestras costumbres y folklor. Están en contra de producir en México alimentos, gasolinas, gas y manufacturas, ya que el TLCAN solo lo han aprovechado para importar y beneficiar al productor de EU y Canadá. A su vez están en contra de los indígenas y pueblos afectados por las inversiones extranjeras. Desde luego que poco les importan las afectaciones al medio ambiente, a los recursos naturales y al mal uso de nuestras aguas, fauna y vegetación.

Cambios urgentes “sustentables” a partir del 2018

Es evidente que el grupo en el poder va a poner todos sus recursos económicos para impedir que sean afectados sus privilegios como lo demuestra la Historia. Harán todo antes que renunciar a sus privilegios. Gastarán lo que haya que gastar y comprarán lo que tengan que comprar, principalmente, “traidores”.

Pero ¿cuál es la condición para que se den los cambios urgentes a que nos hemos referido? Evidentemente un Estado comprometido con estos y otros cambios y dispuesto a dar la pelea en contra de la reacción como lo hizo Hidalgo, Morelos, Juárez y Cárdenas. Un gobierno nacional. Eso es lo que se necesita.

Un gobernante que considere que el fin en la vida no es hacerse de millones al infinito sino pasar a la historia. He allí el problema. La honestidad y el compromiso con un proyecto de nación que tenga por objeto producir en México para el mercado interno y después exportar. Esto desde luego con un proyecto social que implique aplicar los recursos presupuestarios para fomentar el desarrollo económico y social en beneficio de las mayorías.

En relación a la producción, con excepción de algunos productos de alta tecnología en México se está en condiciones de producir muchos artículos y depender del exterior solo de lo necesario. Esto daría empleo y se reduciría la necesidad de ir al norte “nadie va al norte por gusto”.

En realidad se disparó el desempleo por la quiebra de la actividad económica que pese a sus limitaciones estaba en proceso de consolidación, pero que no pudo competir con los gigantes trasnacionales a los que lo ha sometido la inequitativa apertura económica desde 1974.

La autosuficiencia alimentaria debe ser el objetivo de cambio urgente de la política económica. El Estado nacional debe impulsarla, al igual que la autonomía energética que, como ya se vio, no fue cierta la teoría de la ventaja comparativa en el sentido de que salía más barata la gasolina importada y que por lo mismo no debía de producirse internamente.

México fuera del TLCAN (mejor)

En realidad salirse de los compromisos del TLCAN es quitarse una camisa de fuerza. El gobierno Nacional puede muy bien importar los bienes que requiere de muchos países y puede aplicar aranceles, cuotas, represalias comerciales, sistemas de permisos previos e incluso prohibiciones a la exportación. Esto según se porten los demás países.

Los pocos beneficiarios del TLCAN siempre argumentaron que el proteccionismo era una práctica del pasado. No hay mayor ciego que el que no quiere ver. EU, Japón, China y Europa, siempre han practicado el proteccionismo en subsidios y prohibiciones a las mercancías y capitales del exterior. De allí el fracaso de las Rondas de la OMC. El proteccionismo sigue, el libre comercio solo existe en los libros de texto. La realidad es otra.

México debe llevar a cabo una política comercial pragmática y acorde con los lineamientos y sucesos del exterior. Para nada necesita convenios comerciales que de todos modos las potencias no cumplen.

Los verdaderos apoyos a los productores agrícolas de ninguna manera deben ser las dádivas “clientelistas” que se están dando ahora. Se debe dar apoyos para la producción y comercialización de los productos, así como distribución y venta, al igual que seguros contra desastres. En realidad los subsidios a la agricultura los otorgan todos los países del mundo, excepto México. El gobierno mexicano los quitó, pero ni Estados Unidos ni Canadá hicieron lo propio. Fuera del TLCAN no tenemos por qué eliminar los subsidios.

Estos a su vez se traducirían en ahorro por exportaciones que reducirían el saldo en balanza comercial y apoyarían una mayor suficiencia alimentaria. Desde luego partiendo de la base de que los subsidios realmente lleguen a quien lo necesita, si hay corrupción, no se podrá hacer nada.

Respecto a que si Trump reduce los impuestos, se van sus empresas de México, en realidad esto no podría ser rápidamente, sino a largo plazo, por lo cual habría tiempo de sustituir importaciones y de poner aranceles altos a los productos norteamericanos que no se harían extensivos a los de otros países, quienes serían nuestros proveedores. Por ejemplo, los automóviles norteamericanos: en caso de que se fueran su importación implicaría un elevadísimo arancel que no se aplicaría a las empresas alemanas y japonesas, y otras empresas que se queden en México, sólo sería discriminatorio para Estados Unidos.

En síntesis, existen muchas posibilidades de llevar a cabo los cambios urgentes en la política económica de México, que tanta falta está haciendo de muchos años atrás, por ejemplo:

La reforma energética no puede seguirse dilapidando el recurso como lo está haciendo el gobierno de Peña, solo en beneficio de los contratistas, especialmente extranjeros. Es necesario una discusión nacional sobre cuál debe ser la reforma energética, qué giro puede dársele, cuales son los errores que se han cometido y hasta qué punto conviene, en caso de que se sigan cumpliendo las amenazas de Trump, el cerrar la puerta a petroleras norteamericanas, dar mayor mantenimiento a las refinerías e ir sustituyendo importaciones de gasolina y gas que tan lesivas han resultado para el país.

México ya tiene experiencia en comportamiento agresivo por parte de Estados Unidos. Hubo épocas en que se les aplicaron sanciones, prohibiciones específicas (a través de los sistemas de permisos previos) y otros elementos comerciales y en realidad esto quizás llevó a una mejor relación entre ambos países.

La insistencia de Trump de que tenemos un superávit comercial con ellos, solo es un pretexto para renegociar a nivel de fuerza el TLCAN. Hay estudios que muestran que el superávit que México tiene con Estados Unidos, simplemente se traslada a Asia y otros países en donde Estados Unidos tiene a sus empresas con las que triangula. El verdadero déficit comercial de Estados Unidos es con China, y de eso no dice nada.

Hay opciones para llevar a cabo una política más independiente de Estados Unidos, especialmente controlando las inversiones que vienen a arrasar con nuestros recursos naturales, contaminando el ambiente, desperdiciando el agua (dejando a poblaciones sin el líquido), al igual que despojando a los campesinos de sus tierras.

Una posible salida del TLCAN, dejaría en libertad al gobierno mexicano de volver a la estructura original del artículo 27 constitucional que le concede a la Nación la soberanía de los recursos del subsuelo. Artículo que indebidamente fue modificado en 1994 para beneficio de muy pocos, especialmente inmobiliarias, mineras, dentro de las que destacan Goldcorp, McEwen Mining y Alamos Gold, que están explotando el oro y la plata por parte de Canadá. Inversiones de este tipo deben discutirse a nivel nacional no solo con los beneficiarios, sino con las partes perjudicadas y establecer un nuevo sistema de explotación.

Un nuevo gobierno nacional debe aplicar adecuadamente el presupuesto de egresos de la federación sin derroches, y sin beneficiar únicamente a algunos cuantos. Pensamos que los recursos que existen, bien aprovechados, sin robos, sin derroches y sin comisiones a pillos, al igual que los elevadísimos sueldos de la alta burocracia, sí podrían atender apretadamente las necesidades de la nación sin recurrir a deuda. Más tarde es necesario renegociar la deuda externa, exigiéndole a la banca internacional reducción a los intereses, quitas de deuda y un año de gracia. Esto porque han sido muchos años de saqueo por parte de la banca internacional y se hace necesario –ya que México ha cumplido– que se le dé una oportunidad de generar un crecimiento mayor en lo interno.

No podemos seguir con la política de deuda interna y externa hasta el infinito. Quitando el sistema INMEX que significa devolverles el IVA a las empresas maquiladoras y que son de un monto de alrededor de 30 mil millones de dólares al año, se tendrán los recursos suficientes para nivelar las finanzas públicas y hasta hacerlas superavitarias.

En fin, estas son solo unas propuestas que nosotros consideramos viables para el siglo XXI y en especial para el 2018. No queremos volver al pasado, eso no es posible, pero hay cosas rescatables, sustentables en estos años que poco a poco y desde luego con periodos de descontrol nos pueden ir brindando una reconstrucción del país que el neoliberalismo destruyó. Tal cosa no es fácil pero es necesario iniciar su discusión.

Arturo Ortiz Wadgymarv

Arturo Ortiz Wadgymarv

Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.
Arturo Ortiz Wadgymarv
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